Estrés, ansiedad, recopilación de síntomas y alternativas psicoterapéuticas

 

Autora: Dª Ana Mª Bastida de Miguel
Licenciada en Psicología - Máster en Psicología Clínica
Psicóloga especialista en psicoterapia por la EFPA
Postgrado en Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud
Colegiada R-00478 / PAM-008

El estrés es una reacción física y emocional que todos experimentamos en cuanto nos enfrentamos a cualquier cambio acaecido en nuestras vidas. Estas reacciones pueden tener efectos tanto positivos como negativos. El estrés por tanto, es la respuesta automática y natural de nuestro organismo ante situaciones que, en principio, nos resultan ansiógenas, amenazadoras, desafiantes o que nosotros las interpretamos y las percibimos como si lo fueran. Tanto nuestra vida como nuestro entorno, en constante cambio, nos exigen continuas adaptaciones; por tanto, cierta cantidad de estrés (activación) no sólo es buena sino que también es totalmente necesaria.

En general tendemos a creer que el estrés es consecuencia de circunstancias externas ante las que nosotros poco podemos hacer, cuando en realidad no es así sino que, muy por el contrario, se trata de un proceso de continua interacción entre el entorno y nuestras propias respuestas cognitivas, emocionales o fisiológicas y motoras. El estrés tiene efectos positivos cuando nos lleva a manejar los problemas cotidianos de forma constructiva, enfrentándonos a los retos de una forma adecuada y adaptativa. Pero cuando la respuesta de estrés se prolonga o se intensifica desmesuradamente en el tiempo generando gran ansiedad y de forma constante, nuestra salud, nuestro desarrollo personal, académico o profesional, nuestras relaciones interpersonales, familiares o de pareja… pueden verse muy afectadas.

Se vive una situación de estrés cuando una persona percibe que no controla, que las demandas de su entorno y los retos que le vienen impuestos o que ella misma se ha autoimpuesto superan con creces su capacidad para poder afrontarlos con éxito percibiendo como única alternativa que dicha situación pondrá en peligro su estabilidad física o psicológica.

Los comentarios que, muy a menudo, solemos escuchar sobre el estrés suelen ser, entre otros:

  1. Estrés es preocupación por el dinero, por el trabajo, por las tareas escolares, por las presiones de la vida diaria, por los continuos enfrentamientos al entorno, por los embotellamientos en las ciudades.
  2. Estrés es vivir en ambientes peligrosos, con gran emisión de ruidos y/o insalubres.
  3. Estrés es enfermar, hacerse viejo, sentirse incapacitado para responder a diferentes necesidades.
  4. Estrés es tener demasiado trabajo, no llegar a tiempo, sentirnos superados y no poder abarcar lo que percibimos como imprescindible llevar a cabo.
  5. Estrés es tener problemas económicos, familiares, personales e interpersonales.
  6. Estrés es no tener trabajo o como comentábamos anteriormente tener demasiado, con pocas oportunidades para disfrutar o relajarse.
  7. Estrés es tener que trabajar con personas difíciles o con gran requerimiento emocional.
  8. Estrés es tener muchas discusiones con los miembros de la familia o del entorno.
  9. Estrés es tener que trabajar fuera del hogar y además compartirlo con las tareas domésticas sin que nadie lo valore, ni colabore...

Tras muchas investigaciones se ha comprobado que nuestras características personales en interacción continua con los requerimientos ambientales (además de otros muchos factores) nos predisponen a estar estresados y a padecer enfermedades relacionadas. Una de estas enfermedades son los famosos ataques coronarios.

A través de numerosos estudios realizados con personas que han sufrido ataques cardíacos se ha podido establecer un perfil de personalidad cuyas características personales predisponen a padecer esta enfermedad en mayor o menor medida y lo mismo ocurre con determinados problemas familiares, laborales o ambientales. A través de ellos hemos podido poner de manifiesto los siguientes aspectos:

1) Un perfil de personalidad que nos indica que son personas que:

