Nos enamoramos cuando menos somos, cuando menos tenemos...

 

Para Abigail (†)

Quizá parezca una intención desalentadora del amor, en tiempos en que éste se ofrece como medida salvadora para los males que padecen millones de seres humanos. All you need is love sigue ofertándose cual fórmula mágica medieval que pondrá fin a todo tipo de dolor. El amor todo lo puede se dice por muchos lados. Habría que estar más atentos a las fuentes del mercado instaladas en los medios masivos de información que impulsan las tendencias para que las poblaciones vivan la vida de manera feliz sobre la base del amor.

Nos enamoramos cuando menos somos,  cuando menos tenemos...

Sin duda el término amor  es polisémico, no así el que circula en el imaginario del mundo occidental y que le confiere una serie de características con indudables elementos poco racionales:

  1. El amor llega, aparece o se busca. Esta noción se inserta en la fantasía de acceso a experiencias afortunadas que modifican sustancialmente la existencia de quien las vive. Es encontrar el tesoro al final del arcoíris, sumergirse en la profundidad de la alegría, y otras alusiones más, que de cualquier manera, colocan al sujeto amoroso en condición pasiva, pese a sus impulsos de arribo o de explorador del preciado oro, el amor.
  2. El amor conduce a la felicidad. Se visualiza como objeto generador de emociones placenteras. Se espera ahuyente aspectos negativos en la vida como si fuera amuleto de protección contra la infelicidad. Si hay amor, lo demás no importa porque la alegría está asegurada.
  3. El amor sana. Aquí cumple un rol correctivo. Los problemas se resuelven con la llegada del amor. Entonces éste actúa como un agente curativo. Es capaz de reconstituir la salud en cuanto aparece. Sobre tal función se infiere un origen religioso, ya que esta perspectiva es la que mayor terreno ocupa al incursionar en varias esferas humanas, como la familia y en los círculos de amistades. Entre otras concepciones…

Pareja de enamorados

También se distingue entre el amor y enamoramiento como  estados o condiciones  diferentes. El primero se encuentra en los aspectos de la vida humana, teniendo cierta  expresión genérica de bienestar, padece de alta vaguedad al colocarse en la dimensión cercana a lo natural, perdiéndose de vista que es una construcción predominantemente  histórica, pese a su semejanza con los factores biológicos de las especies que genéticamente  reúnen para distintas funciones a los ejemplares: protección, apareamiento y reproducción. Dar amor o sentir amor conlleva a reconocer un alto valor en alguien o algo. El enamoramiento, por su parte, suscita alteraciones de la vida regular de los sujetos por la importancia asignada a alguien o algo. Es sin duda, una afectación de las funciones sensoperceptivas que oscilan entre el placer y el dolor. Se vivencia comúnmente de conformidad con referentes sociales, aunque la presencia de las imágenes ofrecidas, como se ha mencionado, por los medios masivos de información, ha derivado en estereotipos impulsados a través de la mercadotecnia. A manera de inducción hipnótica se emiten mensajes permanentemente de enamoramiento como circunstancia de fortuna. El género literario por excelencia del capitalismo, la novela, tiene a menudo esa misión, promover que el enamoramiento es una fuerza y un objetivo. Se presenta la conducta enamorada como el resultado de haber ingerido nutrientes que propician fortalecer la vida, o bien, la representan en el sufrimiento. La búsqueda del enamoramiento se confunde con la de perseguir al amor. Se exhiben rostros atormentados por no satisfacer lo que sus impulsos les dictan y que se deduce es el amor. Erick Fromm en su célebre obra El arte de amar sostiene que el enamoramiento es la expresión fiel de las estructuras afectivas del sujeto. Se enamora de acuerdo a lo que se vive, a lo que se ha vivido, indubitablemente, un contra sentido sería entender el enamoramiento equivalente a un virus que proviene de un lugar no específico.

Por supuesto que el enamoramiento llega a potencializar diversas capacidades en los sujetos: la tolerancia, el afrontar adversidades con actitudes de mayor aplomo, el reconocimiento de la vida en tanto valor supremo, entre otras; no obstante, no es así en múltiples casos, especialmente cuando las personas padecen la constante frustración de no lograr la serie de expectativas planteadas en su historia de vida. Quien es capaz de activarse mediante la experiencia de enamoramiento no lo hace debido a este factor, en general posee una estructura de construcción no común. Dicho de otra manera, el enamoramiento impacta de acuerdo al armado emocional de los sujetos lo que condiciona su desenvolvimiento desde las circunstancias de satisfacción. Éstas no son invocaciones que promueven los textos de superación personal, cuyas insistencias en que las personas sean felices pese a las carencias, no son más que coartadas de la desigualdad social; sino la realización sólida de transformaciones que cumplimentan parte de sus deseos. Alcanzar parte importante de lo que se espera en la vida es un estado vital para enamorarse de forma menos trágica. No es lo mismo enamorarse siendo desempleado que dirigiendo una organización. Sin duda el éxito se vincula a las respuestas dadas en la vivencia de enamoramiento, pese a ello, también es una zona específica en la vida humana que puede estar poco atendida, mientras que en otras se fortalece. No obstante, la tendencia no es que personas con desarrollo notable económico, profesional, social o de cualquier tipo se pierdan al enamorarse. Se descompongan porque aman con locura a alguien y dejan de lado su imperio. No, en general quienes se descontrolan más en el enamoramiento son quienes menos tienen, quienes menos se han trascendido. Quienes menos han llevado a cabo procesos de construcción en alguna esfera de la creatividad humana. La circunstancia expresada en afortunado en el dinero; desafortunado en el amor es casi un mito, cuando llega a existir es transitoriamente o en extremos de descuido afectivo. Al ir logrando trascender la mirada social se deposita en quien lo realiza. En ese sentido, poca valía afectiva y relevancia social en el enamoramiento de sujetos que se desarrollan en otras áreas son más bien un fenómeno y no un hecho regular.

