El
Control de la Ira en el Lugar de Trabajo
por Ana Postigo Hilario. Psicóloga.
Correo: scarlet69@supercable.es
Recomendado
para:
1. Personas que se enfadan en el trabajo.
2. Personas que quieren promocionarse en su empresa.
No hay ninguna duda. La incapacidad
para controlar la ira en el trabajo supone un grave riesgo de descarrilamiento
en la vía hacia el éxito. Este ejercicio 18 le ayudará
a controlar su ira mostrándole cómo manipular la ira
para mejorar su actividad. De manera concreta, le proporcionará
algunas estrategias de eficacia demostrada para afrontar las cinco
provocaciones de la ira más corrientes que tienen lugar en
cualquier trabajo.
Información
Las
tres habilidades esenciales en el trabajo
Cada
una de las provocaciones mencionadas en este ejercicio es peculiar
y requiere una estrategia de control diferente. Sin embargo, el atleta
de la ira pone en práctica cada uno de los siguientes conceptos
al afrontar cada provocación que sufre en su trabajo.
Control
de inmediato la activación airada
No
es en absoluto conveniente mostrar una excitación emocional
inapropiada en el lugar de trabajo, sobre todo si no es usted el jefe.
Esa actitud refleja que no se domina a sí mismo e impide un
rendimiento máximo. Convierta la activación airada en
energía dirigiéndola hacia sus actividades laborales.
Sí está demasiado enfadado para sentarse y ser "creativo",
utilice su activación airada para avanzar en el trabajo, de
modo que por lo menos obtenga algún resultado positivo. Esto
le ayudará a sentirse productivo y le proporcionará
una sensación de dominio de sí mismo; así puede
"volver" y afrontar de manera productiva el origen de su
ira. Si dispone de una respuesta de relajación (vea el ejercicio
número 9), utilícela.
Reconozca
que desea conservar su empleo
He
aquí algunos comentarios que suele hacer la gente cuando se
enfadan en el trabajo:
"Así son las cosas". "No puedo hacer nada al
respecto". "Tengo que aceptarlo". "No es tan terrible".
Todas ellas son afirmaciones muy influyentes para manejar la ira en
el ambiente laboral. Sin embargo, aunque en principio pueden impedirla
liberación de la ira, no le ayudan a controlarla, pues también
implican su impotencia, lo cual, paradójicamente, aumenta la
ira que usted desea reducir, y el resultado puede ser una ira crónica.
El ejercicio 18 utiliza la suposición de que no tiene usted
que aceptar lo que le irrita, sino más bien que quiere aceptarlo
porque desea conservar su empleo. Reconocer esto le permite experimentar
ira y, no obstante, mantener las cosas en perspectiva, como gajes
del oficio. "No me gusta, pero aprenderé a habérmelas
con eso" es mucho más productivo que "No puedo hacer
nada al respecto; a fin de cuentas, no es tan malo". Esta última
afirmación niega la ira, mientras que la anterior se orienta
hacia la tarea: "Puesto que estoy enfadado y quiero mantener
mi empleo, ¿qué puedo hacer al respecto para que eso
no vuelva a ocurrir?" Esta actitud proporciona el impulso necesario
para convertir su activación airada en energía, de modo
que pueda elaborar una estrategia de control.
La
puesta en práctica
Estar
orientado hacia la acción significa esperar que, en la mayor
parte de los casos, la provocación no se resolverá por
sí sola. Se requiere una acción basada en un plan para
resolver la provocación y evitar que vuelva a producirse. Al
estar orientado hacia la acción, es usted quien acepta la responsabilidad
de controlar la provocación.
Cuando la ira arruina su situación laboral
Esta
sección le facilitará práctica para el tratamiento
de las provocaciones en el ambiente laboral, exponiéndole a
las cinco situaciones más frecuentes provocadoras de ira asociadas
con el trabajo. Pensar en una estrategia de control para cada una
de ellas contribuye a desarrollar su habilidad para usar la ira estratégicamente.
