Breve reflexión sobre la conciencia yoica

 

La soledad del “yo”, que se propicia al tener conciencia psíquica de ser, es una conciencia en solitud, tal como en soledad hemos nacido y como en soledad morimos, como soledad absoluta es la muerte; en este fenómeno de la vida que es la muerte, como perdida de la subjetividad, como ausencia total y absoluta de ser, dicha conciencia de estar, de saberme a mí mismo como ser dubitante y reflexivo para la acción y praxis social...y de hecho, también, la búsqueda del sentido de la vida y de nuestra existencia, es una búsqueda solitaria, en la soledad de las reflexiones y una toma de conciencia de nuestra yoidad en los laberintos solitarios de la vida como ente individual social.

Nos damos cuenta que hemos nacido solos, que una parte de nuestra existencia es la soledad, la que vivimos cuando somos más conscientes de la cuestión de la vida y la muerte, de que hemos nacido y de que moriremos inevitablemente.

Escogemos la soledad voluntaria y conciente, como un acto de libertad. pero alguna vez, en algún momento de la existencia, tal vez cuando nuestro pensamiento ha crecido y nos alejamos de lo comun,de lo cotidiano social, de lo conformista, la soledad duele, la soledad en el mundo, la soledad como razón y como acto de conciencia, la soledad inmensa, que se hace dolor, llanto con enojo y rebeldía, porque esa soledad duele y flagela aunque no estemos solos en lo físico y en lo social; aun estando en una multitud, que nos hace sentir más, solos....desolados sin paralelos, con el sentimiento de la solitud porque es la conciencia solitaria del mundo y de la sociedad que no cuestiona y que vive como el gusano en la manzana. Para muchos como nosotros, el mundo es la manzana y no somos gusanos, lo fuimos, fuimos larvas, pero ahora somos mariposas en metamorfosis de aves que vuelan libres, pero cuyas alturas las elevamos acercándonos mas a ser libremente solitarios; y no obstante, ahora nos duele el mundo; y nuestra existencia plena nos es un peso que aumenta y que cargamos: es la responsabilidad de la vida, del mundo, de las gentes. Es la neurosis racionalmente sensible, la neurosis de la vida en plenitud, de donde surge la fuerza secreta de la creatividad del mundo innatural y todos sus componentes culturales, artísticos, literarios, filosóficos, científicos, existenciales y esenciales.

Somos responsables de todo y de todos, así lo creemos y lo sentimos, porque somos existencia conciente, cuestionante e inconforme, que debemos estar sin saber dónde, ser sin descubrir qué seremos o a donde ir. Es también la soledad de cuando aún no somos seres con vida psíquica activa, de cuando somos entes intrauterinos, dependientes totales de la madre en que nos gestionamos y se gestionan nuestras potencias.

Existencia,conciencia,libertad,responsabilidad,trascendencia,filosofar,verdad: todo ello implica dolor, soledad, nauseas, aislamiento, como valor, o mejor dicho como tributo que pagar a cambio de no permanecer en la intrascendencia de lo trascendente, en la masa deforme y amorfa,¿ en la nada como ente especifico que se sumerge en la concreción de la asingularidad.?.

Solo, solos, tú, yo, los demás, al final de la vida nos espera la soledad del vacío. Al principio de la vida y durante su proceso la soledad estuvo constante, es sustancia de la vida como sujeto individual, la que disimulamos o evitamos buscando el amor a lo que sea, la unión con quien sea con la ilusión de que supimos escoger bien. No me gusta la palabra siempre, pero siempre ha sido la soledad, al principio ,en la vivencia al final, siempre solos, con nuestra conciencia con la yoidad .Más solos que el viento, mas solitarios que los muertos, que las tumbas, que las palabras en el desierto, que los siglos que se fueron, que los astros en el infinito, en la eternitud del universo....Tal pareciera, que al labrar nuestras vivencias, nuestro fin de las acciones, al ser constructores de nuestros caminos que andar, una fuerza involuntaria e inconsciente ( la socialidad y lo social dirigido =  el súper ego freudiano? ) nos determinara una personalidad social en un punto de equilibrio oscilante entre la cordura y la locura, en que participamos de ambas en una dualidad de fenómenos psíquicos oponibles en unidad: emociones y pasiones frente a lo racional y lo animal; optimismo-pesimismo; dolor-placer; valentía-cobardía; ecuanimidad-fobia; ternura-rencor; felicidad-desgracia; voluntad-abulia; Yo-los demás; y así en el transcurso de nuestras existencias temporales y finitas, porque como objetos de las ciencias psíquicas, somos psiquis, y con ella, conciencia, conciencias de mí, del mundo, del acontecer en él y en mí, en nosotros…..Al final de nuestra vida, lo que muere es la psiquis y con ella las conciencias, las que dejan de ser de hacerse presentes. Solo queda nuestra materia, un cuerpo sin “yo, sin “ mí”, el estar sin ser, el ser sin existir, la substancia sin esencia.