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   Jorge G. Garzarelli Ph. D.
 
UN CUENTO DE NAVIDAD
(Acerca de las transferencias en Análisis)
 
 
 "Pero que es esto que tengo sobre la cabeza? 
exclamó con gran desconsuela cuando palpándose la cabeza 
con las manos se encontró con algo muy pesado que la ceñía estrechamente la testa".
"Pero, ¿cómo se me ha puesto esto encima sin que yo me haya entera? 
se dijo mientras se quitaba el pesado objeto y lo posaba sobre su regazo para averiguar de qué se trataba".
"Era una corona de oro".
Alicia a través del espejo.
L. Carrol (1) 
  
No cabe ninguna duda que elegir un analizando que uno considere especial para escribir sobre él, puede tener sus bemoles.

Primero porque aparece (como en toda presentación lo hace), una dosis suficiente de narcisismo tanto en el que escribe como en el que relata. Narcisismo también del Texto.

Qué decir de la esperanza de que al oyente le apasione el escrito!

Segundo porque en esa elección hay desde ya una predeterminación desde el deseo del analista.

Tercero porque se juegan las formas posibles del prejuicio, de las resistencias del vínculo, etc. Globalmente diríamos de la transferencia.

Podríamos seguir denunciando, cuarto, quinto, sexto...

Pero jugando (cuánto placer en el poeta y en el niño!), a poder escribir quisiera leerles algunos garabatos de sesiones. Letras esqueletos que se despertarán cuando sean rozadas por mis ojos (ellas están ahí para mirarnos), sensibles palabras que desean esa mirada. Quizás deseen hacer transferencia.

¿Ustedes querrían escuchar "un cuento de navidad", al que le faltan muchos significantes?.

A este cuento le he añadido con alguna decepción algunas de mis ocurrencias.

Obviamente hablaré de transferencia, dejando descontado todo lo que ustedes sabrán acerca de lo que nos dice Freud a lo largo de toda su obra.

¿Qué habría hecho Freud sin transferir sobre sus escritos ese orden de lo desconocido del deseo humano y sus "eternas" consecuencias?.

He aquí algunos elegidos.

  • Mire licenciado, sho no voy a tutearlo nunca, sho quiero respetarlo, sho no respeto a nadie... no tuve padre... él nos abandonó, a mamá y a mi... desde entonces ella es como mi papá. Dicen que es una mujer masculina... usted dijo algo?"
  • "No".
  • "Ah, sho pensé...".
  • ¿Qué pensó?".
  • "Qué usted había dicho algo...".
(Voz interna. Busco saber. Se que no voy a saber todo, pero algo, un pedacito, un recorte, un pico de castración). Recorte histérico. Una primera hipótesis. La desecho para no obturar (me) (lo) y sigo escuchando. Es entonces que pregunto sobre un significante algo que se me había impuesto.
  • "Algo?".
  • "Pensé en... como será su papá?.
(Estallido del "voyeur". Intenta dislocar el vínculo? Seré yo el destinatario de esa pregunta. Es acaso una pregunta?). El prosigue:

- "Me imagino que usted habrá tenido en un buen papá".

(Es esto un vericueto de la transferencia? Quizás, pero de quién?)

Es así que el texto y el con-texto es vacilante, discontinuo, abierto hacia adentro. Replegado. ¿Acaso el texto sufre, sangra, goza?. ¿Qué se yo?.

"Yo" no "quiere" llevar la corona de Alicia. Pero qué tentación!.

Mi yo, sede angustiada nada quiere y puede saber, solo es asiento de tranvía, perezoso, pasajero, que utiliza una débil pero suficiente energía para moverse sutilmente algunas veces, atropelladamente otras en el mundo glorioso e inhóspito, pero siempre por los mismos carriles.

Solo debo estar "algo" atento a mi propio deseo.

¿Qué hago con este gordito afeminado? -¿Qué hago con este gordito afeminado con su vocecita de flauta traversa que seguramente me hará objeto de reiteradas cantinelas quejosas?.

