Reflexiones Finales De Cómo Favorecer La Autoestima De Nuestros Hijos

Para CREERSE algo, aunque sea MENTIRA, sólo hay que REPETIRLO mucho! De ahí la importancia de aprender a pensar en positivo. Si te obligas a pensar en positivo terminarás actuando y sintiendo en positivo.

Tener una buena autoestima es tener una visión saludable de sí mismo, es evaluarse de forma positiva y estar satisfecho con sus aptitudes. Sentirse satisfecho de sí mismo no quiere decir que no se desee ser diferente en algunos aspectos; por ello la persona con autoestima alta intentará mejorar en las áreas que no le gusten aceptando de modo realista sus defectos, pero sin tomar una postura excesivamente crítica y negativa.

Es fundamental cultivar el hábito del sentimiento y pensamiento positivos. Si utilizamos algún filtro que sea el ir a pillar a nuestros hijos haciendo algo bien. Que ese sea nuestro objetivo y nuestra meta, si lo utilizamos a menudo aprenderemos a hacerlo y los resultados terminarán por sorprendernos.

Para ayudar a mis hijos o a mí mismo a cambiar el discurso de soy malo, soy feo, soy incapaz, no sirvo, no puedo, no sé,..., tengo primero que creer en sus posibilidades o en las mías y después repetir lo contrario hasta terminar creyéndolo y si además lo registro mucho mejor.

Transmitir a nuestros hijos que si nos lo proponemos y nos esforzamos por conseguirlo, somos capaces de mejorar, aprender y progresar en todos los sentidos y en todos los ámbitos de la vida.

Todos somos genios en potencia y en función de cómo el entorno nos motive o interese lo suficiente, tendremos la posibilidad de empezar a serlo en cualquier momento o etapa de nuestra vida.

No dejar pasar desapercibidas las acciones buenas que hayan realizado e intentar que descubran las posibles soluciones y alternativas a cualquier problema sin dárselo todo resuelto.

Es importante enseñar a nuestros hijos a ser parte activa, a compartir, a apoyar, a contemplar sus deseos con el interés del grupo y a seguir las reglas o normas del grupo. Con ello estaremos incrementando su seguridad y su autoestima.

Explicarles la importancia de enviarse a sí mismos mensajes positivos que les permitan descalificar situaciones negativas y valorar las positivas.

Tengo que animarles a mirarse cada día al espejo y decirse algo positivo de cualquier área (aspecto físico, cualidades personales o acciones realizadas, objetivos conseguidos día a día.)

Hacer que los niños se den cuenta de que están haciendo algo importante. Darles el reconocimiento de que este algo no es fácil y que sólo el hecho de intentarlo, ya de por sí, es un alarde que poco a poco creará hábitos más efectivos. No dar los éxitos por descontado, sino reconocerlos y alabarlos de forma específica.

Darles la posibilidad de auto-motivarse reconociendo y alabando cuantos resultados positivos consigan aunque sólo sea por el hecho de intentarlo. Crear los contextos y situaciones necesarios para que se den a sí mismos el permiso de intentarlo.

Utilizando ejemplos personales explicarles la importancia de enviarse a sí mismos mensajes positivos o autoinstrucciones positivas que les permitan descalificar situaciones negativas y valorar especialmente las positivas.

Expresar y verbalizar el refuerzo inmediatamente después de un éxito. Los éxitos reconocidos, aunque pequeños, ayudan a aumentar la motivación y las ganas de superación y en consecuencia la seguridad y la autoestima.

También haremos juntos una lista de frases positivas que podamos decirnos, para que de vez en cuando podamos echar un vistazo y comprobar cuántas veces hemos aplicado los automensajes positivos y cuántas los negativos.

Reducir la ansiedad y el agobio, utilizando el juego como instrumento de aprendizaje y motivación.

Organizar semanalmente unas interacciones de grupo, en pareja o en familia. para una evaluación personal. Discutir sobre si ha habido o no un cambio de actitud y comportamiento en casa, en la escuela, en las relaciones con los demás, consigo mismos.

Esto les acostumbrará a realizar un análisis personal que les puede llevar a auto-conocerse y a tomar decisiones de forma consciente.

Ayudarles a fijarse objetivos ambiciosos pero realistas, dentro de una dinámica cuyo objetivo sea autosuperarse.

Aumentando su autoestima conseguiremos que nuestros hijos sean más competentes, más seguros y más felices.

