La orientación profesional: una experiencia participativa

 

Dra. Lourdes Ibarra Mustelier

Facultad de Psicología. Universidad de La Habana


 

 

Motivado por nuestro interés en la orientación educativa y profesional presento en este trabajo algunas reflexiones sobre el tema vistas desde el ángulo de lo que puede aportar la escuela y la familia.

Por mucho tiempo se consideró que la orientación profesional era una actividad que se programaba para el período de la vida correspondiente a la elección de la profesión. Por suerte este enfoque ha ido quedando atrás, se considera que la orientación profesional es un proceso permanente que debe ofrecerle al niño, al adolescente, al joven y también al adulto. De manera tal, que la elección profesional no es una solución rápida para un problema urgente para el cual el sujeto no tuvo preparación previa. Esto lógicamente impone un reto a la institución educativa pues su misión es que el joven vaya preparándose para la elección de la carrera y que ello constituya un verdadero acto de autodeterminación. Para lograr autenticidad en ese momento esto debe ser resultado de un aprendizaje que se ha producido a lo largo de años y ha de proporcionar una serie de conocimientos preparatorios, de información sobre el medio social, laboral y educativo, así como vivencias y reflexiones sobre sus características personológicas y su afinidad o no con las exigencias de la carrera que desea estudiar.

El período en que los adolescente deben terminar ¿cuál será el camino a seguir o qué estudiar? presenta sus problemas, pues no sobreponen dos crisis, propia del evento vital por el cual están transitando que es el de la adolescencia y otra, por ser precisamente en ésta época de menos ajuste emocional, cuando debe concretarse el destino profesional de una persona. Este hecho justifica aún más la conveniencia de integrar la orientación vocacional a la escuela y contribuir a que profesores, alumnos y padres asuman la responsabilidad que les cabe para ayudar al proceso de orientación.

En todos los individuos el problema de la elección no se da con las mismas características. Los hay, aunque son los menos, en los que la decisión es rápida y segura sin necesidad de mayor "deliberación porque las condiciones en la escuela y la familia han favorecido este acto. En otras, es un proceso lento del que solo pueden salir adelante con una ayuda experta. Para otros más, el problema de la elección se torna una situación conflictiva que pudiera ser un indicador de un pobre desarrollo personal (Cortada, N. 1991).

Para un adolescente elegir es difícil porque está demasiado cerca y a veces encerrado en su individualidad a sí mismo, viviendo su interioridad por encima de todas las cosas, una decisión en función de las oportunidades que le ofrece la sociedad, cuando el tiende en ese período a autoanalizarse, a crear un mundo de fantasía y su imagen de la realidad está permeada de sus vivencias personales. El adolescente es inseguro, tiene muchas dudas y teme equivocarse. La habilidad de intereses lo llevan a expresar "que no sé que me gusta" ni para que sirve" obviando otros factores de la elección, e incluso idealiza las profesiones para educar la realidad a sus fantasías. A la pregunta por qué seleccionas esa carrera responden que las características que ellos poseen están en correspondencia con la profesión elegida. Así, F.V. se autovalora como comprensivo, solidario, con deseos de ayudar a los demás y por eso considera que debe estudiar medicina, orientándose solo por una visión parcializada de esta profesión desconociendo que es una carrera que supone sacrificio desde los tiempos de estudiantes, hasta la abnegación que exige un horario de vida no normal, la sensibilidad en su relación con los pacientes a la vez, que la firmeza para enfrentar al contacto con el dolor y la muerte. Pero este adolescente como muchos otros tienen una información pobre que puede tener consecuencias cuando al cursar los primeros años de la especialidad se percatan de que "esto no es lo que yo pensaba", a mí no me gusta" y se siente frustrado y quiere reorientarse profesionalmente (Ibarra, L. 1988). Quién responde por este tiempo perdido en el que la sociedad hizo una inversión de recursos humanos y materiales y el joven regresa a una etapa que ya debió haber vencido.

