Cómo aprender a hablar en público

 

Explicar de qué trata La Ilíada a nuestros compañeros del colegio. Presentar un trabajo académico que contará para la nota final de una asignatura universitaria. Compartir nuestro punto de vista en una reunión laboral. Puedes tener 10, 20, 40 ó 60 años e, independientemente de tu edad, tendrás que hablar en público en muchas ocasiones diferentes.

Siempre se puede mejorar, y la experiencia te ayudará a lograrlo, pero existen algunos trucos que te permitirán desenvolverte mejor delante de los demás. ¿Quieres aprender a hablar en público?

10 pasos para hablar mejor en público

# 1. Preocuparte menos por lo que piensan los demás

No eres la única persona que se pone nerviosa delante de los demás cuando presenta una información. De hecho, muchísimas personas tienen dificultades a la hora de hablar en público.

Para superar este problema necesitamos averiguar qué nos impide ser naturales cuando hablamos delante de los demás. ¿Por qué nos cuesta tanto hablar delante de un público grande y sin embargo nos mostramos tranquilos al charlar con nuestro grupo de amigos?

Entender el problema nos ayudará a encontrar la solución. Patricia Benito Castro, psicóloga clínica en Help Psicología y especialista en terapia cognitivo-conductual, nos explica por qué nos cuesta hablar en público.

“Nos importa lo que piensen los demás de nosotros. Nuestra autoestima está formada por la visión que tenemos de nosotros y la visión que creemos que los demás tienen de nosotros”, nos comenta. Añade que “es normal que nos importe lo que piensen los demás ya que somos seres sociales [y] nos gusta vivir en comunidad”.

Si no nos preocupase qué piensan los demás sobre nosotros, no tendríamos tantos problemas a la hora de expresar un pensamiento o una información delante de muchas personas. Por lo tanto, para desenvolvernos fácilmente delante de un público necesitaremos preocuparnos menos por lo que piensan sobre nuestra forma de hablar.

Podemos dejar de pensar en cómo nos ven los demás y empezar a pensar en nuestra audiencia. Natalia Gómez del Pozuelo, experta en comunicación y oratoria, y autora del libro Libérate del miedo a hablar en público, nos recuerda que el protagonista de nuestra presentación es el público y que por lo tanto debemos preguntarnos por qué nos están escuchando y qué quieren que les contemos.

# 2. Perder el miedo al rechazo

A muchísimas personas les encanta el chocolate y no podrían vivir sin él. Tal vez les sorprenda saber que hay muchas otras personas a quienes no les gusta, pero es la verdad. De igual manera, nunca conseguirás caer bien a todas las personas y cuánto antes aceptes esta idea antes podrás perder el miedo a caer mal.

Según Johan Wennermark, coach personal, “nuestro miedo de ser rechazados puede tocar una fibra muy al fondo de nuestra personalidad”.

Sin embargo, no nos recomienda preocuparnos demasiado por perder por completo este miedo. “Propongo como meta inicial lograr reducir el efecto que tiene sobre nosotros”, nos sugiere.

“Si logramos que no nos detenga, que no nos haga evitar dar una presentación en una reunión de trabajo o contar una historia a nuestro grupo de amigos, eso ya es suficiente para que nos sintamos muy libres. En el momento que hayas flexibilizado tu forma de afrontar las oportunidades de hablar en público, verás [que] ya no es un problema. Después es mera cuestión de perfeccionar, si quieres”.

# 3. Hablar mucho en público

Si tuvieses fobia a las arañas, ¿podrías perder el miedo a pesar de que no las ves nunca? Es imposible solucionar un miedo si no nos acostumbramos a la situación que tememos y si no la vivimos con frecuencia. Benito nos explica que para vencer el miedo a hablar en público hace falta exponernos a él.

“No sirve de nada trabajar a nivel cognitivo ese miedo, si no vamos a tener ocasiones en las que [nos enfrentemos] a él. Habría que aprovechar cualquier situación grupal que tengamos para ponernos objetivos y retos e ir comiéndole terreno poco a poco”, nos aconseja.

Aprovecha cualquier oportunidad que tengas para hablar en público. Tu jefe y compañeros agradecerán que en la próxima reunión aportes alternativas y opiniones, y en clase siempre podrás levantar la mano para responder a una pregunta del profesor o para compartir una idea diferente.

