Mitos estrechamente relacionados con el estrés

Respecto al estrés nos encontramos con multitud de mitos, que aún siendo la mayoría de ellos erróneos, se han transmitido popularmente a lo largo del tiempo como si fueran auténticas verdades. De todos ellos vamos a intentar analizar unos pocos:

Mito 1: El estrés es igual para todo el mundo y depende de las situaciones.

Erróneo y totalmente equivocado. El estrés no es igual para todo el mundo, va a depender de cómo cada persona se enfrente al entorno y al no haber dos personas iguales tampoco el estrés nos afectará a todos por igual. Lo que produce estrés a una persona puede ser muy constructivo y gratificante para otra. Cada uno responde a las circunstancias de forma completamente diferente.

Mito 2: El estrés es nefasto para la salud. Si no tuviéramos estrés seríamos mucho más felices y estaríamos mucho más sanos

También es erróneo. El estrés es para el ser humano lo que la tensión es para las cuerdas de la guitarra: poca tensión y la melodía brillará por su ausencia pero mucha tensión la música será desagradable o se romperán las cuerdas. El estrés bien controlado puede ser constructivo y gratificante pero si no se controla puede ser mortal. Lo fundamental, es qué podemos hacer para manejarlo adecuadamente y sacarle el máximo partido. Si el manejo es adecuado podemos estar más motivados, ser mucho más activos y productivos, autoeficaces, más felices, con mayor autoestima... pero si es inadecuado puede hacernos mucho daño e incluso matarnos.

Mito 3: El estrés es inevitable en la sociedad moderna, nos invade y no podemos hacer nada contra él.

Tampoco es cierto. Claro que podemos hacer algo, podemos planificar nuestras actividades y nuestra vida sin que el estrés nos domine. La planificación y la organización son fundamentales, primero una cosa y después la otra. Una tarea por muy sencilla que sea si no la planificamos adecuadamente se puede convertir en un auténtico problema, por ello es fundamental establecer prioridades, aprender a manejar el tiempo eficazmente, distribuirlo adaptándolo a la complejidad de la tarea, no pretendamos resolverlo todo a la vez, dediquemos tiempo a relajarnos pues no será un tiempo perdido, utilicemos racionalmente nuestro pensamiento para poder planificarnos y organizarnos... Si nuestra vida la organizamos y la planificamos bien seremos capaces de enfrentarnos mucho mejor a cualquier tarea por muy compleja que nos resulte, pero si queremos abarcarlo y controlarlo todo a la vez los problemas nos parecerán tremendamente complicados y el estrés nos invadirá y nos resultará mucho más difícil enfrentarlo.

Mito 4: Es muy difícil combatir el estrés porque no disponemos de medios eficaces.

Otro mito totalmente erróneo. Actualmente y tras muchos años de investigación y puesta en práctica, la psicología ha demostrado que puede ofrecer muchas respuestas y muchas alternativas a las personas angustiadas por el estrés, proporcionándoles los suficientes recursos, a través de una gran variedad de métodos y técnicas diseñadas exclusivamente para cada persona, como para que les permita enfrentarse a las situaciones ansiógenas, de tal forma que puedan manejar el estrés de la mejor manera posible y todo ello en función de sus propias necesidades.

Mito 5: Si no hay síntomas no hay estrés.

Totalmente erróneo y muy importante desmitificarlo. El que no tengamos síntomas no quiere decir que no tengamos estrés. En muchas ocasiones los síntomas pueden quedar enmascarados debido a la medicación y la persona no ser consciente de ellos pero ignorar los síntomas u ocultarlos con medicación no resuelve el problema pues nos impide aprender a detectar y a reconocer las manifestaciones fisiológicas que emite nuestro organismo y poder, gracias a ellas, actuar en consecuencia aplicando las técnicas que nos permitan lograr un auténtico equilibrio físico y psicológico. Por ejemplo, si anticipo que no puedo conducir porque me pongo muy nervioso y evito hacerlo o cada vez que conduzco (porque no me queda más remedio) tomo medicación para que me ayude a controlar los nervios, nunca podré enfrentarme con mis propios recursos ni podré, tras aprender a controlar de la mejor forma posible las señales que mi cuerpo emite, analizar las consecuencias del enfrentamiento. Lo mismo podríamos decir de otras muchas situaciones. Para resolver un problema psicológico lo primero que tenemos que hacer es aprender a reconocerlo sin ocultar ni enmascarar las señales que pueda emitir nuestro propio organismo.

Mito 6: Solamente requieren atención los síntomas más patológicos del estrés.

Tan erróneo como los anteriores. Este mito nos lleva a asumir que los síntomas leves carecen de importancia y no debemos prestarles atención pero, al igual que en los mitos anteriores, pueden estar enmascarando señales tempranas de advertencia, que no por ser leves son menos importantes. Síntomas como dolores de cabeza, acidez de estómago, sequedad de boca, pequeños mareos, cansancio físico o pequeños dolores musculares, pueden ser ignorados porque apenas tienen repercusiones. Estos síntomas pueden ser indicadores de que algo anómalo está ocurriendo en nuestras vidas y que es muy importante aprender a detectarlos antes de que las circunstancias se nos escapen de las manos. ¡Siempre es mejor prevenir que curar!