CONOCIENDO A ROGERS
(Enfoque psicológico centrado en la persona)

 


Por: Erika E. Ramírez Díaz

Psicóloga del Centro DEFABULA

Paseo del Emperador Carlos V, No.5 Ed.ECU, 2·B (Granada, España)

La propuesta de Rogers está dentro la psicología humanista o tercera fuerza en psicología, por lo que comenzaré en este artículo hablándoles brevemente, qué es el humanismo. El humanismo surge como una reacción en contra del determinismo y el mecanicismo, como una manera más optimista y positiva que pudiera dar cabida a los aspectos más constructivos y creativos del hombre. El humanismo es algo que se siente, algo que se vive y que inunda a la persona hasta convertirse en un verdadero estilo de vida.
Las propuestas de Rogers con el: Enfoque Centrado en la Persona y el enfoque de la psicoterapia Gestalt, por otra parte, encierran en gran medida estos aspectos.

¿Quién fue Rogers?

Fue el cuarto de seis hijos, nacido de una familia con fuertes lazos familiares, en la que sus padres siempre estuvieron preocupados de sus hijos y de su propio bienestar ello lo llevo a tener una educación bastante estricta por parte de sus padres por lo que no gozaron de una vida en sus años más avanzados de juego y espectáculo y si de mucho trabajo. Fue un niño solitario que leía constantemente. Cuando tuvo doce años su familia compro una granja y se instalaron ahí para vivir, Rogers cree que una de las razones de vivir en una granja fue que para sus padres era necesario alejar a sus hijos adolescentes de las “tentaciones” de la vida suburbana. Su vida ahí le permitió conocer la vida y el desarrollo de animales de granja y con ello su interés, que luego lo apoyaría en sus trabajos posteriores con la ciencia; comprendió lo difícil que es verificar una hipótesis y así aprendió a conocer y respetar los métodos científicos. Influenciado quizá por esto inicio sus estudios en agricultura y después de dos años su objetivo profesional cambio, perdió el interés con la agricultura científica para dedicarse al ministerio sacerdotal, por lo que comenzó a estudiar historia, por considerarla una preparación más adecuada. En medio de estos cambios y decisiones en su vida, se enamoró de la única chica que realmente conoció y que curiosamente había sido compañera de la primaría, se casaron a los 22 años lo que les permitió poder ir juntos al colegio de graduados.

Decidido a prepararse para el trabajo religioso, en la Union Theological Seminary ahí permaneció dos años donde descubrió junto con otro grupo de colegas que él quería encontrar respuesta a sus propias preguntas y que en el seminario las ideas les llegaban ya elaboradas; las respuestas que buscaba las encontró fuera del ámbito religioso, que finalmente abandonó.

Rogers, en aquel entonces quería encontrar un ámbito en el cual tener la seguridad de que nada limitaría su libertad de pensamiento. Finalmente se convirtió en psicólogo ya que se sintió atraído en la Union por los cursos y conferencias sobre psicología y psiquiatría; comenzó a asistir a más cursos en el Teachers´ Collage inició un curso sobre filosofía de la educación, comenzó sus prácticas con niños, pronto se encontró dedicado a la orientación infantil de tal manera que gradualmente se estableció en este campo y empezó a pensar en él como psicólogo clínico, simplemente se empezó a dedicar a las actividades que le interesaron.

Después de descubrir en sus prácticas con niños y adolescentes delincuentes que, 8 años de práctica, en donde prácticamente se dedicaba a diagnosticar y hacer “entrevistas terapéuticas”, en general Rochester (donde pasó los doce años de trabajo), tenía un único criterio para evaluar cualquier método que emplearan para tratar a esas criaturas y a sus padres, el criterio era ¿funciona? ¿es eficaz?, y pronto descubrió que toda está experiencia lo estaba llevando a crear su propio punto de vista a partir de la experiencia diaria. Aceptó un puesto en la universidad de Ohío donde ejerció de catedrático y descubrió que quizá ya había desarrollado su propio punto de vista.

Se dedicó durante muchos años a la psicoterapia y a darle el valor que tiene la persona. El saber que cada persona que se acerca a la sala de consulta trae una lucha consigo mismo, está luchando por ser el mismo y sin embargo temeroso de serlo, y que el psicoterapeuta o facilitador  necesita ser sensibles al otro.

En este trabajo descubrió ser más él mismo frente a sus pacientes (dejando aun lado las técnicas), dejó el rol rígido del terapeuta pasivo y obtuvo una respuesta extraordinariamente positiva con respecto a la fluidez y la eficiencia del proceso terapéutico, vio que se generaba un clima que ayudaba más a la autoexploración y al crecimiento en autonomía por parte del paciente. Las actitudes que encontró como necesarias y suficientes para promover un desarrollo humano son: Congruencia, Aceptación y Consideración positiva.

La Congruencia del facilitador hacia el otro, es decir, negar lo menos posible lo que está experimentando al relacionarse con su cliente, de que se de cuenta de lo que está pasando en esa relación, no ser defensivo, estar en contacto consigo mismo y expresarlo cuando le sea significativo para el otro y su propio trabajo profesional. Proponía que una actitud congruente por parte del facilitador modelará hacia el cliente el aceptar también su experiencia.

Consideración Positiva, se refiere a despojarnos de juicios, con consideración hacia esa persona que irá aumentando con el mayor conocimiento del otro, cuando la persona capta esta aceptación, capta que se le tiene confianza y fe y así se siente ante la libertad de ser lo que es.

Empatía: Rogers hablaba de tener la capacidad de ponerse verdaderamente en el lugar del otro, de ver el mundo como él lo ve, sin perder la cualidad de uno mismo.

Las actitudes tienen un doble objetivo, por un lado el de generar un ambiente promotor de crecimiento y por otro el de enseñarle al otro a ser así consigo mismo, es decir, a ser empático, aceptante y congruente consigo mismo. Si este aprendizaje se logra, va a poder fluir y desarrollarse mucho más; ya que la posibilidad que maneja Rogers es que nosotros nos hemos detenido en nuestro crecimiento, porque hemos tenido que ser como no somos; hemos tenido que desviar nuestra tendencia natural a satisfacer nuestras necesidades hacia la complacencia y satisfacción de las necesidades de otros.

Carl Rogers afirma: “El encuentro cálido, subjetivo y humano de dos personas es más eficaz para facilitar el cambio que el conjunto más perfecto de técnicas derivadas de la teoría del aprendizaje o del conocimiento operante”. Lo que el facilitador transmita actitudinalmente va a promover un ambiente.

Hoy comparto con ustedes este regalo de la obra de Rogers, que no termina aquí pero si creo puede ser un buen comienzo para conocer a este hombre.

Bibliografía

  • Dra. Myriam Muñoz Polit, “ La sensibilización Gestalt”
  • Rogers Carl, "El Proceso de convertirse en Persona".
  • Rogers Carl, "El Matrimonio y sus alternativas"