LA
PSICOLOGÍA HA MUERTO. LARGA VIDA A LA PSICOLOGÍA.
(Muy breve ensayo sobre el paso de un modo de vida a otro y la aprobación
de los monumentos a construir para contrarrestar el olvido)
Conferencia dictada el 21/10/2002 en el II Encuentro Latinoamericano
de estudiantes de Psicología. La Habana, Cuba.
Dr.
Manuel Calviño
Facultad de Psicología. Universidad de La Habana. Cuba.
Correo Electrónico: calvino@infomed.sld.cu
Como
ven, el nombre de mi trabajo es un poco más extenso que el que
aparece en el Programa Científico que ustedes tienen . Pero como
la American Psychological Association no admite trabajos con nombre
largo, entonces solicité a los organizadores quedarme con el
nombre corto. Quiero que los editores de APA evalúen mi trabajo
para publicarlo en alguna de sus Revistas. Una publicación en
APA da más notoriedad que en cualquiera de las Revistas latinoamericanas
y europeas que conozco.Es casi imposible ser eminente sin publicar en
APA. Una vez publiqué un trabajo en la Community Psychology y
casi me hice famoso. Si entre los presentes hay quien tiene contactos
con APA me lo dice, por favor, para conversar después de mi presentación.
Espero que alguno de ustedes me sirva de aval.
Agradezco
a los organizadores de este prometedor encuentro la oportunidad que
me dan para hablarle a tan nutrido y notorio auditorio que me rejuvenece.
Me alegro de ser el primero: los que vengan después podrán
borrar la mala impresión. De los que me conocen, si están
aquí, espero aplausos. De los que no me conocen, por favor, mucha
tolerancia.
“Solamente puede ser científico lo que sea discutible”
Demo P.
Hace
apenas unos meses, dado el actual retraso en las comunicaciones producido
por interrupciones telefónicas, ciclones, lluvias moderadas,
passwords olvidados, máquinas ocupadas, congestiones en la línea,
“el número no esta asignado a ningún abonado”,
no hay tiempo de máquina, etc.... (por cierto, que cosa esta
de las comunicaciones: Las “no –line” son tildadas
de viejas, huelen a protohistoria. Las online, sin embargo, aunque sean
viejas, como llegan en “tiempo real” gozan del artificio
alucinatorio de la inmediatez generalizada: una suerte de trasposición
categorial del reloj a la historia. El aquí-ahora como sinónimo
del país peterpaniano de “nuncajamas”. Lo online
es por definición nuevo. Ya esto no es la protohitoria. Peor
aún: la “poto-historia”... al decir chileno) decía
que hace unos días, con narcicística avidez me lancé
a la lectura de una publicación “online” que referenciaba
a su vez otra lectura “online” (esta última en pdf
= para disminuir facilidades) del Review of General Psychology Vol.
6, No. 2, 2002. Un sugerente título me prometía encontrar
a los “100 psicólogos más eminentes del siglo XX”.
Con total premura sin leer siquiera los nombres de los autores y muchos
menos los criterios de selección, fui directamente a la lista.
Fui, como pueden suponer, a buscar mi nombre. Pero.... ¿ustedes
lo podrán creer?, que terrible decepción: Mi nombre no
estaba. Una lista inmensa de eminentes y yo no estaba. Que falta de
respeto: miren que no ponerme a mi. El trabajo, anglosajón al
fin y al cabo, contiene, por mandato de lo mejor de las estadísticas
tradicionales, una lista de 99 escaños (puro artificio estadístico
para ponderar las posiciones). “Ah! - pensé inicialmente
-, obviamente es un error de la Revista. Seguramente el nombre que falta
es el mío. El 100 soy yo” (estuve a punto de decirlo a
todos mis amigos). Pero no. No había error. Me dejaron fuera.
(quizás los que confeccionaron la lista no saben que según
www.vidaspasadas.com en mi anterior encarnación terrenal yo era
mujer. Nací en algún lugar cerca del territorio de Nueva
Zelanda en el año de 1350. Fui de profesión banquero,
usurero, o juez - las tres cosas son más o menos lo mismo...lo
que no entiendo es como siendo mujer logré ser alguna de esas
tres cosas -. Tenía talento natural para la psicologia y sabía
como aprovechar las oportunidades. Era de sangre fría y calmada
en muchas situaciones. Además mi vida pasada me enseñó,
para la presente, a amar y comprender el universo. Ser natural para
lo sentimental, lo espiritual, lo fantástico y lo oculto.....
¿para qué cambié de vida?)
Como quiera que según Deveraux el camino del científico
comienza con la ansiedad para desde allí construir el método,
me lancé a una relectura de la lista.
(Ya sé que no estoy. Dejo las emociones aparte. Total ya Silvio
me lo había advertido: “Mi país es pobre, mi piel
es mejunje, mi gobierno proscrito, mis huestes utópicas. Soy
candidato al inventario de la omisión, por no ser globable”
- Silvio Rodríguez. Canción “Fronteras”. CD
“Expedición”).
Y sí, me disminuyó la incomodidad individual, pero me
movilizó, multiplicó y exacerbó la prosocial, tanto
que al cabo de un rato me contenté con cantar la ironía
de Juan Formell : “Que pena, que pena: yo no soy de la gran escena...”
Es más, pensé: yo creo que no vale la pena. Digo que vale
la pena no estar. Es más, no quiero. Aunque me lo imploren no
me dejaré poner. Mis queridos amigos, esa lista me resultó
indignante y vergonzosa. ¿Por qué?. Verán.... Recuerden
que estamos hablando de los 100 psicólogos más eminentes
del siglo veinte.
(Eminente: alto, elevado... Fig. superior, sobresaliente. Nuevo pequeño
Larousse – En el sentido etimológico y usual, superior
y distinguido por esta superioridad. Eminentia per metaphoram est excellentia.
Vocabulario técnico y crítico de la filosofía.
Sociedad Francesa de Filosofía).