NOTA
Las
provocaciones descritas se basan en datos obtenidos de más
de 3.500 individuos que completaron el formulario de control de
la ira o han participado en seminaríos de control de la ira,
talleres o clases. Se ha descubierto que las provocaciones son comunes
en todos los ambientes laborales, tanto si se trata de grandes multinacionales
como de organismos estatales, pequeñas empresas o diversas
instituciones, y se clasifican como abusivas, injustas o ambas cosas
a la vez. Más importante aún es el hecho de que reflejan
unas percepciones fidedignas de la realidad de la situación.
Así pues, no se pueden abordar con el sencillo método
de las afirmaciones de afrontamiento para el control de la ira o
adquiriendo expectativas realistas (aunque eso sirva de ayuda),
sino que requieren unas estrategias de intervención directa.
Provocación
número 1: Quedar postergado. "No
puedo soportar que me ignoren de esa manera."
Aunque intentemos destacar individualmente,
nuestro trabajo implica a otras personas. Para la mayoría de
las personas, es un esfuerzo de grupo, pero resulta muy dificil integrarse
en el grupo si éste le rechaza a uno. Quedar postergado en
el trabajo, o no ser aceptado por los compañeros, provoca la
ira por dos motivos: 1) Impide hacer el trabajo de la manera más
eficaz, y 2) amenaza nuestra necesidad de sentirnos integrados. También
se experimentan sentimientos de agravio. ¿Qué haría
usted?
Provación
número 2: El jefe crítico. "Me
está desairando continuamente, y casi nunca me dice que hago
las cosas bien. Tengo la sensación de que no me aprecia. Sólo
pensar en él me sulfura."
Tener un jefe crítico es enojoso
porque significa estar sometido diariamente a una crítica destructiva.
Es injusto y nos sentimos maltratados. La reacción típica
es una respuesta airada, pero como el entorno laboral inhibe la expresión
de la ira hacia nuestro jefe, la reprimimos y nos sentimos más
airados. Tendemos a desquitarnos de nuestro jefe adoptando una actitud
que es a la vez pasiva y agresiva. Hacemos todo cuanto requiere nuestro
trabajo, pero ni un ápice más. Contrarrestamos la ira
refrenando el entusiasmo, la imaginación y el apoyo. Sin embargo
estas acciones proporcionan al jefe más motivos de crítica.
¿Qué haría usted?
Provocación
número 3: No obtener la promoción deseada.
"He trabajado con ahínco. Me merezco
ese ascenso."
He aquí algunas maneras populares
de afrontar esta provocación.
o Agitarse y quejarse a los ,compañeros.
o Hacer que todo el mundo sepa que le han privado de lo suyo.
o Reprenderse a sí mismo.
La
mayoría de la gente elige las tres maneras de responder, sin
sacar de ello más que resentimiento, celos y quizá la
futura pérdida de promoción. ¿Qué haría
usted?
Provocación
número 4: Ser calumniado por compañeros de trabajo.
"Cuando oí lo que decían
de mí, me subí por las paredes. Estuve a punto de presentar
la dimisión."
Ser víctima de falsos rumores
es una causa constante de ira, abusiva e injusta. Y con frecuencia
los rumores causan un daño irreparable. La ira está
justificada. ¿Qué haría usted?
Provocación
número 5: Tratar con el jefe incompetente. "Ese
tipo es estúpido e incompetente."
No cabe duda de que la situación
más frecuente y más provocadora de ira es tener que
tratar con un jefe incompetente, cuyas deficiencias bloquean su necesidad
de realizarse en el trabajo y entorpece la actividad de la empresa.
Cómo
utilizar la ira para mejorar su trabajo
He
aquí algunas estrategias directas de eficacia probada para
el control de las provocaciones indicadas. Preste atención
a la manera en que los objetivos producen las estrategias.
Provocación número 1: Quedar postergado
Objetivo:
Participar en el grupo y lograr la aceptación de éste.
