Hamelin, Un Ensayo sobre Fanatismo, abuso emocional y manipulación psicológica en grupos sectarios

3. Abuso emocional y manipulación psicológica

Por: Juan Manuel Otero Barrigón

Manipular es conseguir que otra persona piense, sienta y actúe de acuerdo a los deseos, necesidades y expectativas de quien manipula. Hay dos principios básicos inherentes a todo proceso de manipulación psicológica: 1) Si alguien puede lograr que una persona se comporte de la manera que uno desea, también puede hacer que crea lo que uno quiere. 2) Los cambios drásticos en el ambiente físico o humano aumentan la capacidad de sugestión, y tornan posible cambios radicales en actitudes y creencias. Idea fuerza: para que un proceso de manipulación psicológica sea exitoso, el manipulado debe permanecer insconciente de que está siendo manipulado. De lo contrario, dicho proceso se desactivaría. 

El otro concepto de fundamental importancia para entender la dinámica de los grupos sectarios es el de abuso emocional. Podemos definirlo como toda forma de maltrato psicológico que una persona ejerce sobre otra, a través de insultos, descalificaciones, acusaciones, amenazas, burlas, chantaje emocional, simulación de bondad y humillaciones, y que apuntan a minar la autoestima y el sentido de sí misma de la víctima de esta situación. El abuso emocional, como cualquier otra forma de abuso, es violencia. Y todas las formas de violencia representan una violación a los derechos humanos. El artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (aprobado el 10 de diciembre de 1948 por la Asamblea General de las Naciones Unidas) afirma que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”, por lo que la falta de respeto por cualquiera de los derechos de una persona supone la negación de la dignidad humana misma. 

Según consigna la revista científica Journal of Emotional Abuse, la noción de abuso emocional comenzó a surgir en la década del 80´, aunque el término no fue legitimado o adquirió uso común hasta los años 90´. Esto explica que en las primeras teorizaciones psicológicas sobre la problemática sectaria, dicha noción estuviera prácticamente ausente. 

Existen, por otra parte, diversos motivos que explican la dificultad que ha supuesto la identificación del abuso emocional , dificultando su reconocimiento, no solo por la persona afectada sino además por aquellos que forman parte del entorno inmediato de la víctima.  Algunos de estos motivos, recopilados por la psicóloga belga Karin Taverniers (2012) en un recomendado escrito sobre el tema, son los siguientes:

  • El abuso emocional es versátil, encubierto, poco visible y no se manifiesta de forma tan abierta como, por ejemplo, el abuso físico
  • El abuso verbal es silenciado y suele ocurrir en el ámbito de lo privado. Cuando sucede en otros contextos es muy sutil.
  • Las percepciones o intuiciones que puede tener la persona afectada acerca del maltrato son descalificadas de manera sistemática por el abusador
  • Las conductas abusivas son alternadas con conductas no abusivas, lo que deja a la víctima de esta situación poco segura respecto a las motivaciones del abusador, perpleja frente a las continuas contradicciones.
  • Las denigraciones abusivas pueden ser expresadas de manera aparentemente sincera y con preocupación. Así, se descalifica sutilmente e indirectamente a la otra persona bajo el pretexto de estar preocupado por su bienestar.
  • Dado que las conductas abusivas no siempre son visibles para los demás, la víctima de abuso emocional se cuestiona a sí misma acerca de sus percepciones, sobre todo el abusador que la maltrata goza de una buena imagen hacia afuera. La víctima, además, es aislada física y emocionalmente de su entorno previo, por lo cual se va dificultando la validación de su realidad por parte de terceros.
  • Los mecanismos abusivos son tan sutiles que la persona afectada tarda en darse cuenta de que está siendo manipulada y controlada.

La persona víctima de abuso emocional en un grupo sectario sufre, con el tiempo, una triple pérdida: la amenaza de expulsión y/o castigo por parte del grupo (líder), la pérdida de sentido de sí misma (Self) y el progresivo alejamiento de personas ajenas al grupo. La psicóloga norteamericana Margaret Singer (1997), planteaba que todo proceso de manipulación y abuso emocional en grupos sectarios persigue centralmente tres objetivos: 1) desestabilizar el Self de los miembros del grupo, 2) conseguir que reinterpreten su historia y modifiquen su cosmovisión, aceptando una nueva visión de la realidad, 3) lograr la dependencia de los miembros para con el grupo, convirtiéndolos en agentes utilizables para los caprichos del líder. 

Los efectos psíquicos y sociales del abuso emocional son mucho más insidiosos que aquellos producidos por la violencia física, pero no por eso menos significativos. Algunos autores han comparado las huellas de la violencia emocional con secuelas ocasionales fruto de otras experiencias traumáticas, tales como la tortura y el terror. 

