25) JUSTIFICACIONES O AUTOENGAÑOS

El supuesto fundamental de este tipo de pensamiento es que nos engañamos a nosotros mismos para justificar nuestro comportamiento. Por ejemplo: “Por dejar de comer un poco no va a pasar nada” “Yo me veo bien, sé lo que hago, controlo perfectamente, sólo quiero tener una talla menos” “Por un cigarrillo no pasa nada” “Yo controlo, sólo tomo pastillas los fines de semana” “Hago lo que puedo pero para qué luchar si todo está perdido” “Sólo juego cuando realmente me apetece y dejo de hacerlo cuando quiero” “No conduzco porque no me apetece pero no porque tenga miedo”…

Todas estas formas de pensar, entre otras, son inadecuadas e irracionales y por consiguiente son causantes de problemas y de ansiedad; ya que rebasan los límites de la realidad de la vida, de las relaciones humanas y de la lógica.

Estos pensamientos automáticos (Respuesta Cognitiva: lo que pensamos) que generalmente son negativos e irracionales, provocan una sintomatología física que los confirma, por lo alarmante de su manifestación (Respuesta Fisiológica: lo que sentimos en nuestro cuerpo), lo que a su vez genera unos comportamientos (Respuesta Motora: lo que hacemos) destinados a evitar, mantener, potenciar… y, en consecuencia, generalizar el problema a situaciones que en principio pueden ser similares pero que por extensión terminan no teniendo nada que ver con la primera situación causante del malestar físico y psicológico.

Para conseguir controlar la ansiedad y el estrés tendremos en cuenta estos tres sistemas de respuesta pues en cuanto modifiquemos uno de ellos habremos modificado e intervenido en los otros. Por ello el primer paso va a ser aprender a detectar y a controlar las manifestaciones físicas que aparecen en nuestro cuerpo (respuesta fisiológica), los pensamientos automáticos tanto positivos como negativos (respuesta cognitiva) o nuestro comportamiento derivado de todo ello (respuesta motora). Para identificar los pensamientos automáticos que son los continuos causantes de sentimientos ansiógenos y por tanto causantes de un continuo estrés, hay que tratar de recordar los pensamientos que se produjeron inmediatamente antes de empezar a experimentar la emoción negativa así como los que acompañaron y provocaron el mantenimiento de la misma.