Estrategia
de control: En primer lugar, examine su propio comportamiento
para ver si es usted mismo quien precipita su propio rechazo. Por
ejemplo, si sus compañeros de trabajo hablan con frecuencia
de personas y lugares que le son desconocidos, el hecho de que permanezca
sentado en silencio y sintiéndose incómodo será
considerado probablemente como indiferencia, o si usted habla siempre
de cosas que hace y que les excluyen a ellos, puede dar la sensación
de esnobismo, o de que no desea integrarse en el grupo. Puede emprender
dos acciones.
1.
Recalcar verbalmente las experiencias importantes que comparte con
ellos.
Por ejemplo, si a una enfermera la postergan las demás enfermeras
de su planta, puede lograr la asimilación por parte del grupo
haciendo hincapié en los estudios y las experiencias laborales
comunes. Las experiencias compartidas nutren la cohesión. Esto
contrasta vivamente con la actitud de quejarse a la supervisora de
que nadie le hace caso, o decir airadamente a los miembros del grupo
que no le gusta su manera de tratarle. Esta última táctica
no hará más que aumentar la resistencia del grupo a
aceptarle.
2.
Haga un esfuerzo directo para integrarse en el grupo. Sea amistoso.
Por ejemplo, si el grupo sale a almorzar, no espere a que le inviten
a acompañarles. Usted puede tomar la iniciativa y decir: "~,Os
importaría que hoy vaya con vosotros?" Aunque su compañía
no guste a todo el grupo, quizá haya una o dos personas que
le aceptarán.
Si
aun siendo agradable, servicial y amistoso el grupo sigue sin aceptarle,
ello puede ser señal de que el mismo grupo está alterado.
Tal vez falta equipo o personal en el departamento, y eso puede ocasionar
presión, tensión e ira. Tal vez el gerente o los miembros
de grupo están "atascados", atrapados en puestos
de trabajo que son callejones sin salida, con pocas perspectivas de
progreso. Estas situaciones engendran inquietud, celos, fricción
y chismorreo. El grupo "atascado" tiende a convertirse en
una camarilla, leal a sus miembros y hostil a los de fuera. Sustituyen
con la satisfacción social las oportunidades de trabajo que
no tienen y definen el éxito como la pertenencia a la camarilla;
pueden ejercer el único poder que tienen manteniéndole
a usted al margen o desairándole al negarse a compartir información
o pericia. Ésta puede ser la ocasión para efectuar un
movimiento lateral, haciéndose transferit a otro departamento
o cambiando de empleo.
NOTA
La
integración en un grupo no siempre implica que se haga hincapié
en las experiencias comunes o mostrarse amistoso. Hay muchas formas
creativas de hacerlo. Jane Pauley, corresponsal de The Today Show,
nos cuenta cómo se integró en su grupo laboral.
"La geografia cuenta en el lugar de trabajo. Yo tenía
un despacho escondido en un recodo, a trasmano. Era el único
de los veinte despachos a cuya puerta la gente se sentía
obligada a llamar. Recientemente, cuando quedó vacante otro
despacho, me trasladé y me puse a disposición de los
demás. Ahora estoy muy integrada, así que la gente
sabe lo que ocurre dentro de mi despacho y yo sé lo que hay
afuera." Hoy es una atleta de la ira.
Provocación número 2: El jefe
crítico
Objetivo:
Hacer que su jefe se dé cuenta de que parte de sus comentarios
destructivos no son válidos y hacerle ver los méritos
de su trabajo.
Estrategia
de control: Se trata de "estructurar" el proceso
de crítica de tal manera que obligue a su jefe a considerar
su trabajo de un modo más amplio, reconociendo así su
mérito de conjunto.
Dígale
a su jefe que valora las críticas que le hace y pregúntele
sí podrían reunirse periódicamente en privado
para examinar su trabajo. Es posible que en las dos primeras reuniones
su jefe tenga una larga lista de cosas que usted hace mal, pero a
medida que se vayan reuniendo empezará a observar las muchas
cosas que hace bien y es muy probable que tome conciencia de su hábito
contraproducente.