Hace
algunos años, cuando quizás la mayoría de ustedes
no pensaba estudiar psicología (algunos ni pensaban...estoy hablando
de 1976, yo ya era psicólogo), uno de los más preclaros
pensadores de la psicología en nuestro continente, Alberto Merani
en su “Historia Crítica de la Psicología...”
escribió: “Los historiadores de la Psicología representan
el reinado de la arbitrariedad. Hasta hoy el historiador de la psicología
ha sido hombre de una sola doctrina, se ha mostrado demasiado orgulloso
de una tradición psicológica, la de su mundo cultural,
y ha considerado la psicología como ciencia típicamente
anglosajona, como únicamente germana, o exclusivamente gala”
(Merani A. 1976.p. 11). Pues bien... no, en realidad “pues mal”:
poco ha cambiado, al menos para los que hacen, piensan y escriben desde
la APA (hablo de la American Psychological Association, no de la Asociación
psicoanalítica Argentina... aunque ambas tienen en común
una vocación segregacionista).
(Adjunto la lista, aunque no voy a leerla ahora, para que los que no
conocen el artículo en cuestión o no tengan modo de acceder
a el, valoren después y armen su propio juicio).
Claro que hay indiscutibles (al menos en mi opinión: Freud Sigmund,
- no Ana, pero también está. Quizás por aquello
de que “de tal palo tal astilla”- Piaget, Kohler, Bruner,
por solo mencionar algunos). Pero es que un primer problema de la lista
se relaciona justamente con “los que están”. Que
quieren que les diga... La lista la encabeza Skinner (Burrus...Frederick),
a quien debemos agradecer por haber llenado las facultades de Psicología
de este continente de ratas y palomas y otros animales mejores alimentados
que una buena parte de la población de las ciudades donde dichas
facultades existen. Más aún, parece que tendríamos
que agradecerle por habernos comparado con ratas y hacernos sentir que
somos unos animales domesticables por sistemas de reforzamientos además
de políticos. Brilla en el primer cuarto de nombres listados
el de Carl Gustav Jung, quien hizo lo imposible porque entendiéramos
el “verdadero sentido ariohumanoracista” de la peor enfermedad
del siglo en cuestión: el nazismo. Honestamente, no se si alguno
de los vivos allí listados se complace mucho con la inclusión
lapidaria de su nombre junto a defensores de los más reaccionario
y brutal de la humanidad. Estoy pensando, por ejemplo, en Chomsky Noam,
uno de los intelectuales que más ha aportado al descubrimiento
de la esencia terrorista de la política norteamericana bushiana,
y también la prebushiana, política que por demás
en absoluta hipocresía malsana sustenta sus gritos guerrerísticos
eufóricos en los terribles sucesos del once de septiembre norteamericano,
pero esta comprometida con el silencio histórico de la violencia
dictatorial pinochetista de un también once de septiembre pero
santiaguino.
(No importa, así como existe un Ig-Nobel o anti-Nobel para premiar
los trabajos que se han considerado como más ignominiosos y que
no se deberían reproducir nunca, me contento pensando que algún
día haremos nuestro listado, no de ignominias, sino de reivindicaciones
objetivas).
Un
segundo problema se relaciona con “los que están pero no
están”. No, no es una “contradicción de la
contradicción”. Me refiero a los que están pero
sacados de sus contextos reales, y puestos “en copias y no en
originales” (como dice Silvio, el que ya cité antes en
su “Resumen de noticias”. CD “Al final de este viaje”).
Los rusos, por ejemplo, se podrían contentar: le permitieron
entrar en la lista a Pavolv Ivan Petrovich, solo que probablemente por
su condición de conductista ruso, al decir de Sahakian. Incluyeron
a Luria Alexander Romanovich, en este caso gracias a Nebraska, por la
batería neuropsicológica, pero no por sus aportes a la
comprensión de la determinación sociohistórica
de lo psíquico. Y, lógicamente, la lista contiene al mismísimo
Lev Semionovich Vygotsky, pero se encargan de decirnos que no esta allí
por su teorización acerca del desarrollo cultural de las funciones
psíquicas, ni por su fundamentación marxista de la psicología,
sino por el Test de Vygotsky. Ya nada de esto me maravilla, ni me toma
de sorpresa. Pero eso sí, todavía me indigna.
El
tercer problema es “los que no están” (además
de yo...ya eso lo superé). No esta Politzer George, ni Henri
Wallon: europeos y además marxistas... (ni aunque supieran cantar
el “Aserejé” con las Ketchup.
(“Aserejé ja de jé de jebe tu de jebere seibiunouva
majabi an de bugui an de buididipi” ......yo no puedo).
Quien sabe si por la misma razón dejaron afuera a Fromm y a Reich:
marxistas a su manera, críticos del capitalismo , y del socialismo
también que conste.
(Que podemos esperar si Wundt Wilhelm está en un discretísimo
lugar 93. Kurt Lewin si está. Está porque se “americanizó”.
No por su época de oro típicamente europea).
A
nosotros “los indios”, no nos dieron ni la más mínima
oportunidad. Imagínense en la lista no hay Bleger José,
ni Pichón Riviere Enrique. No hay Alberto Merani, no hay Anibal
Ponce. No hay Maturana. No hay un solo latino. Hay un Garcia, es cierto.
Pero es John, no es Juan. Y su inclusión se sustenta en ser muy
conocido y citado por el “efecto García”....
(mi vocación de profesor: ¿alguien me puede explicar qué
es el efecto Garcia?... levanten por favor la mano los que conocen el
“efecto Garcia”. Nadie. Ya veo...: o hay muchos suspensos
en esta sala o el efecto no aplica para eminente).... no se preocupen.
Luego vayan a indagar. Les doy una pista: the study of taste aversion
conditioning – ratas, estimulos condicionados, incondicionados,
paladar, descarga eléctrica, nauseas. Ya se pueden imaginar).
No
esta Emilio Mira y López (nacido por cierto en nuestra oriental
Santiago de Cuba, un 24 de Octubre de 1896). Es que “Los cuatro
gigantes del Alma” nunca se tradujo al inglés. Martín
Baró hubiera preferido que lo sacaran de la lista, si por equivocación
de los autores hubiera figurado: su honestidad, su pensamiento social
y político no tendrían cabida entre las eminencias listadas.
