La Indefensión Aprendida "El caso de Sue"

 

Un día Sue vino a mi consulta. Aquejada de una vida, a su entender vacía y sin sentido, articulaba a menudo frases como “¿para qué?, no hay nada que hacer”.

Sus problemas eran, bajo mi punto de vista, y a juzgar por sus capacidades, resolubles. Quizá no fáciles, pero resolubles. Ella, sin embargo, encontraba imposible su resolución.

Tenía 23 años, estudiaba Dirección y Administración de Empresas, no le iba mal; aprobaba las asignaturas sin problemas, sin honores, sin destacar. Por su forma de expresarse, se deducía fácilmente que era culta, con riqueza de vocabulario.

Decía de sí misma que era una persona del tipo “nada que reprochar, nada que alabar”. Hablaba con conocimiento sobre su carrera, pero sus gestos se tornaban vagos y su mirada indiferente al hablar de ella.

Decidí ser directa, y charlamos sobre ello:

  • ¿Te gusta tu carrera?
  • Sí, bueno, no me ha decepcionado; la idea era aprender ciertas cosas importantes sobre el manejo de pequeñas empresas y la verdad es que se aprende.
  • Ajá, ¿Empezaste la carrera con la idea montar tu propia empresa?
  • No. Mi padre tiene una empresa de restauración y en casa siempre se dio por sentado que yo me encargaría de ella en el futuro y que, por supuesto, me prepararía a conciencia para ello.
  • Entiendo. Aun así, mi pregunta iba dirigida a saber si te gusta tu carrera, pero llevado a un terreno personal ¿Disfrutas con ella? ¿Te motiva? ¿Te parece interesante? No sé si me explico…
  • Sí, comprendo. Como te he dicho, siento que no se me puede reprochar nada, ni alagar en nada. Pues aplícalo a esto…
  • ¿A qué te refieres exactamente?
  • Lo que quiero decir es que no me disgusta, no voy a clase deprimida ni nada de eso. Aun así, no es como cuando practico deporte.
  • ¿Deporte? ¿Con el deporte sí disfrutas?
  • Muchísimo, me encanta entrenar, estar en forma, sudar, la disciplina que conlleva, los retos que me marco a mí misma…es absolutamente retador día a día.
  • Entiendo…¿Has hecho cosas relacionadas con el deporte, como competiciones, equipos informales, etc?
  • Bueno, mis amigas y yo compartimos esa afición; algunas de ellas compiten profesionalmente. Yo, sin embargo, algún maratón y competiciones de voleibol en mis ratos libres, nada más. (disonancia cognitiva)
  • Ajá. Lo que dices me hace pensar. Por un lado me explicas que el deporte te apasiona, que te presenta un reto diario; tu carrera te resulta útil, pero “no es como hacer deporte”. Sin embargo, es a tu carrera a lo que le dedicas la mayor parte de tu tiempo. ¿Qué me dice de ello? (confrontación)
  • No puedo dedicar al deporte más que eso, la carrera es lo primero.
  • Sí ¿Pero cuál es el motivo?
  • Es que no tiene sentido, no hay nada que hacer.
  • ¿Respecto a qué no hay nada que hacer?
  • Vamos a ver, mencioné muchas veces en casa, antes de empezar la carrera, que me gustaría dedicarme profesionalmente al deporte, estudiar INEF…
  • ¿Y qué respuesta obtenías?
  • Sobre todo mi padre, sobre todo él…reproches: que si no le concedo importancia al esfuerzo que dedicó a levantar la empresa, que eso es algo que estaba hablado y decidido desde hace tiempo…todo son negativas.
  • De modo que, corrígeme si me equivoco, si hubiera sido por ti, hubieses escogido estudiar la carrera de Educación Física, pero ante las constantes negativas de tu padre, entendiste que no había nada que hacer al respecto. No podías cambiar las cosas, nada de que lo tú pudieras decir o hacer iba a cambiar la situación, y decidiste resignarte. (recapitulación).
  • Así es.
  • ¿Consideras que puede ser éste un motivo de peso para sentirte, como me has mencionado al principio  “con una vida vacía y sin sentido?
  • Sí, es posible…sí, creo que sí.

Acto seguido, le expliqué el significado de la Indefensión Aprendida, de cómo ella había realizado, en parte de forma inconsciente, un aprendizaje activo y anticipatorio respecto al fracaso, basándose en frustraciones pasadas.

Como Sue, muchas personas que se han criado bajo unos enfoques paternales autoritarios, desarrollan Indefensión Aprendida. Del mismo modo, cuando castigamos a alguien, sin importar lo que haga y repetidamente, también estamos potenciando dicha indefensión.

Durante muchos años, e incluso en la actualidad, este fenómeno se ha relacionado con Depresión Clínica, y otros trastornos, resultantes de un elevado Locus de Control Externo.

Volvamos al caso de Sue. Si hubiera decidido relacionar esta indefensión que ha adquirido, con una posible depresión (aun en el caso de que sufriera depresión), lo hubiese aceptado como algo intrínseco a ésta, como un factor más o menos determinante, frente al que poco se puede hacer. De algún modo me estaría haciendo partícipe, al fomentar la Indefensión Aprendida, ya que estaría negando a Sue la posibilidad activa de cambio.

Ante esta situación, si lo  que queremos generar un aprendizaje constructivista, sería conveniente acompañar a la Sue, en un proceso donde ella acabase asumiendo que la responsabilidad de la situación es suya y, por tanto, puede hacer algo para cambiarla y mejorarla. ¿Mejoraría su situación con una confrontación directa con su familia, especialmente con su padre, sobre sus aspiraciones profesionales? No es nuestra labor convencerla de ello, pero sí ofrecerle un punto de vista desde el cual, su comportamiento puede cambiar la situación, donde sus decisiones cuentan y tienen repercusión directa sobre su vida y lo que sucede a su alrededor.