La víctima de abuso emocional, con el paso del tiempo, comienza a perder la noción de sí misma, de su individualidad, se va deslizando progresivamente en un sentimiento de desvanecimiento; se siente despersonalizada. Esta sensación de despersonalización ya fue descripta por el célebre psiquiatra vienés Viktor Frankl (2012) en El hombre en busca de sentido para referirse a las experiencias traumáticas vividas por los sobrevivientes del Holocausto. De acuerdo con Frankl, los prisioneros de los campos de concentración fueron prácticamente arrasados en su identidad e intimidad. 

Son comunes también las sensaciones de disociación, algo similar a lo que ocurre con personas que han atravesado situaciones traumáticas. Las víctimas de trauma comúnmente se sienten aturdidas, desconcertadas, perplejas y traicionadas; sufren estados de shock y sensaciones de incredulidad: para ellas es difícil creer que lo que sucedió realmente sucedió, y pueden negar lo sucedido. 

Otro modelo explicativo que fue empleado para comprender los efectos de situaciones de maltrato emocional en ámbitos grupales es el del Síndrome de Estocolmo. Según dicho modelo, algunos rehenes de secuestros desarrollan vínculos afectivos paradojales para con sus captores cuando estos últimos usan métodos de control que involucran el alternar buenos tratos (amabilidad, preocupación, atención) con malos tratos (uso del terror psicológico, amenazas, intimidaciones). Esta mezcla desemboca en un “desequilibro de poder” que hace que los rehenes se “entreguen a sus captores para sus necesidades tanto emocionales como físicas”, aún despúes de ser liberados, como parece haberle sucedido a Patty Hearst en los años 70. En febrero de 1974, Hearst fue secuestrada por miembros del Ejército Simbionés de Liberación, quienes la mantuvieron cautiva durante dos meses. Pero en abril de ese mismo año fue fotografiada  con un rifle de asalto durante el asalto a una de las sucursales de un banco de San Francisco. Llevada a juicio por el hecho, declaró haber sido sometida a distintos maltratos durante su secuestro, los que motivaron su decisión de asumir la causa de sus captores. Aunque fue este hecho el que popularizó la expresión Síndrome de Estocolmo, el mismo había sido acuñado un año atrás por los psiquiatras encargados de evaluar la reacción emocional de cuatro rehenes de un asalto bancario en la capital sueca, quienes en poder de sus captores  terminaron protegiendo al raptor para evitar que fueran atacados por la policía de Estocolmo . La situación anómala a la que son sometidos las víctimas de dicho síndrome produce un estado de temor abrumador en la víctima, que la impulsa a aferrarse a la misma persona que la pone en peligro, casi sin estar consciente de ello. Y esto, debido a que su supervivencia depende de la misma persona que la tiene cautiva.

Patricia Hearst

Patricia Hearst, alias “Tania la Guerrillera”, hija del editor millonario Randolph Hearst, fue secuestrada por miembros del Ejército  Simbionés de Liberación. Retenida durante semanas y sometida a diversos maltratos, reapareció tiempo después, fúsil en mano, durante el asalto a un banco en San Francisco, California. Fue arrestada y declaró que se había unido a sus captores. Juzgada y sentenciada por el asalto, su caso popularizó la expresión Síndrome de Estocolmo, que fue la base de su defensa en el juicio en su contra.

Las dinámicas de abuso y manipulación psicológica a las que son sometidos los miembro de grupos sectarios facilitan la emergencia de lo que Donald Winnicott (1994) denominaba falso self. La palabra self describe, en el léxico winicottiano, una organización psicosomática que emerge desde un estado arcaico no integrado en etapas graduales, y que en casos saludables constituye el trampolín para una vida creativa y auténtica, para un “expresarse desde adentro”, dotando a la persona de un profundo sentido de continuidad e integridad. En términos históricos, para que esta experiencia de sentirse vivo sea posible, resulta necesario que en etapas tempranas del desarrollo, intervenga una madre suficientemente buena, receptiva a las necesidades del niño, contenedora frente a su ilusión de omnipotencia, y a la cual irá consolidando y dándole un sentido. Cuando esto no ocurre, y dicha madre no es capaz de responder suficientemente bien a las necesidades del pequeño, sustituirá el gesto espontáneo de aquél por una conformidad forzada con su propio gesto materno, de ese modo esta repetida conformidad llegará a ser la base del más temprano modo de falso self.