# 4. Vencer el nerviosismo y permanecer tranquilo en este momento estresante

Hablar delante de los demás es una situación que genera estrés, pues no estamos hablando delante de nuestros padres y hermanos, que nos han oído durante toda nuestra vida, sino que estamos hablando delante de muchas personas y es muy probable que la mayoría no nos conozca.

“Es importante la relajación”, nos aconseja Benito. “Tenemos que aprender a respirar bien y a relajarnos. Concentrarnos en nuestra respiración hace que la cabeza desconecte de eso que estoy pensando, y permitimos que el oxígeno riegue todas las zonas del cuerpo”.

Nos ponemos nerviosos durante una presentación porque pensamos que pasará lo peor. Nos imaginamos tropezándonos o cayéndonos delante de los demás, o pensamos que tendremos la mente en blanco y que olvidaremos las palabras que con tantas horas de esfuerzo hemos intentado aprender. Tenemos miedo de que nos tiemblen las manos y de que los demás noten que estamos nerviosos. Tenemos miedo de sonrojarnos.

“Es fundamental no anticipar”, aconseja Benito. “El estrés está formado por pensamientos catastrofistas, por lo que hay que aprender a centrarnos en el momento presente y [a] no anticipar las consecuencias negativas que pueden ocurrir”, añade.

Benito nos sugiere reflexionar sobre aquellos pensamientos automáticos negativos que nos ponen nerviosos. “La mayoría de las personas están pendientes de sí mismas más que de nosotros y nuestros errores. Seguramente muchas de esas personas que nos están escuchando estén pensando [en] qué van a hacer a la salida, qué van a comer hoy, o los problemas que tienen en el trabajo”.

¿Por qué tenemos miedo de algo que ni siquiera ha sucedido?

# 5. No ser demasiado duro contigo mismo

“Lo principal y primero es permitirse el estar nervioso”, comparte con nosotros Benito. “Seguramente todas las personas que están en esa situación sientan nervios”, añade.

Debido a que aprendemos de nuestros errores, no deberíamos esperar que todas nuestras presentaciones sean perfectas, sino darnos la oportunidad de equivocarnos y tener la esperanza de que, después de observar todo lo que no nos ha gustado de nuestra intervención, podremos evitar estos pequeños detalles en la próxima presentación.

# 6. Preparar muy bien la presentación

¿Cómo podemos hablar sobre la fotosíntesis si solamente conocemos su significado? ¿Cómo podemos explicar delante de un grupo de personas la historia de Escocia si solamente sabemos situar este país en el mapa? Benito da importancia a la preparación previa que hacemos, pues “hace que [estemos] más tranquilos y seguros. Es importante llevarse muy bien preparada la temática y estar seguro y convencido de lo que se va a contar”.

Preparar un discurso no tiene por qué ser tedioso. Wennermark, por ejemplo, nos comenta que los prepara tomándose un café.

“Cuando no tengo tiempo para preparar un discurso, naturalmente es sobre un tema sobre el cual tengo cierto dominio. Entonces hago mi preparación, degustando un café con papel y bolígrafo delante, preguntándome qué objetivo tengo, cuales son los tres puntos clave a transmitir y cómo lo puedo hacer relevante e interesante para mi público”, nos explica.

Sentirnos preparados antes de nuestra intervención y saber que hemos planificado una estructura interesante para nuestro diálogo que pueda mantener el interés de nuestro público nos ayudará a tener confianza en nosotros mismos cuando hablemos delante de los demás.

# 7. Cuidar tu lenguaje corporal

Debemos asegurarnos de que el mensaje que transmite nuestro cuerpo es que estamos tranquilos.

Además de evitar cruzarnos de brazos, meter las manos en los bolsillos o apoyarnos en la pared, debemos prestar atención a nuestra voz. Dice mucho sobre cómo nos sentimos durante la presentación, y por este motivo Benito nos aconseja “hablar en un tono de voz alto y claro, y apoyarnos con gestos de las manos”.

De hecho, cuando estamos nerviosos o sentimos vergüenza muchas veces hablamos en un tono de voz tan bajo que será necesario repetir nuestras palabras. Si estamos nerviosos, ¿no es preferible prestar atención a nuestro tono de voz y hablar alto, para no pasar por la difícil situación de tener que repetir nuestras palabras que ya de por sí nos causaban nervios?

Además, Wennermark nos recuerda la importancia de mirar a los ojos pues, tal y como nos comenta, “si no dirigimos nuestra mirada a nuestro público, ¿con quién estamos queriendo compartir?”