Y... ¿por qué no?.

La cantinela podría tener otra melodía, otro tono, otro ritmo!.

Un Otro avizora todos mis significantes. Otro produce todas mis preguntas pre-hechas como las pizzas hogareñas ante la presencia de visitas inesperadas.

Ay, ay,...hay pre-conciente como te hemos olvidado! Vos que organizás tanto y sos tán cumplido para que podamos almohadonarnos entre los mundos que estamos obligados a sostener!.

Vuelve un momento (siento que trata de sorprenderme) esa frase de Gabriel:

  • "Ay, qué loca soy, le cuento cada cosa!".
Gabriel es vidrierista. Bonita loca encerrada en su jaula de vidrio, pajarito socializado que se mira en el resplandor de la sorpresa de la mirada de los otros.

Como sabemos la sorpresa burla a la repetición. La sorpresa es hábil en evadir lo conocido y sin embargo aquello que produce la sorpresa es lo (alguna vez) esperado.

Señoras y señores: "Una sorpresa repetida es la paradoja".

Decía anteriormente, a través de la mirada de los otros, compartir la hostilidad ansiada de ese encierro con esa compañía inquietante de maniquíes que él compone a su capricho.

Amados maniquíes: "Porque la gente que se pasa se detiene para mirarlos, la gente no sabe todo lo que cuesta hacer una vidriera, repartir colores, proyectar las luces, no, no, la gente no sabe". La gente no sabe, él si sabe. "Petit a de ese encierro con esa compañía inquietante de maniquíes que él compone a su capricho. Amados maniquíes: "Porque la gente que se pasa se detiene para mirarlos, la gente no sabe todo lo que cuesta hacer una vidriera, repartir colores, proyectar las luces, no, no, la gente no sabe". La gente no sabe, él si sabe. "Petit mise en scene" de una reivindicación imposible. Son acaso sus vidrieras "mise en acte?". Odiados maniquíes: "estos guachos no sienten, se salvan del sentimiento. Sho, sho, sí sé lo que es sufrir, cuando él nos abandonó... uf!...

- "Qué me importa mi padre...".

Negada la filiación una y otra vez a ese padre imaginario, Gabriel privilegia la mirada. El debe ser reconocido principalmente por los ojos de los otros (de los otros hombres obviamente). - "Ah,... ese maniquie nuevo de ojos verdes?. Usted sabe, Mariano también tenía ojos verdes". Mariano fue un "affaire" momentáneo de Gabriel como casi todas y tan pocas relaciones con hombres. El anonimato es su doble. - "Qué extraño es que los maniquíes no tengan pene, pero sí tengan un bulto... usted sabe, eso es lo que me atrae de los hombres, el bulto". Pene encapsulado en el bulto. Pene desaparecido. Promesa de aparición fulgurante. Cuanta excitación en la promesa de esas braguetas semi abiertas "tan bien mostradas en las propagandas de la tele, usted las vió... ah, no sabe lo que se pierde".

Visible e invisible, incitante extrañeza de una dialéctica que si se cierra y todo queda al desnudo evocará a que si se cierra y todo queda al desnudo evocará a la pesadilla de lo real: La muerte.

Ser mirado es ser re-hecho. Pero la mirada no dura. Gabriel necesita repetidamente otra y otra mirada más. Como si de un solo inmenso y constituyente ojo se tratara. Un ojo monstruoso que solo vea lo parcial, lo incompleto. Quizás un ojo muy pero muy inteligente.

Vuelve a resonar en mí: "Papá nos abandonó". Será ese ojo faltante ligado a la voz que le habla al hijo y le indica como ser en el mundo aquello que le falta a Gabriel?. 

- "Sabe, alguna vez me hubiera gustado verle el pito a papá".