  • Realizan grandes esfuerzos por conseguir todo lo que pueden en el menor tiempo posible.
  • Están en continuo movimiento, hablan mucho y muy rápidamente.
  • Manifiestan mucha impaciencia, siempre con prisa, quieren estar en todo pero no llegan.
  • Se comportan muy agresivamente si no se les escucha o no se les tiene en cuenta cuando ellas lo consideran justificado.
  • Tratan de hacer varias cosas al mismo tiempo.
  • Son muy competitivos (tienen que ser los mejores, controlarlo todo y obtener resultados acordes).
  • Presentan dificultad para relajarse (con sentimientos de culpabilidad cuando solamente se relajan y dejan a un lado sus obligaciones pues consideran que están perdiendo el tiempo).
  • Necesitan tener cada vez más dinero, amigos, posesiones (todo les parece poco).
  • Gran tendencia a planificar agendas cargadas de trabajo o múltiples actividades para un día normal.
  • Necesidad imperiosa de resolver (tanto en su trabajo como en cualquier otra situación).
  • Acometen múltiples proyectos y actividades tanto a corto como a largo plazo, su mente no para.
  • Son los primeros en llegar al trabajo y los últimos en marcharse. No hay tiempo para vacaciones ni para relajarse y si lo hacen su mente sigue trabajando.
  • Deseos persistentes de reconocimiento, anticipación continua de múltiples problemas que deben resolver y si uno complicado el otro más.
  • Ni su mente ni su cuerpo descansa...

Este tipo de personalidad resulta de un proceso de aprendizaje que se va conformando a lo largo de su vida (muchas veces influenciado culturalmente por la sociedad en la que nos toca vivir) y como tal aprendizaje puede alterarse o modificarse hacia un estilo más beneficioso y saludable.

2) Las presiones familiares:

Para la mayoría de nosotros, lo que sucede en nuestra familia nos puede aportar gran felicidad pero también las más intensas formas de estrés y ansiedad. Los conflictos en la pareja, los aspectos escolares de los hijos, las discusiones con los hijos adolescentes, con nuestros padres o con nuestros hermanos, nuestra enfermedad o la de un familiar, la muerte de un familiar, una separación, etc. Todo esto puede generar un estrés difícil de solventar. Las presiones familiares, inevitable y lógicamente, afectan tanto a nuestras vidas como a nuestro trabajo. A veces no podemos decir qué empezó primero, si fue el estrés en el trabajo o las presiones familiares pero lo que sí podemos decir es que ambas se interrelacionan.

La tensión dentro de la familia representa un factor muy importante de ansiedad y estrés para muchas personas y si no se controlan o aprendemos a controlarlos, este factor de riesgo puede socavar la propia salud física y psicológica.

3) Los problemas en el trabajo:

Aún sin existir grandes presiones ambientales, la mayoría de los trabajos conllevan algún tipo de estrés. Las pequeñas, pero continuas, frustraciones de nuestro trabajo tienen más poder para quemarnos laboralmente que los dramáticos estreses producidos a corto plazo. Muchos contratiempos del trabajo conllevan pequeñas dosis de estrés, que si no son aliviadas y no sabemos cómo enfrentarlas, pueden acumularse y producir un efecto tóxico en nuestro organismo.

Si nos hallamos en un trabajo donde el estrés y la ansiedad ocurren una y otra vez a lo largo del día, una sola válvula de escape como “el estar un rato con los amigos” o “dormir más tiempo” puede no ser suficiente como para cubrir nuestras necesidades fisiológicas o psicológicas. Este factor de riesgo es muy importante por lo que es fundamental que podamos contar con muchas válvulas de escape para enfrentarnos día a día y aliviar así el estrés o la ansiedad que puedan ir almacenándose a lo largo del día de trabajo.

4) Las presiones ambientales:

Además de los aspectos personales, la familia y el trabajo, todos estamos conectados e inmersos en un amplio ambiente físico, emocional y social. El gobierno aumenta los impuestos y nosotros sufrimos el apretón, los salarios son insuficientes o el paro nos amenaza a nosotros o a los que nos rodean, todo sube y nosotros no podemos hacer nada para evitarlo, hay que esperar largas listas de espera o largas colas como son las caravanas que se forman en las ciudades, vamos a dar el paseo que tanto hemos deseado y la lluvia lo fastidia, compramos un piso y nos quedamos en el paro o no nos llega el sueldo para pagar la hipoteca, los ruidos excesivos que nos impiden dormir… Todos encontramos momentos estresantes que proceden del amplio ambiente en el que nos movemos, situaciones que en muchas ocasiones escapan a nuestro control y pueden invadir nuestra vida e imponerse y crear un estrés que no se alivia fácilmente. Las demandas ambientales frecuentemente nos van a influir y generar un estrés al que no siempre vamos a saber cómo enfrentarnos.

La mejor manera de prevenir y, por tanto, de hacer frente al estrés es reconocer cuándo aumentan nuestros niveles de tensión o ansiógenos y ante qué estímulos o situaciones se producen.