Hamelin, Un Ensayo sobre Fanatismo, abuso emocional y manipulación psicológica en grupos sectarios

11. Conclusión

Por: Juan Manuel Otero Barrigón

“(…)El más vivo afán del hombre libre es encontrar un ser ante quien inclinarse. Pero quiere inclinarse ante una fuerza incontestable, que pueda reunir a todos los hombres en una comunión de respeto; quiere que el objeto de su culto lo sea de un culto universal; quiere una religión común. Y esa necesidad de la comunidad en la adoración es, desde el principio de los siglos, el mayor tormento individual y colectivo del género humano. Por realizar esa quimera, los hombres se exterminan. Cada pueblo se ha creado un dios y le ha dicho a su vecino: "¡Adora a mi dios o te mato!" Y así ocurrirá hasta el fin del mundo; los dioses podrán desaparecer de la tierra, mas la Humanidad hará de nuevo por los ídolos lo que ha hecho por los dioses”. 

Feodor Dostoievski, “El Gran Inquisidor”

 

Todas las evidencias indican que desde que el hombre es hombre, el ser humano se encuentra constitucionalmente predispuesto a levantar templos y establecer lazos de devoción hacia figuras constituidas en el lugar del Ideal.  Y como comprobamos al revisar la historia, en toda época existieron personajes que, apelando a la supuesta posesión de dones o conocimientos extraordinarios, explotaron la humana necesidad de creer y sentirse parte para sus fines personales. Utópico sería pretender que eso deje de suceder en el futuro. No obstante, lo que sí debemos exigir es que se aplique todo el peso de la ley cuando se cometa un delito. Y como profesionales de la salud mental, es vital destacar una y otra vez la importancia que la prevención tiene en este contexto. Y es que no hay vacuna más eficaz para defenderse del fanatismo y sus derivados, que el acceso a la mayor pluralidad de información posible sobre los mecanismos, las estrategias y las modalidades de sujeción que emplean estos grupos y sus líderes. Si ello además viene acompañado de una buena y necesaria dosis de pensamiento crítico, difícilmente nos veamos envueltos en dinámicas que atenten contra nuestros derechos más fundamentales. Todo lo contrario, estaremos garantizándonos, de esta manera, la posibilidad de acceso a una vida más auténtica, más plena, más rica en experiencias, y por supuesto, siempre más libre.     

Juan Manuel Otero Barrigón