Psicología OnlineArtículosGestión 2002El Sindrome de Gilles de la Tourette (o trastorno por tics) (3)
TRATAMIENTO DEL SÍNDROME DE TICS CON TERAPIA COGNITIVO CONDUCTUAL |
La Terapia Cognitivo-Conductual entrega, hasta hoy en día, las mejores herramientas y tratamientos para los pacientes con tics y Síndrome de la Tourette.
Según Gomberoff y Olivos (1986), las raíces históricas de la psicoterapia conductual parten del pensamiento filosófico ocupado del problema "cuerpo - mente", pasan por los hallazgos iniciales de la fisiología a fines del siglo pasado, llegando a adquirir un status definitivo con la implementación de una rigurosa metodología científica para el estudio de los determinantes de la conducta en animales de laboratorio. El postulado sobre el cual se hicieron los más importantes avances afirma que "las conductas alteradas o desadaptativas son aprendidas" del mismo modo en que aprendemos las conductas normales (Gomberoff y col., 1986, p. 114).
De este modo se ha trasladado el interés inicial en el modelo Estímulo-Respuesta, con la correspondiente preocupación por los antecedentes y consecuencias de la conducta (variables ambientales), hacia la manera en que tales eventos son percibidos y procesados por el individuo. De esto se ha preocupado el enfoque cognitivo-conductual, incorporando los pensamientos, ideas, fantasías, etc. (procesos cognitivos), como variables mediacionales, esenciales en la génesis y mantención de los desajustes psicológicos (Gomberoff y col, 1986).
Considerando como base lo dicho anteriormente Yates (Bados, 1991; Ollendick, 1993), en el año 1970, concibe al tic como una respuesta de evitación condicionada reductora de la tensión e inducida por una situación altamente traumática de la que es imposible escapar directamente. El tic (un movimiento truncado de retiro o agresión) se ve reforzado si coincide con la terminación del estímulo inductor de miedo o de tensión. Posteriormente, se generaliza a otras situaciones y llega a convertirse en un fuerte hábito (Bados y col., 1991; Bados, 1995).
Yates en 1958 señala:
" ....En tal situación, se activa un miedo intenso y se lleva a cabo un movimiento de alejamiento o de agresión. Si el movimiento produce el cese del estímulo que induce miedo o coincide con él, adquiere fuerzas mediante el reforzamiento. En sucesivas ocasiones, el miedo ("ansiedad") condicionado puede activarse a través de una generalización del estímulo (incluyendo la simbolización interna), miedo que es entonces reducido gracias a la ejecución del movimiento. De este modo el tic llega a ser suscitado por una gran variedad de estímulos y eventualmente alcanza el estatus de hábito poderoso...." (Ollendick, 1993, p. 329).
Más adelante Yates agrega:
".... Según la teoría del aprendizaje de Hullian, el potencial de reacción de un tic en un momento dado puede concebirse como una función multiplicativa de la fuerza del hábito del tic (determinada principalmente por el número de veces que ha sido previamente suscitado) y de la fuerza del impulso momentáneo de ansiedad, que fluctúa de vez en vez. Puesto que la fuerza del hábito aumenta como una función de crecimiento positiva simple negativamente acelerada y eventualmente alcanza una asíntota, ulteriores ejecuciones del tic no pueden incrementar su fuerza de hábito más allá de un punto dado ..." (Ollendick, 1993, p. 329).
Podríamos decir que según esta teoría, un tic es un hábito aprendido que ha alcanzado la máxima fuerza del hábito; por lo tanto, sería posible extinguir el hábito estableciendo un hábito negativo o incompatible, consistente en la no realización del tic.
Los procedimientos terapéuticos basados en esta teoría son, generalmente eficaces en la eliminación de tics transitorios y crónicos.
El segundo modelo operante señalado por Ollendick se refiere al relacionado con la orientación basada en el aprendizaje, asevera que los tics son respuestas aprendidas que se mantienen mediante reforzadores contingentes, y que mantienen y fortalecen la conducta.
Dentro de la "tradición operante", se ha señalado que los tics son mantenidos, al menos, en parte por sus consecuencias positivas, por ejemplo: atención, simpatía; además puede suceder que muchas personas no reaccionen negativamente ante los tics, sino que adopten una actitud de comprensión y tolerancia (Bados, 1991).
En un estudio norteamericano (Cohen y col., 1985; Pearce, 1996) se afirma que es evidente que algunos estimulantes pueden provocar tics en niños con un historial familiar con tics. Por otra parte Shapiro y sus colaboradores (Shapiro et al., 1989) realizó un estudio controlado del uso de Haloperidol, Pimocida y Placebo en el tratamiento del Síndrome de Tourette. El resultado de este estudio del tratamiento de 57 pacientes con ST, sugirieron que ambos, haloperidol y pimocida, fueron más efectivos que el placebo, pero el haloperidol fue ligeramente más efectivo que el pimocida. A su vez, efectos adversos ocurren más frecuentemente con haloperidol v / s placebo que con pimocida v / s placebo, y a su vez, el haloperidol ayuda a la mejoría del ST en seis semanas. Con este estudio y lo afirmado por Bados (1995), son los fármacos los más utilizados en el ST específicamente.
