SOBRECARGA
PSICOFISICA EN FAMILIARES CUIDADORES DE ENFERMOS DE ALZHEIMER.
CAUSAS, PROBLEMAS Y SOLUCIONES
Dr. Alfredo Rodríguez del Alamo.
Neuropsicólogo.
Fundación SPF de Neurociencias.
Email: alfredodelalamo@vodafone.es
1-
SOBRECARGA FAMILIAR EN LA ENFERMEDAD DE ALZHEIMER.
En
España actualmente hay cerca de 600.000 enfermos de Alzheimer,
siendo la primera entre las enfermedades neurodegenerativas, así
como la primera causa de demencia en la población anciana. (Alberca-Serrano
y López-Pousa, 1998). Por lo menos en el 80 por ciento de los
casos son las familias quienes asumen, en el propio domicilio, los cuidados
de estos enfermos. El 65% de los familiares que cuidan directamente
al enfermo sufrirán cambios sustanciales en sus vidas y una importante
merma de su salud física o psíquica, llegando el 20% a
desarrollar un cuadro intenso conocido como “Burn-Out” o
del cuidador-quemado.
Para
valorar adecuadamente el impacto familiar y personal del hecho de cuidar
(Roig y cols, 1998; Maños, 1996; Pearlin y cols, 1990) debemos
considerar que se trata de un patología neurológica crónica
(la supervivencia media actual al diagnóstico es de 8 a 14 años),
incurable hoy día (los fármacos anticolinesterásicos
solo son eficaces para paliar temporalmente algunos síntomas
en las fases inicial y media de la enfermedad, pero no en las fases
media-avanzada, avanzada o terminal) y degenerativa es decir cuyos síntomas
siempre irán a peor y tendentes a la invalidez funcional del
paciente, por lo que cada vez es mayor la dependencia de sus cuidadores
y exige una dedicación más y más exclusiva (Schulz,
2000; Pascual, 1999).
El
cuidador principal de un enfermo de Alzheimer suele ser en España
una mujer (superan en proporción 4:1 a los varones), hijas (60%)
o cónyuge (30%) del enfermo (Crespo y cols, 2003), que actúa
generalmente en solitario ya que rara es la familia en la que sus miembros
trabajen realmente equitativamente "en equipo" a la hora de
cuidar al enfermo (Sancho, 2002). Este cuidador principal va asumiendo
paulatinamente la mayor parte de las tareas del cuidar, hasta llegar
realmente a no hacer casi otra cosa en su vida personal sino dedicarse
24 horas al día a esta labor.
La
edad media de los cuidadores de afectados de Alzheimer es alta: la mayoría
sobrepasan los 50 años. Lo cual nos indica que son personas de
edad las que están sobrellevando las tareas del cuidar a un enfermo
tan complejo como es el Alzheimer (Stone y cols, 1987). Es relevante
indicar que la prevalencia de la enfermedad de Alzheimer se duplica
cada cinco años que envejece el segmento de población
estudiado (Alberca-Serrano y López-Pousa, 1998), lo que pone
de relieve que la mayor parte de los enfermos de Alzheimer son personas
muy mayores cuidados por personas también muy mayores, a menos
que se involucren miembros familiares de generaciones recientes o servicios
asistenciales sociocomunitarios.
Por
una parte es indudablemente positivo, para la calidad de vida del enfermo,
el que viva en su ambiente de toda su vida, rodeado por sus propios
objetos y por los seres queridos. Pero la otra cara oscura de la cuestión
radica en el abandono de responsabilidades por parte del Estado y del
Sistema Sanitario, la sobrecarga de tareas que se va acumulando sobre
la familia, la fuente de conflictos que ello puede acarrear (Rodríguez
del Álamo y De Benito, 2003; Álvarez, 2002; Flórez,
1996a), el agotamiento económico de los recursos familiares (el
coste por enfermo de Alzheimer y año se estima en superior a
20.000 euros: Boada y cols, 1999) y el posible burn-out del cuidador
familiar principal.
En
este sentido, se estima que alrededor de un 40% de los cuidadores no
reciben ayuda de ninguna otra persona, ni siquiera de familiares cercanos.