Pene:

"De todos los órganos sexuales, el pene, sin duda es el que mayor impresión ha causado en la imaginación humana (...), era en un tiempo el objeto más sagrado sobre el cual podía poner en sus manos el hombre para pronunciar un juramento inviolable (...). El pene es un "fascinum", es el símbolo de toda fascinación y ha recibido un gran número de nombres. En francés por ejemplo, existen varios centenares de sinónimos literarios (...). (2)

- "Pero, papá desapareció para siempre, no sabemos nada de él".

En mí resuenan algunos significantes. Se me impone "padre obsceno". Obsceno, lo que indica que algo estuvo dentro y ha quedado repentinamente aica que algo estuvo dentro y ha quedado repentinamente afuera. Algo malo y feo ya que lo lindo y bueno se muestra siempre.

Parece ser, dice Beatriz Castillo, que la raíz griega de "scaena" significa "vestuario, tienda donde se cambiaban los actores. O sea que es muy anterior (Atenas, siglo V, a. c.) a cualquier sentido más moderno de escena". (3)

Gabriel juega, hace un chiste, forma una escena con el automatizado como un maniquie y con el otro que lo mira con sorpresa (condición sin duda) de atrapamiento (acaso de su padre?) y el vidrio mismo que suspende toda acción y solo permite ver y ser mirado.

Acá nadie escucha, solo se ve y se mira lo inefable.

Veamos el juego.

- "Muchas veces juego a ser un maniquie, me quedo fijo en posición y la gente me mira. Yo me sonrío o me muevo y la gente se sorprende". Sorpresa de la visión Sorpresa de la Mirada Sorpresa de lo que no coincide.

Dije que Gabriel privilegiaba el ojo. Podemos añadir entonces: mirada privilegiada sobre el sonido augural de "papá". Sonido que augura el buen sendero. Su falta introduciría el meandro ida y vuelta de esa "S". Repetición que tambalea al cuerpo del que la actúa. Huella de víbora sobre la arena. Vestigio inmanente del Gran Ausente; de aquel que "sabía como ser hombre del mundo". 

Demanda al qe;a como ser hombre del mundo". 

Demanda al que supuestamente sabe. Es éste el preciso momento en que el analista debe evitar la corona de oro, porque como dijo una vez Gabriel "sus bigotes le dan un "touche d´homme". Otra vez Gabriel y sus ganas de mostrarme con su pobre francés (y... quién soy yo para decir su "pobre francés?") que el "mi paciente" es un parisino. París lo enloquece. No, no conoce la historia de París (el hombre). De París vienen los nenes ya hechos. El padre es el pico de la cigüeña o la chimenea donde ésta se asienta.

Digo en un breve poema:

Desde que rompió ese espejo

Un antiguo malestar

Le quedó desde afuera

Toque de hombre... sus ganas de tocarme. O yo a él?.

Pero qué digo, que pienso si no me atrae. Bueno, no sólo porque nos gustan tocamos a las personas y a las cosas.

Abstinencia es la norma.

Yo también lo miré. Es obvio, no solo escuchamos sino que alguna vez miramos a nuestros "pacientes".

La cuestión es hacer las cosas bien, pero a veces la "chancha transferencia" nos juega alguna mala pasada. Ya sabemos que las cosas bien hechas pueden ser mostradas, las feas no. Y por qué no?. El arte como transferencia también nos juega malas pasadas. Cuántas obras de arte nos parecen horribles y no por eso deute;ntas obras de arte nos parecen horribles y no por eso dejan de serlo.

Me parece innoble no continuar hablando del arte, pero es que entonces nunca cesaría de hacer transferencia sobre él. Acá y así dejaré el tema.

Otra vez Gabriel diciéndome, (diciéndome?):

- Usted sabe que el gemido es un arma?. Sho los enloquezco a los hombres con mis gemidos, sé gemir mejor que una mujer. Sho gimo y ellos, pobrecitos se creen que me gusta. No, no me gusta. A veces pienso si se llegaran a morir después de acabar. Cuando gozo "como una loca" no se los hago saber. Ellos no deben saber. En vez de eso hago imágenes... Hay una larga pausa y luego pregunto: - "Qué imágenes?".

