El análisis psicosocial en la arquitectura

 

Autor: Jaime Fernando Cruz Bermúdez


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Esta exposición tiene como fin resaltar la importancia del análisis psicosocial en la arquitectura.

Se destaca el análisis psicosocial debido a que, de acuerdo a los elementos de los cuales se parta, hay diferentes formas de entender el quehacer arquitectónico. El bioclimatismo, por ejemplo, impone una forma de razonar la arquitectura; el sistema constructivo obliga a otro tipo de conclusiones o la geometría, o los estilos, pero no es sobre estos campos sobre los que se desea razonar, es sobre lo psicosocial.

Cuando se aborda el problema psicosocial como un elemento a considerar en la composición arquitectónica parece obvio de qué se está hablando y prácticamente hay un acuerdo general sobre la importancia del tema, aún cuando en realidad no es fácil encontrar respuesta a la pregunta de:

¿ Cómo incorpora lo psicosocial en el proyecto?.

A primera vista el problema se resuelve hablando con el habitante, pero ¿ qué es lo que se necesita saber de él?.

Su edad, sexo, ingreso, estado civil, ¿ son suficientes estos datos para proyectar un espacio?.

¿ Qué importancia tiene los rasgos de personalidad o la condición de clase de una persona?

Desde una perspectiva humana, la importancia de estos planteamientos es innegable pero hay que hacer notar que el análisis psicosocial es una actividad distinta a la arquitectura y que los resultados de este tipo de análisis no son trabajo arquitectónico. Eso se hace evidente cuando, después de realizar una amplia investigación demográfica o económica, o psicológica el arquitecto decide guardar todos los datos y toma la hoja en blanco para iniciar su trabajo.

Posiblemente es por esta circunstancia que muchos arquitectos juzgan inútil desarrollar toda una investigación y consideran suficiente dejarse guiar por su humanismo logrando éxito pero sin dejar establecida la técnica social con la que trabajaron.

El problema entonces sigue vigente

¿ Cómo hacer una investigación que de indicaciones claras sobre el contenido social que deben tener los espacios arquitectónicos?

Para explicar esta postura conviene reflexionar sobre el hombre y el espacio, sobre las condiciones que requiere tener un sitio para que pueda ser habitado, sobre su habitabilidad.

Al pensar en la relación hombre - espacio se dará cuenta que no puede concebirse al ser humano sin ubicarlo en un lugar, lo cual no significa que este "hallarse" corresponda a un simple "estar".

El hallarse en un lugar no tiene el mismo sentido que acomodar los zapatos debajo de la cama, el ser humano no es un objeto inerte, es un ser vivo y creativo, de manera que el ocupar un sitio no sólo significa que el hombre este ahí, también plantea su proyección como individuo y como ente social.

A partir de esta concepción el espacio se presenta como la condición existencial básica del hombre, es ineludible hallar un lugar para desarrollar las actividades con las cuales satisfacer las necesidades y expresarse como persona.

Heidegger en el ensayo que titulo, "pensar habitar y construir" plantea que comúnmente se cree que se construyen los edificios son la parte principal y primera de la habitación y señala el error de esta concepción ya que el principio se encuentra en el hombre que necesita habitar y por eso se construye el edificio.

Las necesidades son exigencias que requieren ser satisfechas para que el individuo pueda desarrollar sus actividades y potencialidades; éstas son un impulso que genera actividad. Actividad que por condición existencial debe ser realizada en un espacio. Espacio que de inicio representa un espacio natural pero que en la medida en que se desarrolla una actividad intencional, empiezan a formar parte del espacio arquitectónico.

Al hecho de "ocupar" el espacio, de encontrar el lugar en donde residir, se le denomina habitar, de manera que el hombre sólo se realiza como tal habitando el espacio, no puede ser de otra manera. Habitar significa, desde esta perspectiva, encontrar el lugar para solucionar las necesidades. Imagine cualquiera: estudio, convivencia, intimidad, amor; inmediatamente surge dentro de la mente una imagen, una persona, un objeto, una situación, la cual estará irremediablemente ligada a un lugar.

El arquitecto parte comúnmente de una demanda, es decir, de la manifestación abierta de una necesidad. Pero es aquí en donde empieza el problema de la lógica arquitectónica. El arquitecto únicamente parte de la demanda del espacio, no conoce cuál es el contenido que requiere tener el espacio, y ante esta situación se deja guiar por estereotipos por "intuiciones" que substituyen los sentimientos de los propios habitantes y desvían el contenido de los espacios hacia aquello que creen más conveniente. Da por supuesto que conoce cual es el espacio que requiere. Se hace lo que se cree aunque no se tenga ningún fundamento.

