Relaciones entre autoconcepto, deporte y competición deportiva en los adolescentes valencianos

 

Autores: Yolanda Pastor e Isabel Balaguer

Departamento de Psicología de la Salud. Universidad Miguel Hernández

Facultad de Psicología. Universitat de València

Unidad de Investigación de Psicología del Deporte

Avda. Blasco Ibáñez, 21 46010 Valencia (Spain)

1. Introducción:

Durante muchos años el autoconcepto y la autoestima han sido considerados indicadores del bienestar psicológico y mediadores de la conducta. De ahí que se perciban como unas características deseables en la adolescencia que favorecen la consecución de objetivos tales como el rendimiento académico (Gold, 1982), los logros sociales (Markus & Wurf, 1987), las conductas saludables (Pastor, Balaguer & García Merita, 2000) y la satisfacción con la vida (Balaguer, 2001). La etapa adolescente es una etapa clave de la vida en lo que se refiere a la formación del autoconcepto. En este periodo, se suceden importantes cambios cognitivos que repercuten en el desarrollo del self (Coleman & Hendry, 1999; Harter, 1999). El adolescente va incorporándose en áreas o dominios distintos en los que tiene que mostrar su competencia y por ello se hace necesario evaluar el nivel de competencia y/o adecuación que los adolescentes perciben en los mismos (Harter, 1999). Los instrumentos desarrollados por Susan Harter reflejan este proceso de diferenciación del autoconcepto con el desarrollo. Así por ejemplo, su instrumento para niños y adolescentes (etapa temprana) evalúa cinco dominios o áreas del autoconcepto: Aceptación Social, Competencia Académica, Competencia Deportiva, Apariencia Física y Competencia Conductual (Harter, 1985), mientras que su instrumento para adolescentes (etapas media y tardía) evalúa ocho dominios (los cinco anteriores más la Amistad Íntima, la Competencia Laboral y el Atractivo Romántico; Harter, 1988). Harter considera que en la adolescencia la persona se ve presionada socialmente para desarrollar nuevos roles, lo que conduce a la diversificación de percepciones de sí mismo en los diferentes contextos (Harter, 1999). Aunque la diferenciación del self en la adolescencia representa un gran avance en el desarrollo, durante este periodo se produce una gran confusión debido al ensayo de nuevos roles que el adolescente debe integrar en una imagen coherente de sí mismo. La percepción en cierta manera fragmentada que el adolescente tiene sobre su funcionamiento en los diferentes dominios le generan tensión y confusión, llegando al final de la adolescencia a tener una imagen integrada y más consistente, con lo que el conflicto que va viviendo a lo largo de todo el periodo se amortigua (Harter, 1999). La adolescencia también es un periodo importante en lo que se refiere a la formación del estilo de vida saludable (Heaven, 1996; Sinha, 1993). En este periodo se aprenden los hábitos que posiblemente perdurarán en la vida adulta (Sinha, 1993). Uno de estos hábitos es la práctica deportiva. Se han realizado múltiples investigaciones que analizaban los efectos beneficiosos que la práctica deportiva posee sobre la autoestima y el autoconcepto de las personas (Leith, 1994). Sin embargo, muy pocos de estos estudios se han centrado en el periodo adolescente. La investigación sobre las relaciones entre autoconcepto y deporte ha ido muy unida a los desarrollos en la definición y en la evaluación del autoconcepto. Los primeros instrumentos de evaluación del self medían o bien percepciones globales del self (autoestima global) o bien percepciones más específicas recogidas en una sola dimensión (autoconcepto unidimensional). Sin embargo, investigaciones