Sin embargo también es cierto que tienden a rechazar el apoyo
exterior aún necesitándolo mucho, a veces por sentimientos
de culpa u obligación moral. El uso de recursos institucionales
es muy bajo ya que sólo en el 15% de las familias existe apoyo
municipal o autonómico de servicios sociales (Flórez,
1997).
Por
tales razones prácticas y por otras de tipo humanitario, resulta
imprescindible diseñar e implementar programas institucionales
para la detección e intervención de la sobrecarga psicofísica
en los cuidadores primarios de enfermos de Alzheimer, tal como queda
reflejado en el Plan Estratégico Nacional para el Tratamiento
Integral de las Enfermedades Neurológicas (Sociedad
Española de Neurología, 2002).
Dos
son las escalas más utilizadas internacionalmente para la valoración
de la sobrecarga del cuidador: el Índice de Robinson (1983) y
la Escala de Zarit (1980). En España se ha puesto a punto el
Inventario de Situaciones Potencialmente Estresantes para cuidadores
de enfermos de Alzheimer (Muela y cols, 2002).
2- FACTORES QUE PROVOCAN MAYOR SOBRECARGA.
Diferentes
investigaciones, no siempre coincidentes, han identificado como posibles
factores de riesgo de sobrecarga psicofísica en el cuidador familiar
(Artaso y cols, 2003 y 2001; Rodríguez del Álamo, 2002
y 1994; Muela y cols, 2002; Laserna, 1997; Jerrom y cols, 1993; Morris
y cols, 1988):
A) En relación al enfermo:
• demencia ya intensa o profunda
• larga duración desde el diagnóstico de la enfermedad
• alucinaciones, delirios o confusión (psicosis y delirium)
• agresividad, agitación y negativismo
• incontinencia, vómitos y escaras (llagas)
• que impide dormir por la noche (voceo, paseos)
• con múltiples otras dolencias médicas
B)
En relación al cuidador:
•
con mala salud física previa
• con historial previo de depresión o de trastornos de
personalidad
• sin cónyuge, pareja o amigos íntimos
• ya mayor o anciano
• sin otra actividad aparte del cuidar
• sin otros parientes que convivan en el domicilio
• bajo nivel económico
• ausencia de apoyos socio-sanitarios inmediatos (en especial
médico de cabecera poco accesible y centros de día no
disponibles)
• desconocimiento de la enfermedad y de su manejo práctico
3- TRASTORNOS FÍSICOS EN EL CUIDADOR PRIMARIO.
Los
familiares cuidadores primarios de un enfermo de Alzheimer suelen tener
peor salud que los miembros de la familia no cuidadores y corren riesgo
de sufrir mayor incidencia (cifras globales de cerca del 70%) de problemas
orgánicos y fisiológicos tales como (de mayor a menor
incidencia) (Gallant y Connell, 1998; Schulz y cols, 1995; Webber y
cols, 1994):
1- Trastornos
osteomusculares y dolores asociados
2- Patologías cardiovasculares
3- Trastornos gastrointestinales
4- Alteraciones del sistema inmunológico
5- Problemas respiratorios
Sin
embargo a pesar de presentar un alto de problemas fisiológicos,
no suelen acudir a consultas médicas, aún reconociendo
padecer tales trastornos (Crespo y cols, 2003). Asi mismo realizan menos
“conductas de cuidado de la propia salud” tales como no
dormir lo suficiente, alimentarse de forma inadecuada, realizar escaso
ejercicio físico, abusar del tabaco o alcohol, no vacunarse,
automedicarse ad-libitum, incumplir los tratamientos médicos,
etc. (Webber y cols, 1994). .
4- PROBLEMAS PSICOLÓGICOS EN LOS CUIDADORES DE ALZHEIMER.