El falso self es una estructura defensiva que asume prematuramente las funciones maternas de cuidado y protección, de modo que lleva al sujeto a adaptarse al medio a la par que protege a su verdadero self, la fuente de sus impulsos más personales, de posibles amenazas, heridas, o incluso de la propia destrucción.  La estructuración de un falso self en grupos sectarios conlleva la formación de una máscara acorde con las expectativas, aspiraciones, ideas y supuestos grupales, a través de la cual el individuo busca siempre anticiparse a la demanda del grupo/líder y actuar en plena conformidad con ella, con el fin de mantener estable la relación. Este proceso se desenvuelve de forma inconsciente, y el falso self llega a ser confundido con el verdadero por los otros, e incluso por el propio “yo”. Repetidos y agotadores estímulos externos provistos por el grupo conllevan la consecuente incapacidad de conectarse consigo mismo, apareciendo en muchos casos sentimientos de irrealidad, sensaciones de no estar realmente vivo. La vulnerabilidad del miembro sectario es reemplazada por una convicción dogmática que recubre, con la apariencia de bienestar, una pseudo identidad fraudulenta. 

Suele achacarse a quienes se involucran con grupos abusivos carencias a nivel intelectual o cultural. La realidad es lo contrario. Cuando hablamos de la mayoría de las víctimas de los grupos sectarios abusivos, solemos hablar de personas curiosas, con diversidad de intereses e inquietudes, nobles e idealistas, y que en algunos casos, también, son intelectualmente brillantes. Quizás un caso emblemático en este sentido lo constituya el caso Heaven´s Gate, en referencia al grupo religioso ufológico que a fines de la década de los noventa protagonizó el mayor suicidio colectivo en tierras norteamericanas. En Marzo de 1997, treinta y nueve miembros del grupo incluido su líder, Marshall Applewhite, consumieron una dosis letal a base de un potente barbitúrico, el fenobarbital, acompañado con vodka. Todo había sido preparado cuidadosamente, siguiendo estrictas instrucciones. Estas incluían, entre varias otras, una vestimenta especialmente diseñada para la ocasión. Los miembros del grupo se ocuparon en dejar grabaciones de video donde afirmaban ser conscientes del paso que iban a dar, mostrándose alegres y en paz con la decisión que habían tomado. En realidad, en el imaginario grupal, no se trataba de cometer “suicidio” sino de “avanzar a un nivel más allá de lo humano”. La noticia en aquel final de milenio del paso cercano a la órbita de la Tierra del cometa Hale Boop disparó en Applewhite la convicción irreductible de que en la cola del cometa se escondía una nave extraterrestre a la cual los miembros del grupo debían embarcarse. Según Applewhite, la nave además estaba conducida, entre otras figuras, por Bonnie Neetles, su esposa fallecida de cáncer varios años atrás. Ello, unido al discurso apocalíptico centrado en una inmediata destrucción/reciclaje del planeta Tierra que Applewhite profetizaba, aceleró la decisión del grupo. Gran parte de los miembros de Heaven´s Gate poseían educación universitaria, y eran definidos por los vecinos de El Rancho Santa Fe (San Diego) como personas sumamente amables y educadas. De clase media alta, expertos informáticos y pioneros en el diseño de páginas Web, una revisión cuidadosa de sus historias de vida y de las circunstancias en las cuales decidieron unirse al grupo, revelan sin embargo un importante grado de inmadurez y conflicto emocional que indudablemente fue, en la mayoría de los casos, un catalizador determinante en su fuerte y trágico compromiso con el grupo. 

Uno de esos casos fue, por ejemplo, el de Alan Bowers, de 45 años, quien había formado parte del naciente grupo en los años 70´ y posteriormente decidió alejarse. Luego de divorciarse de su esposa en los 80´ y tras sufrir la trágica muerte de uno de sus hermanos en un accidente, se reencontró casualmente con miembros del grupo en Nuevo México, muchos años despúes. Bowers, quien por ese entonces había decidido rehacer su vida yéndose a vivir cerca de sus hermanastras, sintió que ese reencuentro fortuito con miembros de Heaven´s Gate estaba “marcado por el destino”. Tomó así la decisión de reincorporarse al grupo. Susan, una de sus hermanastras, afirmaba que en ese momento Alan “era una persona algo vulnerable y estaba en búsqueda de paz”.   

Otro ejemplo es el de Cheryl Butcher , una especialista en informática de 47 años.

Sumamente inteligente pero algo tímida según sus familiares, para su padre, era “la hija perfecta”, estudiante dedicada y con un fuerte compromiso social.  Según su madre, era "solitaria, y le costaba hacer amigos”. Hasta que se unió al grupo en 1976. 

Huelga decir, los grupos totalitarios no solamente atraen a personas inteligentes pero conflictuadas social o emocionalmente. También pueden vehiculizar necesidades de tipo espiritual o trascendente, cuando la  ideología del grupo incluye elementos religiosos. Denise Thurman era una buscadora espiritual de 44 años interesada en la psicología y a quienes sus antiguos amigos calificaban como alguien con una visión profunda de la vida, poco materialista y algo hippie. El mensaje de Applewhite prendió fuerte en ella, sentía que era la respuesta a las preguntas que se había hecho toda su vida.