más recientes en la evaluación del self han ofrecido una distinción entre autoestima global y autoconcepto (Byrne, 1996; Harter, 1988). Se considera que la autoestima global hace referencia al sentido general de valía como persona (Rosenberg, 1979). Los estudios realizados sobre su validez de constructo han mostrado que es una medida unidimensional (Harter, 1988; Rosenberg, 1979). Por el contrario, el autoconcepto se corresponde con percepciones más específicas del self en distintas áreas o dominios de la vida (Harter, 1988) y aunque en un principio los instrumentos diseñados consideraban que esta medida era unidimensional (Coopersmith, 1967), en la actualidad y a partir fundamentalmente del modelo de Shavelson, Hubner y Stanton (1976) las investigaciones apoyan la multidimensionalidad del constructo (Byrne, 1996; Harter, 1985, 1988; Marsh & Hattie, 1996). Durante muchos años los investigadores trataron de estudiar el efecto beneficioso que la práctica deportiva poseía sobre la autoestima global de las personas, es decir, sobre las percepciones globales del self (Leith, 1994; Sonstroem, 1997). Estudios realizados con adolescentes informan de una relación positiva entre práctica deportiva y autoestima global (Mutrie & Parfitt, 1998). En los últimos años se presta también atención al estudio de la relación que el deporte mantiene con las dimensiones del autoconcepto, es decir, con las percepciones en áreas específicas del self (Leith, 1994). Particularmente, los estudiosos han analizado las relaciones que se establecen entre el deporte y el autoconcepto físico (Marsh, 2001; Sonstroem, 1997). Los resultados de los mismos muestran que aquellos adolescentes que practican deporte poseen mayores puntuaciones en los subdominios que hacen referencia a la habilidad deportiva y no tanto en los subdominios sobre la apariencia física (Fox & Corbin, 1989; Lintunen, 1995; Marsh, 1997, 2001; Moreno, 1997). Apenas existen trabajos que estudien cómo la práctica deportiva se asocia a otras dimensiones del autoconcepto, esto es, en los que se utilicen cuestionarios que miden diferentes dimensiones del autoconcepto y no sólo el autoconcepto físico. A este respecto, algunas revisiones sobre el tema indican que la práctica deportiva se asocia a mayores puntuaciones en la autoestima y el autoconcepto (Balaguer & García-Merita, 1994; Biddle, 1995; Blasco, 1997; Leith, 1994). Por lo que posiblemente la práctica deportiva pueda ser un factor que ayude a mitigar la fluctuación en el autoconcepto que tiene lugar en el periodo adolescente. Asimismo, puede ser que a mayor nivel de compromiso con el deporte los adolescentes experimenten beneficios en el autoconcepto. En este sentido, la participación de los adolescentes en las competiciones deportivas es un indicador de este mayor compromiso. El objetivo que nos planteamos con este trabajo ha sido integrar y comparar lo que sucede con las dimensiones del autoconcepto en función de los niveles de práctica deportiva y la participación en competiciones a lo largo de la adolescencia, incorporando algunos datos obtenidos en trabajos previos (Balaguer, 1998; Pastor & Balaguer, 1999; Balaguer, Atienza & Duda, en revisión; Pastor, Balaguer & García-Merita, 1999). En este trabajo nos planteamos dos objetivos específicos: por un lado analizar las diferencias que aparecen en las dimensiones del autoconcepto en función del nivel de práctica deportiva en la adolescencia temprana y media y, por otro, estudiar si existen diferencias en el autoconcepto para aquellos adolescentes que practiquen deporte semanalmente en función de si participan o no en competiciones deportivas.

