Hamelin, Un Ensayo sobre Fanatismo, abuso emocional y manipulación psicológica en grupos sectarios

8. Cómo prevenirse

Por: Juan Manuel Otero Barrigón

Frente a cualquier invitación o propuesta seductora y que llame la atención, lo esencial es siempre es mantener una actitud receptiva pero sanamente crítica, cuestionadora.

Indagar respecto al origen de los recursos de la agrupación, sus ideas, valores y relaciones, lo que ocurrirá en las reuniones a las cuales se es invitado y las formas a través de las cuales buscan concretar los fines que pregonan, deberían ser preguntas frente a las cuales podamos obtener respuestas concretas sin problema alguno. 

No hay necesidad de ser ambiguo o evasivo a menos que haya algo que ocultar.

Característico de la folletería y la propaganda de los grupos abusivos es su manifiesta ambigüedad: “Somos un grupo de personas que busca la paz mundial”, “Nuestra meta es lograr una sociedad sin violencia”, “Queremos construir un mundo mejor”. Nadie duda de la legitimidad de tales causas, pero en el discurso proselitista de los grupos sectarios son eslóganes poéticos y edulcorados tras los cuales, inicialmente, no logramos saber mucho más sobre lo que hay detrás.

Otra herramienta a la que podemos apelar para distinguir frente a que tipo de grupo estamos, es a su capacidad de autocrítica: ¿Podrías indicarme dos o tres cosas que no te gusten del grupo? Este ejercicio de autoevaluación es muy incómodo para los miembros sectarios, ya que supone correrlos de esa lógica inherente a todo pensamiento sectario que es la de grupo bueno/sociedad mala, a partir de la cual escinden la realidad, y expulsan todo lo negativo al exterior del grupo. La imposibilidad de asumir la propia Sombra grupal suele ser un buen indicador de la burocratización inherente a los grupos sectarios. 

Finalmente, indagar sobre la actitud de los miembros sectarios frente a aquellos que otrora fueron parte del grupo y ya no están (ya sea debido a abandono voluntario o expulsión) suele ser un buen indicador de la flexibilidad social del grupo, que a su vez nos habla de las dimensiones de su posible estereotipización: 

¿Cual es su opinión de aquellos que ya no están en el grupo? Ocurre que aquellas personas que se han ido o fueron expulsadas del movimiento, son automáticamente catalogadas como traidoras, infieles o desagradecidas, prohibiéndose desde el seno grupal todo contacto con aquella persona que ya no está, que ya no forma parte. La actitud para los ex miembros suele ser lapidaria. Una interrogación de este tipo, nuevamente, tiende a dejar a los miembros sectarios en un off side argumental.  

Muchas veces, aquellas personas que están transitando una situación difícil, con posibles derivados depresivos, experimentan una crisis de valores o de fe que puede conducir a una personalidad con un yo débil (circunstancial o crónico), a tomar decisiones muy distintas a las que tomaría en situaciones normales. En ese contexto, integrarse a un grupo humano dador de apoyo y cariño puede ser un impulso lógico y genuino en búsqueda de una salida, pese a que en algunas oportunidades las intenciones del grupo van mucho más allá que el simple ofrecimiento samaritano de sostén y contención. Es por eso que vale retomar aquel viejo consejo que Ignacio de Loyola brindara en sus Ejercicios Espirituales: “en tiempos de desolación no hay que hacer mudanza”. En estados de profunda vulnerabilidad, el nivel de consciencia sobre las fuerzas que pueden estar operando sobre uno a nivel grupal se encuentra disminuido. Al recuperarse de la crisis, si la persona cuenta ya con un yo suficientemente fortalecido, podrá tomar decisiones con mayor sentido de la responsabilidad y sobre todo, consciencia de los compromisos que asume. Eso sería lo ideal. Sin embargo, y dado que no todos tienen ni la posibilidad ni los recursos para tomar la conveniente distancia en esos casos, es sugerible, al menos, mantener cierta cautela: cautela frente a las “amistades” instantáneas, cautela frente a las soluciones fáciles a todos los problemas que a uno lo aquejan, cautela frente a invitaciones poco claras con objetivos no del todo establecidos, cautela frente a la presión por hacer algo solamente “porque todo el mundo lo hace”. Tratar de no asumir rápida e irreflexivamente compromisos duraderos. 

Pocas personas se involucran de manera inmediata y casi mágica con grupos abusivos. Por otra parte, participar ocasionalmente de las actividades de un grupo que desarrolla dinámicas manipuladoras no supone necesariamente una captación posterior. Muchas personas asisten a charlas o prácticas de grupos sectarios sin que ello implique serios riesgos. Recordemos que es necesario, para que se afiance en el tiempo un vínculo de sociodependencia con un grupo abusivo, ser seducido en una situación de particular vulnerabilidad y tener ciertas características de personalidad compatibles con el contenido del grupo.  Los grupos abusivos, además, seleccionan de acuerdo a criterios propios, a aquellas personas sobre las que pretenden avanzar, más allá de actividades ocasionales. Lo sugerible, para aquellos que desean asistir a una charla, práctica o taller dictado por un grupo que podría ser de estas características, es evitar hacerlo en situaciones emocionales de debilidad o en momentos de crisis.