Por estos resultados y los resultados de otros estudios y los efectos que los psicofármacos producen (Bados, 1995), es necesario buscar soluciones en otros campos, por ejemplo en el enfoque conductual se han desarrollado distintas intervenciones más o menos eficaces para los tics.
Los objetivos del tratamiento farmacológico son exclusivamente sintomáticos, es decir, tratar el síntoma pero no la causa.
El objetivo del haloperidol, y de los otros neurolépticos nombrados durante este trabajo, es disminuir la frecuencia de los tics, para ello disminuyen la actividad de dopamina en el cerebro (Bados, 1995; Mink, 1998).
Por otra parte, la clonidina, es un agente antihipertensor, inhibidor de la liberación de noradrenalina; por lo tanto, su objetivo es evitar la tensión de los músculos.
La Psicología ha entrado, entregando una nueva forma de ver la enfermedad en este campo, los medicamentos no son muy recomendados, por el efecto de adicción, dependencia y por ser paliativos; el enfoque conductual entrega las herramientas necesarias tanto como para tratar los síntomas de la enfermedad, en distintas situaciones de la vida del sujeto, como buscar la causa de ésta, y este será su objetivo central.
Ahora bien, dentro de cada técnica psicológica existen distintos objetivos. Para el procedimiento de inversión de hábito, tratamiento principal para los trastornos de tics, su objetivo es enseñar un hábito deseable, y que dadas las condiciones de este trastorno, deje de "provocar un notable malestar o deterioro significativo, social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo" (DSM-IV, 1995, p. 109).
El objetivo principal del biofeedback, es dar a conocer al paciente acerca de los procesos fisiológicos de los que ordinariamente no es consciente, haciendo posible que de este modo sea capaz de controlarlos o modificarlos (Bados, 1995; Carrobles, 1987).
El objetivo del autorregistro es poder obtener datos sobre los tics del paciente en el momento que ocurren.
Cabe señalar que estas técnicas perfectamente pueden ser ejecutadas por separado, pero demuestran una gran efectividad cuando se mezclan (ver Bados, 1995).
En los años sesenta empezó a emplearse con buenos resultados en el tratamiento de los tics, especialmente del ST, el haloperidol. A partir de entonces, éste y otros fármacos han sido investigados y la farmacoterapia se ha constituido en una intervención habitual.
Es muy común, al revisar la bibliografía pertinente, encontrar como tratamiento sugerido los bloqueantes dopaminérgicos como el haloperidol, la pimozida y los antagonistas cálcicos (flunarizina) (Micheli et al., 1992)
Shapiro y Shapiro (1981, Bados et al, 1991) calculan que el 80% de los sujetos que toman haloperidol reducen sus tics en un 80% por término medio, mientras que Golden (1982, Bados et al, 1991), el haloperidol fue eficaz en el 75% de 61 niños con ST.
Un resumen de los fármacos más utilizados se presenta en la siguiente tabla.
| Fármaco |
Tipo de fármaco | Dosis inicial | Dosis diaria habitual (ml) | Amplitud dosis habitual (ml) | Eficacia terapéutica |
| Haloperidol |
Neuroléptico | 0.25 | 5.0 | 1.5-10.0 | Alta |
| Pimocida |
Neuroléptico | 0.5-1.0 | 7.5 | 1.5-30.0 | Alta |
| Penfluridol |
Neuroléptico | 10.0 | 40.0 | 20-140 | Quizá alta |
| Flufenacina |
Neuroléptico | 0.25-0.5 | 7.0 | 2-15 | Quizá alta |
| Clonacepam |
Benzodiacepina | 0.5 | 5.0 | 2-15 | No demostrada |
| Clonidina | Antihipertensor | 0.05 | 0.25 | 0.1-0.4 | Incierta |
Tabla N° 2: Elaborada por Bados en 1995.
Los antagonistas de la dopamina son aquellos fármacos que neutralizan o reducen la acción de este neurotransmisor. El haloperidol es un neuroléptico que se ha demostrado superior al placebo y se cree que es un fármaco especialmente eficaz. Según Shapiro y colaboradores (Shapiro et al, 1989), el 25% de los pacientes reducen sus tics en un 70% o más a dosis bajas y sin efectos secundarios adversos significativos. Un 50% de pacientes presentan efectos secundarios, pero éstos pueden ser manejados con tiempo. El 25% restante no responde al tratamiento debido a los efectos secundarios. Éstos tienden a aumentar con la dosis y son el Talón de Aquiles del haloperidol.
