Inteligencia emocional hacia el cambio terapeútico

 

¡Cuidado! serás lo que creas y proyectes ser.

 El “no sirves para nada” nació en una mera ocasión pero se instaló con él para convertirse en una lacra, en una carga pesada que abrumaba el ánimo del mas esplendente ser. Salió al frio de la ciudad con su repleta mochila de carga, le doblaron, le colgaron, le esculpieron tras las perchas de sus armarios, y entonces supo que había encontrado su lugar en el mundo. Ser un pasatiempo de don Juan, el resultado de un bisturí que agasaja el pecho del más débil, el peón de la partida, el invisible real.

Esta es la historia de Juan, Olga, Susana… y la de cientos de adolescentes que habitan hoy en nuestra sociedad. No es nada más que la realidad que disfraza un perfil psicológico creado a partir de etiquetas que sus iguales o progenitores, se han encargado de proyectar.

Todo esto, unido a su creencia de ser un don nadie en un mundo tan inmenso, termina por construir el perfil psicológico de adolescentes, que se caracterizan por la ausencia de valores sólidos de autoestima, y escasa esperanza de futuro, lo que pueden ser factores integrantes de no pocas acciones violentas. Motivando conductas que lesionan grave o muy gravemente a personas o bienes de la sociedad, siendo estos los delitos predominantes en nuestros jóvenes insertos en un sistema de justicia juvenil.

Partimos pues, de la premisa, que una pobre inteligencia emocional en los adolescentes, les lleva a un desconocimiento de sus emociones, y una incapacidad de control. Este hecho, puede convertirlos en victimas, llevándoles a emociones negativas, como la ira sin control. Por lo que finalmente esta ausencia de bagaje emocional les puede incluir en conductas sin valorar sus consecuencias. No es aventurado pensar que la educación, es clave en estos aspectos, pues gracias a ella se crece y se erradican problemas de ignorancia deshumanizadora,

Se ha de educar la voluntad, haciendo atractiva la responsabilidad, el deber, las exigencias concretas, fomentando la motivación, los objetivos claros, estables; aprendiendo a decir no, a ser austero, no dejándose llevar por el estímulo inmediato; educar en la tenacidad, la disciplina, la alegría, la búsqueda de hábitos positivos, el disfrute de lo que se posee; erradicar la filosofía del “ése  no es mi problema”, abandonar el autismo moral.(Urra, 2004)

Para Goleman, existe una clara evidencia de que, las personas emocionalmente desarrolladas, es decir las que gobiernan adecuadamente sus sentimientos, y al mismo tiempo saben interpretar y relacionarse efectivamente con los sentimientos de los demás, son más eficaces, capaces y productivas.(1989:3)

A través de su experiencia el sujeto va construyendo la representación mental de las distintas emociones que va sintiendo y descubriendo las posibles relaciones entre ellas. Son los procesos cognitivos y sociales los que la moldean y la determinan, adaptándola a cada situación de acuerdo a las necesidades del sujeto.  Saber controlar la vida emocional y dirigirla hacia un objetivo, es esencial para mantener la atención, la motivación y desarrollar creatividad. El entrenamiento y reconocimiento de su mundo interno no compartido, se va adquiriendo paulatinamente con el trascurso del tiempo, a través del lenguaje y la constante exposición a situaciones que le suscitan reacciones emocionales. Adaptándolos a su bagaje personal.

Estas particularidades, deberían tener sus correlatos en los programas de intervención, ya que la mejora de las capacidades emocionales discurre al mismo tiempo y de la misma forma que la consolidación del carácter, el desarrollo moral y el civismo.

Y después de esto… ¿Aún sigues pensando qué no se puede hacer nada para intervenir de forma eficaz?