PSICOLOGIA DEL DEPORTE

Parte I: 12. La Violencia en el Futbol

Por: Dr. Jorge G. Garzarelli
Universidad del Salvador (Argentina)

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Glosario: Agresividad, agresión, deporte, fanatismo, foot-ball, “catarsis” violencia.

En los últimos tiempos, cada vez que se menciona al foot-ball, salvo raras excepciones, emerge el término Violencia. Este es un hecho que merece, por su complejidad, ser analizado desde diferentes puntos de vista, ya que no existiría en mi opinión, una sola explicación que pueda aclararlo acabadamente.

Desde lo social

Desde un ángulo social, la violencia que sufre el mundo bajo la forma de la injusticia, las hambrunas, el terrorismo, las “debacles” económicas (en nuestro país hace solo dos años, con el corralito), las guerras internacionales, etc. etc. que parecen formar parte de un sistema perverso que degradan la condición humana; los deportes que atraen a gran cantidad de personas, posibilitan la “katharsis” (descarga emocional) de innumerables conflictos producidos, no solo por cuestiones internas, sino por lo que se ha denominado “entornos disruptivos” (Benyakar, 2002).
Estos entornos se caracterizan por ser una amenaza constante y difusa que viene desde el exterior y recae sobre nuestras personas, sería algo así como lo que en nuestro lenguaje diríamos “no sé de donde viene el pelotazo”. Los mismos irrumpen en nuestro psiquismo produciendo toda una serie de síntomas físicos y psicológicos de difícil control.

Sería ésta una de las fuentes de agresión que se manifiestan en la vida ordinaria, tanto en nuestro trabajo, nuestros estudios, en los tiempos sociales, como también en los ámbitos de ciertos deportes, sobre todo, y sin mediar profundos estudios, en el foot-ball. Baste la simple observación de ciertos partidos de foot-ball nacionales o internacionales para que el simple espectador pueda darse cuenta de esto. Aún los llamados “amistosos” no  escapan a esta categorización. Prueba reciente de esto, ha sido el partido entre River y San Lorenzo
(21-01-04)

La sumatoria de las agresiones personales puede masificarse mediante un proceso de identificación y dado que las emociones en general, son incontrolables por medio de la razón, se generan situaciones desbordantes que codeterminan la violencia en el estadio.
Señala Garcia Ucha (l998) que “el hecho de encontrarse dentro de una muchedumbre hace que los espectadores pierdan su sentido de responsabilidad” . También señala este investigador cubano que se ha podido observar que si bien comenzaría a existir mayor violencia durante el segundo tiempo, la misma preexistiría y obraría con mayor intensidad una vez concluido el juego y por parte de los seguidores del equipo perdedor. 

Lo psicológico individual

Desde una perspectiva psicológica individualizada, se pueden analizar brevemente dos aspectos que hacen a la “cosa agresiva, violenta”.

Una de ellas es el fanatismo, como un acontecimiento personal y grupal, volcándose en forma contradictoria, anhelos, deseos, idealizaciones, así también como esperanzas fallidas, frustraciones, etc, proyectadas tanto en el ídolo elegido, como en el equipo o el mismo club.
Fanatismo que, muchas veces movido por intereses ajenos al deporte en si, incrementan la natural agresividad del ser humano.
Fanatismo además necesario e inevitable, que sirve como positivo reforzador en los jugadores, quienes además de sus logros personales, esperan de sus “fans” el reconocimiento por su juego.
El fanático esta movido principalmente por sus aspectos sentimentales, afectivos y emocionales, motivo por el cuál en la mayoría de las veces, discutir sobre foot-ball con estas personas resulta hartamente dificultoso, excepto por los especialistas o algunos periodistas que también tienen su “corazoncito” depositado en alguna institución o los profesionales del deporte.
Los continuos cambios de jugadores por los motivos que fueran, producen en algunos fanáticos, cierto tipo de frustración por que sus ídolos hayan cambiado de “camiseta”
En estos casos de no ser aceptado el cambio, se produciría una sensación de frustración la que como tal, también genera agresión que tanto puede recaer sobre el deportista como sobre la institución a la que representa.
Pero debemos señalar que no todos los seguidores de un equipo son fanáticos y forman parte de las denominadas en la Argentina “barras bravas”. Estas tienen otro origen.

En un estudio realizado a 268 seguidores de 4 clubes, por Van der Burg y Masrseille en el año l983 en Holanda, se pudo concluir que las personas que presentan actos violentos en los partidos de foot-ball resultaron también violentos en otras actividades no deportivas (Cfr. Garcia Ucha,l,998).
 

La agresividad-la agresión-la violencia

El segundo aspecto, es que la agresividad es un rasgo innato en todas las especies animales, agresividad a la cuál el hombre no se sustrae y que por su especificidad le sirve también para contener su instinto de sobrevivencia.