Alentar los intereses, talentos y actividades del niño con el dibujo, el juego, los compromisos, los intercambios, la reflexión, la relajación, los ejercicios físicos y mentales tanto en grupo como individualmente.

Considerar los fracasos no como algo negativo sino como una oportunidad para poder aprender y practicar.

Una vez que el niño haya terminado la tarea, es importante comprobar que está no sólo terminada sino bien, y sobre todo reconocer el esfuerzo, la buena voluntad y la habilidad demostrada; siempre hay algún detalle en el que poder centrarse para poder resaltar y hacer que su esfuerzo sea más efectivo.

Como consecuencia el niño se sentirá orgulloso por el trabajo bien hecho. Reconocerá el valor de terminar una tarea. Incrementará su motivación para ponerse nuevos objetivos al darse cuenta de que puede enfrentarse y solucionar problemas además de incrementar su capacidad de reconocer y utilizar los medios, las habilidades y los recursos que le han funcionado.

En definitiva conseguirá mayor seguridad en sí mismo como persona y como miembro del grupo al que pertenece.

Alcanzará un buen desarrollo de su sentido de competencia personal y se sentirá motivado para volver a empezar cada día el proceso, sin miedo de fallar. Poco a poco sus habilidades se irán incrementando.

También supone un cambio en las estrategias educativas y en el modo de dirigirnos a nuestros hijos.

Provocar situaciones para poder dar refuerzo y apoyo de forma continua.

La labor que hagamos con nuestros hijos, para que ellos puedan conseguir un nivel adecuado de autoestima, representa una ocasión muy positiva para trabajar y conseguir resultados de autodesarrollo personal en nosotros mismos.

Es una forma de entrar todos en una espiral de apoyo y motivación mutua para conseguir una más correcta dirección de nuestra vida.

Tener iniciativa, inquietudes y buen humor, especialmente con la pareja: Estos tres factores son útiles para incrementar la autoestima familiar. En España el buen humor no suele escasear. Pero la rutina y la monotonía es un enemigo en las relaciones conyugales y con los hijos. El punto clave es que haya creatividad e iniciativa en la vida de pareja y eso se contagiará a toda la familia. Las mejores horas deben ser para compartirlas con la pareja. Ser papá o mamá no debe hacernos olvidar que somos "tú y yo, nosotros como pareja".

Creatividad e iniciativa protegen a la pareja de la rutina. Cuando hay rutina, es fácil que uno de los dos busque la "magia añorada" fuera, en otras relaciones o en otras situaciones. Por el contrario, si la pareja va bien, los hijos aprenderán su "educación sentimental" simplemente viendo cómo se tratan mamá y papá, viendo cómo se admiran, cómo se halagan, cómo muestran su cariño, o a través de su complicidad. "Cuando sea adulto trataré a mi pareja como lo he visto hacer en mi casa". Eso nos aporta mucha autoestima.

Coherencia en los padres y autoexigencia en los hijos: Uno es coherente cuando lo que piensa, siente, dice y hace es una sola y una misma cosa. No tiene sentido decir a los niños desde el sofá: "eh, vosotros, ayudad a quitar la mesa". Hay que dar ejemplo primero. No podemos exigir algo mientras nosotros nos quedamos sentados: "si nosotros lo hacemos con ellos desde pequeños, se sentirán orgullosos de colaborar". Así aprenden a autoexigirse, que es mucho mejor que tenerlos vigilados 24 horas al día. Esto es un progenitor potenciador, motivador, animador y protector al mismo tiempo.

También pedimos a los niños que estudien pero ¿nos ven a nosotros estudiar, leer revistas de nuestro oficio, ponernos al día en nuestra especialidad o en nuestro trabajo?

Hemos de poder decir: "mirad, hijos, nosotros también estudiamos" "nosotros también leemos". No pidamos algo que nosotros no estamos dispuestos a realizar.

Es importante reconocer y reafirmar lo que vale la otra persona pero sin engañarnos, siendo realistas y valorando la realidad.

Seamos sinceros: no tiene sentido que andemos llamando "campeón" a nuestro niño que nunca ha ganado nada. Si ha perdido un partido de fútbol, no le llamemos campeón. Ha de aprender a tolerar la frustración, acompañado, eso sí de nosotros sus padres. También hemos de saber (grandes y pequeños) que somos buenos en unas cosas y no en otras. "Hijo, pareces bueno en esto y en esto, pero creo que esto otro no es lo tuyo". Reafirmemos al otro en lo que vale, y se verá a sí mismo como lo que es, una persona valiosa.