Importancia de las Habilidades Sociales

 

En la mayoría de los casos de mi consulta observo que aparecen de una forma u otra carencias en habilidades sociales. Me atrevería a decir que en muchos casos esta carencia es el origen del problema principal, de cualquier modo todos los casos mejorarían si aumentaran las habilidades sociales de pacientes y allegados.

Una columna sobre las que se asienta la habilidad social es la “empatía” entendida como ponerse en el lugar del otro, pero no desde nuestro punto de vista, sino desde el punto de vista del otro, comprendiendo sus expectativas, sus emociones, sus creencias, sus deseos, sus conductas...

Para conseguir esta empatía es imprescindible escuchar y observar a la persona a la que desea entender. En la escucha activa se procesa la información que nos llega de la otra persona, información tanto verbal como no verbal. Durante la escucha se deben enviar mensajes al hablante para hacerle ver que le estamos entendiendo “feed-back” o en su caso pedir aclaraciones de lo que no entendemos.

También nos ayuda a comprender a los demás recordar como actuaron o se sintieron en situaciones similares a la que nos encontramos en un momento dado.

Por otra parte están nuestros intereses, es decir, qué es lo que queremos conseguir, qué esperamos de los demás.  Puede que pidamos ayuda en algún asunto, que queramos una agradable conversación, una relación amorosa, dar una orden a un trabajador... en todo caso nuestras aspiraciones deben ser realistas. En este punto es necesario conocernos a nosotros mismos, nuestras limitaciones, nuestras habilidades y nuestras emociones.

Una vez tengamos una idea lo más ajustada posible de la posición de la otra persona y hayamos definido cuales son nuestras aspiraciones estaremos en condiciones de actuar, ahora podremos ser asertivos.

Ser asertivo significa comunicar a los demás nuestras opiniones, ideas, deseos... de forma clara pero no agresiva. Esta es la mejor forma de conseguir nuestros objetivos sociales.

Peleas entre adolescentes, familiares que no se hablan, compañeros de trabajo que se hacen competencia desleal, divorcios conflictivos, discusiones fuera de tono...

Hay un sin fin de situaciones que se convierten en insoportables, con consecuencias sobre el estrés y la salud que si en su momento se hubieran tratado de forma socialmente aceptable no hubieran ocurrido.

Dentro de las habilidades sociales se encuentra la conversación. Una conversación debe empezar por el saludo, y la presentación en el caso de que los interlocutores sean desconocidos. El saludo ha de ser adecuado a las circunstancias y al tipo de relación que se tenga con la otra persona, puede ir de un hola y apretón de mano a un beso cariñoso según el caso.

Durante la conversación se debe escuchar activamente, es decir, mostrar interés por lo que se dice, pedir aclaraciones de lo que no se entiende, respetar el turno de palabra... Al mismo tiempo haremos nuestra intervención de forma clara y buscando la escucha de los demás.

Las conversaciones finalizan con una despedida, que al igual que el saludo depende de la situación en la que nos encontremos. Es importante conocer las peculiaridades de la situación para ajustar el saludo y la despedida a ella.

No es lo mismo un encuentro en un hospital que en la playa.

También favorece la relación social ser agradecido, amable, sonriente, pedir disculpas... todo ello en los momentos adecuados y sin ser excesivamente complacientes. La amabilidad, por ejemplo,  podría causar rechazo tanto por defecto como por exceso.

Por otra parte, el egocentrismo, la codicia, la desconfianza, las críticas destructivas, la competencia suma cero etc... minan nuestras relaciones sociales.

Una relación basada en la empatía y la asertividad, es decir, unas buenas habilidades sociales,  nos van a evitar muchos conflictos y nos va a ayudar a aumentar la autoestima. Por consiguiente, muchos problemas de estrés, de conducta antisocial, de depresión, de aislamiento... se verían fuertemente reducidos.