Los efectos secundarios del haloperidol incluyen los siguientes: motivación disminuida, interferencia cognitiva (problemas de atención y memoria), interferencia con el funcionamiento escolar o laboral, acinesia, acatisia, distonía aguda, discinesia tardía, efectos anticolinérgicos (boca seca, pupilas dilatadas, visión cercana borrosa, estreñimiento, retención urinaria), efectos endocrinológicos (aumento de apetito con la consiguiente ganancia de peso, aumento excesivo de las mamas o secreción láctea, irregularidades menstruales, disminución del deseo sexual), malestar emocional, irritabilidad, humor deprimido, ansiedad o fobias y problemas de pronunciación (Bados y col, 1991; Bados, 1995).
Las fenotiacinas flufenacina y trifluoperacina, también pertenecen al grupo de los neuropépticos, han sido superiores al placebo en un estudio e igual de eficaces que el haloperidol, aunque la primera tuvo menos efectos sedantes y extrapiramidales. Esto, junto con diversos trabajos de tipo clínico a llevado a pensar que algunas fenotiacinas como la flufenacina, son útiles en el tratamiento de los tics y que sus efectos secundarios, aunque similares a los del haloperidol, son tolerados mejor por algunos pacientes.
El tiapride y el sulpiride han dado buenos resultados tanto en algunos estudios no controlados como en comparación al placebo. Se piensa que estos fármacos son útiles y que tienen menos efectos secundarios que otros neurolépticos, aunque se requiere una mayor investigación.
El clonazepam es una benzodiacepina, un tranquilizante menor. Se ha mostrado relativamente eficaz en estudios no controlados, aunque inferior al haloperidol.
El tratamiento farmacológico es simplemente paliativo y tiene muchas veces importantes efectos secundarios que pueden llegar a ser graves. Por ello, sólo se recomienda cuando los tics interfieren notablemente en el funcionamiento familiar, social, académico, laboral o personal del niño.
La Psicología ha realizado una gran labor en la búsqueda de algún tratamiento que sea lo suficientemente efectivo para enfrentar este mal. De hecho, se han desarrollado distintas intervenciones más o menos eficaces para los tics. Sin embargo, conviene tener en cuenta que el tratamiento concreto a seguir con un niño en particular no consiste en la aplicación de una técnica estándar, sino que depende de los datos obtenidos en la evaluación previa realizada.
Técnicas como el Biofeedback (Carrobles y col,1987), son utilizadas en distintas áreas tanto somáticas como psicológicas; es así como puede tratar problemas neuromusculares como la hemiplejía, parálisis cerebral, disinesias, tics faciales, distonías, etc.; Así como problemas mentales como la ansiedad, fobias, obsesiones, histerias, depresión, etc.
Otra forma de tratamiento para esta alteración es el método de relajación, ya que la tensión y el nerviosismo inducen o agravan los tics, por lo que es conveniente aprender a relajarse cuando se está nervioso. También esta técnica está indicada cuando el grado de ansiedad ante situaciones específicas es tan elevado que el sujeto no puede enfrentarse a ellas, evitando dichas situaciones aunque eso le reporte graves consecuencias. Estos problemas son los llamados clínicamente miedos o fobias.
Otra área donde la relajación se ha utilizado ampliamente es en los llamados problemas psicosomáticos. Así la relajación se ha aplicado con éxito en problemas de insomnio; hipertensión y asma y cefaleas, entre otros, además de los referentes procedimientos quirúrgicos y hospitalarios (Vera, 1995).
J. Wolpe desarrolló la técnica de desensibilización sistemática como un método para reducir las reacciones de ansiedad. Esta técnica ha sido utilizada y muy eficaz para los trastornos fóbicos (en niños y adultos), la ansiedad ante los exámenes, los miedos generales, el asma, las cefaleas debidas a contracciones musculares, las migrañas, diferentes tipos de disfunciones sexuales y es útil en el tratamiento del alcoholismo y del síndrome de Gilles de la Tourette (Turner, 1995).
Los métodos de autocontrol son los que tienen el campo más amplio de intervención, son aplicables y muy útiles en general, en la orientación ante los problemas, y también como ayuda a otras perspectivas, en donde su objetivo es enseñar a la persona estrategias para controlar o modificar su propia conducta a través de distintas situaciones, con el propósito de alcanzar metas a largo plazo, añadiendo consideraciones sobre la generalización y el mantenimiento de cambio de conducta.
Cada una de las técnicas señaladas en el apartado anterior, tienen una fundamentación teórica diferente. Es así como la desensibilización sistemática se fundamenta en los principios del condicionamiento clásico de Iván Pavlov (Turner, 1995).