2. Método

2.1. Muestra

La muestra de este estudio abarca dos periodos de la adolescencia, denominados adolescencia temprana y adolescencia media. Por ello consta de dos grupos. El primero de ellos está formado por 785 adolescentes de edades comprendidas entre los 11 y los 15 años (adolescencia temprana), 390 chicos (M edad = 13.6, DT = 1.72) y 395 chicas (M edad = 13.1, DT = 1.71), todos ellos estudiantes de educación primaria o secundaria de la Comunidad Valenciana. El segundo grupo está compuesto por 1038 adolescentes entre los 15 y los 18 años (adolescencia media), 510 chicos (M edad = 16.3, DT = .93) y 528 chicas (M edad = 16.2, DT = .92), todos ellos estudiantes de enseñanza secundaria de la Comunidad Valenciana. La muestra es representativa de los adolescentes escolarizados de estas edades de la Comunidad Valenciana (Balaguer, 1999; García-Merita & Fuentes, 1998).

2.2. Instrumentos y Variables

a) Autoconcepto Para la evaluación del autoconcepto se han empleado dos instrumentos: el Perfil de Autopercepciones para Niños (Harter, 1985) que se administró en el grupo de adolescentes entre 11 y 15 años y el Perfil de Autopercepciones para Adolescentes (Harter, 1988) que se administró en los adolescentes entre 15 y 18 años. El Perfil de Autopercepciones para Niños (Harter, 1985) consta de 6 subescalas (5 dominios del autoconcepto y una subescala de Autovalía Global o autoestima). Los dominios evaluados por el mismo son: la Competencia Académica, la Competencia Deportiva, la Apariencia Física, la Aceptación Social y la Competencia Conductual. El Perfil de Autopercepciones para Adolescentes (Harter, 1988), que ha sido diseñado a partir del anterior, consta de 9 subescalas (8 dominios del autoconcepto y una subescala de Autovalía Global o autoestima). Evalúa los mismos 5 dominios del autoconcepto que su predecesor, incorporando tres nuevos dominios que son: la Competencia Laboral, la Amistad Íntima y el Atractivo Romántico. En su adaptación al castellano no incluimos la subescala de Competencia Laboral debido a que en nuestro país son pocos los adolescentes de enseñanzas medias que realizan trabajos a tiempo parcial. De los 7 dominios restantes del autoconcepto, sólo 6 emergieron como factores con valor propio mayor a la unidad en la validación española de este instrumento (la subescala de Atractivo Romántico tuvo que ser eliminada). Asimismo la subescala de Autovalía Global emergió como un factor válido y fiable (Pastor, Balaguer, Atienza & García-Merita, 2001). Ambos instrumentos han mostrado niveles aceptables de validez y fiabilidad en su adaptación al castellano (Atienza, Balaguer & Moreno, 1998; Pastor et al., 2001). Las subescalas informan de los siguientes aspectos:

    1.Competencia Académica. Percepción del adolescente de su competencia o habilidad dentro del dominio del logro académico.


    2.Aceptación Social. Grado en que el adolescente es aceptado por sus iguales, se siente popular, tiene muchos amigos y siente que gusta fácilmente a los demás.


    3.Competencia Deportiva. Percepciones del adolescente sobre su habilidad atlética y competencia en los deportes.


    4.Apariencia Física. Grado en que el adolescente es feliz con su apariencia, le gusta su cuerpo y siente que es atractivo.


    5.Competencia Conductual. Grado en el cual a la persona le gusta su manera de comportarse, hace las cosas adecuadas, actúa de la manera que debe y evita meterse en líos.


    6.Amistad Íntima. Percepción de la habilidad del adolescente para hacer amigos íntimos con los que compartir pensamientos y secretos (esta subescala sólo aparece en el Perfil de Autopercepciones para Adolescentes).

    7. Autovalía Global. En qué medida el adolescente se gusta a sí mismo como persona, es feliz con la manera de llevar su vida y es, en general, feliz con su manera de ser. Así, constituye un juicio global del valor del self como persona, más que de la competencia o suficiencia en un dominio específico. El formato de los ítems de ambos instrumentos ha sido pensado para disminuir el efecto de la deseabilidad social. En cada ítem se presentan dos grupos de jóvenes, entre los cuales el adolescente tiene que elegir a cuál de los dos se parece más. Una vez realizada esta elección, debe también decidir si el grupo elegido es realmente como él o sólo parcialmente como él (véase figura 1). El formato de respuesta está estructurado en alternativas de cuatro-puntos. Algunos ítems están redactados con la afirmación que refleja mayor competencia o adecuación a la izquierda y otros presentan esta afirmación a la derecha.



 b) Práctica deportiva La práctica deportiva se midió considerando cuatro niveles: Sedentarios (no practican deporte), Baja (practican 1 vez por semana o menos), Moderada (practican entre 2 y 3 veces por semana) y Alta (practican entre 4 y 7 veces por semana). Se tomaron aquellos casos en los que la duración de las sesiones deportivas era igual o mayor a 25 minutos. c) Participación en competiciones Por último, se evaluó la participación en competiciones deportivas, autoinformada por los adolescentes a partir de un ítem dicotómico cuyas respuestas eran afirmativa (sí compito) o negativa (no compito).

2.3. Procedimiento

Los cuestionarios se cumplimentaron en los diferentes centros educativos públicos, privados y concertados seleccionados de las distintas poblaciones de las provincias de Valencia, Alicante y Castellón. En cada centro se seleccionaron aleatoriamente los alumnos de cada grupo que eran conducidos a un aula vacía del centro en la que se les administró un cuestionario anónimo autocumplimentado por ellos mismos durante un período aproximado de una hora. La administración se realizó en pequeños grupos, no más de cinco jóvenes. Durante la administración de los cuestionarios al menos un investigador estuvo presente. Se ha respetado escrupulosamente el anonimato de los alumnos, así como el anonimato de los centros docentes en los que se llevó a cabo la recogida de los datos.