La
salud mental de los familiares cuidadores primarios de los enfermos
de Alzheimer aparece en los diferentes trabajos sistemáticamente
mas afectada que la salud física (Rodríguez del Álamo
y De Benito, 2003; Martín y cols, 2002; Goode y cols, 1998; Gallant
y cols, 1998; Roig y cols, 1998; Murray y cols, 1997; Laserna y cols,
1997; Schulz y cols, 1995). Se puede citar como ejemplo los resultados
de la fase previa de una investigación realizada por el autor:
*
PROBLEMAS CLINICOS: Ansiedad lo padecen un 54% (nerviosismo,
angustia, tensión, y estrés). Depresión o síntomas
depresivos un 28% (tristeza, pesimismo, apatía). Padecen de hipocondría
y otras ideas obsesivas el 17% de los cuidadores. En un 17% de ellos
se detecta ideación paranoide. Muestran accesos de angustia (hasta
llegar al pánico) el 11%, y también el 11% tienen alguna
vez ideas suicidas.
*
MODIFICACION DE RASGOS DE PERSONALIDAD: Muchos cuidadores,
el 63%, se sienten inundados y desbordados por el problema (sobreimplicación
emocional con el enfermo, centrarse obsesivamente todo el día
en el paciente, estar pensando en él todo el tiempo). El 28%
nota que empieza a conceder demasiada importancia a detalles diarios
nimios sin relevancia. Asimismo el 17% está más irritable
que de costumbre (con hostilidad hacia el enfermo u otras personas).
Actos rutinarios repetitivos (exceso de limpieza, etc) lo muestran un
17%
*
PSICOSOMATICA: La gran mayoría, el 69% de los cuidadores,
desarrollan problemas psicosomáticos (dolores de cabeza y de
otras zonas, anorexia, temblor fino, problemas gástricos, disnea
respiratoria, arritmias cardiacas y palpitaciones, sudoraciones y vértigos,
alergias inmotivadas). Un 42% sufre de insomnio o de sueño no
reparador. El 17% muestra fatiga crónica. El 11% muestran trastornos
objetivos de la memoria y la concentración (no sólo quejas
subjetivas).
*
COMPORTAMIENTOS NEGATIVOS: El 54% de los cuidadores descuidan
o abandonan las atenciones que daban a otros familiares, y el 33% abandonaban
los autocuidados personales a sí mismos (peluquería, alimentación,
ropa, etc). También muestran menos interés por actividades
que sí importaban antes el 33% de los casos (dasatención
de actividad laboral, amistades o incluso relación conyugal).
El 28% consumen exceso de café, tabaco, alcohol, o/y ansiolíticos
e hipnóticos.
5- BURN-OUT O SÍNDROME DEL CUIDADOR QUEMADO.
Este
síndrome (García-Piñá, 2004; Flórez,
1996b) fue primeramente descrito en Estados Unidos en 1974. Consiste
en un profundo desgaste emocional y físico que experimenta la
persona que convive y cuida a un enfermo crónico incurable tal
como el enfermo de Alzheimer. El cuidador que puede sufrirlo es aquel
que llega a dedicarle casi todo su tiempo (incluso dejando de trabajar
para cuidarle), generalmente en solitario (aunque haya otros familiares
que suelen "lavarse las manos" y mantenerse en la periferia),
durante ya muchos años y con estrategias pasivas e inadecuadas
de resolución de problemas (Jerrom y cols, 1993).
Se
considera producido por el estrés continuado de tipo crónico
(no el de tipo agudo de una situación puntual) en un batallar
diario contra la enfermedad con tareas monótonas y repetitivas,
con sensación de falta de control sobre el resultado final de
esta labor, y que puede agotar las reservas psicofísicas del
cuidador (Goode y cols, 1998).
Incluye
desarrollar actitudes y sentimientos negativos hacia los enfermos a
los que se cuida, desmotivación, depresiòn-angustia, trastornos
psicosomáticos, fatiga y agotamiento no ligado al esfuerzo, irritabilidad,
despersonalización y deshumanización, comportamientos
esterotipados con ineficiencia en resolver los problemas reales, agobio
continuado con sentimientos de ser desbordado por la situación
(Rodríguez del Álamo, 2002).
6- CUIDAR AL CUIDADOR.