Aquí, se induce en el paciente un estado fisiológico inhibidor de la respuesta de ansiedad por medio de la relajación muscular, y luego es expuesto a un débil estímulo excitador de la respuesta de ansiedad durante unos segundos. Si la exposición se repite varias veces, el estímulo pierde progresivamente su capacidad de provocar respuestas de ansiedad (Wolpe, 1990).
La posición de Wolpe (Turner, 1995) ha sido que la inhibición recíproca subyace a la DS, de modo que si una conducta aumenta su potencial, entonces otras conductas, en compensación, tienen que disminuir la suya.
Si un estímulo provocador de ansiedad, por ejemplo, con poca potencia se presenta cuando el paciente se encuentra relajado, tendrá lugar el contracondicionamiento.
La relajación tiene como fundamentación el condicionamiento clásico de Pavlov, ya que ante un estímulo que produce una gran ansiedad y tensión física, se le asocia a un EI(+), la que produce el estado de relajación en el organismo, posteriormente.
Estos procedimientos se preocupan de hacer consciente, en el sujeto, su propia conducta. En este sentido podría ser considerado un automodelaje, en el sentido que es el propio sujeto, a través de sus observaciones quien va corrigiendo y controlando su conducta. También podemos recalcar que existe una comprensión, por parte del sujeto, de sus sentidos, es decir, al momento de tomar conciencia de su trastorno y tiene la posibilidad de observar su conducta (a través del autorregirtro, por ejemplo), se trastoca la noción de esa conducta, este impacto se da por el insight.
Con todo lo dicho anteriormente, se puede que el proceso de inversión de hábito es una técnica cognitiva.
Una de las intervenciones más importantes desarrolladas por el este enfoque es el "Procedimiento de inversión de hábito" propuesto por Azrin (Woods et al., 1995; Bados, 1995; Wagaman et al, 1995). En un tiempo de 2 a 4 meses se han obtenido porcentajes de reducción de los tics del 80% a 90% utilizando este rocedimiento. El 70-80% de los sujetos se ha liberado total o casi totalmente de los mismos y la mejora se ha mantenido en los seguimientos realizados hasta un año más tarde. En relación al ST, los resultados son inferiores en cuanto al porcentaje de sujetos que se ven libres o casi libres de los tics (50%), la duración es más larga llegando entre los 8 u 11 meses y no se dispone de datos de mantenimiento a largo plazo.
La técnica de inversión de hábito incluye varios componentes que otros autores tratan por separado (Evers et al, 1994; Ladouceur, 1994). Estos son:
Otras técnicas derivadas del enfoque conductual, aplicadas en tics y ST son:
Con todo lo señalado uno se puede dar cuenta de que esta técnica es muy compleja e incluye un gran número de componentes o cosas a hacer. Por otro lado, la técnica también exige una gran fuerza de voluntad, siendo dudoso que muchas personas, especialmente niños, sean capaces de perseverar en ella.
Antes de dar inicio al tratamiento es necesario, como en todo problema clínico y sobre todo cuando se recibe al paciente por primera vez, realizar una evaluación para obtener los datos y la información necesaria que guiará la elaboración del tratamiento inicial aplicar.
Los niños en edad escolar con TS, como grupo, tienen el mismo nivel intelectual que la media de la población, pero muchos tienen necesidades educacionales especiales.
Se estima que muchos podrían tener algún tipo de dificultad para el aprendizaje. Esa condición, junto con las deficiencias para prestar atención y los problemas que surgen de los continuos tics, a menudo es motivo para una ayuda educacional especial.
Con frecuencia sirven de ayuda el uso de magnetófonos, máquinas de escribir u ordenadores (computadoras) en caso de problemas para la lectura y la escritura, exámenes sin control de tiempo (en salas privadas si los tics vocales son un problema), y permisos para salir del aula cuando los tics se convierten en algo irresistible.
Algunos niños necesitan más ayuda como por ejemplo el acceso a una enseñanza tutorizada.
Cuando las dificultades en la escuela no se pueden resolver, se recomienda una evaluación educacional. Una identificación educacional como "inválido", y darle el derecho al estudiante a un Plan Educacional Individual (PEI) el cual va dirigido a corregir los problemas educacionales específicos en la escuela.
Esta clase de aproximación puede reducir significativamente los problemas de aprendizaje que impiden que el joven pueda trabajar al nivel de su potencial.
El niño que no puede ser educado adecuadamente en escuelas públicas, con servicios especiales que se dirijan hacia sus necesidades individuales, puede recibir un mejor servicio en colegios especiales.
Dr. Fernando J. Ferreyra.
Matr. Prob.: 1819
Residencia de
Medicina de Familia.
Hospital Vera Barros.
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