Para evitar ésta desviación del contenido del trabajo arquitectónico y que los espacios proyecten la solución a las necesidades de los individuos y de la sociedad, se plantea la exigencia de conocer cuál es el contenido que el propio habitante da a los espacios. Es decir se plantea la necesidad de realizar una investigación, previa al proyecto, acerca de ¿ cómo son las necesidades de los habitantes? ¿Cómo realizan las actividades con las que solucionan dichas necesidades? ¿Cómo son los espacios que usan?. Es decir, se requiere una valoración psicosocial de la habitabilidad. Tarea que el Arquitecto José Villagrán García llamó Propedéutica Arquitectónica.

Al realizar dicha propedéutica, aún cuando se está en la búsqueda del contenido del espacio, en ningún momento se espera que el resultado del trabajo sea un trazo, ni siquiera se intenta plantear el problema de composición, lo que se sugiere es un método en el que el arquitecto haga suya la vivencia del espacio del habitante y elabore un adecuado programa arquitectónico, el cual, como lo señaló el Maestro Villagrán debe contener el conjunto de exigencias y requisitos de la construcción.

Para generar en el arquitecto la vivencia que del espacio tienen los habitantes debe tenerse en cuenta que este hecho no es mecánico, no es el simple fenómeno biofísico de estímulo respuesta, ni es factible hallar modelos que expliquen universalmente las reacciones del hombre ante el espacio. A pesar de que es posible identificar ciertas constantes en cuanto a la capacidad auditiva, visual o táctil e incluso pueden hallarse constantes en cuanto al tipo de necesidades que motivan la actividad de individuos y sociedad, a pesar de todo ello el ser humano es un ser cambiante. Este hecho es lo que permite la diversidad cultural y plantea el derecho a la identidad.

Así entonces cada circunstancia le exigirá al arquitecto entender las formas de habitar el espacio observando que el propio arquitecto no es ajeno a su condición psicosocial, también él modifica lo que ve a partir de sus propias motivaciones, sus propias necesidades. Sin embargo, en la medida en que a través de la propedéutica indicada identifique los rasgos de la cultura, de la sociedad, de la personalidad de los que demandan el espacio, contará con el apoyo de estos datos para fundamentar sus decisiones, no será simplemente guiado por la casualidad el que logre una obra exitosa; aún cuando cabría apuntar que, aún cuando no se cuente con la formación explícita para captar la cultura del medio, habrá quienes por su sensibilidad lo logran.

La propuesta de análisis psicosocial que aquí se presenta, consiste en que el arquitecto geste en sí mismo la vivencia del usuario y formule un programa que indique el contenido que los espacios requieren tener de acuerdo a la vivencia espacial del propio habitante, el trabajo del arquitecto será traducir estas vivencias en formas que tengan un contenido útil, firme, didáctico, estética y simbólico.

Así entonces el arquitecto, ya desde la elaboración del mismo programa, pone a trabajar su imaginación, realiza una prefiguración de lo el espacio contendrá. Concibe una película de cómo podrá ser el edificio y de lo que habrá de suceder en él, restringiéndose a las características de los personajes, los habitantes.

En este trabajo de prefiguración, a partir de la perspectiva psicosocial que se plantea, el espacio arquitectónico estará compuesto no sólo por el volumen, por el continente de las actividades, también por los objetos, los colores, los muebles, los interiores de ese espacio.

Esta preocupación por los interiores no es un problema de decoración, es el problema de proveer a los individuos del espacio que requieren para satisfacer sus necesidades. Necesidades que no sólo son de carácter biológico o primarias. El hombre es un ser complejo que requiere de la autorrealización, de la identidad, de su proyección y éstas situaciones no son consideradas, se trata al hombre como a un objeto que mide 70 cm, al sentarse o 1.80 al estar de pie, sin considerar sus necesidades existenciales.

El problema es que el arquitecto tome en cuenta las diferentes condiciones en que se encuentra un individuo, identifique necesidades de los habitantes de un espacio y la manera que tienen para resolverlas. Así entonces las formas que proponga y construya serán espacios que fomenten y fortalezcan la manera de vivir del hombre.

El plantear el respeto por la forma de vida de las personas no significa que se fomente una sociedad rígida ni estática, no se busca continuar con las casas de piso de tierra y defecación al aire libre, sino entender ¿cómo son? y a partir de éstos datos proyectar.

Comúnmente dentro del campo profesional se insiste en la importancia de ser innovador y habría que señalar que el innovador es aquel que, entiende las metas de una sociedad y encuentra nuevas maneras de llegar a ellas, ¡Ese es el reto!.

En éste caso la meta es crear espacios que fomenten la solución de las necesidades integrales del hombre y, a pesar de las distintas limitaciones económicas y políticas, esto dependerá de la manera de entender cómo es el hombre, cómo realiza las actividades, con qué satisface sus necesidades, cómo se relaciona con el espacio.

