9. Factores importantes que debemos tener en cuenta

Cuando nos enfrentamos a cualquier adicción (y el fumar lo es) hay una serie de síntomas que van a manifestarse en cuanto dejemos de consumir la sustancia, debido al síndrome de abstinencia, pero también debemos saber que cuando aparecen estos síntomas es “la mejor señal de que nuestro organismo está comenzando a recuperarse”, dado que “está pidiendo a gritos algo a lo que estaba muy acostumbrado pero que no le estamos aportando, que es tremendamente adictivo y con lo que continuamente le estábamos alimentando”.

Entre los síntomas más comunes pueden aparecer:

  • Un deseo muy fuerte de fumar
  • Una gran irritabilidad
  • Ansiedad
  • Cansancio
  • Aumento del apetito
  • Síntomas depresivos
  • Sensación de fatiga
  • Trastornos del sueño
  • Trastornos digestivos
  • Dificultades de concentración…

Cuando sientas uno o varios de estos síntomas, no te desanimes, ni te preocupes, ni dejes de seguir luchando, sino todo lo contrario: es justamente cuando más debes continuar por el camino iniciado, piensa que es la mejor señal de que estás progresando y sobre todo ten muy presente que, todos estos síntomas u otros que puedan darse, desaparecerán en muy pocos días.

Concéntrate en los beneficios inmediatos del proceso, en lo que estás intentando, en lo que estás consiguiendo: estás empezando a dar un respiro a tu corazón, a tus pulmones y a tu cerebro, tu cuerpo se está liberando del monóxido de carbono y de las más de cincuenta sustancias carcinógenas que contiene el tabaco y lo que es mucho más importante te estás demostrando que “por muy difícil que te resulte” ¡puedes conseguir lo que te propones!.

Ante todo, no te dejes arrastrar por pensamientos negativos, conciénciate de que es la adicción la que intenta vencerte y recuerda que tú puedes más que un cigarrillo: el deseo de fumar se puede presentar en el momento más inesperado, lo importante es aprender a aplazarlo y a controlarlo. Cuantas más veces lo aplaces mayor será tu aprendizaje y mayores posibilidades de romper los automatismos adquiridos con el hábito, mayor será también tu capacidad para controlar tus actos y mayores serán tus posibilidades para escoger los recursos y las estrategias que vas a utilizar no sólo para incrementar tu capacidad de elección sino también para identificar y anticipar las situaciones de riesgo y en consecuencia para optar por alternativas que sean incompatibles con el hecho de fumar y que desde luego van a permitirte enfrentarte a ello con las mejores herramientas a tu alcance.

Las mayores recaídas se dan durante los tres primeros meses después de haber dejado el consumo por lo que nunca hay que bajar la guardia. Es importante que conozcas algunas de las situaciones que pueden conllevar un alto riesgo de volver a fumar:

  • Al despertar por la mañana
  • Después del desayuno
  • Al tomar el café
  • Después de comer
  • Viendo la TV
  • Al ir de copas con los amigos
  • En una celebración o en una fiesta
  • Al hablar por teléfono
  • Cuando uno se enfada por cualquier motivo
  • Cuando uno se siente deprimido o con ansiedad
  • Mientras uno va conduciendo
  • Cuando fuman otras personas u ofrecen un cigarrillo
  • Cuando se siente hambre
  • Cuando todo sale mal
  • Cuando uno se aburre o por el contrario cuando uno está alegre y lo está pasando genial…

Cuanto más consciente seas de los momentos en los que puede presentarse la “recaída” mayor será la capacidad para poder controlar la situación y para optar por las alternativas más adecuadas. ¡Es mucho más fácil controlar un problema cuando lo conocemos y podemos anticipar las situaciones de riesgo que cuando previamente no lo hemos tenido en cuenta!

Frente a todas estas circunstancias y frente a otras, que a lo mejor ahora no prevés, debes estar especialmente alerta y saber que no debes ceder en ningún momento ante un solo cigarrillo, ni tan siquiera ante una simple calada y sobre todo distinguir claramente entre lo que es una caída por un error puntual (un simple evento que te ha llevado a fumar) de la auténtica recaída (volver al consumo anterior, abandonando la lucha por el objetivo marcado).

En estos casos, será muy importante contactar con alguien que pueda ayudarte (amigo, otro ex-fumador, teléfono de autoayuda, un profesional…) recuperar tus autoinstrucciones (para volver a afrontar las situaciones) retomar el manejo de la ansiedad y del estrés (relajación, respiración, técnicas cognitivas de enfrentamiento…), controlar el peso en caso de haber engordado más de lo previsto, tratamiento farmacológico si el síndrome de abstinencia fuera demasiado alto e incapacitante, volver a retomar el intento de dejarlo… ¡Utilizaremos cualquier recurso con tal de no volver a fumar!.

También deberemos recordar siempre que lo ideal sería conseguir el objetivo “dejar de fumar para siempre” pero también deberemos ser conscientes de que no siempre va a ser así. La realidad nos viene demostrando que son muchos los fumadores que lo han intentado varias veces y varias veces han recaído, ahora bien hay una cosa muy evidente que nunca debemos olvidar y es que el haber conseguido dejar de fumar, aunque sólo sea por un tiempo, es un factor predictivo muy positivo pues con cada intento vamos ganando habilidades, motivación, capacidad para enfrentarnos a nuevas situaciones de ahí que cada intento suponga ser mucho más eficaz que el anterior. Así que nunca desilusionarse por una recaída sino todo lo contrario.

Que la recaída sirva para fortalecernos y para aportarnos recursos, estrategias y habilidades para lograr definitivamente lo que pretendemos:
¡Ganar la batalla al tabaco! ¡Nunca desilusionarnos ni abandonar! ¡Si caemos nos levantamos y volvemos a empezar de nuevo! ¡Y esto tantas veces sea necesario!

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