- "Estar embarazado... me viene a la memoria el vestido de novia de mamá... los zapatos... alguna vez me los ponía, bueno, bueno, me los ponía varias veces, también las pulseras, los aros. Luego me miraba en el espejo. Eso ocurría cuando mamá salía a trabajar".

Yo pienso que Gabriel era esa mamá. Gabriel chiquito vestido de mamá omnipresente. - "Sabe, a veces siento que meto tantas cosas en la sesión que usted no puede soportarlas, siento la sesión frágil... ya sé, ya sé, usted va a decir frágil como el vidrio, bueacute;, usted va a decir frágil como el vidrio, bueno... después de todo eso lo pensé sho".

- "Después de todo?".

- "Después de todo no hay nada, sabe sho no creo en Dios, o mejor dicho".

Mejor dicho?. Como si hubiera algo que se pueda decir bien!. - "Sho tendría que hablar mejor, sho creo que fue mamá... habrá sido ella la que no me enseñó a hablar" (?). Yo me pregunto de quién es el lenguaje sino materno, pero dudo. Si La Ley fue escrita por un hombre a partir de Dios, ¿qué diablos tendrían que ver las mujeres?. - De todas maneras... no sé lo que me pasa... (largo silencio). ¿Sabe una cosa?, me acuerdo cuando papá se fue, sho tenía cuatro años, se fue de noche, sho lo ví y él se dio cuenta, ¿sabe cómo me hizo?, así: shhhhhh! Con el dedo sobre la boca. Dije que hubo un gran silencio, pero no mío. Un campanario de significantes resonaba en la sesión, formando el asiento de un deseo mío que no podía menos que callármelo. Gabriel encontraba un origen. Faltaban aproximadamente diez minutos para terminar la sesión. Diez cruciales minutos. Justo a tiempo Gabriel llora. Yo no sabía que hacer con mis resonantes. Solo escucharlos y esperar. Gabriel parec&iesonantes. Solo escucharlos y esperar. Gabriel parecía aplastado en el diván. Respiraba defectuosamente... pero, ¿qué era ese defecto, algo que le faltaba o algo que le sobraba?.

Me recosté en uno de los bordes de la transferencia.

Es entonces que Gabriel dice suavemente (era de hablar fuerte):

- "Sho esperaba que vos, bueno de todos modos la sesión terminó".

Pasaron tres semanas y Gabriel vuelve a tomar el tema, diciendo:

- Yo esperé que aquel día me dijeras algo más o me tocaras... papá se fue sin tocarme". Le señalo que el padre se fue sin tocarlo, es cierto, como el dice pero que ademá le hizo un gesto. Repito el shhhhh.

- "Sí, sí, ya me di cuenta, sabés (desde aquel día había comenzado a tutearme), sabés que me dí cuenta que cuando hablo con la sh es como decir algo de mi papá".

Aquellas palabras faltantes (la falta = el defecto) eran el motivo de un silencio lleno de respiraciones entrecortadas, un silencio no vacuo.

Transferencia imaginaria?. No hago esfuerzos, salvo el de esperar y aquietar mi curiosidad, aquella que ya escuché durante la primera sesión. Transferencia mía a veces sobre un objeto lujoso, lujurioso o injurioso.

Transferencia, lugar de enigmas a la que no es posible desanudar perencia, lugar de enigmas a la que no es posible desanudar porque se triangula con lo real y lo simbólico, atisbando el falo, inequívoco lugar hacia donde apunta todo deseo, aún después de haber sublimado.

Nudo de significantes, redondeles siniestros desde donde emergen las latencias crepusculares de nuestros mitos.

Shhhh... onomatopeya del silencio; de lo que se desliza desde la palabra.