# 8. Llevar medios de apoyo visual a la presentación

Es difícil prestar la misma atención desde el comienzo de una presentación hasta el final, y por este motivo un medio audiovisual, como un vídeo o fotografías, puede mantener interesado a nuestro público.

Sin embargo, en nuestra presentación es imprescindible explicar en vez de limitarnos a leer. Deberemos utilizar medios audiovisuales solamente cuando sean estrictamente necesarios, y cuando ayuden a nuestra audiencia a comprender nuestro mensaje. El conferenciante Gonzalo Álvarez Marañón, autor del libro El arte de presentar, nos cuenta cómo descubrió que utilizar PowerPoint en las presentaciones no siempre es la mejor idea:

“Cuando estaba haciendo mi doctorado, pasé varias semanas en la Universidad de Cambridge. Allí era costumbre que el estudiante que visitaba el centro realizase una presentación explicando sus investigaciones y resultados”, recuerda.

“¿Qué crees que hice yo? Pues llenar docenas de diapositivas de PowerPoint con listas y listas de viñetas, intercalando montañas de ecuaciones y gráficos. Por fortuna, antes de exponer mi tema ante todo el departamento, hice un ensayo con el director. Apenas llevaba dos minutos de presentación leyendo diapositiva tras diapositiva cuando el profesor me interrumpió:

–Dime, Gonzalo, esas diapositivas para quién son: ¿para ti o para la audiencia?

PowerPoint no es una muleta para ti sino una ayuda para tu audiencia. Si necesitas muletas, perfecto, lleva fichas, pero no hagas sufrir a la audiencia proyectando texto y más texto. Tus diapositivas nunca deberían ser tus fichas. Sólo así tus elementos visuales estarán al servicio de la audiencia y no al tuyo propio,” comenta a Psicología online. 

Álvarez nos sugiere usar diapositivas de PowerPoint solamente cuando una fotografía, un gráfico, un diagrama o un vídeo expresen un mensaje mejor que nuestras palabras. “El resto del tiempo deja la pantalla en negro,” nos recomienda. “Así no sentirás la tentación de leer texto todo el tiempo”.

Wennermark nos recomienda utilizar fichas, pues con ellas nos aseguraremos de que estamos siguiendo la estructura que habíamos planificado para nuestra presentación.

“A mí me gustan”, nos comenta el coach personal, “pero ha de ser natural”. Nos advierte de que las fichas nunca deberían hacer perder el interés del público.

Los apoyos visuales no son lo más importante. Para él, más importante que el medio digital es la emoción que transmitimos durante nuestro diálogo, el ritmo que adoptamos y la naturalidad y autenticidad que demostramos.

# 9. Hacer participar al público

A las personas no solamente nos gusta escuchar, sino también hablar. Benito aconseja “hacer partícipe al grupo con opiniones, textos que comentar y experiencias. Es importante la interacción del grupo”.

Sentimos nervios al hablar delante de los demás porque pensamos en lo que piensan de nosotros. Benito aconseja buscar la forma de hacerles partícipes porque, tal y como nos comenta, “si las personas se centran en sus propios medios, se olvidan de nosotros”.

# 10. No aburrir

Es más fácil ofrecer este consejo que llevarlo a cabo. Sin embargo, es el décimo y último paso para mejorar nuestra habilidad de hablar en público porque, si mantienes la atención del público desde el principio hasta el final, sabrás que presentas bien.

Gómez nos recomienda cambiar de ritmo, por ejemplo. “Hay muchas técnicas para ayudar a que [la presentación] sea amena, como el uso de las historias (storytelling) y del humor, o hacer un ejercicio en el que les incluyamos”.

Wennermark nos recomienda esforzarnos por captar la atención del público en los primeros cinco segundos de nuestra presentación.

“Se ha descubierto que asociamos y seguimos mejor un discurso si hay un hilo conductor y pequeños relatos en forma de anécdotas que apoyan los argumentos que queremos presentar”, nos comenta. “Esto lo aprendemos cuando le damos estructura a nuestra charla”.

Sin embargo, si notamos que una persona está mirando a través de la ventana en vez de prestarnos atención, no debemos preocuparnos. “Si tienes una audiencia de más de quince personas, según el día de cada uno, siempre habrá alguna persona que no sigue la charla. Mientras que veas que la mayoría estén entretenidos, vas bien”, nos recuerda Wennermark.

Para recuperar la atención del público podemos hacer una pregunta abierta. “Con las respuestas del público podrás saber rápidamente por dónde y cómo has de retomar la charla”, nos sugiere.