Como ven, el nombre de mi trabajo es un poco más extenso que el que aparece en el Programa Científico que ustedes tienen . Pero como la American Psychological Association no admite trabajos con nombre largo, entonces solicité a los organizadores quedarme con el nombre corto. Quiero que los editores de APA evalúen mi trabajo para publicarlo en alguna de sus Revistas. Una publicación en APA da más notoriedad que en cualquiera de las Revistas latinoamericanas y europeas que conozco.Es casi imposible ser eminente sin publicar en APA. Una vez publiqué un trabajo en la Community Psychology y casi me hice famoso. Si entre los presentes hay quien tiene contactos con APA me lo dice, por favor, para conversar después de mi presentación. Espero que alguno de ustedes me sirva de aval.
Agradezco a los organizadores de este prometedor encuentro la oportunidad que me dan para hablarle a tan nutrido y notorio auditorio que me rejuvenece. Me alegro de ser el primero: los que vengan después podrán borrar la mala impresión. De los que me conocen, si están aquí, espero aplausos. De los que no me conocen, por favor, mucha tolerancia.
“Solamente puede ser científico lo que sea discutible”
Demo P.
Hace apenas unos meses, dado el actual retraso en las comunicaciones producido por interrupciones telefónicas, ciclones, lluvias moderadas, passwords olvidados, máquinas ocupadas, congestiones en la línea, “el número no esta asignado a ningún abonado”, no hay tiempo de máquina, etc.... (por cierto, que cosa esta de las comunicaciones: Las “no –line” son tildadas de viejas, huelen a protohistoria. Las online, sin embargo, aunque sean viejas, como llegan en “tiempo real” gozan del artificio alucinatorio de la inmediatez generalizada: una suerte de trasposición categorial del reloj a la historia. El aquí-ahora como sinónimo del país peterpaniano de “nuncajamas”. Lo online es por definición nuevo. Ya esto no es la protohitoria. Peor aún: la “poto-historia”... al decir chileno) decía que hace unos días, con narcicística avidez me lancé a la lectura de una publicación “online” que referenciaba a su vez otra lectura “online” (esta última en pdf = para disminuir facilidades) del Review of General Psychology Vol. 6, No. 2, 2002. Un sugerente título me prometía encontrar a los “100 psicólogos más eminentes del siglo XX”. Con total premura sin leer siquiera los nombres de los autores y muchos menos los criterios de selección, fui directamente a la lista. Fui, como pueden suponer, a buscar mi nombre. Pero.... ¿ustedes lo podrán creer?, que terrible decepción: Mi nombre no estaba. Una lista inmensa de eminentes y yo no estaba. Que falta de respeto: miren que no ponerme a mi. El trabajo, anglosajón al fin y al cabo, contiene, por mandato de lo mejor de las estadísticas tradicionales, una lista de 99 escaños (puro artificio estadístico para ponderar las posiciones). “Ah! - pensé inicialmente -, obviamente es un error de la Revista. Seguramente el nombre que falta es el mío. El 100 soy yo” (estuve a punto de decirlo a todos mis amigos). Pero no. No había error. Me dejaron fuera.
(quizás los que confeccionaron la lista no saben que según www.vidaspasadas.com en mi anterior encarnación terrenal yo era mujer. Nací en algún lugar cerca del territorio de Nueva Zelanda en el año de 1350. Fui de profesión banquero, usurero, o juez - las tres cosas son más o menos lo mismo...lo que no entiendo es como siendo mujer logré ser alguna de esas tres cosas -. Tenía talento natural para la psicologia y sabía como aprovechar las oportunidades. Era de sangre fría y calmada en muchas situaciones. Además mi vida pasada me enseñó, para la presente, a amar y comprender el universo. Ser natural para lo sentimental, lo espiritual, lo fantástico y lo oculto..... ¿para qué cambié de vida?)
Como quiera que según Deveraux el camino del científico comienza con la ansiedad para desde allí construir el método, me lancé a una relectura de la lista.
(Ya sé que no estoy. Dejo las emociones aparte. Total ya Silvio me lo había advertido: “Mi país es pobre, mi piel es mejunje, mi gobierno proscrito, mis huestes utópicas. Soy candidato al inventario de la omisión, por no ser globable” - Silvio Rodríguez. Canción “Fronteras”. CD “Expedición”).
Y sí, me disminuyó la incomodidad individual, pero me movilizó, multiplicó y exacerbó la prosocial, tanto que al cabo de un rato me contenté con cantar la ironía de Juan Formell : “Que pena, que pena: yo no soy de la gran escena...” Es más, pensé: yo creo que no vale la pena. Digo que vale la pena no estar. Es más, no quiero. Aunque me lo imploren no me dejaré poner. Mis queridos amigos, esa lista me resultó indignante y vergonzosa. ¿Por qué?. Verán.... Recuerden que estamos hablando de los 100 psicólogos más eminentes del siglo veinte.
