¿Cómo se produce el estrés?

Los eventos externos como generadores de estrés no necesariamente deben ser muy notorios o intensos, sino que se pueden “ir acumulando sus efectos” hasta que llegamos al límite. La manera en cómo percibimos, interpretamos y pensamos acerca de lo que nos ocurre afecta a nuestra perspectiva y experiencia de estrés. De tal forma que con frecuencia va a ser nuestra interpretación lo que va a generar (o potenciar) una reacción negativa de estrés, más que el evento o situación a la que nos enfrentamos.

Como ejemplo tomemos el caso de una persona que evita comer determinados alimentos por si le pudieran sentar mal, el hecho de comerlos (porque, dada una situación concreta, no le quede más remedio) puede tener un efecto multiplicador en su nivel de estrés y generar una gran ansiedad anticipatoria que incremente exponencialmente la posibilidad de que dichos alimentos le sienten efectivamente mal, confirmando con ello la necesidad de seguir evitándolos.

Una persona que siempre se encuentra agobiada, que duerme mal, que se preocupa por todo vivenciándolo de una forma poco real pero muy conflictiva, que no se enfrenta adecuadamente a las situaciones, que se alimenta mal, trabaja mucho y se divierte poco…, probablemente disponga de menos recursos para afrontar situaciones difíciles. La clave reside en que logremos equilibrar pensamientos, descanso, alimentación, ejercicio físico, relaciones interpersonales, trabajo-estudio, ocio... En definitiva que haya un equilibrio en nuestras vidas pero sobre todo que lo percibamos y lo disfrutemos como tal.