En
efecto, usted controla su ira ayudando a su jefe a cambiar de conducta,
"obligándole" a dejar de concentrarse en errores
aislados para juzgar su competencia desde una perspectiva más
amplia. Este procedimiento se consolidará cuando su jefe empiece
a ver que la crítica productiva mejora el trabajo de usted...
y el suyo propio. La otra cara de la moneda es que, al requerir "reuniones
críticas", usted indica que está dispuesto a aceptar
la crítica negativa de una manera productiva y que es capaz
de hacerlo. Esta estrategia le ayuda a desarrollar una relación
de mutuo apoyo con su jefe y hace que su trabajo sea más fácil
y mucho más satisfactorio.
Provocación número 3: No conseguir la promoción que se merece
Objetivo:
Aumentar sus posibilidades de conseguir la promoción la próxima
vez.
Estrategia
de control: Es un tópico, pero cierto: no sirve de nada
lamentarse inútilmente. Rumiar en cómo le engañaron
no va a ayudarle, ni tampoco es probable que logre lo que desea amenazando
con dimitir (puede hacerlo, pero, ¿y si le sale el tiro por
la culata y aceptan su dimisión?). Utilice su ira productivamente
haciendo lo siguiente:
o Pregunte
amablemente a su jefe por qué no le han promocionado y qué
ha de hacer para ser el candidato principal a promoción la
próxima vez que exista otra oportunidad. Entonces escuche...
no discuta ni presente excusas. Tome nota y diga que actuará
en consonancia con lo que le ha dicho, cosa que, naturalmente, cumplirá.
(Sólo podrá dar este paso si controla su activación
airada.)
o Llame
la atención a su jefe sobre sus aspectos positivos. Prepare
una lista cuidadosa de sus cualificaciones. Comente estos aspectos
y entregue la lista a su jefe. La próxima vez que haya oportunidad,
es muy probable que el jefe le tenga presente como candidato. Si ha
obrado con tacto y ha presentado una buena lista, incluso es posible
que su jefe sienta que está en deuda con usted por no haberle
promocionando antes, y quizá le aumente el sueldo, le dé
un cargo mejor o tenga con usted alguna otra consideración.
o Si
no le tienen en cuenta repetidamente para las promociones que se merece,
la mejor manera de controlar su ira es canalizar la energía
en su trabajo, mejorando la calidad y la cantidad, haciendo que su
jefe confie en usted. Una vez consiga esto, estará en condiciones
de forzar una promoción. Si esto no surte efecto, continúe
en su puesto mientras busca otro empleo que sea digno de usted.
Si
sigue estos pasos, utiliza su ira como una fuente de energía
positiva para lograr la promoción, en vez de serlo de energía
negativa que no sólo empeora las cosas sino que le impide también
promocionarse en el futuro. Actuar productivamente crea una actitud
positiva, y el resultado suele ser una sensación de bienestar.
Provocación número 4: Ser calumniado por compañeros de trabajo
Objetivo:
Detener los rumores actuales y evitar los futuros.
Estrategia
de control:
Tiene dos opciones. Primera, hacer caso omiso de los rumores, lo cual
será una estrategia eficaz si realmente no le importa lo que
piensen los demás y si los rumores no afectan a su rendimiento
laboral, sus progresos y su satisfacción en el trabajo. No
obstante, si cualquiera de estos tres aspectos del trabajo está
amenazado (cosa que ocurre casi siempre), la segunda estrategia de
eliminar el rumor es más apropiada. Su objetivo aquí
es utilizar la ira productivamente para defenderse. He aquí
lo que ha de hacer para eliminar un rumor:
Buque el origen del rumor. Pregunte a cada persona dónde lo
ha oído, empezando por quién se lo haya dicho primero.
Antes de separarse de cada uno, dígale: "Te agradeceré
que no extiendas este rumor, sobre todo porque sabes que no es cierto.
Sé que no eres la clase de persona que propagaría un
rumor falso. Gracias." Enfréntese
al rumor. Hágalo en el caso de que llegue a la fuente del rumor:
1.