En el costo personal y social que ocasiona esta situación todos tenemos una cuota de responsabilidad.

El profesor en la medida que domine los aspectos psicológicos y sociales que caracterizan a la adolescencia estará en mejores condiciones para orientarlos ya que la experiencia que adquiere curso tras curso con ellos lo ubica en una posición más ventajosa para asumir el rol de orientador que a los propios padres, para los cuales la entrada de sus hijos en esta etapa afecta la dinámica familiar y no siempre están en condiciones de asumir con la comprensión requerida los cambios que en su hijo operan y manifiestan "no lo entiendo, no sé que le sucede, está muy extraña, ya no cuenta sus cosas, ni quiere estar con nosotros, todo lo que hago le parece mal". Esto puede agudizarse cuando el adolescente tiene seleccionar la profesión momento en el cual los padres se preocupan de sus hijos y adoptan distintas actitudes desde sobreprotegerlos y considerar que ellos no están preparados para elegir y que deben ser los padres los que tomen una decisión; los que se desentienden y expresan que son los hijos los que deben determinar su futuro sin tener en cuenta si éstos están o no en condiciones de hacerlo hasta los que dudan si su hijo sirva para algo" y solicitan la ayuda del psicólogo o del profesor depositando en otros esta tarea como hemos podido constatar en las Escuelas de Padres. (Ibarra, L. 1993).

¡Qué está ocurriendo! Hasta ahora todos han decidido por él: a que escuela debe ir, que amigos son aceptados, que diversiones está autorizado a tener, que come, que ropa debe usar, a que hora debe regresar. Depende económicamente de sus padres y los profesores a cada momento qué es correcto hacer. De pronto debe elegir que carrera seguir. Quizás esta sea la primera decisión importante en su vida ¿qué experiencia tiene en tomar decisiones? Si a esto se une la comunicación disfuncional con sus padres, que con los amigos se habla de temas variados que ajenos a la elección de carreras y que se siente distante de sus profesores ¿a quién acude? Esto sería un caso extremo pero con diversos matices aparecen otros que nos compulsan a revisar lo que estamos haciendo al orientar profesionalmente a nuestros adolescentes y jóvenes, a delimitar que le corresponde a la escuela y qué a la familia en este proceso de tal forma, que no sea al asar quien determine que unos estén más maduros que otros vocacionalmente.

La elección profesional es una manera de expresar nuestra personalidad y de haber llegado a una integración de una identidad coherente.

Una elección reflexiva y madura es el fruto de una personalidad equilibrada y segura en la cual las determinantes extremos como las relaciones familiares y la formación escolar han condicionado en gran medida este resultado. Un joven que ha tenido una adecuada comunicación con sus padres desde niño, que ha podido asumir responsabilidades por sus actos, acorde con las características psicológicas de la edad, primero pequeñas y luego cada vez más importante, que ha sido escuchado por sus padres cuando ha necesitado su ayuda, habrá tomado decisiones y aprendido a interpretar sus éxitos y fracasos como productos de su esfuerzo personal. En el momento de la elección, también sentirá dificultades y podrá experimentar angustia y dudas de sus capacidades, sus intereses y sus objetivos en la vida, como es típico de cualquier adolescente. No obstante, tendrá ya alguna experiencia y será este problema como uno más que puede ser enfrentado del mismo modo que otras. Y ser sujeto de su elección y no objeto de las contingencias del entorno.

Una escuela formalista, con normas externas, con profesores que no se sienten motivados por la labor que realizan, que no tienen tiempo de conversar, ni de conocer a sus alumnos, con planes de estudios compuesta por programas rígidos que no conceden espacio para hablar al joven de su futura responsabilidad como ciudadano y de la elección profesionales una escuela con disciplina que se imparten y no son ubicadas en el lugar que ocupan en los marcos de la ciencia, donde no se aprovechan al máximo las potencialidades creativas y en la cual el joven se coloca en una posición pasiva, donde no toma decisiones, no se despiertan sus intereses, ni la responsabilidad individual de los estudiantes, ni se movilizan para la búsqueda de información por sí mismo, el proceso de orientación vocacional es formal y no promueve el crecimiento personal de los alumnos.
El trabajo de varios años en el que hemos constatado científicamente esta realidad nos impulsa a explorar otras vías, la investigación.