2.4. Análisis de los datos.

 


El Análisis Multivariado de Varianza ha sido la técnica estadística empleada para examinar las diferencias en autoconcepto en función de los niveles de práctica. Los estadísticos utilizados para valorar la significación del MANOVA han sido la L de Wilks y la traza de Pillais, siendo esta última una medida robusta de la significación resistente al incumplimiento de los supuestos paramétricos (Bisquerra, 1989). En caso de aparecer diferencias significativas, se utilizó la prueba a posteriori de Student-Newman-Keuls para saber entre qué niveles de práctica había diferencias.


A continuación, para examinar las diferencias entre los adolescentes que participaban en competiciones y los que no lo hacían, se seleccionaron aquellos jóvenes que presentaban un nivel de práctica deportiva moderado (2-3 veces por semana) o alto (4-7 veces por semana). Primero, se realizó una Tabla de Contingencia utilizándose el estadístico Chi-Cuadrado como medida de la independencia para estudiar si la participación en competiciones dependía del nivel de práctica de deporte (moderado o alto). Segundo, dado que el tamaño de los grupos era pequeño y desigual, se empleó la prueba no paramétrica de Mann-Whitney para examinar las diferencias en autoconcepto entre los adolescentes que compiten y los que no lo hacen. Todos estos análisis se llevaron a cabo en ambos grupos de adolescentes (adolescencia temprana y media). Asimismo, se realizaron análisis diferenciales por sexo.  

3. Resultados

a) Adolescencia temprana (11-15 años)


En el caso de los chicos entre 11 y 15 años, los resultados del MANOVA indicaron que la práctica deportiva poseía un efecto multivariado sobre los dominios del autoconcepto (L Wilks= .87, GL = 18, p=.001; Pillais = .13, GL = 18, p=.001). Los test univariados mostraron que el efecto de la práctica deportiva era significativo para las subescalas de Aceptación Social y de Competencia Deportiva (véase tabla 1). Las pruebas a posteriori de Student-Newman-Keuls indicaron que aquellos adolescentes que pertenecían a los grupos de práctica moderada y alta presentaban mayores puntuaciones en Aceptación Social y en Competencia Deportiva que los que no practicaban deporte (sedentarios) y los que presentaban un nivel bajo de práctica deportiva.


 

Tabla 1. Efecto univariado del nivel de práctica deportiva en las dimensiones del autoconcepto (CHICOS de 11-15 años)

Tabla 2. Participación en Competiciones en función de los niveles de práctica deportiva moderado y alto (CHICOS de 11-15 años)


Los resultados ofrecidos por los tests no paramétricos de Mann-Whitney para los chicos entre 11 y 15 años indicaron que los chicos que participaban en competiciones deportivas obtenían mayores puntuaciones en las subescalas de Competencia Deportiva, Aceptación Social y Autovalía Global que aquellos que no lo hacían (véase tabla 3).

Tabla 3. Diferencias en autoconcepto en función de la participación o no en las competiciones deportivas. Prueba de Mann-Whitney (CHICOS de 11-15 años)


En el caso de las chicas entre 11 y 15 años, la práctica deportiva también presenta un efecto multivariado significativo sobre los dominios del autoconcepto (L Wilks= .86, GL = 18, p=.001; Pillais = .14, GL = 18, p=.001). Los test univariados indicaron que la práctica deportiva poseía un efecto significativo sobre la subescala de Competencia Deportiva (véase tabla 4). La prueba a posteriori de Student-Newman-Keuls mostró que las chicas que pertenecían a los grupos de práctica deportiva moderada y alta presentaban mayores puntuaciones en Competencia Deportiva que las sedentarias o las que presentaban una baja práctica deportiva.

Tabla 4. Efecto univariado del nivel de práctica deportiva en las dimensiones del autoconcepto (CHICAS de 11-15 años)

Tabla 5. Participación en Competiciones en función de los niveles de práctica deportiva moderado y alto (CHICAS de 11-15 años)

 

 

Práctica Moderada

Práctica Alta

Compiten

98 (80.3%)

24 (80%)

No compiten

24 (19.7%)

6 (20%)

Los tests no paramétricos de Mann-Whitney mostraron que las chicas entre 11 y 15 años que toman parte de las competiciones deportivas obtenían mayores puntuaciones en Competencia Deportiva y menores puntuaciones en Competencia Académica que aquellas que no lo hacían (véase tabla 6).