Exprese su sentimiento. Utilice afirmaciones personales y su RR.
2. Trate de averiguar lo que motivó el rumor. ¿Fue
algo que usted dijo o hizo? No discuta.
3. Demuestre su comprensión e interés parafraseando
lo que ha oído y expresando de nuevo sus sentimientos.
4. Pregúntele cómo se sentiría él si
estuviera en su lugar.
5. Déle la mano y muéstrese optimista.
Al final
la gente dirá lo que quiera a quien sea. Quizá su mejor
estrategia sea esforzarse por tener unas buenas relaciones con todo
el mundo.
NOTA
Sara
Weddington, ayudante del presidente de Estados Unidos, ílustra
un aspecto clave del tratamiento de quién inicia un rumor:
"Me enfadaba muchísimo al oír decir a alguien
que yo había hecho tal o cual cosa, lo cual era totalmente
falso. En ocasiones me he enfrentado a la persona en cuestión
y le he dicho: "Te he oído decir esto y lo otro. Quiero
que sepas cuáles son los hechos; sé que no querrías
extender falsos rumores". Quizá eso es exactamente lo
que quieren, pero es preciso encontrarles una salida. El viejo sistema
chino de salvar las apariencias no ha perdido vigencia en el mundo
del trabajo". Los presidentes conocen el valor de trabajar
con atletas de la ira.
Provocación número 5: Tratar con el jefe incompetente
Objetivo:
Lograr que sea más competente.
Estrategia
de control:
Como no puede despedir a su jefe, el mejor plan consiste en utilizar
su posición a fin de aumentar el éxito de todos. Su
objetivo específico es el de minimizar cualquiera de sus efectos
perjudiciales y utilizar su presión laboral para poner en practica
proyectos importantes. Una forma de lograrlo estriba en convertir
a su jefe en un aliado, de modo que sea receptivo a sus observaciones.
Sea amable, muéstrese respetuoso y utilice una variante de
la supervisión consultiva. Pregúntele qué opina
de su trabajo, lo cual le permitirá instruirle al comentar
sus ideas. Señale los beneficios de poner en práctica
ciertos conceptos, de modo que use el poder que le confiere su cargo
para el progreso de la empresa y los empleados. No deje de agradecerle
su crítica productiva. Con el tiempo, cultivara una relación
productiva y él no tendrá inconveniente en pedirle consejo.
Al final es posible que tenga que tratar con un subordinado incompetente:
su "jefe".
NOTA
Esta
estrategia se basa en la suposición de que la esencia de
una relación entre superior y subordinado es la interdependencia.
Ayudar a su superior para que realice su trabajo lo mejor posible
se convierte en la tarea del subordinado, como saben bien los expertos
japoneses en dirección empresarial.
Tanto si es usted presidente de una
empresa como empleado, saber la manera de manejar la ira en el trabajo
es esencial para lograr el éxito y la satisfacción en
su tarea. ¡Es una habilidad muy remuneradora!
PRÁCTICA
1. lndique
dos actividades laborales que puede hacer al experimentar la activación
de la ira.
2. Haga
una lista de lo que hacen su jefe, sus compañeros o sus subordinados
y que causan su ira. A continuación, elabore una estrategia
de control para cada una.
| Provocación
en el trabajo |
Estrategia de control |
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EL
MAYOR ERROR QUE PUEDE COMETERSE EN ESTE EJERCICIO ES ...
Creer
que no es apropiado expresar ira en el trabajo, porque la activación
airada se equipara a la expresión de la ira, lo cual induce
a la generalización excesiva de que la ira en el trabajo sólo
puede ser contraproducente. Los individuos que sostienen esta creencia
son menos entusiastas y productivos, así como ineficaces. Los
individuos y organizaciones que sancionan la expresión de la
ira canalizando la activación airada hacia unas acciones creativas
y productivas orientadas a los resultados son todo lo contrario.
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Cómo Controlar el Mal Genio |
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