Fracaso y enamoramiento

Inverso a las hipotéticas bondades del enamoramiento en donde vivirlas supone haber obtenido un logro, lo frecuente es la aparición de carencias que irónicamente tampoco se cubren enamorándose, ya que las emociones de bienestar básicamente palian los vacíos, no los completan, los encubren. El vínculo entre la intensidad de placer del enamoramiento y sus estados de realización se mantienen inversamente proporcional, a menor vivencia de alcance de objetivos, mayor grado de enamoramiento, encontrando en tal hecho, un conjunto de sensaciones que opacan necesidades no cubiertas, específicamente la que demanda reconocimiento y aceptación social. Deseos insatisfechos, autoexigencias de trascendencia incumplidas, fantasías de un futuro mejor que no termina de iniciarse, la expectativa de felicidad colosal, imágenes estereotipadas de realización, ascenso a cumbres fuera del alcance de mortales, acumulación enorme de capitales, fama desbordada, entre varias perspectivas más para tiempos venideros.

La no materialización de aspiraciones tiende a orientarse en dos vías: se incrementan las metas al toparse con su  imposibilidad de ejecución al postergarse; se cancelan en definitiva dichos propósitos instalándose en los individuos visiones desalentadoras en las que los estados depresivos son algo familiar. La adversidad en el acceso a objetivos de vida es territorio fértil para el enamoramiento porque simbólicamente constituye un camino que allana el alcance de lo deseado. Sí, el enamoramiento supone actitudes fortalecidas para el desempeño de los trabajos cotidianos o lo contrario, se presenta abandono de ellos para  invertir mayor tiempo a las tareas amatorias sobre la base promisoria en que se vislumbra un incremento de mejoría en varios aspectos de su realización.

El fracaso de intenciones tiene en la fórmula de la frustración un sendero propio para el surgimiento de malestares,  disgustos, desconfianzas y resentimientos, es decir, poca materia de emociones y soportes cognitivos benéficos para coexistir. Es fácil imaginar que encontrarse en una relación de enamoramiento con estos componentes no implicará la disolución de éstos, se ocultarán o se mantendrán latentes haciéndose la inversión correspondiente. Los disgustos se convierten en alegría. La desconfianza en la renuncia a problemas personales. Los resentimientos en expresiones exageradas por el gusto de existir.

El enamoramiento como mercancía

Sentir enamoramiento se impulsa desde la maquinaria del consumo. Quien se enamora desea, teniendo como escenario el mercado de productos que sirven de consuelo para las carencias. La televisión, el cine y cierta literatura son genuinos escaparates para encontrar el amor que alienta el sentido de una vida que trasciende las rutinas. Se exhibe como oportunidad para ser mejor persona, cuando es su antípoda, se enamora porque no se es lo que se quiere ser. Se enamora porque no se tiene. Desacuerdos profundos con lo que se vive facilita la llegada del enamoramiento. Luego, los mensajes comerciales son para vender el espejismo de satisfacción. El fomento enamoratorio implica tener gratificaciones y estar dispuesto a inscribirse en determinada dinámica de consumo. Ya el enamoramiento es en sí un producto que a la vez detona necesidades para continuar adquiriendo otros insumos de él.

No es promover una línea de contraenamoramiento, como algunas visiones críticas lo han propuesto, es reducirle su importancia para darle prioridad al,  esfuerzo de los propósitos individuales. No la espera de la presencia de un estado sin duda mitificado, con supuestos mágicos que distorsionan esquemas de desarrollo humano. Las figuras de enamoramiento no deben anular otras en la vida humana como: crear ideas, construir opciones para solucionar problemas, inventar medios de relevancia en la historia personal, perseguir movilidad espacial, conceptual, la trascendencia no debe condicionarse a factores determinados por la incursión de otra persona en la vida propia como premio. Sí al enamoramiento que se acompaña de construcciones sustentadas en la racionalidad; no al enamoramiento que se apoya en la manipulación de tipologías del placer ficticias.

Referencias

  • Adler, Alfred (1984). El carácter neurótico. Barcelona: Paidós.
  • Caruso, Igor (1989). La separación de los amantes. México: Siglo XXI.
  • Coria, Clara (1991). El dinero en la pareja. México: Paidós.
  • Fromm, Erick (1983). El arte de amar. México: Paidós.
  • Fromm, Erick (1986). El miedo a la libertad.  Madrid: Planeta.
  • Goleman, Daniel (1997). Inteligencia emocional. México: Vergara.
  • Lemaire, Jean (1999). La pareja humana. México. Siglo XXI.