Ya es de perogrullo recordar que la capacidad intelectual no siempre es congruente con la madurez psicológica. En grupos totalitarios como Heaven´s Gate, en los cuales prima la idea delirante común, la necesidad de pertenecer puede llevar a sus miembros al extremo de atentar contra el instinto de conservación. Afortunadamente, esto ocurre en una ínfima minoría de casos, pero no siempre es fácil prever cuando podría ser el próximo.

Revista Time 1997

Tapa de la revista Time, abril de 1997. La edición exploraba el sitio Web creado por Heaven´s gate, aún hoy disponible en línea, y en el cual volcaban su doctrina y cosmovisión, y alertaban a la humanidad que “la última chance para evacuar el planeta Tierra estaba cerca”.

La dinámica sectaria se rige por un estricto maniqueísmo. La realidad se divide en buenos/malos, salvados/condenados, nosotros/ellos. Los grises no existen. La posibilidad de situarse en una posición intermedia entre ambos polos resulta, según esta lógica, imposible. Dicha forma de procesar la realidad, comúnmente denominada pensamiento en blanco y negro, es concordante con la dinámica del amigo/enemigo propuesta por teóricos sociales como Carl Schmitt. El espíritu sectario distingue a las personas en tres categorías, que finalmente terminan reducidas a dos: fieles que son hermanos/infieles que son enemigos/indiferentes que son captables o enemigos. El pensamiento sectario tiene un atractivo, ahorra mucha energía de pensamiento autónomo. A veces resulta mucho más difícil nadar con la incertidumbre que resguardarse bajo el paraguas de una norma dictatorial con la que decidir si algo es bueno o es malo. El esquema dual inherente a todo maniqueísmo encaja muy bien con nuestra estructura cognitiva dicotómica, y con la mentalidad que hemos heredado de nuestros dos millones de años en que nuestra especie fue cazadora-recolectora. Entonces se marcó a fuego el “nosotros o ellos”, tornándonos solidarios con la endogamia, pero agresivos con los de “afuera”. Un ejemplo contundente del pensamiento en blanco y negro, ajeno al ámbito sectario grupal pero fundado en una lógica idéntica, fue el ofrecido por George W, Bush en su discurso del 21 de Septiembre de 2001, diez días despúes del atentado a las Torres Gemelas de Nueva York, y en las vísperas del inicio de la llamada Guerra contra el Terrorismo. Dijo lo siguiente: “Todas las naciones en todas las regiones deben tomar ahora una decisión: o están con nosotros o están con los terroristas”. En la división bueno/malo, el líder sectario devalúa y rechaza las partes “malas” del mundo (y de sí mismo) e idealiza y abraza las partes “buenas”. En un grupo sectario, este mecanismo impulsa al líder a distanciar aún más a su grupo de la sociedad. Esta proyección del sí mismo malo y odiado en el mundo exterior también contribuye a la suspicacia del grupo y a fomentar su mentalidad paranoide. La proyección de todo aquello no asumido como propio por parte del grupo puede entenderse junguianamente a partir del concepto de Sombra grupal. Sabemos que la Sombra incluye todos aquellos aspectos ocultos o inconscientes de uno mismo, tanto positivos como negativos, que el Yo reprime o es incapaz de reconocer. En su faz negativa (dado que también tiene un aspecto positivo), la Sombra comprende el lado oscuro de la personalidad. (Daryl Sharp, 1997). Las proyecciones de todo tipo oscurecen nuestra visión respecto a los demás, destruyen su objetividad, y de ese modo anulan toda posibilidad de auténticas relaciones humanas. Además, existe otra desventaja adicional en la proyección de nuestra Sombra. Una parte de nuestra personalidad permanece “escondida” y el resultado es que constantemente (aunque de modo involuntario) nos vemos llevados a hacer cosas a nuestras espaldas que apoyarán ese otro lado, y por tanto ayudarán inintencionadamente a nuestro enemigo. (M.L von Franz.). Pero la Sombra está expuesta a contagios colectivos, siendo allí cuando hablamos de Sombra grupal, debido a que la persona es seducida por el anonimato del grupo y se deja llevar por la psique colectiva. En esta psique colectiva la personalidad puede expresar lo reprimido o sus aspectos no reconocidos bajo el amparo y aprobación del grupo, desacreditando fanáticamente toda alteridad

George W. Bush

George W. Bush hablando frente al Congreso estadounidense el 21 de septiembre de 2001. Su llamado global a la denominada Guerra contra el Terrorismo fue expresado en términos binarios, característicos de la lógica maniquea que divide a la realidad entre buenos y malos.