Con la intención de emplear la investigación participativa por las posibilidades que brinda convocamos un grupo de jóvenes de la enseñanza media a trabajar con nosotros con la consiga que con la incorporación al grupo hallarían un servicio de orientación profesional que los ayudaría a conocerse así mismo.

El empleo de la investigación participativa permitió la no diferenciación entre investigadores e investigados pues los miembros del grupo coparticipan en el proceso de indagar y reflexionar acerca de su propia realidad, para describirla y explicarla, es decir, para regenerar conocimiento acerca de ella y actuar sobre la misma. Desde el punto de vista epistemológico es un modo de conocimiento de la realidad, también es una estrategia para el logro de una forma de acción social por la oportunidad que ofrece de aprender a definir y analizar problemas y de formular alternativas de solución. Con e objetivo de no perder la precisión y objetividad que caracteriza el método científico fue preciso ser riguroso en la elaboración del diseño de investigación, formulación de hipótesis, instrumentos y criterios de análisis.

A continuación presentamos no un análisis de los resultados del grupo, sino una descripción general de las etapas en la que se organizó el trabajo:

  1. Etapa organizativa
  2. Etapa de diagnóstico
  3. Etapa de acción interventiva.

Las sesiones de trabajo eran semanales con una duración de 3 horas en un período de 3 meses. En la segunda sesión cerramos el grupo, es decir, no admitimos la inclusión de nuevos integrantes.

El diagnóstico de los niveles de la motivación profesional en los jóvenes, así como, los contenidos autovalorativos en esta esfera permitió la realización de un estudio preliminar y el análisis críticos de los problemas, la búsqueda de información relevante se acerca de cómo perciben y plantean sus inquietudes sobre la orientación profesional, sus intereses profesionales o sus inclinaciones, se estimuló el conocimiento sobre sí mismo, las características personológicas que poseían y la discusión acerca de la correspondencia y no entre la autovaloración y la valoración social. La utilización de diversas técnicas de trabajo grupal orientaron no solo a la descripción de los problemas sino también a una explicación y culminó con la búsqueda de soluciones alternativas.

La etapa acción interventiva es una consecuencia lógica de la anterior donde se programa un plan de acciones necesarias para procurar las soluciones necesarias que promueven una reflexión personal y grupal y la instrumentación de las medidas requeridas, como fueron indagar con especialistas sobre el perfil profesional, ubicación laboral, características del plan de estudio, etc. lo que se traía al grupo y se discutían las posibilidades reales de ese joven con relación a las exigencias que imponía la carrera, tanto para su ingreso, la dedicación en sus estudios y la profesión en sí misma.

El trabajo propendía a una orientación profesional más efectiva, mostrando las posibilidades del trabajo grupal que puede desarrollarse en la escuela con un entrenamiento previo que reciben los profesores con los objetivos de:

  • Estimular en los alumnos la responsabilidad individual por su propia información.
  • No depositar en la escuela, en los padres o en la sociedad en general, toda la responsabilidad de la deficiente información profesional que reciben, sino asumir la cuota que personalmente le corresponde en que estén o no informados.
  • Movilizar a los jóvenes en la búsqueda de información sobre las carreras, cursos que correspondan a sus inclinaciones con sentido realista y de futuro, a tener con las potencialidades individuales y las necesidades sociales, promoviendo la reflexión en esta dirección y destacando la afinidad que existe entre algunas especialistas, de manera que al orientarse hacia familia de profesiones el círculo de posibilidades por las que opta corresponde más a sus intereses.
  • Ejercitar a los estudiantes en realizar elecciones y tomar decisiones a nivel de las tareas que planifica el grupo para que la participación sea real. Cuando se dan posibilidades de intervenir, pero sin que esas intervenciones influyan en las decisiones relativas a los aspectos fundamentales del grupo esta participación es simbólica y el sujeto no ejercita el poder que tiene de adoptar decisiones.