Tabla 6. Diferencias en autoconcepto en función de la participación o no en las competiciones deportivas. Prueba de Mann-Whitney (CHICAS de 11-15 años)


  b) Adolescencia media (15-18 años) En el grupo de los chicos entre 15 y 18 años, los test multivariados mostraron la existencia de diferencias significativas en los dominios del autoconcepto en función del nivel de práctica deportiva (L Wilks= .72, GL = 21, p=.001; Pillais = .28, GL = 21, p=.001). Los test univariados indicaron que aparecían diferencias significativas en las subescalas de Aceptación Social, Competencia Deportiva y Amistad Íntima (véase tabla 7). Las pruebas a posteriori de Student-Newman-Keuls mostraron diferencias significativas: en Aceptación Social entre los grupos de chicos sedentarios y de práctica moderada, entre los chicos sedentarios y los de alta práctica y entre los chicos de baja y alta práctica deportiva; en Amistad Íntima entre los chicos sedentarios y los de práctica moderada y en Competencia Deportiva entre todos los niveles de práctica deportiva. En todos los casos, a mayor nivel de práctica deportiva los chicos presentaban mayores puntuaciones en estas subescalas.

Tabla 7. Efecto univariado del nivel de práctica deportiva en las dimensiones del autoconcepto (CHICOS de 15-18 años)

Tabla 8. Participación en Competiciones en función de los niveles de práctica deportiva moderado y alto (CHICOS de 15-18 años) 

 

Práctica Moderada

Práctica Alta

Compiten

148 (80.4%)

91 (83.5%)

No compiten

36 (19.6%)

18 (16.5%)

Los valores de los tests no paramétricos de Mann-Whitney para los chicos entre 15 y 18 años mostraron que aquellos que compiten obtenían mayores puntuaciones en Aceptación Social, Competencia Deportiva y Apariencia Física que los que no compiten (véase tabla 9).

Tabla 9. Diferencias en autoconcepto en función de la participación o no en las competiciones deportivas. Prueba de Mann-Whitney (CHICOS de 15-18 años)


En el caso de las chicas entre 15 y 18 años, la práctica deportiva poseía un efecto multivariado significativo sobre las dimensiones del autoconcepto (L Wilks= .76, GL = 21, p=.001; Pillais = .23, GL = 21, p=.001). Los tests univariados mostraron un efecto significativo de la práctica deportiva en las subescalas de Competencia Académica y de Competencia Deportiva (véase tabla 10). Las pruebas a posteriori de Student-Newman-Keuls mostraron que las chicas con un nivel alto de práctica deportiva presentaban mayores puntuaciones en Competencia Académica que las chicas sedentarias y que las que presentaban niveles bajo y moderado de práctica deportiva. Asimismo, estas pruebas mostraron que existen diferencias significativas entre todos los grupos de práctica en la subescala de Competencia Deportiva. De tal modo que cuanto mayor es la práctica deportiva, mayores son las puntuaciones de las chicas entre 15 y 18 años en Competencia Deportiva.

Tabla 10. Efecto univariado del nivel de práctica deportiva en las dimensiones del autoconcepto (CHICAS de 15-18 años)

Tabla 11. Participación en Competiciones en función de los niveles de práctica deportiva moderado y alto (CHICAS de 15-18 años)

 

 

Práctica Moderada

Práctica Alta

Compiten

52 (59.7%)

23 (63.8%)

No compiten

35 (40.3%)

13 (36.2%)

Los tests no paramétricos de Mann-Whitney indicaron que las chicas entre 15 y 18 años que compiten obtienen mayores puntuaciones en Competencia Deportiva que aquellas que no compiten (véase tabla 12).

