¿Por qué no somos felices?

 

¿Alguna vez habías pensado que tal vez la razón por la cual la mayoría de nosotros estamos tan ocupados y realizamos tantas actividades en un mismo día, es porque en el fondo nos sentimos vacíos? ¿Te has preguntado alguna vez si realmente eres feliz?

El vacío existencial

Para Patricia Benito Castro, psicóloga clínica en Help Psicología y especialista en terapia cognitivo-conductual, “cuando hablamos de ese 'vacío existencial' estamos tratando un tema más profundo del que aparentemente parece. Es un sentimiento que nace desde dentro de la persona y que no le hace sentirse ni orgullosa de su vida actual ni motivada por [su vida]”.

Existen muchas razones que pueden explicarnos este vacío existencial. La persona puede haber tenido una infancia difícil y no es capaz de dejar el pasado en el pasado. O, tal vez, el problema existe en el presente: en la actualidad tiene muchas preocupaciones, se siente culpable por haber tomado decisiones equivocadas o vive respetando los consejos de los demás sin tomar sus propias decisiones.

Si te encuentras en esta situación, es el momento de actuar. Benito recomienda que estas personas “hagan un punto y aparte en su vida y decidan qué quieren en su futuro o a dónde les gustaría llegar en la vida”.

¿Debería hablar con un psicólogo?

Acudir a un psicólogo debería dejar de ser un tabú. “Realmente cualquier momento es bueno para ir al psicólogo. Un terapeuta no tiene necesariamente que cambiarte la vida. Puede ser una figura de apoyo en un momento puntual o una especie de consejero que te ayuda a avanzar de una manera menos traumática y de autocuidado”, nos indica Benito.

“De hecho, aunque parezca tópico, a todos nos vendría bien realizar psicoterapia”, añade. “Si en un momento dado la persona se plantea que no es feliz y que le gustaría cambiar pero no sabe cómo, ese es el momento de acudir a terapia y empezar un tratamiento”.

¿Cómo disfruto del presente sin pensar tanto en el pasado o el futuro?

“No es tan fácil centrarnos en el presente si tenemos emociones negativas que nos bloquean y no nos dejan avanzar, como sentimientos de culpa, rabia o frustración por situaciones vividas en el pasado”, nos recuerda la psicóloga clínica. “Por eso es importante dar a esas situaciones otro significado emocional que nos dejen 'tranquilos' con las situaciones presentes, lo que coloquialmente se llama 'cerrar etapas'”.

También es importante dejar de prestarle demasiada atención al futuro, pero esto es complicado si no sabemos qué queremos en nuestra vida. Benito nos recomienda fijar metas realistas que sean a corto plazo, pues con esta táctica podemos pensar en el futuro sin que por ello dejemos de pensar en el presente.

¿Cómo podemos ser más optimistas?

La felicidad es contagiosa, y todos deseamos acercarnos a la gente feliz y apartarnos de quienes están tristes todo el tiempo. Pero ser optimista no siempre es fácil. “Hay que intentar aceptar las emociones de nuestro día a día y también las cosas negativas que ocurren en él. Intentar desarrollar habilidades de afrontamiento ante las adversidades y centrarnos en el presente y aprender a vivir con la incertidumbre de que algo puede salir mal”, nos aconseja.

Otro consejo para ser más feliz es dejar de compararnos con los demás. Esfuérzate por ser mejor que la persona que fuiste ayer, pero no te esfuerces por ser mejor que los demás ni te compares con ellos.

Acuérdate de sonreír, aunque no todo en tu vida sea perfecto. Nunca todo va a ser perfecto, pero lo único que importa es tu actitud ante las adversidades.

¿Y si llevo mucho tiempo sin ser feliz?

“La vida es como un mar con diferentes mareas y nosotros somos la balsa que tiene que mantenerse estable y firme ante los diferentes temporales y lluvias, al igual que ante las temporadas de calma. Si una persona no es feliz, [recomiendo] que se pregunte por qué, y sobre todo qué puede hacer por cambiar esa realidad”, comenta Benito a Psicología Online. No nos recomienda culpar a los demás por nuestra infelicidad, ni pensar que lo que nos sucede justifica nuestra falta de alegría.  Cuando culpamos a los demás, pensamos que no tenemos el control de la situación y por lo tanto no podemos mejorarla. En cambio, si sentimos que la responsabilidad es nuestra nos hacemos más fuertes y nos esforzamos por mejorar esa situación que tanto nos inquieta.