Las señales más frecuentes de estrés, aunque algunas nos pasen totalmente desapercibidas, son:

  • Tensión es la primera respuesta de nuestro organismo frente al estrés.

    La tensión es el resultado de la diferencia que existe entre la forma que tenemos de interpretar una determinada situación y el nivel de comodidad o incomodidad que percibimos respecto a los recursos que tenemos para enfrentarnos a ella. Naturalmente, cuanto menos cómodos nos sintamos, mayor tensión experimentaremos. Por consiguiente, la tensión procedente de una situación está basada fundamentalmente en la forma que tengamos de percibir, valorar e interpretar dicha situación.

    No hay que confundir tensión con ansiedad, pues aunque pueda acompañarla no es lo mismo.

    La ansiedad es una emoción muy relacionada con el miedo y aunque no sea lo mismo produce efectos muy similares a la tensión. La tensión tampoco es únicamente contracción muscular, aunque pueda estar causada por ella. Por último, la tensión tampoco es necesariamente algo malo. Un nivel moderado de tensión no sólo es saludable sino que es motivacional y necesaria en multitud de ocasiones.

    Cuando nos encontramos bajo mucho estrés o no conseguimos manejarlo adaptativa y adecuadamente, podemos experimentar una gran variedad de síntomas, que interesa conocer y aprender a detectar:

  • Respuestas físicas de nuestro organismo

    • Dificultad respiratoria. Gran sensación de asfixia por falta de oxígeno.
    • Estómago y aparato digestivo descompuesto con náuseas o vómitos.
    • Músculos tensos, agarrotados con dolores y/o contracturas musculares.
    • Dolores de cabeza, de cuello o de espalda.
    • Sequedad de boca.
    • Sudoración excesiva en manos y cuerpo en general.
    • Frío o calor intenso en el cuerpo o en las extremidades.
    • Entumecimiento en las manos o pies.
    • Temblores en las manos, en las piernas o en el cuerpo en general.
    • Aumento de los latidos cardíacos y en consecuencia taquicardias y dolor pectoral.
    • Arritmias.
    • Presión sanguínea alta.
    • Aumento de glucosa en sangre...
  • Si estas reacciones físicas perduran en el tiempo pueden dañar los órganos vitales del organismo hasta causar enfermedades serias y crónicas.
  • Respuestas emocionales/psicológicas

    • Fatiga.
    • Coraje.
    • Rabia.
    • Frustración.
    • Abatimiento.
    • Aburrimiento.
    • Apatía.
    • Irritabilidad.
    • Mal humor.
    • Depresión.
    • Angustia.
    • Tensión emocional.
    • Cambios repentinos de humor.
    • Preocupación excesiva con gran anticipación de problemas.
    • Intranquilidad continua.
    • Desesperación.
    • Gran ansiedad.
    • Dificultades de concentración.
    • Problemas de memoria.
    • Volverse extremadamente detallista pero focalizando la atención, exclusivamente, en aspectos absolutamente negativos.
    • Insomnio.
    • Ejecución pobre en las tareas con dificultades de atención.
    • Pensamientos rumiatorios y obsesivos relacionados con las percepciones inadecuadas.
    • Elucubraciones mentales causantes de problemas.
    • Bloqueos “mentales”...
  • Respuestas Conductuales/Hábitos Autodestructivos

    • Fumar en exceso.
    • Abusar del alcohol u otras drogas.
    • Gran uso de medicamentos.
    • Comer en exceso o todo lo contrario pérdida de apetito.
    • Impulsividad.
    • Discusiones a destiempo o fuera de lugar.
    • Comportamientos generadores de accidentes.
    • Tendencia a responder agresiva e inadecuadamente a comentarios u opiniones.
    • Alejamiento y aislamiento del entorno.
    • Mucho movimiento pero ineficaz.
    • Lloros frecuentes...
  • Respuestas inadecuadas en el trabajo

    • Quemazón y malestar generalizado.
    • Baja moral.
    • Insatisfacción generalizada en el trabajo.
    • Absentismo laboral.
    • Pobres relaciones con los compañeros de trabajo.
    • Pobre ejecución.
    • Cambios constantes de personal.
    • Incapacidad para abordar nuevos retos.
    • Accidentes laborales...

Repercusiones a nivel psicológico:

  • Emociones: gran ansiedad, irritabilidad continua, miedo con multitud de anticipaciones negativas, variaciones del estado de ánimo, confusión o turbación, sentimientos de culpabilidad, depresión...
  • Pensamientos: excesiva autocrítica, dificultad para concentrarse y tomar decisiones, olvidos frecuentes, preocupación excesiva por el futuro, pensamientos repetitivos negativos y obsesivos, excesivo temor al fracaso y al ridículo...
  • Conductas: tartamudez u otros problemas relacionados con el habla, llantos continuos, reacciones impulsivas e inoportunas, risa nerviosa, trato brusco a los demás, rechinar los dientes o apretar las mandíbulas (llegando incluso a dañar la dentadura), aumento del consumo de tabaco, alcohol u otras drogas; mayor predisposición a tener o a provocar accidentes; problemas con el sueño, comportamientos inadecuados...

No sólo se tienen repercusiones psicológicas, sino que también afecta a nuestro estado de salud:

  • Aparato digestivo: el estómago segrega más ácidos. Si la situación se mantiene, las paredes se terminan irritando. La sangre se desvía del estómago y se altera el proceso de la digestión. Muchas de las úlceras gastroduodenales así como la colitis ulcerosa están relacionadas con situaciones continuas de estrés.
  • Aparato muscular: la tensión aparece en forma de contracturas a distintos niveles: mandíbulas, cuello, espalda, dolores en piernas, lumbagos...
  • Aparato respiratorio: la respiración se acelera y se vuelve entrecortada. Se tiene la sensación de que el aire no llega a los pulmones por ello el organismo sufre por falta de oxígeno (se produce anoxia).
  • Sistema cardiovascular: se libera adrenalina y noradrenalina, que hacen que el ritmo cardiaco y la presión sanguínea aumenten causando lesiones cardiovasculares.
  • Piel: aumento de la sudoración. Si el estrés es prolongado, pueden surgir diversas patologías dermatológicas vinculadas a estados de ansiedad.
  • Cambios físicos: músculos contraídos, manos frías o sudorosas, dolor de cabeza, problemas de espalda o cuello, perturbaciones del sueño, malestar estomacal, gripes e infecciones, herpes frecuentes, fatiga, respiración agitada o palpitaciones, temblores, boca seca, mareos, vértigos, problemas cardiovasculares, respiratorios y en general una gran variedad de manifestaciones psicosomáticas.

Cuando surgen estos síntomas "funcionales" (sin causa orgánica que los justifique) se produce una retroalimentación que reactiva otra vez los procesos biológicos de alarma y redobla la sintomatología, incrementando notablemente el problema.

Ahora bien, el estrés, aunque tiene una connotación negativa, no necesariamente es negativo. Depende del tiempo en que el sistema esté activo. En periodos cortos, produce personas más activas, más dinámicas, más productivas, que exploran mejor el mundo y sacan un mayor partido a las situaciones. También genera atención, memoria, fijación de los sentidos y en general mayor alerta ante cualquier situación.