No hay un Ortega y Gasset, no hay un Bayes. No está ni Rubén
Ardila que se ha pasado la vida coqueteando con los americanos y haciéndonos
creer que defiende una psicología latinoamericana (es cierto
que lo hace, pero de una manera un tanto rara). Eso sí, está
en la lista, quien sabe si para recordar lo que pasa cuando se hacen
cosas partiendo de principios tan poco sustentables, C Kagan... perdón
un lapsus: J Kagan. C o J , igual Kagan.
(Según los eminentes trabajos el eminente Kagan, yo soy un inhido....
porque padezco de ciertas alergias y tengo los ojos azules – bueno,
más o menos azules... por eso seré más o menos
inhibido).
Perdónenme,
si es que pueden y me lo merezco, los indiscutibles que allí
están: los que abrieron senderos con profunda vocación
y compromiso profesional, los que nos enseñaron a ser humanos
profesionales y no solo profesionales humanistas, los que aún
hoy forman parte de una tradición sólida desde la que
queremos alzarnos a construir un nuevo momento para la psicología,
una nueva psicología: la psicología que necesita el siglo
veintiuno. Una psicología que deje atrás todos esos sectorialismos
prepotentes y endebles, discriminatorios y enajenantes. Una psicología
“con todos y para el bien de todos”.
Pero quiero llegar ya a un “cuarto problema”. Aquello no
es un listado, es una lápida sepulcral. “Ars longa, vita
brevis” (el arte es largo, la vida breve). Asi también
“Psicología longa, psicologos brevis”. Y con el perdón
de “los muertos de mi felicidad” (otra vez Silvio Rodríguez...
se habrán dado cuenta que somos amigos) quiero demostrar que
no es envidia, ni resentimiento, lo que me mueve a considerar como mejor
no estar en “la centena eminente del siglo pasado”. De todo
lo que he dicho y diré, y que ustedes escucharán si la
tolerancia y la benevolencia los asiste, sumo y subrayo lo que algunos
llaman el irrespeto, otros la discriminación, el desprecio, algunos
el imperialismo científico, el neoliberalismo, las politiquerías
editoriales de los poderosos. Agréguese también la pedantería,
el norteamericanocentrismo. Pero sobre todo la incultura y esto sí
que lo digo con todas las letras “la incultura norteamericanocentrista”,
esa que no permite ni saber que “el sur también existe”.
El
cuarto problema es que LA PSICOLOGIA HA MUERTO. No voy a pedir un minuto
de silencio. Permítanme tan solo ver un poco más de cerca
esta idea.
No
nos falta valor
para emprender ciertas cosas
porque son difíciles,
sino que son difíciles
porque nos falta valor
para emprenderlas.
Séneca
Creo
que fue en el Manifiesto Comunista donde Karl Marx dejó bien
claro que el capitalismo había generado su propio sepulturero.
Ya estaban entonces enterrando a un muerto: “todo lo sólido
se desvanece en el aire”. Pero el muerto aún sigue vivo,
no hay dudas. Incluso en ocasiones ni se ve muy agonizante, hasta el
punto que hay quienes siguen creyendo que tiene bastante buena salud
y se lanzan a sus entrañas en aras del “sueño prometido”.
Vade Retro Satanas! . No faltan los que piensan que el ideólogo
del proletariado no debió haber dicho (aunque si vaticinado)
tal cosa, porque desde entonces el de “la muerte anunciada”
se dio cuenta y se puso a hacer artimañas y manipulaciones para
prolongar su vida: disfrazó a los obreros de cuello y corbata
para disminuir su percepción de explotados y desposeídos,
extendió sus largos tentáculos fuera de sus metrópolis
instituyentes, robusteció su industria armamentista, creo alucinaciones
paranoicas de enemigos, descentró la mirada del problema a los
problemáticos cuyo listado confecciona el propio poder hegemónico.
Pero
Marx no se equivocó esencialmente en su pensar dialéctico:
cada institución crea su alborada, su despegue, su disolución,
y esta última nace dentro de ella como negación imprescindible
que la pone en la espiral del desarrollo. La muerte de la institución
viene de la mano de su necesidad de desarrollo, cambio y superación.
(El
imperio romano no fue destruido por los bárbaros, sino por las
barabaridades de los grandes emperadores y la desintegración
ética, moral y humana que se vivía. Los bárbaros
apenas fueron el instrumento. “La muerte con su implacable función
de artesana del sol que hace héroes, que hace historia..”
– Canta Sara González. Autor: Eduardo Ramos)
Los propios autores de la controvertida lista a la que he estado refiriéndome
(por cierto son casi más que un equipo de Basket Ball: 11 en
total. A lo mejor cada uno puso a sus nueve amigos) lo hacen implícitamente
evidente: "The discipline of psychology underwent a remarkable
transformation during the 20th century, a transformation that included
a shift away from the Eurpean-influenced philosophical psychology of
the late 19th century to the empirical, research-based, American-dominated
psychology of today" (Steven J Haggbloom et al 2002. p.139) Les
doy mi traducción aproximada: “Durante el siglo XX, la
psicologia sufrió una transformación que incluyó
entre otras cosas, un alejamiento de la tendencia filosófica
europea del siglo XIX hacia la tendencia empírica norteamericana,
basada en la investigación, que domina hasta el día de
hoy a la psicologia”. Todo esta claro. El listado es de la Psicología
dominante, con todo el significado que esta palabra tiene en nuestro
idioma.
(de cualquier modo, no puedo dejar de hacer evidente una vez más
el nivel de incultura psicológica de los in-eminentes autores:
¿de que tendencia filosófica europea hablan?, ¿del
laboratorio de psicología experimental de Leipzig a donde fueron
a estudiar los anglosanojes? ¿de los trabajos de Weber, Fechner,
Helmholtz? ¿de las investigaciones de Wurzburgo? ¿de los
estudios experimentales de Ash sobre las tendencias determinantes? ¿del
fenómeno “phi”, del efecto Zeigarnik, del efecto
Ovsiankina? ¿de Sechenov, Pavlov y los materialistas rusos?.
