Síntomas del estrés cuando ha dejado de ser agudo y se convierte en crónico

Como bien podemos ver, siempre que las respuestas de estrés se repitan con mucha frecuencia o intensidad, o durante un periodo prolongado de tiempo (estrés crónico), el organismo va a encontrar dificultades para recuperarse y harán acto de presencia los trastornos físicos y psicológicos asociados.

Es en estas situaciones cuando el organismo se siente amenazado y comienza el estrés, lo primero que se produce es el incremento de la actividad cardiaca, con la finalidad de bombear más sangre a los músculos de las piernas y poder salir corriendo. Si, por un motivo u otro, esto ocurre continuamente y todos los días, la disfunción se puede convertir en crónica; y para una persona que tenga predisposición a padecer problemas cardiacos, puede ser incluso mortal.

El problema se agudiza cuando el sistema nervioso identifica la situación como peligrosa y sin posibilidad de solución. Es decir, cuando la persona piensa que la situación no tiene salida, que no hay solución para sus problemas, percibe que está perdido, que no tiene ningún control, que la misma situación se repite una y otra vez pero se siente incapaz de resolver... En ese momento disminuye la eficiencia del sistema inmune y la persona queda mucho más vulnerable a las enfermedades, provocando alergias, infecciones graves, artritis reumatoide, inflamaciones y lesiones musculares, lesiones cardiovasculares... Existen indicios de que el estrés hace que envejezcamos antes. Se ha comprobado, por ejemplo, que mujeres que tienen hijos con alguna enfermedad grave, sus glóbulos blancos presentan un proceso de envejecimiento mayor que en mujeres sanas en las que aparece diez años más tarde. “Esto podría significar que llevar una vida estresada podría costarnos algunos años de vida”.

Las últimas investigaciones también han puesto de manifiesto cómo una alta responsabilidad y un gran volumen de trabajo no son factores, en sí mismos, causantes de estrés pues situaciones que son muy estresantes para unos pueden ser muy agradables, muy gratificantes, muy emocionantes y auténticos retos para otros. No se trata por tanto de un asunto de ejecutivos sino que puede darse en cualquier persona y en cualquier nivel. Se ha demostrado que es la falta de percepción de control sobre las situaciones cotidianas lo que más afecta a la salud.

Situaciones como ver que no se llega a final de mes, no tener poder de decisión, ser incapaces de cambiar una situación por falta de habilidades, vivencias de agobio en el trabajo o en la casa, incertidumbre acerca del futuro, no saber qué sucederá después de casarse o de que nazca un hijo o de perderlo, después de perder un trabajo, tras una separación, anticipar problemas continuos y en definitiva percibir la falta de control... son cuestiones especialmente perjudiciales.

Sería interesante pararnos un poco y plantearnos ¿Tengo un nivel de estrés saludable? ¿Es un nivel que me ayuda a hacer mejor mi trabajo? ¿O he traspasado los límites? Reducir la situación a un simple “estoy estresado” hace que muchas personas pasen por alto las señales de alarma que aparecen en todo el cuerpo. Éstas pueden tomar la forma de dolores de cabeza, dolores musculares o de estómago; pero también irritabilidad, problemas de memoria, falta de concentración y agotamiento entre otras muchas manifestaciones.

Las situaciones estresantes se pueden clasificar según 3 categorías:

  • Pequeños contratiempos son pequeñas cosas, situaciones temporales pero que causan un estrés significativo. Ejemplos de ello son: la pérdida de algún objeto, una rueda pinchada, perder el autobús o tener una multa de tráfico, una mala nota de los hijos, un hijo que no se comporta como nos gustaría, una discusión familiar o con los compañeros de trabajo, algo que nos gustaría conseguir y no hemos conseguido...
  • Grandes cambios en la vida incluyen hechos tanto positivos como negativos. Ejemplos de eventos positivos incluyen un matrimonio, una graduación, iniciar un negocio o un trabajo, el nacimiento de un hijo... En cuanto a los negativos, la muerte de un ser querido, la pérdida del trabajo, una separación, la lucha por la custodia de los hijos, el pasar a cuidar a personas mayores...
  • Entre los problemas continuos hay situaciones estresantes como problemas de pareja, familiares, laborales, quedarse en el paro con acumulación de deudas, enfermedades personales o de un familiar...

La dificultad para detectar las primeras señales de estrés y “desactivarlas” para prevenir daños al organismo es, con la sociedad moderna, cada día más habitual. Uno de los principales motivos es que nos hemos ido acostumbrando poco a poco a un ritmo de vida tan acelerado que lo consideramos completamente normal, rutinario e imprescindible para seguir manteniendo nuestro estilo de vida. Las respuestas de estrés que damos ante determinadas situaciones son, en ocasiones, "totalmente desadaptativas" y sobre todo cuando la respuesta que damos a una situación concreta no requiere un nivel de activación tan elevado, lo que interfiere, sin lugar a dudas, en la emisión de una respuesta adecuada dado que el nivel de activación se sigue manteniendo a pesar de haber desaparecido la situación estresante (seguimos sin desconectar aun cuando ya no sea necesario).