Shhhh... un dedo sobre la boca y una mirada expresiva como la de la enfermera de los cuadros de hospital, solo que paterna y nocturna.

Shhhh... porque hay algo enfermo, una enfermedad del significante. Una S con diagnóstico reservado.

Shhhh... transferencia de un significante sobre otro significante igualados, espejados. S mayúscula capicúa marcando la historia de Gabriel y su escuálido "sho" infantil.

Shhhh... arbitrario caballo que se sigue a otro como Itzig, jinete dominguero que no sabe donde va el caballo. Itzig es el "qué se yó", nombre del que desconoce algo. Itzig es el mismo nombre del yo que se dice "no sé".

Significante: lugar imposible por donde transita holocáusticamente el deseo. Toda la vida se ofrece en una palabra.

Si recordamos la noción lacaniana del inconsciente estructurado como un lenguaje podríase concebir dos tipos de transferencia. La tranguaje podríase concebir dos tipos de transferencia. La transferencia imaginaria y la transferencia simbólica; ambas solidarias ya que sin el amor y el odio de la transferencia no sería posible la relación simbólica inconciente que hace matriz a toda relación de análisis.

Cuando decimos inconsciente estructurado como lenguaje, nótese que no se trata de cualquier lenguaje. Es uno propio que se escapa a las convencionales propiedades del habla. Encontraremos que un significante será sujeto para otro sujeto (significante) llegando a constituir éstos las unidades elementales sobre las que se apoya y a su vez constituye el discurso del Otro.

Obviamente, si una palabra insiste o es excéntrica en el discurso del analizando cabería preguntarnos porqué insiste en él como porqué insiste en nosotros, ya sea en forma simultánea o diacrónica. Después de todo no todos los analistas respondemos a una misma palabra con igualdad de estructura. Algo nuevo se forma alrededor de un significante que es común a los integrantes del vínculo analítico.

Es en esa insistencia de los significantes que forman un campo determinado donde deberíamos estar atentos, escuchar "algo", porque escuchar como sabemos, no escuchamos todo.

¿Escucharíamos para saber?. Si del saber se trata, recordaremospara saber?. Si del saber se trata, recordaremos que en la teoría lacaniana esta palabra sirve para designar a lo inconsciente.

Pero... nos colocamos en el Sujeto supuesto saber?. ¿La corona de Alicia pasará a nuestras testas?.

He aquí la tentación a ocupar ese lugar de ficción. A la máscara de analista del que prescindimos para no obturar (aro en la oreja de Gabriel), la colgaremos en aquel espacio necesario que deje al texto decir su realidad. Texto que como telaraña intenta, aunque obscurecido por los propios sonidos del significante, decir algo para no morir.

Yo diría (por ahora), que en los significantes que pronuncia el Otro, Eros cumple con firmeza y serenidad, su vocación de síntesis. He aquí que el significante convoca a la autonomía del ser.

Recodemos que Yahvé le dijo a Moisés su intrincado "Yo soy el (lo ) que soy". ¿Qué otra "cosa" dirá el gran otro, sino esa misma voz nacida de la realidad de la esencia?.

De aquí que diría:

Transferencia imaginaria para la existencia.

Transferencia simbólica para la esencia, ambas como Narciso y su hermana, unidos en un mismo y diferente espejo.

Es que cuando Nasio nos dice que "cuando el psicoanalista escucha las palabras de su paciente, él las olvida y sabe esperar qus de su paciente, él las olvida y sabe esperar que vuelvan". Pero habrá que esperar que en él se hagan sueño, acto fallido ó gesto imprevisto para que exista verdaderamente transferencia". Concepto para pensar y volver a pensar.

