Factores Determinantes De La Autoestima

Según van creciendo, nuestros hijos saben que pueden actuar sobre el medio que les rodea, y cada vez surgen a su alrededor más actividades en las que poner a prueba su inteligencia, su memoria, sus habilidades tanto personales como interpersonales... Y en función de todo ello poco a poco vamos conformando el autoconcepto y la autoestima.

Ahora bien ¿Cómo sabe el niño que ha hecho bien las cosas? Pues, entre otros condicionantes, porque nosotros como padres y otras personas significativas para él se lo hacemos ver así, además de los propios resultados de sus actos que le aportan el feedback necesario.

Por tanto, la autoestima (el valor que el niño se da a sí mismo) va a depender:

1) De los comentarios, actitudes y sentimientos que los padres y personas próximas transmitamos.

Los padres jugamos un papel fundamental en la autoestima de nuestros hijos pues influimos en cómo se sienten y se relacionan con los demás. Si confiamos en ellos, si les hacemos ver sus progresos, si les apoyamos en las dificultades, si les ayudamos a limar defectos... entonces su autoestima será alta y se sentirán seguros y confiados.

La autoestima de los niños se ve muy afectada por las etiquetas que en muchas ocasiones los propios adultos les colgamos. Se trata del niño etiquetado o encasillado en un defecto o rasgo de carácter negativo: "es un vago", "es muy desordenado", "es mentiroso", "es un contestón", "es muy tímido" "es." etc.

Es muy negativo lo que puede derivar de todo esto para un niño que se le marque o se le defina con cualquiera de esas etiquetas. Incluso se habla de "Profecía autocumplida" para referirse a este fenómeno: la misma etiqueta hace que el niño se comporte en función de la etiqueta que le hayamos colgado.

El grado de autoestima puede ser un factor determinante para el éxito o fracaso no sólo en tareas escolares o laborales sino en aspectos fundamentales de nuestra vida.

2) De las posibilidades de efectuar con éxito las actividades que realizamos.

Nuestros hijos necesitan comprobar por sí mismos que son capaces de realizar ciertas cosas. Necesitan hacerlas para practicar y para aprender con ellas. En este sentido, no cabe protegerles por miedo a que se hagan daño, se caigan o sufran por algo o simplemente para evitar que lo hagan mal.

Aprenderán a realizar muchas actividades si se lo permitimos. Pero si no lo necesitan hacer porque no dejamos que lo hagan, nunca tendrán la oportunidad de comprobar por sí mismos que son capaces de hacerlo o simplemente mejorar lo que ya hacen, aunque lo hagan mal. Muchas veces nos precipitamos al juzgar de antemano las habilidades de nuestros hijos o las nuestras propias.

Frecuentemente solemos oír los siguientes comentarios:

  • "eso es muy difícil para ti, quita que yo lo hago"
  • "eso, mejor ni lo intentes, mira lo que te pasó el otro día"
  • "ni hablar que el otro día lo dejaste hecho un asco".

¿Qué conseguimos con ello? La principal consecuencia es que limitamos las posibilidades de cometer errores e impedimos poder adquirir habilidades. Al decirles que no pueden hacerlo, que no lo harán bien, que ni siquiera merece la pena intentarlo porque ya anticipamos que lo harán mal, obstaculizamos que puedan desarrollarse en una faceta determinada y volvemos a encontrarnos con la "profecía autocumplida".

Si creo que me va a salir mal, si los que me rodean también lo creen, lo más seguro es que me salga mal.

3) De cómo interpretan sus éxitos y sus fracasos:

Imaginaos que quitamos importancia al esfuerzo que nuestros hijos están realizando para aprender a escribir su nombre de forma correcta después de un par de ensayos, porque consideramos que están obligados a ello o porque es lo que deben hacer. Les estamos enseñando a hacer una interpretación errónea de lo que son capaces de realizar.

Por ej. si el problema de autoimagen que tiene el niño es su bajo rendimiento escolar, deberemos resaltar cualquier logro escolar aunque esté por debajo de la media de su clase.

Muchas de las actividades a las que se enfrenta por primera vez un niño son muy difíciles, aunque a nosotros nos parezcan muy fáciles, por ello no hay que adornar con frases como "venga, que es muy fácil, es que no te esfuerzas lo suficiente" o "era muy difícil y tú no puedes" "tú no sabes, deja yo lo hago".

Debemos suprimir la crítica por el fracaso, ir a los hechos no a las descalificaciones personales: "esto está mal, por esto y por esto", pero nunca decir: "eres un vago, eres..."

Tenemos que ir más allá e intentar que el niño comprenda que hay cosas sencillas y cosas complejas y que va a depender de cada persona el hacerlo mejor o peor, del esfuerzo que se invierta para conseguirlo, de la motivación. pero sobre todo va a ser fundamental que entienda la idea de que los fracasos o los errores son oportunidades que se presentan para aprender, cuantos más errores mayor aprendizaje porque indicará que se habrá intentado y practicado mayor número de veces.

Hay que realizar las correcciones basándonos en los pequeños logros: "este ejercicio no es correcto debes intentar hacerlo bien, igual que ayer hiciste muy bien..."

4) De los comentarios y actitudes de sus profesores hacia ellos sobre lo que hacen.

La primera imagen que nuestros hijos tienen de sí mismos es la que les hemos proporcionado en el ambiente familiar. Pero poco a poco se va ampliando el círculo en función de las relaciones que nuestros hijos mantienen con otras personas.

Con la incorporación a la escuela, el profesor comienza a cobrar un papel relevante. Este profesional se convierte en eje de referencia importante para nuestros hijos y va a colaborar con nosotros en el fortalecimiento de la autoestima.

La visión que de ellos tiene el profesor puede ayudarles a reforzar la que ya habían adquirido e irla transformando.

5) De las relaciones que mantienen con otras personas significativas.

Poco a poco, los compañeros van a ocupar un lugar privilegiado en la vida de nuestros hijos. Al principio su influencia es mínima, pero a medida que nuestros hijos empiecen a compararse con los demás irá siendo mayor (en torno a los 8 años). Entonces empezarán a valorarse no sólo por lo que ellos pueden hacer, sino que podrán comprobar si lo hacen mejor o peor que los otros.

6) De los abuelos, cuidadores, familiares, amigos de los padres...

También constituyen puntos de referencia importantes para nuestros hijos y todos ellos pueden contribuir a un desarrollo adecuado o no de su autoestima.