Fuentes productoras de estrés: algunas orientaciones para aprender a resolverlas

Vamos ahora a analizar algunas fuentes que solemos considerar como productoras de estrés. El estrés forma parte de nuestras vidas y la cantidad de tensión que cada persona es capaz de tolerar es, como hemos indicado, diferente, y varía según la cultura en la que estemos inmersos, el momento de la vida en el que nos encontremos, las circunstancias personales, sociales, laborales o familiares... Por ello las fuentes de estrés ante las que estamos expuestos son de lo más diversas y van a depender sobre todo, no tanto de la situación sino del cómo lo perciba e interprete cada persona en particular. En función de esa percepción e interpretación podremos enfrentarnos y resolver mejor o peor las diferentes situaciones generadoras de estrés.

  • Aprendamos a enfrentarnos a situaciones nuevas. Con los jóvenes universitarios vemos cómo las principales fuentes de estrés suelen estar relacionadas con: dejar la casa de sus padres, tener que realizar continuos viajes hasta la facultad realizando diariamente numerosos kilómetros en autobús, coche o metro, tomar las riendas de su economía, tomar nuevas decisiones, compartir piso, residencia o vivir solo, asumiendo a la vez responsabilidades académicas, nuevas relaciones personales y nuevos enfrentamientos a lo desconocido incluyendo en todo ello las clases y una mayor exigencia hacia el estudio... Y a todo esto añadirle, a veces, todos los eventos positivos propios de la edad o de la nueva situación, como enamorarse, ir de marcha o preparar un viaje de estudios, que aunque agradables también añaden cierta tensión. Ante estas situaciones, es más difícil relajarse y pensar las cosas con la suficiente calma como para enfrentarse a ellas y resolver los problemas que puedan surgir, por lo que muchos estudiantes se vienen abajo y confunden la impotencia y desesperación generada por el estrés circunstancial con el deseo de abandonar los estudios. ¡Por ello, antes de abandonar analicemos la situación con calma y después actuemos!
  • Aprendamos a descubrir y a conocer limitaciones actuando en consecuencia. Aprendamos a decir “NO” a nuevas responsabilidades que no estemos seguros de poder cumplir, no queramos abarcarlo todo sin tener capacidad para ello. Es más fácil, más responsable y más racional rechazar algo a tiempo que continuar con ello sin poderlo terminar por no atrevernos a decir “NO” o por creer erróneamente que podemos con todo. ¡No sólo es más saludable para nosotros sino también mucho más justo para las personas que nos pidan estas responsabilidades!
  • Aprendamos a mantener prioridades. Cuando nos enfrentemos a más de una tarea, prioricemos y hagamos las cosas de una en una. Hagámoslas bien y después continuemos con la siguiente, no queramos hacerlo todo a la vez pues no haremos nada. Es mejor hacer primero una cosa y luego la otra, pero bien, que correr mucho para hacerlo todo a la vez y querer llegar a todo, pero mal. ¡No sólo lo haremos mal sino que también nos sentiremos mal!
  • Aprendamos a no posponer la toma de decisiones. El posponer una decisión, sobre un tema que nos preocupa, conduce a una tranquilidad engañosa, pues aparentemente la ansiedad se reduce, pero si “dejamos para mañana lo que podamos hacer hoy”, no dejaremos de pensar en ello y nuestro cerebro seguirá activado por ese problema aunque estemos realizando otras cosas, además las tareas se irán acumulando hasta que la situación nos supere. ¡Aprendamos a detectar estas situaciones y no las evitemos aplazándolas, enfrentémonos a ellas cuanto antes sin posponerlas pues con el enfrentamiento a tiempo nuestra tranquilidad y nuestra autoestima saldrán beneficiadas!
  • Aprendamos a desconectar de nuestros problemas y no los traslademos de unos ámbitos a otros. Cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa. Intentar por ej. acabar un tema relacionado con el trabajo mientras estamos con nuestros hijos no sólo nos estresará sino que reducirá en gran medida nuestra eficacia y nuestra capacidad pues ni estaremos con nuestros hijos ni haremos bien el trabajo. ¡Es mucho más eficaz aprender a desconectar y disfrutar del presente y del momento que pretender estar en varios sitios a la vez pero sin poder estar en ninguno!
