Si el otro no quiere lo que quieres

 

Con decir lo que quieres de una buena manera en buen tiempo, tienes buenas posibilidades de que la otra persona a la que pides algo hace lo que quieres. Pero no puedes estar seguro que esto sea cierto nunca. Es posible que el otro no haga lo que quieres de ninguna manera. Eso lo puedes adivinar cuando el otro quiere otra cosa, sobre todo si tu deseo es contrario al suyo.

Los deseos del otro pueden ser los mismos o casi iguales a los tuyos pero en la mayoría de casos no serán así. Hay muchas diferencias entre personas y también muchas variaciones entre sus deseos. Dos personas que quieren lo mismo forman una excepción. Normalmente, si quieres algo el otro quiere algo diferente.

La diferencia puede ser pequeña o de menor importancia para el otro. En tal caso es probable que el te de o haga lo que quieres. Pero si la diferencia es importante para la otra persona o quieres algo que es contrario a su propio interés solo unas pocas personas suelen sacrificarse y te dan lo que quieres a pesar de todo. Casi todas personas rechazan lo que pides.

Así se defienden sus propios deseos. Eso lo considero afortunadamente porque los deseos son de gran importancia para cualquier persona. Así los deseos tuyos también. Por eso creo que es mejor de no siempre rendirse sin más si tu pedido es negado. A menudo puedes tratar de obtener al menos una parte de lo que quieres o algo en la dirección de lo que quieres.

Para conseguir eso aconsejo negociar. Negociar en el sentido más literal. Como suelen hacer los mercaderes y comerciantes de ganado. En sus negocios hay dos personas con intereses opuestos. Uno quiere un precio bajo y el otro quiere un precio alto. Eso parece una dificultad pero los comerciantes saben resolverlo gracias a sus habilidades de negociar.

Uno de los negociantes empieza a decir qué precio querría. Puede ser el vendedor que dice lo que pide o el comprador que dice qué esta dispuesto a pagar. El otro responde con el precio que el quiere dar o pagar. Después uno de ellos menciona un precio que es algo más cerca de aquel del otro y el otro hace lo mismo. Estos acontecimientos se repiten hasta que las diferencias son tan pequeñas que se consiguen un precio convenido.

Estas actividades deben de ser casi tan antiguas como la humanidad. Pero en nuestra vida cotidiana en un país moderno negociar no es común. En casi todas nuestras compras conocemos precios fijos. Es decir que pagamos inmediatamente el precio que es pedido, algo que se considera muy raro en la mayoría de los lugares del mundo. Nosotros solo negociamos con pocos cosas, como con las casas y con los coches de segunda mano.

A mucha gente no le gusta a negociar. Muchos ni siquiera saben hacer esos negocios y los dejan a los especialistas. Parece que negociar no es importante en nuestra vida. No obstante yo creo que en nuestra sociedad negociar todavía puede ser muy conveniente. No porque el uso es común en algunas comercios sino porque se lo puede usar a menudo en relaciones personales.

Por ejemplo puedes negociar en hacer una cita. Cuándo, cuál día y a qué hora, dónde, tu casa, la mía u otro sitio. Después de lo que vais a hacer. Negociar es posible en casi todo los casos que normalmente dos personas no tienen las mismas preferencias. Preferencias de que alguno quiere hacer, de la duración de eso, que quiera hacerlo juntos o solo. Hay relaciones con división de  tareas. Sobre esto y sobre muchísimas otras cosas se puede negociar.

Aconsejo a negociar en la misma forma en que los negociantes lo hacen. Siempre haz una propuesta. Di lo que tú prefieres. De aquella manera dices lo que quieres. Si el otro quiere algo diferente puedes hacer una nueva propuesta de menos diferencia que la del otro. Sé que muchas diferencias no son tan sencillas de cuantificar como los precios pero aún se puede hacerlo con algo de ingenio.

Cuando estás negociando sobre una hora puedes distinguir una más tarde o menos tarde. Los sitios pueden ser más lejos o cerca. En cuanta las actividades hay algunas que se parecen mucho o poco a las preferidas. Si son cosas que únicamente se pueden hacer o no, todavía  queda la posibilidad de decir lo que querrías la próxima vez. Así siempre tienes posibilidades de regatear.

Aconsejo esta forma de relacionar porque negociar es una buena manera de conseguir un equilibrio de los deseos de ambas personas sin perjudicar su relación. Siempre ha sido así en el mercado y si no hubiere funcionado bien no hubiere sobrevivido siglos. En la mayoría de las relaciones personales veo las mismas ventajas de negociar si el otro tiene preferencias diferente a las tuyas.

Con negociar estas evitando discusiones que es una buena cosa porque las discusiones siempre tienen una tendencia de convertirse en luchas. Las discusiones se tratan de batir al otro con mejores argumentos, con más insistencia, hablar con más palabras o al menos con la voz más alta. Hasta que una de ellas sucumbe y el otro, normalmente el hablante más hábil, vence.

En los negocios los argumentos no importan. Solo se trata de precios o deseos y cuantas de estas preferencias serán efectuadas. Es reconocido que cada persona tiene sus propios deseos y debe de tener buenas razonas para eso. Los deseos no son negados a nadie. Es el derecho de cada persona de tenerlos. Más que en discusiones en negocios se respeta por las deseos de cualquier persona.

Hay igualdad de los dos que están negociando. Claro que puede ser que uno de ellos esté mejor informado o tiene argumentos más validos pero de esto no se habla. No hay uno de ellos que se comporte como mejor sabe mejor se siente, una cosa que el otro no apreciará y con él levantará resistencias. Por eso los negocios son más fáciles de conceder a lo que quiere el otro.

Normalmente con los negocios no cada persona obtiene una parte igual de lo que quiere pero al menos obtiene algo de lo que quiere. Así los negocios previenen que uno de ellos se sienta demasiado frustrado lo que es esencial para su bienestar y aún para su sanidad mental. Yo veo muchas ventajas en negociar. Sin embargo no todo es negociable. De eso será mi relato del siguiente artículo.