Se
pueden hacer una serie de propuestas útiles a la hora de desarrollar
programas institucionales para “cuidar al cuidador” (Dippel
y Hutton, 2002; Schulz, 2000; Pascual, 1999; Mittelman y cols, 1995;
Williamson y Schulz, 1993) con el objetivo que su calidad de vida no
se deteriore en demasía según el modelo integral bio-psico-social
(Engel, 1977):
1- El primer paso de todo programa de ayuda consiste en que el cuidador
del paciente de Alzheimer reconozca que necesita ayuda, y que ello no
le distraerá de su labor de cuidar sino que le hará más
eficaz. En todo caso el disimulo de lo que le puede estar ocurriendo
a sí mismo no mejorará la situación personal.
2- Aceptar
que estas reacciones de agotamiento son frecuentes e incluso y previsibles
en un cuidador. Son reacciones normales ante una situación “límite”,
pero que necesitan apoyo.
3- No
olvidarse de sí mismo, poniéndose siempre en segundo lugar.
El "autosacrificio total" no tiene sentido.
4- Pedir
ayuda personal al detectar estos signos, no ocultarlos por miedo a asumir
que "se está al límite de sus fuerzas" ni tampoco
por culpa de no ser un super-cuidador.
5- No
temer acudir a un profesional (psiquiatra o psicólogo) y a grupos
de auto-ayuda (GAMA) de asociaciones de afectados por la enfermedad
de Alzheimer que resultan ser muy eficaces.
6- Aprender
técnicas de relajación psicofísica (Jacobson, Schultz),
visualización distractiva, Yoga, etc.
7- Solicitar
información y formación adecuada sobre aspectos médicos
de la enfermedad (evolución futura, previsión de complicaciones,
medicación) y conocimientos prácticos para enfrentar los
problemas derivados tales como nutrición, higiene, adaptación
del hogar, movilizaciones del paciente, etc. Todo ello incrementa el
sentimiento de control y de eficacia personal.
8- Marcarse
objetivos reales, a corto plazo y factibles en las tareas del cuidar.
No mantener expectativas irreales ("El enfermo no va a empeorar
mas de lo que está"), ni tampoco ideas omnipotentes sobre
uno ("Voy a solucionar todos los problemas yo sólo").
9- Ser
capaz de delegar tareas en otros familiares o personal contratado (sanitario
o del hogar). No creerse imprescindible.
10- Mantenerse
automotivado a largo plazo, auto reforzarse en los éxitos, felicitándose
a sí mismo por todo lo bueno que va haciendo.
11- No
fijarse sólo en las deficiencias y fallos que se tengan.
12- Cuidar
especialmente los propios descansos y la propia alimentación:
parar 10 minutos cada dos horas, dormir las horas suficientes y mantener
una dieta adecuada.
13- Tomarse
también cada día una hora para realizar los asuntos propios.
Asimismo permitirse un merecido descanso diario o semanal, fuera del
contacto directo con el enfermo.
14- Si
se puede, realizar ejercicio físico todos los días, ya
que elimina toxinas corporales y despeja la mente.
15- Evitar
el aislamiento: obligarse a mantener el contacto con amigos y otros
familiares. Salir de la casa con otras personas, no quedarse "enclaustrado".
Los vínculos afectivos cálidos amortiguan el estrés.
16- Saber
poner límite a las demandas excesivas del paciente; hay que saber
decir NO, sin sentirse culpable por ello.
17- Expresar
abiertamente a otros las frustraciones, temores o propios resentimientos,
es un escape emocional siempre beneficioso.
18- Planificar
las actividades de la semana y del día. Establecer prioridades
de tareas, diferenciando lo urgente de lo importante. Decidir qué cosas no va a poder realizarlas con bastante probabilidad. La falta
de tiempo es una de las primeras causas de agobio.
19- Promocionar
la independencia del paciente. No debe realizar el cuidador lo que el
enfermo pueda hacer por sí mismo, aunque lo haga lento o mal.
20- Usar
Centros de día, Residencias de respiro temporal, o Personal contratado
de asistencia domiciliaria.
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elderly: correlates of feelings of burden. Gerontologist, 20: 649-55.
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