Cuando la agresividad particular es masivamente contra un “otro”, desde el punto de vista psicológico estamos hablando de agresión.

Cuando esta agresión se manifiesta en forma grupal, comunitaria, entre países, continental se denomina violencia, cuya más negativa y destructiva expresión es la guerra.

En el deporte es posible reconocer la necesaria implicancia de la agresividad en su estructura, ya que la misma es necesaria para la actividad a ser desarrollada. Sería impensable cualquier deporte sin que la agresividad natural no sea convertida en energía, dinamismo o acción específica. De por sí, existen deportes más agresivos que otros y, casualmente en los deportes de equipo, prevalecen factores de este orden. De todos modos, podrá decirse que existen deportes individuales que también poseen en su interior una cuota de agresividad superlativa, pero ésta de hecho no afecta a otras personas. Como en todo lo humano hay excepciones a la regla general.

La competencia

La misma competencia implica agresividad y cierto nivel de agresión sobre todo en los deportes grupales (foot-ball, rugby, hockey, básquet, handball) y más aún cuando estos deportes se hallan profesionalizados. De hecho no implica que la profesionalidad sea de por sí un disparador de la agresión, pero si que en virtud del hecho competitivo la incrementa.
Cuando la competencia esta vinculada a la violencia, puede originar y de hecho la historia del deporte lo demuestra, sentimientos irracionales que pueden llegar en forma extrema hasta odios raciales, nacionalistas, continentales. El prejuicio social también aquí presenta sus inmorales credenciales.

Como todo deporte tiene su entorno, reconoceremos que también cada deporte tiene su público específico y que éste demostrará mayor o menor agresión acorde con sus patrones culturales y los momentos históricos por los que le toque vivir.

Es también diferente la manifestación de la agresividad cuando el hombre se enfrenta a otros hombres que la que muestra frente a la fuerza de la Naturaleza. Tomemos el simple ejemplo de foot-ball y el remo. Sus medios naturales son también diferentes, también lo son sus medios de juego  (pelota, remo-bote).

En casos muy especiales y por motivos la mayoría de las veces desconocidas aún  para el mismo deportista, es posible observar que éste “fracasa cuando triunfa”, inclinándose la balanza de la agresión sobre sí mismo. La historia del deporte nos muestra innumerables situaciones de esta naturaleza. 

El foot-ball, siendo el privilegiado deporte que más público convoca mundialmente, es el que más posibilidades brinda para la manifestación de la violencia hasta tal punto que por momentos ha permitido conceptualizarlo como un deporte violento en sí mismo,como si la violencia formara parte de su estructura. Aquí cabe aclarar que el foot-ball como deporte contiene la específica agresividad humana más la necesaria agresión hacia un contrincante que en muchas oportunidades es vivido como un enemigo con todas las negativas consecuencias que esto produce en los jugadores.
Y cada reconocer, que no hay país o región que sea una excepción a la violencia.

Paradójicamente, el deporte nacido entre otras causas, como necesidad de canalizar los impulsos agresivos del hombre, se ha llegado a convertir, en nuestro caso, en una fuente de violencia general, que ha desvirtuado su origen y naturaleza.

A esta “altura del partido”, se requiere un análisis sistemático, continuo y multidisciplinario para no solo diagnosticar sino prevenir todos aquellos factores de naturaleza violenta, no solo desde lo personal sin también en lo grupal, lo comunitario y lo institucional.

Una nueva cultura en el foot-ball se hace imprescindible para la recuperación de los valores fundamentales de este deporte del cuál la Argentina es uno de sus máximos exponentes.

En este sentido se debería proponer que existan mayores controles operativos, antes durante y después de los partidos, que esté vedada la venta de alcohol, que exista un control de drogas de las denominadas fuertes, que la capacidad del estadio no esté rebasada con todos los riesgos de vida que esta situación produce y ha producido, que puedan utilizarse videos para el seguimiento de los focos agresivos e identificación de los manifestantes violentos, una mejora en la actuación de jueces en tanto justicia y equidad, así como también que los medios de comunicación no predispongan a conductas agresivas entre los seguidores de tal o cual equipo.

Nota: Hemos considerado en este artículo que las principales fuentes de la violencia son:
La agresividad innata del ser humano,
la agresión dirigida hacia el otro,
el manipuleo del fanatismo,
las frustraciones y conflictos personales,
el entorno social disruptivo en todos sus aspectos sobre todo el económico y social,
políticas erróneas respecto del deporte y
competencias profesionales vinculadas a prejuicios

Bibliografia consultada:
www.entrenadores.info - Artículo “La violencia en el foot-ball”. Francisco Garcia Ucha

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