GUÍA PARA ANGUSTIADOS

 

Por: José Luis Catalán

 

2.24. La mano tremula

Hay un momento el el que se confabulan las cincunstancias adversas, se acumulan las preocupaciones y las exigencias no dejan de aumentar. Nuestra sistema nervioso se fuerza más allá de nuestras posibilidades (quizá las hemos sobreestimado). Es este contexto se se nos presenta una situacion social en la que el nuestra mano ha de estar expuesta a la vista, como al hacer un pago, firmar un recibo o símplemente tener una taza de café en la mano.

Justo en ese momento que el movimiento se ha desarrollado como de costumbre descubrimos con preocupación que ¡la mano tiembla!. A la sorpresa que se produce se suma la inoportunidad del momento, ya que personas ante las que deseamos parecer competentes pueden ver ese datalle, clavar ahí la vista en ese temblor que hace descubir no se sabe qué vergonzosa debilidad imperdonable.

Si se tratara de un temblor circunstancial, de uno que por cierto pudiéramos PARAR con una simple orden a la mano, no nos espantaríamos tanto como si lo que descubrimos es una mano rebelde, que no cesa de temblar a pesar de nuestros esfuerzos. La misma visión alarmista de esta circustancia anómala genera más ansiedad incluso que la inicial que desencadenó el malévolo fenómeno.

Es más. parece tan déspota y terrorista que contra más impaciencia, deseo imperativo y circustancia emabarazosa se presentan, tanto más se obstina en derrotarnos hasta la insoportable humillación (por podría incluso no cesar ni retirando la mano a otra posición de reposo - a no ser que la hurtemos finalmente a toda observación pública).

Sucede algo tan curioso como si al preguntarnos alguién si hemos robado un objeto, al contestar que no nos templara la voz de tal modo que se creara la falsa sospecha de que somos nosotros. Esto es, además de la simple tensión física, se agolpa en nosotros una aguda necesidad de parecer adecuados, una preocupación extra que posiblemente delate nuestra propia incredulidad sobre si realmente ya hemos conseguido llegar a la altura de lo que se espera de nosotros.

La experiencia de un incidente de la naturaleza que venimos describiendo equivale a un ladrón que hubiera entrado en nuestra casa y que hubiera roto nuestra ingenua suposición de que estamos a salvo de sucesos terribles. Ha sucedido esa extraña vibración muscular que como el zumbido de un abejorro nos ronda y nos hace recelar de su reaparición intrusa.

Y, efectivamente, la repetición en como una sentencia: !te pasa algo!. Pero ese algo es un enigma inexplicable en la medida que se concreta demasiado (sólo me tiembla la mano cuando cojo un baso de creveza con mis amigos, firmo un documento ante un cliente importante, por ejemplo) lo que imposibilita que tenga un problema de caracter neurológico con el que podría confundirse por similitud de síntomas (auque la diferrencia está en que una verdadera enfermedad neurológica aparecería en CUALQUIER momento, no sólo en los que nosostros tenemos miedo que aparezca, y por ende surge precisamente provocado por nuestro propio miedo, sentido como IRRESISTIBLE).

El creencia en que 'me pasa algo' raro ya excluye de antemano que participe en ello de ninguna forma, ni errónea ni descuidada, sino que se comtempla tal como uno recibe un pisotón y es víctima inocente de tamaña desconsideración. Si además la persona ha acudido al médico para descartar el dianóstico temible de Parkinson, ya tenemos la ceremonia de la confusión al completa:

no me pasada nada
pero me pasa algo
sólo en determinadas ocasiones
pero parece una enfermedad después de todo
¡qué razón tengo en que me suce algo extraño!
(no lo pensaría si no fuera realmente cierto)

El convencimiento, desgraciadamente confirmado, de que tiemblo lleva a que creer que temblaré SIEMPRE (``no es lo que deseo, pero es lo que ocurrirá'', consideramos) Y ya que no confiamos en la reparación espontánea, nos adaptamos con resignación al problema crónico, tmando 'las medidas' que parecen más convenientes:

  • retrasar, delegar o menipular los momentos en los que se ha de realizar una firma.
  • evitar escribir delante de otras personas
  • evitar tener cosas entre las manos que puedan dar problemas (por ejemplo con un baso lleno podría derramarse líquido si temblamos)
  • disimulos (pretextar no tener sed pero no tener que coger el baso, ponerse en una esquina para pasar desapercibidos)
                                                       En estos ejemplos de conductas 'evitativas' o de 'control inadecuado' vemos que la persona, al adoptar medidas extraordinarias, disminuye (refuerza) su idea de insolvencia. Contra más elude exponer el pulso de su mano, más admite y se persuade de la incapacidad de controlarlo.