Señores no solo el sur existe. Europa también, y no puede
ser reducida a sus filósofos ideoreflexivos)
El
problema es otro: la consideración sine quanon de ser ellos el
“epicentro neurovegatativo del mundo” y su modo de hacer
ciencia, el carácter de ser científico. Ellos y su modo
de pensar y hacer la ciencia psicológica. El listado, los que
lo han hecho, son el resultado de ese modo de pensar y hacer: “Por
sus frutos conoceréis al árbol” (dice La Sagrada
Biblia). Están ciegos, porque como dice Barnet: “Qué
oscuridad para el que sólo se alumbra de lo que ve” (Miguel
Barnet. Con pies de Gato). Entonces han creado su “propio sepulturero”
y esa Psicología ha muerto, “sit tibi terra levis!”,
aún cuando tenga honrosos síntomas de vida y clarividentes
designios de futuro.
¿Qué
la ha matado... o la esta matando? Mi reminiscencia infantil judeocristiana
me evoca para el análisis una asociación: Los Pecados.
(No olviden que los pecados capitales son siete...: siete como las maravillas
del mundo, siete como las artes, siete como los sellos del cielo, siete
como los días de la semana, siete como la capacidad de retención
mnémica en condiciones experimentales... ¿y esto dio pie
a que Miller entrara en la lista?. Porque, si es así, entonces
Dios se equivocó al seleccionar doce apóstoles, como los
meses del año; se equivocó al inscribir diez mandamientos...
O a lo mejor tendremos que aceptar que es por eso que solo se cumplen
el setenta por ciento, es decir, “siete” - ¿cuáles
no cumplen ustedes?... y solo se recuerdan “siete” de los
apóstoles, aunque a Judas y a Pedro (el más bueno y el
más malo) no los olvida casi nadie. Con respecto a los meses
del año, los jefes, por ejemplo, olvidan el mes de vacaciones,
el pago del mes trece, el mes del cumpleaños del trabajador,
el mes en que se comprometió a lograr los resultados y el mes
en que los trabajadores se sobreesforzaron para superar una limitación
organizativa: doce menos cinco son siete: Miller tenía razón.
Merece estar en la lista de los eminentes).
No se preocupen, yo no voy a llegar a siete pecados de la psicología
que se extingue, aunque el número no esta nada mal en comparación
con otros.
(cada vez que me han hecho un “número ocho” he salido
mal. El seis, a la cubana, con la natural “letrofagia” aplicada
a la “s” final se me revela como el CI – cociente
de inteligencia y de ese no me gusta ni hablar. El tres es un número
de respeto “por eso llévatela, por el bien de los tres”.
Y el uno: “El uno” en este país y para todo el mundo
es “EL UNO”: mi total adhesión, mi compromiso militante
y ordene!!!)
Veamos entonces “los cuatro pecadillos de la moribunda”
y que conste que podríamos descubrir algunos más pero
aún muchos de los archivos confidenciales no han sido desclasificados.
Ya sabremos algunas cosas más.
La
Psicología dominante ha pecado (ya saben porque lo digo de este
modo) de “conservadurismo”. Ha defendido su superioridad
con un anquilosado apego a los métodos experimentales derivados
del “laboratorismo”, ha comulgado y entregado su alma al
empirismo más pedestre como vía de reclutar para si los
méritos de la cientificidad. En psicología las dos grandes
tendencias de evidente humor conservador han sido: el apego al dato
y las alucinaciones teoréticas. Un científico verdaderamente
serio y de escala superlativa, un “eminente”, es aquél
que ha logrado una construcción teórica medianamente coherente,
preferiblemente novedosa, y que es capaz de valerse de datos empíricos
obtenidos experimentalmente para acompañar sus elucubraciones
conceptuales. En la psicología en extinción hoy como ayer
se trata de una “construcción” cuyos pilares fundamentales
son la determinación de un objeto teórico (la conciencia,
la conducta, el inconciente, los metaprogramas, etc.), y un conjunto
(preferiblemente sistema) de métodos que permiten un descubrimiento
adecuado de las peculiaridades estructurales y funcionales del objeto
definido. No hay prácticamente posibilidad de error, las diferencias
empíricas que se pudieran encontrar no son más que formas
variadas de expresarse un mismo concepto.
Pero
hasta el mismísimo Kuhn reconoce que el conservadurismo reinante
en la llamada “ciencia normal”, incluida la psicología,
es, paradojalmente, la simiente de las revoluciones científicas.
Cuanto mayores sean la precisión y el alcance de un paradigma,
más sensible será como indicador de anomalías y
consecuentemente una ocasión para el cambio de paradigma. El
propio hecho de que, frecuentemente, una novedad científica significativa
emerge simultáneamente en varios laboratorios es un índice
de la naturaleza tradicional de la ciencia normal, así como de
la forma con la que esa actividad tradicional prepara el camino para
su propio cambio. (Kuhn 1971).
(pésimo momento el del mundo actual para el conservadurismo.
El conservadurismo hoy nos puede llevar a la miseria: “La Comisión
Europea estima que el capital intelectual se deprecia un 7% por año”
(Informe del 24 de Mayo de 1991. Citado enTableau Noir – Gerard
de Selys y Nico Hirtt , EPO, Bruselas 1998). En 10 años hemos
perdido un 70% de nuestras potencialidades instaladas. La experiencia
hoy vale por siete años, después de este tiempo pasa a
ser “volumen innecesariamente ocupado en el disco duro”.
El
conservadurismo, por supuesto tiene su juego malsano. El es el modo
por excelencia de defender el statu quo.