Más adelante aclara que lo que caracteriza a la transferencia imaginaria será especialmente "las creencias, juicios y supuestos implícitos en las palabras del analizando, es decir la ficción que se establece por el sólo hecho de hablar. El paciente habla y su palabra crea el lugar de un poder ficticio que el psicoanalista ocupará o nó. Sin darse cuenta, el paciente le asigna a su interlocutor este lugar único: el de ser destinatario exclusivo de su queja y de las búsquedas de una respuesta al porqué de su síntoma. El amor, el odio, las actitudes, las voces y las imágenes mutualmente supuestas reflejadas entre analista y analizado, asientan en este fondo de supuestos ficticios inherentes al hecho de sufrir al hablar de ellos y de buscar respuesta" (4).

¿En estos casos el analista deberá saber?.

Dice Tiresias: "Ay... hay algún hombre que sepa, que pueda decir" (5). 

Aquí el analista deberá borrarse.

Qué nosotros como analistas sepamos de nuestras pasiones, odio, amor, Lacan añade, ignorancia, hará del an&aacutn añade, ignorancia, hará del análisis un vínculo posible.

Qué decir de ese más allá, la "indiferencia" ante las "sabias" palabras del analista para mostrarle a "lo histérico" que algo sabemos, en tanto lo histérico continúa su trabajo de hormiga obscura para eclipsar y con justicia nuestros arrebatos ilusorios e irrisorios de creer que sabemos?. Este más que hace fracasar en el mismo instante en que se produce ante el peligro de una palabra violadora, cualquier posibilidad de aunque pequeña libertad, eficaz para generar un canal par el significante acorralado y obscurecido por esa estructura clásica.

Qué de la transferencia simbólica?. Imperativos son los significante que entonces aparecen exaltados a la condición de sueños, actos fallidos, síntomas.

Este modo de transferencia requiere de una "mise en scene", cuya directora será la Lógica del Significante; probablemente la misma que le ocurrió al analista en el momento en que se le escapa una interpretación. Momento de máxima tensión en que se produce un "retorno en boca del analista del inconsciente del analizando" (6).

La interpretación se impone al analista en ese instante de profunda transferencia sin que éste se de cuenta. Momento "altus" donde las musas (vaya a saber uno cualo "altus" donde las musas (vaya a saber uno cuales), emergen vestidas con la transparente inspiración que les proveyó un padre omnipotente que no pierde la oportunidad de indicar a los "humanos" que todos los dioses su morada inefable.

Momento del inconsciente en donde los significantes se desplazan de analizante a analizando, anudándose y produciendo efectos de una estructura que tiende a buscar alguna verdad. 

Yo, particularmente no creo en la obviedad de las verdades, antes bién, estás siempre me sorprendieron. Por esto creo sólo haber realizado una sola interpretación en el análisis de Gabriel y ésta está referida a un significante que me remitía inexorablemente al silencio. 

Es obvio que Gabriel es hombre, homosexual, vidrierista "de los buenos", que tuvo un padre transmigrado, que su mamá es gorda, asfixiante y le gustan las rosas amarillas que "vió, son más finas" (palabras bastardas que causaron mi irritación. Hoy me hacen sonreír). Es obvio que ahora me trata de vos y que periódicamente pronuncia su "sh", aferrado a ella porque e da el inmenso goce de "shamar la atención del agujero. (Curará el análisis el goce?). Gabriel de múltiples agujeros como Argos, monstruo de cien ojos, siempre teniendo uno abierto para..., Gabriel paranoide, etc., etc., pero tam..., Gabriel paranoide, etc., etc., pero también es obvio que lo que les dije no se presenta tan obvio, porque lo obvio no tiene representación cierta. Es tanta su pregnancia con el presente que nos somete a la ilusión del presente.

Lo obvio es pasado, "nachträglich", "a posteriori".

Como pasado, queda arrojado al vacío de lo que se olvida, como este trabajo que he escrito con la esperanza de que permanezca incompleto, indefinido y vacilante; detrás de una vidriera memoriosa (gracias Borges, poeta) de la avenida Santa Fé, recorrida todas las noches por Gabriel en búsqueda de Papá Noel y un abrazo tibio de Navidad... que nunca llega.

 

JORGE G. GARZARELLI

 

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