Aunque le gustaría MUCHO poder controlar la mano, lo cierto es que su fundamentalismo fanático apunta en la dirección adversa, convienciéndole de que NADA puede hacer (salvo beber unas copas para coger valor y deshinibirse, lo cual no es precisamente una buena idea como remedio) o recurrir a fármacos tranquilizantes.

Ya que estamos insinuando que estamos ante una FALACIA DE IMPOTENCIA, sería justo que indiquemos exactamente que puede hacer el tembloroso para recuperar su mano descarriada.

  • No hacerse 'películas' de terror visionando las escenas más desagradables ANTES DE TIEMPO. Esta conducta sólo crea suspense indeseable e induce la imagen de 'víctima impotente' en vez de ayudar a coger valor.
  • No hacer 'maniobras' de ningún tipo para evitar, retrasar o facilitar las situaciones temidas. Es mucho mejor, más que huir, buscar alternativas o conductas nuevas que sean realmente más eficaces para domesticar al miedo (tales aumentar más nuestra implicación en la conversación, bromear, hacer comentarios para descentar nuestra atención y la del interlocutor, etc.)
  • Diagnosticar las veces que sea necesario con la etiqueta correcta 'TENGO MIEDO' en vez de 'tiembla mi mano'. Este desalle semántico teine más relevancia terapéutica de lo que parece.
  • Trazar un movimieno suave, cogiendo la pluma, por ejemplo, con dulzura, con una presion muy suelta y encontrar un ritmo particularmente 'agradable' para firmar como si estuviésemos creando una obra de arte para la posteridad. En el caso del baso, esta recomendación podría equivaler a coger la taza sin mucha fuerza, evitando quedar en posición rígida y fija (tensionar los músculos es lo contrario de relajarlos). Mover la taza delicadamente, para evitar estar demasiado tiempo en una posición. Se puede jugar de forma entretretenida con los movimientos como una forma de quitarle a la mano el aire de instrumento siniestro de tortura .
  • Da muy buenos resultados interrelacionar mientras hacemos los movimientos 'temidos' (diciendo por ejemplo "·me gusta como ha quedado el documento, espero esté satisfecho..'', ``eso que dices me recuerda una anécdota que me paso ayer...'') Además de hablar conviene mirar a los ojos ya que no mirar aumenta el ambarazo de la situación y si en cambio hacemos un seguimiento de la cara y expresión de las personas supuestamente censuradoras, podemos observar con un poco de suerte -y esfuerzo seductor por nuestra parte- simpatía tranquilizadora en vez de censura y despreciable asombro.
  • Una respiración profunda y la consigna de 'aflojar los músculos' ayuda a coger un camino llano en vez del accidentado. La relajación muscular deber prestar atención a descongestionar los músculos de la cara, hombros, pectorales, manos y pies. Si nuestro temblor se ha disparado antes de tiempo, podemos apretar y soltar el puño para encontrar de una forma más segura cual es la diferencia entre tensión y relajación.
  • HACER ALGO normal con suavidad (atarse los zapatos, colocar unos lápices, abrir una carpeta para tomar apuntes, o una reunión social coger un aservilleta, dar un toquecito amistoso en el hombro a un conocido) Procurar que los movimientos 'distractores' se acerquen más a la cámara lenta que a la velocidad del rayo.
  • Sostener la mirada y prestar atención directa a los otros como si estuviera interensando enormemente lo que dicen. Procurar centrar la atención en los asuntos tratatos reforzándola con preguntas guión como ``qué me parece lo que dice'' ``que es lo más discutible'', ...
  • Perseverar (una vez es jugarse todo a una carta, en cambio, si probamos 10 veces puede que descubramos que en 2 fracasamos pero en 8 no lo cual, aunque parezca increible, es una buena noticia. Para sí quisieran los fondos de inversión una rentabilidad tan alta).
  • No recurrir a la bebida por solucionar el problema. Aunque en un primer momento parezca ayudarnos, a laargo plazo puede ser contraproducente por el efecto depresógeno que también tiene abusar del alcohol y porque pronto descubriremos que el miedo puede crecer más para vencer la triquiñuela.
  • Mejorar nuestra asertividad, espontaneidad y auto-promoción para logar un enfoque distinto a nuestras acciones (lograr que no parezcamos delincuentes ante un tribunal)
  • Expresarnos de una forma más atrevida (en vez de una apocada o acomplejada) ante las personas que más nos impresionan (que coinciden con las que nuestra mano se conmueve). La palabra y el humor son excelentes antídotos del miedo.
  • Buscar asesoramiento personalalizado de un psicólogo para aumentar los recursos de control emocional, conocer mejor los puntos débiles, al menos los implicados en el problema. Es especialmente indicado recurrir al psicólogo si los temores están interfiriendo seriametne el desempeño laboral o social.