Por
eso, el segundo pecado clave de la Psicología que muere es “el
hegemonismo”. Los que saben y los que no, los científicos
y los profesionistas, los profesores y los estudiantes, los conocimientos
y la experiencia, la psicología de verdad y las alternativas,
los métodos cuantitativos y los cualitativos. No hay diálogo
posible. Al fin y al cabo parece convincente la afirmación de
Murphy: “Nunca se sabe quien tiene la razón, pero sí
se sabe quien tiene el poder”.
El
hegemonismo es fuente de discriminación, de levantamiento de
muros infranqueables. Una ciencia psicológica que nace tiene
que considerar que “no lado formal... o discurso...deve ser formalmente
inteligível, lógico, bem sistematizado, competente em
termos instrumentais; não deve levar à confusão,
à indeterminação, mas à explicação,
que permita aumentar o nível de compreensão da realidade;
deve ser criativo e disciplinadamente voltado para a realidade.... No
lado político... não se colhem resultados definitivos,
a não ser nas ilusões totalitárias; não
cabe o dogma; não param as ciências sociais no discurso,
mas devem assomar o diálogo, ou seja, comunicação
de conteúdos; não há como separar teoria e prática,
a não ser para escamotear práticas escusas ou esconder
interesses; o estudo dos problemas tem a ver com suas soluções;
caso contrário, tornam-se ciências anti-sociais" (Demo
P. 1989. pp.26-27).
Ha
sido el hegemonismo el paradigma de desintegración de la psicología.
Los inicios de la psicología han sido reconocidos como un campo
de batalla en el que interactuaban diversas corrientes y escuelas de
pensamiento. Aunque Heidbreder nos haya dejado la sensación de
que las Escuelas clásicas (estructuralismo, conductismo, gestaltismo,
psicoanálisis, etc.) se sucedieron una tras otra, esta no es
la realidad. Ellas pugnaban en época similar y en algunos casos
hasta en el mismo escenario geográfico por una primacía:
la primacía de la verdad científica. Por eso en buena
medida se estructuraban desde la diferenciación con sus “colegionarios
de ciencia”.
(es justo decir que las llamadas Escuelas tenían una supratarea
en común, un suprasentido existencial, una unidad intencional:
probablemente la constitución de la ciencia psicológica
como ciencia independiente, el que la psicología fuera reconocida
como ciencia en el parnaso de las ciencias fuertes. Insisto que hoy
podemos darnos el lujo (vaya malsano lujo) de dicotomizarnos (tricotomizarnos,cuatri,
penta, etc... cotomizarnos) en ciencias psicológicas. Hoy no
somos (salvando deshonrosas y absurdas excepciones) cuestionados como
ciencia. La “santa inquisición” nos ha dado el privilegio
de ser una ciencia... “blanda”. Que más queremos:
dos psicólogos han ganado el Premio Nobel. Uno en 1978 y el otro
este año. Solo que los dos han ganado Premio Nobel de Economía).
Por
efecto directo del hegemonismo (y obviamente algo más), la Psicología
padece de dicotomizaciones, tricotomizaciones, multicotomizaciones.
Se confunde la diversidad con la desintegración. Ellas se presentan
como diferenciaciones científicas, como relevantes solo al campo
de la geografía conceptual de la ciencia. En la práctica
ellas funcionan como estructuras de poder: Hablo del poder que se revela
en el hecho indiscutible de que la historia “escrita por los cazadores
y no por los leones”, al decir de Galeano, define la comprensión
de los roles percibidos de cada cual: los cazadores son los buenos,los
leones son los malos (los cowboys y los indios, los legionarios y los
árabes, los americanos y los japoneses, etc.) Hablo del poder
que Foucault M. significó como estructura total de actos aplicada
a posibles actos (Foucault M. 1980), ese que “está en todas
partes no porque englobe todo, sino porque proviene de todos los lugares”(idem.
1977. Cap II,2). Hablo del poder de los que pueden, que hace que los
que no pueden, puedan cada vez menos. Siendo dichas “x-cotomizaciones”,
diferenciaciones y disgregaciones resultado de luchas de poder, entonces
otra vez: No vale la pena: “los bárbaros pasearán
por Roma” o “Roma seguirá siendo un imperio”.
A Rey muerto Rey puesto.
(Los latinos hablamos distinto a los norteamericanos, materializamos
linguísticamente nuestro pensamiento de manera diferente a la
de los anglosajones, pensasmos diferente, miramos de otra forma a la
realidad, somos portadores de una lengua rica en matices y adjetivaciones.
No importa, tenemos que escribir como las normas de la APA nos exige,
infelizmente no solo para las revistas apistas, sino incluso para las
nuestras)
El
hegemonismo es un mal arraigado con mucha fuerza en las instituciones
occidentales. Con desfachatez acostumbrada hace poco escuché
a un político (más bien un “p-ale-olítico”)
estadounidense decir: “No tenemos la culpa de ser la potencia
hegemónica mundial”. Pero aún así, el mundo
esta tratando de cambiar. La realidad (el realismo) más temprano
que tarde se impondrá. Pero no basta con leer la preNsa para
enterarnos cuando cambie. Esa es una noticia que tenemos que escribir
entre todos. ¿Está la Psicología en contacto con
esos cambios? Verdaderamente no. Parece ser más justo, su vículo
con estos cambios es bastante superficial y poco voluminoso.
Hágase una revisión de los trabajos más significativos
de los “eminentes listados” y verán la exactitud
de lo que estoy diciendo. Para no pecar de extremista, me remito al
siguiente hecho. Uno de los acontecimientos que más estremecio
al mundo en la segunda mitad del siglo de “los eminentes”
fue la segunda guerra mundial con todo lo que pueden suponer incluído.
¿Cuáles fueron las lecciones de la guerra para la psicología?
¿qué modificación esencial trajo en los modelos
de desarrollo de la ciencia?. Tomo dos de los eminentes: En la primera
guerra mundial Köhler se fue con los monos a Tenerife. En la segunda
se fue con Lewin a los Estados Unidos. Sin embargo, Viktor Emil Frankl,
que no es eminente, la pasó en un campo de concentración
y desde esa experiencia se aproximó a la psicología. Corriendo
el riesgo de ser excesivo, la reacción dominante de los psicólogos
de la psicología dominante fue: “Al fin acabó la
guerra. Ya podemos seguir haciendo lo mismo que antes”.