  • Aprendamos a “ocuparnos de los problemas” en vez de “preocuparnos por ellos”. Es importante recordar que un problema hay que resolverlo cuando se presenta y no cuando nos preocupamos por algo que aún no se ha presentado. En demasiadas ocasiones y ante un problema no siempre hallamos la solución perfecta, pero es importante seleccionar de entre varias alternativas la mejor de las posibles o, incluso, la menos mala. ¡Aprendamos a analizar las posibles alternativas que nos presenta un problema y quedémonos con la menos mala aunque no sea la más perfecta y una vez seleccionada aprendamos a analizar las consecuencias de nuestra elección!
  • Aprendamos a detectar que no sólo nosotros tenemos necesidades sino que también los demás las tienen. Tenemos que ser conscientes que no podemos resolver todos los problemas de los demás ni responsabilizarnos excesivamente de ellos. Los demás también tienen sus propias necesidades, sus ritmos de vida, sus propias expectativas, además de las que nos crean directa o indirectamente, por lo que si nos responsabilizamos en exceso de sus problemas y los asumimos como nuestros incrementaremos las posibilidades de padecer estrés. Aunque resulte duro, la única manera de dejar crecer y madurar a los demás es que se enfrenten a sus propias dificultades y desarrollen recursos y habilidades para aprender a resolverlas.
  • Aprendamos a delegar. “Si quieres hacer algo bien, hazlo tú mismo” dice el saber popular. Lo que no dice es que aplicado a raja tabla, uno termina acabando agotado y con los nervios a flor de piel. Invertir nuestro tiempo en enseñar a los demás y darles confianza es una buena fórmula para llegar al mismo sitio aunque por caminos diferentes pero mucho más fáciles y productivos.
  • Aprendamos a quedarnos con aquellas tareas que podamos abarcar. El tiempo no es elástico ni nuestra energía inagotable. La mayor dificultad para tomar una decisión es ser capaces de aceptar y asumir que hay otras que tendremos que renunciar al no poder abarcarlas. Si queremos hacer algo nuevo que nos implique y nos requiera mucha energía y mucho tiempo, tendremos que decidir qué es lo importante y qué nos interesa dejar de hacer por tener menor importancia para nosotros. ¡Aprendamos a seleccionar y a realizar aquello que nos interese pero sin sentirnos mal emocionalmente por no realizar aquello que nos suponga un esfuerzo sobrehumano pero podamos prescindir de ello!
  • Aprendamos a jerarquizar. Cuando las tareas nos superan, tendemos a realizar las que nos resultan más cómodas y sencillas en lugar de atender aquellas que son más importantes y gratificantes para nosotros. La sensación que nos queda al final del día es la de estar agotados aunque sin haber hecho nada de lo que nos sintamos realmente satisfechos.
  • Aprendamos a compartir los problemas y las emociones. Siempre que hablamos de nuestros problemas les damos forma, los comprendemos mejor y permitimos que otros aporten sus puntos de vista que en muchas ocasiones nos pueden aportar mayor objetividad. Si el contexto es de apoyo, nos permitirá transformarlos, aceptarlos e integrarlos de un modo más realista y objetivo. Por el mero hecho de compartir un problema hace que éste se convierta en la mitad.
  • Aprendamos a no utilizar estimulantes con la intención de ayudarnos a resolver nuestros problemas. Los estimulantes como por ej. el café, el tabaco, el té o las bebidas excitantes aumentan el nivel de activación de nuestro organismo, pero también lo estresan considerablemente sin aportar, por ello, ninguna solución sino todo lo contrario.

No obstante me gustaría aportar un mensaje respecto a todo esto: Dejemos de temer y evitar el estrés, comencemos a controlarlo y a utilizarlo adecuadamente. De esta manera reduciremos su potencial de amenaza y será mucho más fácil poder enfrentarlo y controlarlo.