Saber lo que Quieres

 

Ya he escrito mucho sobre lo que quieres. La importancia de decirlo, el cómo, el cuándo y el valor de lo que quieres. Por mucho que pueden significar tus deseos en tu vida y qué puedes hacer con ellos. Sin embargo, para eso necesitas saber lo que quieres. Si no lo sabes no puedes decirlo y tampoco puedes disfrutar de otras ventajas de saber lo que quieres.

Hay personas que no saben lo que quieren, que normalmente no tienen idea de sus propios deseos y sus preferencias. Son personas que no están acostumbradas a pensar en sus propios intereses. Si les preguntas a ellas qué quieren te dan la respuesta que no les importa o que les da igual y a veces dicen que no lo saben o no tienen ninguna idea de eso.

Ellas creen que no saber lo que quieren no es un problema tan grande porque ellas están acostumbradas a vivir de esa manera. Sin embargo ya sienten que sería mejor si supieran lo que quisieran. No sólo porque ellas no pueden contestar si se lo preguntan. Lo más importante para ellas es que a menudo sienten que carecen rumbo en su vida. Si no sabes lo que quieres es difícil de fijarte en lo qué vas a hacer.

Sin saber lo que quieres, corres el riesgo de quedarte pasivo y así volverte depresivo. Otra consecuencia de no saber lo que quieres es que esto te hace dependiente. Tendrás la tendencia de esperar de lo que otras personas te pidan o lo que las circunstancias te obligan a hacer. Esos acontecimientos no deben de ser un problema pero si ellos ocurren sistemáticamente es otra cosa.

Si siempre estás esperando a otros y no tomas la iniciativa, pierdes la libertad de determinar parte de lo que ocurre. La última consecuencia será que no llevas tu propia vida. Eso puede volver desesperarte. En mi trabajo conocí a personas que con esto se sentían tan desdichadas que algunas de ellas preferían estar muertas y tenían pensamientos suicidas.

Es difícil de imaginar que esas personas, que a menudo son inteligentes y tienen muchas destrezas y habilidades sociales, pueden ser tan infelices. Ellas tienen talentos de sobra para efectuar una vida muy rica. Tienen tantas posibilidades de éxito. Pero eso no les ayuda de nada si ellas no saben qué hacer con esto. Lo único que les queda es un desperdicio calamitoso.

Saber lo que quieres es tan importante que si no lo sabes es aconsejable saber cómo saberlo. De eso hay un malentendido común que lo que quieres es algo que debes encontrar. No lo es. Cuando tratas de encontrar algo, vas a buscar. Pero buscar sólo tiene sentido con cosas que ya existen y lo que quieres no se encuentra en ningún sitio porque eso es algo que todavía tienes que imaginar o crear.

Crear cosas es una de las varias capacidades de la mente. Distinto a otras funciones como buscar, razonar y analizar, no se puede crear según un método neto con reglas fijas. Con crear cosas estás más dependiente de lo que hace tu mente por su misma. Sin embargo no es suficiente de esperar para crear algo. Necesitas usar tu voluntad para usar esa función.

Con tu voluntad puedes encender tu mente para crear cosas. Cuando quieres inventar o imaginar algo, tómate un tiempo y da a ti mismo la orden de hacerlo. Entonces normalmente te pasa una idea. Tan simple es. Los mecanismos psíquicos son muy complicados pero usarlos no lo es. Igual que hacer una llamada por teléfono. Se puede hacerlo sin saber nada de la tecnología detrás de eso.

Sin embargo crear o imaginar no siempre va sin problemas. A menudo existe el problema que se dirige la atención en una mala dirección. Para imaginar cosas no debes estar concentrado demasiado al entorno. Porque allí no va a aparecer nada. Tu propia mente es el sitio donde esto está ocurriendo. Es una esperanza false que encuentres en tus entornos lo que tienes que imaginar por ti mismo.

Aunque existe un fenómeno que se llama influencia o inspiración. Si oyes algo de otros y piensas que sea una buena idea, tú puedes apropiarte de esa idea. Para eso sólo necesitas decidir a hacerlo. Eso aplica también a tus deseos. Si otra persona quiere algo que te parece atractivo a ti, puedes decidir de querer esa cosa también. Entonces has convertido algún deseo de otra persona en tu propio deseo.

No obstante creo que la inspiración debe ocurrir por si solo y no es algo que se puede forzar. Tratar de estar influenciado a propósito para crear o imaginar cosas no funciona. Mientras estás observando a otras personas no vas a imaginar ninguna cosa porque entonces estás perdiendo el contacto contigo mismo. Así te estás alejando de ti mismo y con eso estás perjudicando tu capacidad de crear cosas.

De modo que imaginar lo que quieres tampoco va bien si lo preguntas al otro. Entonces ni siquiera puedes apropiarte de alguno buenos ejemplos que los otros te dan. Aquellas ideas no serán oportunas porque cuando las oyes son cosas de los otros y no algo de ti. Otros te pueden enseñar muchas cosas pero para ellos comprobar tus deseos es imposible. Tú eres la única persona que puede establecerlos.

No preguntes lo que quieres a los otros sino a ti mismo y si no obtienes ninguna respuesta, no presiones a los otros sino ejerce presión sobre ti mismo. Será atractivo de evadirte de tu tarea de responder pero no des a ti mismo esa posibilidad. Tampoco aceptes un "no lo sé" por respuesta. Esfuérzate a ti mismo a pensar en algo, sea lo que sea. Entonces normalmente aparece algún deseo.

Cuando piensas que no pudiste pensar en nada, lo más probable es que ya has pensado en algo pero lo has desechado inmediatamente. Quizá porque creías que era algo sin importancia o poco original. Sin embargo cada idea cuenta por más trivial o anodina de lo que te parece. Como yo escribí antes todas las ideas tuyas son valiosas. ¡Admítelo!

Tu mente mostrará ser un venero inagotable de ideas si lo dejas funcionar de la manera correcta. Pregúntate a ti mismo lo que quieres de manera relajante pero también contundente y los deseos se aparecen espontáneamente. Serán tantos que sólo necesitas decidir cuál es el más deseable para ti. Aunque esos hechos son muy afortunados ellos pueden provocar problemas nuevos. ¿Qué elegir de aquel montón de deseos?