La
Psicología dominante ha pecado (ya me asocié a esta figura
retórica y dudo que sea bueno cambiarla) de “ensimismamiento”.
Las instituciones científicas de la Psicología en extinción
viven con prominencia una suerte de “autarquía”:
lo que producen constituye su principal alimento. Los destinatarios
de los conocimientos científicos parecen ser los propios científicos.
Mecanismo endógeno bien particular. El “grupo objetivo”
o “target” de los conocimientos científicos producidos
por un investigador son sus propios compañeros, los otros investigadores.
Es común entonces entre los “científicos”
separarse de la realidad para hacer más científica la
ciencia. Animas en pena que circulan por los viejos laberintos de las
prescripciones positivistas. Con esto la psicología dominante
pierde de su camino la realidad para vivir una “realidad construida”
y no en el mejor sentido de las conceptualizaciones constructivistas,
sino más cercano a la idea del demiurgo platoniano. Entonces
le sucede a esta psicología en extinción como al socialismo
soviético: “se volvió obsoleto porque la distancia
entre su retórica y su realidad no podía salvar ya su
legitimidad, ni permitir su funcionamiento...” ( Blanco J.A 1998.
p.128).
Interesante
que los ausentes en el listado del Review of General Psychology han
llamado la atención durante años acerca de estos “sepultureros”,
pero sus voces no fueron escuchadas. No dejaré nunca de recordar
aquella sentencia de Bleger: “La Psicología clásica
nos ofrece, en lugar de vida humana, procesos que no son nuestras acciones
cotidianas” (Bleger J.1967.p.41). Aparece la Psicología
como víctima de una posesión medieval inexsorcizable:
demostrar la veracidad del dogma, para nada cuestionarlo. Se arriba
así a la “escolástica de las nominalizaciones”
y se pone en juego el mismo carácter científico de la
disciplina, porque se enarbola una extraña “dialéctica
nominalista” que olvida que “la adhesión inmediata
a un objeto concreto, captado como un bien, utilizado como un valor,
ata demasiado fuertemente al ser sensible..” considerando de aquí
que lo que concede veracidad “es la satisfacción íntima;
no la evidencia racional” (Bachelard G. 1983.p.282). La adhesión
a una categoría, a un concepto, a un sistema teórico evaluado
como autosuficiente y único, al declarar la falta de racionalidad
del otro se hace así mismo carente de racionalidad. Se olvida
que la verdad es siempre una relación, nunca un absoluto.
Por
demás, el laboratorismo, el experimentalismo, no nos salvan de
la vida real, ni porque seamos psicólogos. Así como un
oncólogo puede morir de cáncer y un cardiólogo
de un infarto masivo, así como un pacifista puede morir por un
acto terrorista, un psicólogo separado de la realidad muere en
la realidad y por la realidad.
ORINDA , October 16, 2002 -- A 70-year-old psychologist is dead and
his wife was in custody, apparently after a domestic dispute ended in
violence inside their secluded home in the exclusive Country Club area.
The victim was professor on the School of Psychology faculty at Argosy
University's Point Richmond campus.
Mi traducción: ORINDA, Octubre 16, 2002—Un psicólogo
de 70 años esta muerto y su esposa está bajo custodia,
aparentemente después de una disputa doméstica que terminó
violentamente dentro de su apartada casa en el área exclusiva
del Country Club. La víctima era Profesor de la Facultad de Psicología
en el Campus Richmond de la Universidad de Argosy.
Rogers (a quién también hubiera concedido mi voto para
incluirlo en la lista de los que han dejado huellas movilizadoras y
de crecimiento) nos vaticinó algo con “La revolución
que viene”. Se trata de la muerte de una psicología y la
vida de otra.
Los
conceptos y nociones con los que esencialmente opera “la extinguiéndose”
en su geometría psíquica están claramente delimitados
(dentro de lo que cabe para un conjunto de disciplinas que se instituyen
desde la noción de subjetividad). Pero, de alguna manera, su
inscripción distancia su discurso del discurso de su usuario
y por ende del sentido cotidiano de las prácticas que deberían
derivarse. Se es demasiado clásico. Mientras, los usuarios, llamados
con frecuencia en pertinente metáfora “los pacientes”,
pacientemente, esperan la traducción de los metalenguajes. Más
aún, esperan el arribo de sus representaciones cotidianas a la
geografía conceptual de nuestros mapas cognitivos. Necesitamos
entonces la construcción de un descentramiento del pensamiento
psicológico que anule la dicotomía esencialista entre
lo real y lo imaginario y desplace las fronteras de cada uno al interior
de un universo único: el espacio de la realidad. Entonces, para
que quede bien claro, repito con Alfredo (amigo argentino y psicoanalista....
nadie lo creería): “De lo que estoy seguro es que la supervivencia
– de la psicología, estoy agregando yo - está ligada
al respeto insobornable por la realidad y el análisis científico
y socio-político que ésta exige” (Grande A. 1996.
p.93).
Me
atrae la idea de la pecaminosidad de la ciencia. Pero no son esos los
pecados que me atraen. No es eso lo que esperamos, lo que queremos,
lo que demandamos para una ciencia psicológica. La Psicología
ha muerto. Larga vida a la psicología. Pero no a la misma psicología,
sino a otra psicología. Ingenuos aquellos que creen que los modelos
de la difunta (o en vías de defunción) serán las
alternativas para el futuro con algunas correcciones. No será
la síntesis experimental del comportamiento la alternativa adecuada
para la integración de la psicología. No será el
psicoanálisis. Tampoco las invenciones pseudocientíficas
de sabor a literatura para semianalfabetos. Todo eso es fantasmagórico,
ya no es más que una mueca, de mal gusto por cierto y grotesca.