En este enfoque de la investigación en el que el investigador co-participa de la misma, éste no se convierte en un miembro igual o confundido en el grupo, su identificación con los objetivos del grupo no puede hacerle olvidar que no pertenece a él sino que es un profesional que dispone de conocimientos y técnicas que pueden contribuir a aumentar la autonomía del grupo y crear las condiciones que hagan posible su desaparición como figura que brinda apoyo permanente. Este fue el criterio que asumimos aunque vale la pena señalar que en este sentido no hay unanimidad entre los profesionales que utilizan el método ya que diferimos en cuanto al grado de dirección o intervención que el coordinador (investigador) debe tener en el proceso.

Como consideramos que las instituciones básicas en la orientación de los niños, adolescentes y jóvenes son la familia y la escuela también hemos empleado este método en las Escuelas de Padres con resultados alentadores.

En las Escuelas de Padres se promueve la reflexión de éstos en cuanto a dar mayor independencia y responsabilidad a sus hijos; brindarles apoyo sin sobreprotegerlos; tener una compresión de la verdadera capacidad de los adolescentes y jóvenes y no imponerles carreras fuera de sus posibilidades intelectuales o porque responda a los gustos y aspiraciones de ellos como padres, que les inculquen el respeto por los demás y la perseverancia, así como enseñarles a tolerar las frustraciones. Lo interesante es, que es el propio grupo de padre quien arriba a estas conclusiones y no es el coordinador de la actividad que desde una posición de poder trasmite, de que se debe o no hacer para que son más efectiva la función educativa de la familia.

De tal manera, que concebimos un modelo en que a través del entrenamiento a los maestros y profesores, en grupos de reflexión con los adolescentes y jóvenes y en Escuelas de Padres empleando la investigación participativa hemos podido promover cambios, que no dependen del tiempo en que esté funcionando el grupo sino que se operan modos de comportamiento, de reflexión, de elaboración de ideas nuevas que de manera gradual se van produciendo en los sujetos, sembrando unas semillitas que al florecer darán los frutos que necesitamos.

La escuela está en condiciones de potenciar su influencia en la orientación de los adolescentes organizando discusiones grupales dentro del ambiente escolar. Estas discusiones deben estar dirigidas hacia la mejor comprensión de sí mismo, aprender a compartir sentimientos y conflictos que no amenazan su individualidad y la formación de su identidad, sino que contribuye a promover su madurez vocacional porque de las instituciones de la comunidad es una de las que está en mejores condiciones de promover esos cambios por contar con un personal capacitado y por su propia organización.

BIBLIOGRAFIA:

  • Bisquera, R. (1992) Orientación psicopedagógica para la preparación y el desarrollo. Barcelona, Editorial BOIXAREV Universitaria.
  • Brusilovsky, S. (1989) Investigación participativa: un método de educación no formal. En Revista Argentina de Educación. Año III No. 4 Buenos Aires.
  • Cortada, N. (1991) El profesor y la orientación vocacional. México Editorial Trillas.
  • Ibarra, L.(1988) La formación de las intenciones profesionales en los alumnos. Tesis de Doctorado. Ciudad de la Habana.
  • Ibarra, L. (1993) La comunicación padres en: Nos comunicamos con nuestros hijos. Ciudad de la Habana Editora Política.
  • __________(1995) Metodología de investigación Grupal en la familia. Antología. Universidad Nacional Autónoma. Costa Rica.
  • ___________(2002) Educar en la escuela ,Educar en la familia ¿realidad o utopía? Universidad de Guayaquil, Ecuador
  • Jaitin, R. (1988) El psicólogo educacional, el educador y la institución. Ediciones Búsquedas. Buenos Aires.
  • Rosado, M. (1988) Dinámicas de Grupo y orientación educativa. Editora Trillas, México.