24. Conclusiones Personales

 

Las experiencias en la familia y en la vida diaria moldean no sólo el perfil psicológico de nuestros hijos sino también la arquitectura cerebral que sentará las bases de las emociones, de los sentimientos y en definitiva de la inteligencia emocional.

En todas las situaciones en las que nos encontramos, hay emociones aunque no nos percatemos de ellas. Podemos estar alegres, tristes, aburridos, asustados, preocupados, avergonzados, orgullosos, impotentes, incapaces, frustrados… y esa reacción emocional será clave para evaluar las situaciones y para interpretarlas de una u otra forma. Una emoción es un estado complejo que implica respuestas automáticas, pensamientos, sentimientos, estados orgánicos y psicológicos... Una emoción lleva a la acción y genera reacciones derivadas de las informaciones que proceden del entorno externo o interno y que nosotros interpretamos como positivas o negativas.

Esta compleja definición significa que, por ejemplo, cuando María está en el colegio puede sentirse feliz y con ganas de participar, estudiar y compartir, mientras que Sergio ante la misma situación puede sentirse asustado, triste, angustiado, impotente, rabioso...

Posiblemente estas diferencias se deban a que ambos han tenido experiencias emocionales diferentes y procedan de situaciones familiares distintas. María tiene amigos con los que se siente aceptada y querida, tiene ganas de estar con ellos y participar en todo aquello que se proponga, tanto dentro como fuera del colegio, por lo que se encontrará a gusto en ambas situaciones; Sergio por el contrario, cuando sale de casa para ir al colegio ya sale anticipando el malestar que va a experimentar, los problemas que van a surgir, los conflictos ante los que tiene que responder… y esto le activará sentimientos de indefensión, de inseguridad, de aislamiento, de incapacidad para estudiar o para estar con los compañeros, de rabia... ¡Al salir de casa con determinados pensamientos anticipatorios lo normal es que se desarrollen las cosas tal y como se piensan y anticipan!.

En ambos casos, las emociones van a ser diferentes y nos van a informar de lo que está ocurriendo. Nos van a permitir detectar, comprender y descubrir qué les está afectando o qué puede estar ocurriendo, en cada caso. Cada familia, educa a sus hijos en función de sus creencias, patrones culturales, contextos sociales y personales, estilos parentales o estereotipos adquiridos…, que hacen que cada niño sea educado de diferente manera, enfrentando y afrontando las situaciones en función de las pautas, recursos y habilidades interiorizadas o adquiridas a lo largo de su desarrollo. En base a los recursos adquiridos desarrollaremos unos comportamientos u otros lo que a su vez repercutirá en nuestras emociones y sentimientos.

Los padres sentamos las estructuras básicas con nuestra forma de educar y tratar a nuestros hijos y de ello dependerá el que éstos desarrollen más o menos seguridad, mayor o menor estrés o ansiedad, mayor o menor motivación para el cambio, mayor o menor orgullo por el esfuerzo y por la autosuperación...

En función de cómo se expresen las emociones en cada familia las consecuencias también serán diferentes. En algunas familias frente a la rabia, la impotencia o la desesperación se caerá con facilidad en el descontrol, mientras que en otras su expresión será mucho más autocontrolada y eso podrá explicar muchas de las diferencias que posteriormente nos encontraremos tanto en niños como en adolescentes y adultos. ¡Poco a poco se irán incorporando determinadas respuestas e irán adquiriendo un modo de funcionamiento acorde o no con las necesidades, situaciones o problemas!

Reflexionar sobre las características de nuestra familia y evaluar el ambiente emocional en el que queremos que crezcan y se desarrollen nuestros hijos puede ayudarnos a educarlos. Educar no es sólo poner límites y normas, sino promover experiencias emocionales que favorezcan el bienestar emocional y la consecución de objetivos saludables. La risa, la expresión del afecto, el orgullo por el esfuerzo y por el logro de objetivos, el trabajo, la perseverancia y la constancia por conseguirlos, el optimismo, los comportamientos resolutivos… tienen que tener  una mayor presencia si queremos que en nuestros hijos y en nosotros mismos predomine una actitud positiva ante la vida y sobre todo una orientación adecuada para marcarse retos y luchar todo lo necesario hasta conseguirlos.

¡Lo que no depende de nosotros no lo podemos cambiar pero sí podemos controlar nuestras decisiones y adaptarlas a las necesidades de cada momento! ¡El futuro no está escrito lo definimos nosotros durante cada segundo de nuestras vida!