Como Apreciar lo que Quieres

 

Tus deseos y tus preferencias son una parte esencial de tu vida. Ellos te dan razones de hacer algo y así obtienes una vida activa que es buena para tu salud. Son las actividades que te hacen sentir vivo y gracias a tus deseos puedes conseguir cosas y experimentar satisfacción. Los deseos te dan una vida que te interesa y ellos la enrumban a tu vida hasta obtener una vida con sentido.

De modo que hay razones de sobra para tratar tus deseos como algo de gran valor. Eso empieza con estar consciente de los deseos que tienes o sea, percatarte de las cosas que quieres. Percibir tus deseos es algo que haces si prestas atención a estas cosas. Atender es una actividad psíquica con la que puedes hacer lo que sientes más distinto y más fuerte.

Contrario a eso ignorar es una manera de sentir menos. Si cada vez que sientes un deseo y te concentras en otras cosas, estas atenuando hasta negando tu deseo. Eso puede ser una manera de reaccionar a deseos de los cuales tienes dificultades de aceptarlos y eso te puede ocurrir automáticamente. Pero también es posible de hacerlo a propósito con deseos que no te gustan.

Sin embargo creo que siempre es mejor conocer bien tus deseos y aconsejo de no negar nunca tus deseos, sean los que sean. La sabiduría no puede ser mala. No sólo necesitas saber cada deseo para tu autoconocimiento sino también porque solamente de los deseos de que estás consciente puedes decidir qué quieres hacer con ellos. Así puedes prevenir que convertirte en esclavo de tus deseos.

Conocer tus deseos te da la posibilidad de manejarlos. No hace falta satisfacer todos los deseos que sientes. De cada deseo que conoces, tienes la libertad de decidir si quieres satisfacerlo o no. Normalmente eso significa que vas a valorar tus deseos o sea distingues los que te parecen buenos de los que te parecen malos. Para hacer eso aconsejo usar lo que sabes del deseo y tu sentido común.

Hay muchas cosas que se desean que son muy atractivas pero no son buenas. Aquellas a menudo son las cosas que en el primer momento son satisfactorias pero a largo plazo no lo son. Hay deseos que pueden dañarte a ti o a otra persona. Yo especialmente quiero alertarte por las cosas que harías si solamente seguirías tu sentimiento pero de los cuales sabes que es mejor de no hacerlas.

Después de juzgar un deseo es muy fácil de alterarlo. Solamente necesitas conocer otra cosa que te parece mejor. Con sólo pensar en esta otra cosa que prefieres ya tienes tu nuevo deseo. Así pensar en una cosa es suficiente para cambiar tu deseo. Tan pronto como sepas algo mejor, tu deseo está sustituido ya. No necesitas negar ningún deseo. Decidir cuál prefieres satisfacer es suficiente.

Pero siempre debes tener una alternativa para un deseo que no quieres satisfacer. Si dejas un deseo sin tener otro no te quedará nada y eso es algo que debes evitar. Es un riesgo que corres cuando estás disputando o dudando lo que quieres. Los pensamientos de negación de algún deseo y las dudas de que esto sea cierto o no, resultan en una discusión contigo mismo que termina en un esfumarse de tu deseo. Eso no debe ocurrir.

Necesitas cuidar tus deseos para siempre querer algo y nunca querer nada. Eso significa tomarte en serio a ti mismo porque cuando se trata de los deseos tú eres la persona más importante. Tú eres la única persona que puede saber lo que quieres. Así que para conocer tus deseos tienes que poner tu propia persona en el primer sitio. Eso parece egocéntrico y quizá lo sea pero es mejor de no tratar de evitarlo.

Hay personas que tienen dificultades en ponerse a sí mismo en el primer lugar. Ellas siempre están primeramente pensando en otros y en lo que los otros quieren. Siempre están dispuestas a ayudar a los otros. Dicen que es algo de las mujeres pero yo he visto a muchos hombres que suelen hacerlo también. Aunque su actitud parece simpática, con esta ellas a menudo están perjudicándose a sí mismos.

Si eres uno de ellos que no pueden ponerse en el primer lugar o no estás acostumbrado a hacer eso, yo te aconsejo aprenderlo. En la vida cotidiana hay muchas posibilidades para ejercitarte. Si alguien te pregunta qué quieres, también de las cosas anodinas, menciona algo, por más mínima importancia que tenga para ti. Por ejemplo si te preguntan qué quieres beber, no digas nunca "me da igual" o "no me importa".

Esfuérzate a ti mismo para elegir algo. También en situaciones donde tu preferencia es casi imperceptible. Por ejemplo cuando haces una cita y si se trata de asuntos como el "cuándo", "adónde vamos" o "qué vamos a hacer", di que querrías y si te preguntan esas cosas. No respondas nunca con otra pregunta cómo "que prefieres tú" y no lo evites nunca con "dilo tú" o algo así. Siempre da una respuesta por más insignificante te parece.

Contesta también si crees que es exagerado. Hazlo aunque es algo que te parece una futilidad. Porque no puede serlo. Lo que quieres es parte de tu persona y tus preferencias merecen tu cuidado. No los dejes nunca en abandono. No sólo porque tus deseos te dan la posibilidad de experimentar satisfacción, sino con decirlos, obtienes iniciativa y así previenes que otros o las circunstancias van a manejar tu vida. ¿Y quién no quiere vivir su propia vida?