Tabla 12. Diferencias en autoconcepto en función de la participación o no en las competiciones deportivas. Prueba de Mann-Whitney (CHICAS de 15-18 años)


4. Conclusiones y Discusión

Los resultados obtenidos en este trabajo muestran que en el periodo de la adolescencia temprana y media los chicos que practican deporte con regularidad obtienen mayores puntuaciones en los dominios sociales del autoconcepto y en la Competencia Deportiva. Así, se observa que en la adolescencia temprana los chicos activos físicamente se sienten más populares o aceptados por los pares (mayor Aceptación Social) que los chicos poco activos o sedentarios y que en la adolescencia media los chicos más activos físicamente no sólo se sienten más aceptados por los pares (mayor Aceptación Social) sino que también se perciben con mayor habilidad para hacer amigos íntimos (mayor Amistad Íntima) que los menos activos. Asimismo, se observa que para los chicos en la adolescencia media las diferencias en Competencia Deportiva entre los que practican y los que no practican deporte son mayores que durante la adolescencia temprana. Las chicas que practican deporte con regularidad se perciben con mayores habilidades en las actividades deportivas (mayor Competencia Deportiva) que las sedentarias o las que presentan una baja práctica deportiva tanto durante la adolescencia temprana como durante la adolescencia media. Si bien, al igual que sucede con los chicos estas diferencias son más acentuadas en el grupo de mayor edad. También aparecen diferencias en la Competencia Académica pero sólo en las chicas mayores (adolescencia media), de tal modo que aquellas chicas que presentan un alto nivel de práctica deportiva se perciben más habilidosas en las tareas escolares que el resto de las chicas. Tanto para los chicos como para las chicas de ambos grupos de edad la participación en competiciones deportivas no depende del nivel moderado o alto de práctica deportiva. Es decir, no existen diferencias en la participación en competiciones entre los grupos de adolescentes que hacen deporte de forma moderada o alta. De hecho, la mayoría de los jóvenes que practican deporte todas las semanas suelen participar en competiciones deportivas. Los chicos de todas las edades que practican deporte semanalmente y que además participan en competiciones deportivas se perciben más habilidosos en las actividades deportivas (mayor Competencia Deportiva) y más populares o aceptados por los pares (mayor Aceptación Social) que los chicos que siendo activos físicamente no participan en competiciones. Asimismo, en el periodo de la adolescencia temprana los chicos activos que compiten presentan mayor autoestima (Autovalía Global) que los que no compiten y en la adolescencia media los chicos activos que participan en competiciones se muestran más satisfechos con su Apariencia Física que aquellos que no compiten. También las chicas activas de todas las edades y que además compiten se sienten más habilidosas en las actividades deportivas que las que no compiten (mayor Competencia Deportiva). Un dato curioso es que entre los 11 y los 15 años (adolescencia temprana) las chicas activas que compiten se perciben con menor Competencia Académica que las que no compiten. Una posible explicación de este resultado sería que las chicas de la adolescencia temprana más comprometidas con la práctica deportiva presentan una menor dedicación a las tareas escolares. Vemos pues que una de las diferencias más marcadas entre aquellos adolescentes más comprometidos con el deporte y los menos comprometidos hace referencia a la mayor Competencia Deportiva de los primeros. Este resultado va en la línea de los resultados ofrecidos en la literatura sobre autoconcepto físico (Fox & Corbin, 1989; Lintunen, 1995; Marsh, 1997, 2001; Moreno, 1997). Es difícil saber que va primero si el deporte o la Competencia Deportiva. Posiblemente ambas relaciones son ciertas: por un lado aquellos adolescentes que practican deporte con regularidad mejoran su percepción en la Competencia Deportiva y, por otro lado, aquellos adolescentes que se perciben más competentes en el deporte se comprometen en mayor medida con el deporte, participando en situaciones más complejas y con mayor demanda de habilidad y rendimiento como por ejemplo son las competiciones deportivas. Asimismo, las investigaciones realizadas por Sonstroem y su equipo han mostrado que una de las vías que el deporte posee para mejorar la autoestima de las personas es a través de la mejora del autoconcepto físico (Sonstroem, 1997; Sonstroem & Morgan, 1989; Sonstroem, Harlow & Salisbury, 1993). Por lo que posiblemente a largo plazo aquellos adolescentes más comprometidos con el deporte presenten mayor autoestima. Como conclusión general de este trabajo podemos afirmar que a mayor compromiso con la práctica deportiva los adolescentes experimentan mayores beneficios en algunas dimensiones del autoconcepto. De tal modo que aquellos adolescentes que practican deporte regularmente presentan mejores autopercepciones en algunos dominios del autoconcepto pero si además participan en competiciones deportivas las autopercepciones son todavía mejores en estos dominios.  

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