Por otra parte, hay que observar que en esta gestación del programa y prefiguración de los espacios, el arquitecto desarrolla una lógica distinta a cómo lo hace cualquier otra ciencia ya que, cuando se menciona conocer las necesidades, no se busca realizar una explicación del porqué, ni desarrollar una teoría de lo que es el hombre, este es un conocimiento propio de la sociología, la psicología o la antropología, conocimiento que es adquirido y utilizado por el arquitecto, pero que no es desarrollado por él, su problema lógico es otro, es exponer una propuesta, una hipótesis que según la identifican Margarit y Buxade tiene un carácter hipotético experimental.

 

 

 

 

¿ En que consiste el trabajo hipotético experimental del arquitecto?

Consiste en plantear una proyección, una prefiguración de lo que puede ser el espacio. Una hipótesis, pero no una hipótesis explicativa, sino una hipótesis de solución o alternativa a la forma que pudiera tener un espacio para que el hombre solucione sus necesidades. Esto es, un tipo de conocimiento que requiere ser sujeto a experimentación, que necesita construirse y ser habitado para que la hipótesis se confirme.

En este trabajo de prefiguración se inicia la composición y, a través del análisis y la síntesis, se realizan mentalmente diferentes pruebas en las que se contrasta la imagen que se gesta contra las diferentes condicionantes que tiene problema espacial por resolver, hasta encontrar el mejor contenido de la forma. Después se construye el espacio y se cierra el ciclo en el momento en que se verifica la propuesta compositiva con la experiencia del habitante.

Durante este ciclo el trabajo psicosocial interviene sólo en dos momentos específicos. En primer lugar en el momento de gestación del programa durante la fase propedéutica, pero posteriormente, en la tarea compositiva misma se deja de lado toda investigación y se aborda el problema espacial con otras lógicas, la de la geometría, la de los materiales, la de los costos, la de las técnicas y no es sino hasta el momento en que el habitante ocupa el espacio en que nuevamente tiene injerencia en el análisis el trabajo psicosocial.

En esta segunda participación, que los norteamericanos llaman Evaluación Post Ocupacional, se analizan nuevamente las necesidades y se observa si los espacios realmente las satisfacen, desarrollando así dos fases de conocimiento. En un primer momento el arquitecto desarrolla una hipótesis con un conocimiento << a priori >> y, al valorar el trabajo final, hay un conocimiento << a posteriori >> que podrá revitalizar el ciclo arquitectónico si el arquitecto es capaz de tomar conciencia de los beneficios que esto le puede ofrecer.

Habrá que señalar que las necesidades son complejas no se solucionan en su totalidad simplemente con una "buena construcción", requiere de elementos expresivos que van más allá de la técnica y los mínimos de bienestar, los cuales se hallan sólo en el contexto psicosocial en que se dan, el problema es poder observarlos.

Esa es la situación que enfrenta el alumno cuando, después de realizar una visita de campo se le pregunta sobre los rasgos arquitectónicos de la población que se visito y contesta que ¡No vio nada! Para él el lugar es como un espacio vacío. Está tan acostumbrado a sus esquemas, a los espacios estandarizados que sólo imagina un lugar de reunión si éste se encuentra en una sala, pero si la gente se sienta a la sombra de un árbol o en un pórtico no tiene significado.

El problema será entonces capacitarlos para ver la relación entre necesidades y espacios más allá de una "tipología arquitectónica".

Finalmente hay que apuntar que desgraciadamente el sistema es enajenante, se sacrifica el bienestar por el consumismo, las modas se imponen y, en lugar de buscar soluciones alternativas se fortalecen día a día los modelos comerciales.

Seguramente para los inversionistas de la construcción en serie estas reflexiones son inútiles. Sin embargo las consecuencias sociales que se sufren en lo político y en lo psicológico a costa del beneficio económico no pueden ser sostenidas indefinidamente, es necesario que las políticas económicas observen que un beneficio en la calidad de vida de la población logrará no sólo el beneficio de los individuos, sino también el de la sociedad incluidos los inversionistas.

En la medida en que los espacios ofrezcan mayores potencialidades, esto se revertirá en un mayor rendimiento general del individuo, de la sociedad y del medio.

En realidad el costo de este tipo de trabajos es bajo, sólo se requiere realizar valoraciones psicosociales, propedéuticas arquitectónicas que fortalezcan los programas, dejar de lado la visión del arquitecto como un técnico ajeno a su mundo y recobrar su visión humanista.

Es fundamental que la arquitectura vuelva a sus orígenes, la satisfacción del hombre, sólo produciendo esquemas operativos que convenzan a la sociedad de la validez y utilidad de la profesión se podrá recobrar la identidad de la arquitectura, de lo contrario la posibilidad de producir bienestar, de generar un sentimiento de satisfacción, seguirá siendo un campo exclusivo para privilegiados que tienen a la belleza como indicador de prestigio y poder.

 

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