Me quedo con Silo: “...humanizar es salir de la objetivación
para afirmar la intencionalidad de todo ser humano y el primado del
futuro sobre la situación actual. Es la imagen y representación
de un futuro posible y mejor lo que permite la modificación del
presente y lo que posibilita toda revolución y todo cambio...el
cambio es posible y depende de la acción humana” (Silo
1994. p.81)
(Me acerco al final. Me gustaría tener un poco de música
de fondo: Vangelius “Carretas de Fuego”. Eso sería
un final “supercool” y con este parecido que tiene Brad
Pitt conmigo pues hasta pudiéramos pensar en autógrafos.
No se desesperen. Tendrán en esta semana excelentes conferencistas.
No me extrañarán.... demasiado).
El cuarto pecadillo, que no es lo mismo que “el pecadillo del
cuarto”, se asocia al para qué. A la intencionalidad de
la ciencia.
Ellos,
los eminentes quisieron hacer una ciencia psicológica absoluta,
siempre vuelvo a la misma imagen: “un líquido que lo disuelva
todo”. Estaban de cara al laboratorio y de espalda a la realidad.
A la psicología de la personalidad malamente la consideraban
psicología. La clínica era una herencia psiquiátrica
de importancia relativa. El nucleo de la psicología se construye
en la investigación fundamental básica y desde el emana
el saber que en el mejor de los casos se aplica en situaciones concretas
y por ende reales. La realidad observada, considerada, tratada es la
que el “ojo de la ciencia” dictamina. La psicología
de los eminentes se ha construído de lo abstracto a lo concreto,
paso mediado por el referente empírico de la investigación.
La misión de la Psicología es construir la Psicología.
Esto es “suicidio intelectual” en el mundo de hoy. Esto
es extinción.
Hace
poco, en una reunión algo similar a esta, pero con un promedio
de edad menos favorable para mi gusto, intentaba desentrañar
en pocas palabras el destino que nos convoca en la naciente psicología.
Me tomo el atrevimiento, uno más que mas da, de citarme a mi
mismo.
Hay
un suprasentido que sustenta la unidad real, la misión aglutinante
de la psicología como ciencia y como conjunto alternativo de
praxis profesionales. Podemos (y debemos) construir una hipótesis,
que al menos nos refuerce la energía positiva (tan necesaria
en estos tiempos difíciles). Entonces ¿cuál es
la misión de nuestra ciencia? ¿cuál es la unidad
de los que aquí nos congregamos y que andamos esparcidos por
el mundo sembrando bienestar: Nuestra misión desde y para siempre
es la felicidad. Sin saberlo incluso, nos unimos todos en un espacio
en que somos luchadores por la felicidad. Más allá de
la o las psicologías, de sus modelos teóricos, de lo que
sabemos y de lo que no, todo lo que hagamos, todo lo que instrumentemos
en nuestras praxis profesionales se supedita a nuestra misión:
la gestión de la felicidad humana. Hablo de la felicidad como
el ansia de vivir plenamente y obtener de la vida bienestar. No hablo
de la felicidad del tener, sino de la verdadera felicidad del ser.
No
estoy para nada hablando de ser participes de la construcción
de Campos Elíseos, paraísos prehelénicos de paz
y felicidad plenas en las representaciones mitológicas, residencia
de los bienaventurados, donde las almas viven en total felicidad, rodeadas
de hierba, árboles y suaves brisas, y envueltas en una luz rosada
perpetua (en cualquier caso, me gusta la idea). Nuestra unidad “psi”
no nos hace psi-cóticos, sino psi-cólogos. Estoy hablando
de la construcción de la plenitud de la vida, de la felicidad
como encrucijada de deseo y conocimiento: Sentir el deseo de vivir y
saber como llevarlo a su destino en las condiciones reales de la vida.
Y precisamente entre el sentir y el saber están nuestras prácticas,
tendiendo puentes, develando resistencias, legitimizando historias.
En
su último Informe del siglo pasado sobre Desarrollo Humano y
que el PNUD publicó en el mes de julio de 1999, se demuestra
la forma en que se ha polarizado el mundo: la quinta parte más
rica de la humanidad posee el 85% del PNB y la quinta parte más
pobre sólo tiene el 1%. Es tan apabullante la diferencia que
hay tres personas que poseen juntos un capital de $156 billones, mayor
al total producido por los 43 países menos desarrollados del
mundo, en donde viven 600 millones de personas. En los últimos
cuatro años las doscientas personas más ricas del mundo
han más que duplicado su riqueza (más de un trillón
: mil billones!), mientras que quienes viven con menos de un dólar
al día permaneció igual. La felicidad esta en seria depauperación.
Nosotros los latinoamericanos lo sabemos muy bien. Estamos llenos de
pobreza, de desnutrición, de analfabetismo. No hay mal social
que no nos aqueje. No hay camino a la felicidad que no intenten entorpecérnoslo.
A muchos hablarles de felicidad puede parecerles una malsana ironía.
La realidad que vive la inmensa mayoría de las personas que habitan
este continente es sencillamente inmerecida. Nuestros pueblos no se
merecen esa vida. Nos merecemos la felicidad.
¿Se
puede ser un luchador por la felicidad y dar la espalda a esta realidad?
Los psicólogos de la lista “eminencial” vivieron
en el siglo que nos dejó estos apenas superficiales datos de
la realidad del mundo. Desde las ventanas de sus laboratorios este paisaje
probablemente no se divisaba. No los culpo, aunque como dicen los abogados
“el desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento”.
Algunos abrieron sus ventanas e incluso se lanzaron a la calle. Pero
lo cierto es que en los textos de psicología “de eso no
se habla”. Una nueva psicología esta gravitando en el escenario
actual. La necesitamos. La queremos. La tenemos que hacer. No para engrosar
la lista de “los 100 del siglo XXI”
(a decir verdad, digo con Antonio Porchia: “aunque obtuviese el
bien que no merezco, no podría vivirlo; el bien que merezco,
sin embargo, puedo vivirlo, aunque no lo obtuviese”) sino para
llegado el momento, poder decir con la frente en alto: “he sido
psicólogo, que es decir aliado de la esperanza y constructor
del bienestar humano”.
