12. Terapia Racional-Emotiva

Según estamos viendo somos NOSOTROS MISMOS quienes producimos fundamentalmente nuestras emociones y comportamientos a través de nuestro sistema de creencias y de nuestra forma de pensar o interpretar los acontecimientos que suceden en nuestra vida cotidiana. La respuesta de estrés también puede ser desencadenada por la manera que tenemos de interpretar las situaciones y aumentarla por la interpretación irracional o el pensamiento distorsionado pero esto también puede ser usado para disminuir la ansiedad y controlarnos mejor.

Por consiguiente, cuando estemos sintiendo en algunas situaciones la experiencia de la ansiedad, podemos utilizar el formato del modelo A-B-C y preguntarnos qué estamos pensando o cuál es nuestro diálogo interno o interpretación que estamos dando ante determinadas situaciones.

La idea es controlar lo que pasa en nuestra “mente” para poder controlar nuestras reacciones emocionales y nuestra conducta y de esta forma estaremos en mejores condiciones para enfrentar y tratar de modificar las circunstancias de una forma más relajada y racional.

Para cambiar los pensamientos, interpretaciones y distorsiones irracionales sobre las circunstancias que nos “causan” estrés o ansiedad debemos aprender a discutirlas o contraatacarlas creando frases, pensamientos, interpretaciones o diálogos internos que sean lo opuesto en términos de lógica, sensatez, y apego a la realidad. Para esto debemos recordar lo expuesto sobre pensamiento y distorsiones irracionales.

No debemos perder de vista que el estilo de pensamiento de las personas con un determinado problema son: "Seguro que no lo consigo" "No voy a poder con ello" "No puedo hacer nada para superarlo" "Y si me vuelve a pasar y no lo controlo" “Tengo que controlarlo todo” “Todo tiene que salir perfecto”“Si no hago esto o lo otro seguro que no lo consigo” “Esto no lo vuelvo a repetir la última vez que lo hice me sentí fatal” “Si me ha pasado una vez porqué no me va a pasar siempre”.... Todos esos entrecomillados y muchos más que podríamos identificar en cualquier momento de nuestra vida, los podemos encontrar en lo que pasamos a llamar Zona B (pensamiento) y entonces comienza la explicación de lo que se llama el modelo “A B C” que consiste en lo siguiente:

A Adversidad o hecho (experiencias o situaciones que nos provocan malestar o satisfacción)

B Nuestros pensamientos, creencias e interpretaciones que hacemos de las experiencias o situaciones (tanto negativas como positivas)

C Consecuencias emocionales y físicas, comportamientos derivados de las creencias, pensamientos e interpretaciones que damos a todo ello.

Normalmente se cree que el C (consecuencia) se debe al A (situación), pero “NO”. Se debe siempre al B (lo que pensamos), o sea, lo que nos decimos y contamos del A (de la situación). Y de ahí surgen las depresiones, las ansiedades, las angustias, las fobias y en definitiva los problemas psicológicos, cuando ese B, o sea los pensamientos, son negativos, frustrantes, exagerados, catastrofistas, anticipatorios de problemas, etc… hace que nos sintamos tan mal que confirmemos nuestras creencias y tendamos a repetirlas y repetirlas, convirtiéndolas en verdades absolutas, aprendiendo así a utilizar unos mecanismos, tan bien, tan bien, que terminan por dominar nuestra forma de enfrentarnos al medio, lo que termina provocando un gran malestar físico y psicológico.

De esta manera las A (experiencias o situaciones) NO PRODUCEN DIRECTAMENTE las C (manifestaciones físicas, emociones y acciones). Lo que conduce a la C es la B (nuestro sistema de creencias, nuestros pensamientos y nuestras interpretaciones de las experiencias o situaciones y en definitiva el cómo nos contamos continuamente las cosas a nosotros mismos). Esto es lo que se conoce como el Modelo A-B-C de las emociones y conductas en los seres humanos.