(Eminente: alto, elevado... Fig. superior, sobresaliente. Nuevo pequeño Larousse – En el sentido etimológico y usual, superior y distinguido por esta superioridad. Eminentia per metaphoram est excellentia. Vocabulario técnico y crítico de la filosofía. Sociedad Francesa de Filosofía).
Hace algunos años, cuando quizás la mayoría de ustedes no pensaba estudiar psicología (algunos ni pensaban...estoy hablando de 1976, yo ya era psicólogo), uno de los más preclaros pensadores de la psicología en nuestro continente, Alberto Merani en su “Historia Crítica de la Psicología...” escribió: “Los historiadores de la Psicología representan el reinado de la arbitrariedad. Hasta hoy el historiador de la psicología ha sido hombre de una sola doctrina, se ha mostrado demasiado orgulloso de una tradición psicológica, la de su mundo cultural, y ha considerado la psicología como ciencia típicamente anglosajona, como únicamente germana, o exclusivamente gala” (Merani A. 1976.p. 11). Pues bien... no, en realidad “pues mal”: poco ha cambiado, al menos para los que hacen, piensan y escriben desde la APA (hablo de la American Psychological Association, no de la Asociación psicoanalítica Argentina... aunque ambas tienen en común una vocación segregacionista).
(Adjunto la lista, aunque no voy a leerla ahora, para que los que no conocen el artículo en cuestión o no tengan modo de acceder a el, valoren después y armen su propio juicio).
Claro que hay indiscutibles (al menos en mi opinión: Freud Sigmund, - no Ana, pero también está. Quizás por aquello de que “de tal palo tal astilla”- Piaget, Kohler, Bruner, por solo mencionar algunos). Pero es que un primer problema de la lista se relaciona justamente con “los que están”. Que quieren que les diga... La lista la encabeza Skinner (Burrus...Frederick), a quien debemos agradecer por haber llenado las facultades de Psicología de este continente de ratas y palomas y otros animales mejores alimentados que una buena parte de la población de las ciudades donde dichas facultades existen. Más aún, parece que tendríamos que agradecerle por habernos comparado con ratas y hacernos sentir que somos unos animales domesticables por sistemas de reforzamientos además de políticos. Brilla en el primer cuarto de nombres listados el de Carl Gustav Jung, quien hizo lo imposible porque entendiéramos el “verdadero sentido ariohumanoracista” de la peor enfermedad del siglo en cuestión: el nazismo. Honestamente, no se si alguno de los vivos allí listados se complace mucho con la inclusión lapidaria de su nombre junto a defensores de los más reaccionario y brutal de la humanidad. Estoy pensando, por ejemplo, en Chomsky Noam, uno de los intelectuales que más ha aportado al descubrimiento de la esencia terrorista de la política norteamericana bushiana, y también la prebushiana, política que por demás en absoluta hipocresía malsana sustenta sus gritos guerrerísticos eufóricos en los terribles sucesos del once de septiembre norteamericano, pero esta comprometida con el silencio histórico de la violencia dictatorial pinochetista de un también once de septiembre pero santiaguino.
(No importa, así como existe un Ig-Nobel o anti-Nobel para premiar los trabajos que se han considerado como más ignominiosos y que no se deberían reproducir nunca, me contento pensando que algún día haremos nuestro listado, no de ignominias, sino de reivindicaciones objetivas).
Un segundo problema se relaciona con “los que están pero no están”. No, no es una “contradicción de la contradicción”. Me refiero a los que están pero sacados de sus contextos reales, y puestos “en copias y no en originales” (como dice Silvio, el que ya cité antes en su “Resumen de noticias”. CD “Al final de este viaje”). Los rusos, por ejemplo, se podrían contentar: le permitieron entrar en la lista a Pavolv Ivan Petrovich, solo que probablemente por su condición de conductista ruso, al decir de Sahakian. Incluyeron a Luria Alexander Romanovich, en este caso gracias a Nebraska, por la batería neuropsicológica, pero no por sus aportes a la comprensión de la determinación sociohistórica de lo psíquico. Y, lógicamente, la lista contiene al mismísimo Lev Semionovich Vygotsky, pero se encargan de decirnos que no esta allí por su teorización acerca del desarrollo cultural de las funciones psíquicas, ni por su fundamentación marxista de la psicología, sino por el Test de Vygotsky. Ya nada de esto me maravilla, ni me toma de sorpresa. Pero eso sí, todavía me indigna.
El tercer problema es “los que no están” (además de yo...ya eso lo superé). No esta Politzer George, ni Henri Wallon: europeos y además marxistas... (ni aunque supieran cantar el “Aserejé&rd