Muchas
Gracias.
Bibliografía
1.
Bachelard G. (1983)La formación del espíritu científico.
Undécima edición. México. Siglo XXI.
2. Blanco J.A (1998) Tercer Milenio. Una visión alternativa de
la posmodernidad. Edición del Centro Felix Varela. La Habana.
3. Bleger J. (1967) Psicoanálisis y dialéctica materialista.
Buenos Aires. Paidos.
4. Demo P. (1989) Metodologia científica em ciências sociais.
São Paulo: Ed. Atlas 2a edição revista e ampliada.
5. Foucault M. (1980) Power / Knowledge: Selected Interviews and Other
Wrintings 1972-1977. Brighton, Sussex: Ther Harvester Press.
6. Grande A. (1996) “El Edipo después del Edipo. Del psicoanálisis
aplicado al psicoanálisis implicado”. Editorial Topía.
Colección Psicoanálisis y Cultura. Argentina.
7. Kuhn, T. S. (1971) La estructura de las revoluciones científicas.Fondo
de Cultura Económica. México.
8. Merani A (1976) Historia crítica de la psicología.
De la antigüedad griega a nuestros dias”. Grijalbo. México
DF.
9. Silo (1994) Cartas a mis amigos.Santiago de Chile. Virtual ediciones.
10. Steven J. Haggbloom, Renee Warnick, Jason E. Warnick, Vinessa K.
Jones, Gary L. Yarbrough, Tenea M. Russell, Chris M. Borecky, Reagan
McGahhey, John L. Powell III, Jamie Beavers, and Emmanuelle Monte (2002)
The 100 Most Eminent Psychologists of the 20th Century. Review of General
Psychology Vol. 6, No. 2. pp. 139-152.
LISTA DE LOS “100 PSICOLOGOS MAS EMINENTES DEL SIGLO XX”
1. Skinner, B. F.
2. Piaget, Jean
3. Freud, Sigmund
4. Bandura, Albert. (Teoría del aprendizaje social)
5. Festinger, Leon. (Teoría de la disonancia cognitiva)
6. Rogers, Carl R. (Terapia Rogeriana)
7. Schachter, Stanley.
8. Miller, Neal E.
9. Thorndike, Edward.
10. Maslow, A. H.
11. Allport, Gordon W. (Estudio de los tiempos de reacción)
12. Erikson, Erik H.
13. Eysenck, H. J. (Inventario de personalidad de Eysenck)
14. James, William . (Teoría de la emoción de James–Lange)
15. McClelland, David
16. Cattell, Raymond B.
17. Watson, John B. (Conductismo Watsoniano)
18. Lewin, Kurt .
19. Hebb, D. O.
20. Miller, George A.
21. Hull, Clark L.
22. Kagan, Jerome
23. Jung, C. G.
24. Pavlov, Ivan P.
25. Mischel, Walter
26. Harlow, Harry F.
27. Guilford, J. P. (Inventario de la personalidad de Guilford–Martin)
28. Bruner, Jerome S.
29. Hilgard, Ernest R.
30. Kohlberg, Lawrence . (Estadios del desarrollo moral de Kohlberg)
31. Seligman, Martin E. P.
32. Neisser, Ulric
33. Campbell, Donald T.
34. Brown, Roger
35. Zajonc, R. B.
36. Tulving, Endel
37. Simon, Herbert A.
38. Chomsky, Noam
39. Jones, Edward E.
40. Osgood, Charles E.
41. Asch, Solomon E.
42. Bower, Gordon H.
43. Kelley, Harold H. (Teoria de la atribución de Kelley)
44. Sperry, Roger W.
45. Tolman, Edward C.
46. Milgram, Stanley. (Estudios de obediencia de Milgram)
47. Jensen, Arthur R.
48. Cronbach, Lee J. (Coeficiente alpha de Cronbach)
49. Bowlby, John.
50. Kohler, Wolfgang. Kohler’s
51. Wechsler, David. (Escala de inteligencia de Wechsler)
52. Stevens, S. S.
53. Wolpe, Joseph
54. Broadbent, D. E.
55. Shepard, Roger N. (Escala Kruskel–Shepard)
56. Posner, Michael I.
57. Newcomb, Theodore M.
58. Loftus, Elizabeth F.
59. Ekman, Paul
60. Sternberg, Robert J.
61. Lashley, Karl S.
62. Spence, Kenneth
63. Deutsch, Morton. (Ilusion Deutsch)
64. Rotter, Julian B. (Escala de Locus de control de Rotter)
65. Lorenz, Konrad
66. Underwood, Benton J.
67. Adler, Alfred.
68. Rutter, Michael
69. Luria, Alexander R. (Batería Neuropsicológica de Luria–Nebraska.)
70. Maccoby, Eleanor E.
71. Plomin, Robert
72.. Hall, G. Stanley.
72. Terman, Lewis M. (Test de habilidad mental de Terman–McNemar)
74. Gibson, Eleanor J.
74. Meehl, Paul E.
76. Berkowitz, Leonard
77. Estes, William K.
78. Aronson, Eliot.
79. Janis, Irving L.
80. Lazarus, Richard S.
81. Cannon, W. Gary. (Teoria de la emocion de Cannon–Bard)
82. Edwards, A. L. (Escala de preferencias personales de Edwards’s)
83. Vygotsky, Lev Semenovich. (Test de Vygotsky)
84. Rosenthal, Robert. (Efecto Rosenthal)
85. Rokeach, Milton.
88. Garcia, John. (Efecto Garcia)
88. Gibson, James J. (Teoría de la percepción espacial
de Gibson)
88. Rumelhart, David.
88. Thurston, L. L. (Escala de actitud de Thurston)
88. Washburn, Margarete.
88. Woodworth, Robert.
93. Boring, Edwin G.
93. Dewey, John
93. Tversky, Amos
93. Wundt, Wilhelm.
96 Witkin, Herman A.
97 Ainsworth, Mary D.
98 Mowrer, O. Hobart
99 Freud, An
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