REALIDAD SOCIAL, ALIENACIÓN Y PSICOPATOLOGÍAS. EL PAPEL DE LA CONCIENCIA EN LA LOGOTERAPIA

CAPÍTULO I: 3. La Alienación

Por: Dr. Víctor H. Palacio Muñoz
Profesor-investigador de la Universidad Autónoma Chapingo, México

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3. La Alienación

El gran problema que vive el hombre contemporáneo es el de enajenación o alienación. Las condiciones económicas, sociales, políticas y culturales están de tal manera diseñadas para que el individuo viva en un constante autoenajenamiento lo que gradualmente lo va llevando a la adquisición de ciertas psicopatologías, siendo quizá la más importante y la menos estudiada, la que se refiere al alma o al espíritu.

a) La alienación en Hegel, Feuerbach y Marx

Por lo que toca al sujeto de la enajenación, mientras en Hegel es la Idea (o espíritu), y en Feuerbach es el hombre en general, en Marx es el obrero también en general. La actividad en que se enajena este sujeto es espiritual en Hegel, ya sea la del Espíritu en cuanto tal o la del hombre como espíritu; en Feuerbach, se trata ya de una actividad humana, la actividad de la conciencia; en el joven Marx, es el trabajo. Pero en Hegel o en Feuerbach se trata de una actividad teórica (de autoconocimiento del Espíritu en Hegel, o de conciencia de sí del hombre en Feuerbach); en Marx la actividad en la que el obrero se enajena es práctica, material: es el acto de la producción (Sánchez Vázquez, 2003).

En los tres autores encontramos la objetivación del sujeto; pero mientras que en Hegel esta objetivación tiene un carácter universal (la objetividad es natural, histórica o cultural), en Feuerbach se trata de la objetivación del sujeto en un producto de su conciencia (Dios), en tanto que en Marx se trata de la objetivación práctica material del sujeto en los productos de su trabajo. Así, pues, en los tres casos la enajenación es siempre objetivación del sujeto en un producto suyo (de diverso carácter: en Hegel, se trata siempre en definitiva de un producto del Espíritu; de la conciencia humana en Feuerbach, o de un producto material en Marx). Si bien en Hegel la enajenación es siempre objetivación, en Feuerbach y en Marx no puede decirse lo mismo. Ciertamente en Hegel toda objetivación es Enajenación; en Feuerbach sólo se da esta última cuando el hombre produce este objeto que es Dios. La objetivación es entonces enajenación. Sin embargo, Feuerbach deja abierta la puerta a una objetivación no enajenada: la que se daría en una verdadera relación del hombre consigo mismo. El producto de la conciencia no sería ajeno, extraño u hostil al hombre. Así sucedería al sustituir el amor a Dios por el amor al hombre, el culto a Dios por el culto a la humanidad. En Marx, la distinción entre objetivación y enajenación es capital: la objetivación deja de ser enajenada cuando, al desaparecer la fuente de la enajenación, el trabajo se convierte en verdadera manifestación del ser del hombre (Sánchez Vázquez, 2003).

Finalmente, también son distintos los modos de apreciar el valor de la enajenación; es positiva para Hegel, pues se da en el proceso de autoconocimiento del Espíritu; es negativa, destructora, para Feuerbach, ya que impide al hombre tener una verdadera conciencia de sí, y es negativa también para el joven Marx ya que empobrece al obrero como hombre tanto física como espiritualmente. Sin embargo, en Hegel, como en Marx, habría un elemento de necesidad en su aparición y desarrollo, ya sea para asegurar el proceso de autoconocimiento del Espíritu (Hegel), ya sea para crear las condiciones que hacen posible el paso a la superación de la enajenación (Marx) (Sánchez Vázquez, 2003).

Para Marx el punto de partida en su análisis sobre la alienación era el siguiente: “El obrero empobrece tanto más cuanto más riqueza produce, cuanto más aumenta su producción en extensión y en poder. El obrero se convierte en una mercancía tanto más barata cuantas más mercancías crea. A medida que se valoriza el mundo de las cosas se desvaloriza, en razón directa, el mundo de los hombres. El trabajo no produce solamente mercancías; se produce también a sí mismo y produce al obrero como una mercancía y, además, en la misma proporción en que produce mercancías en general” (Marx, 1962).

Este punto de partida se da por medio de un hecho económico, a saber: “Lo que este hecho expresa es, sencillamente, lo siguiente: el objeto producido por el trabajo, su producto, se enfrenta a él como algo extraño, como un poder independiente del productor. El producto del trabajo es el trabajo que se ha plasmado, materializado en un objeto; es la objetivación del trabajo. La realización del trabajo es su objetivación. Esta realización del trabajo, como estado económico, se manifiesta como la privación de realidad del obrero, la objetivación como la pérdida y esclavización del objeto, la apropiación como extrañamiento, como enajenación” (Marx, 1962). El trabajo del obrero queda plasmado en un objeto, el objeto da vida a éste y por ese simple hecho ocurre lo siguiente: se realiza el trabajo ya que se objetiva en algo extraño a él; y, al mismo tiempo, el obrero se esclaviza al objeto ajeno a él, aunque producto de su esfuerzo, y, por tanto, se enajena en él.

b) La alienación propiamente dicha

"El problema —escribe Marx— de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema  teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento aislado de la práctica, es un problema  puramente escolástico" (Marx, 1955). Esto es, en la vida, en la psicología, el criterio que prevalece y en donde nos damos cuenta de lo que la gente quiere o demanda, es en la práctica. Ésta es el única y verdadero criterio de verdad o, por lo menos el punto de partida para acercarnos a la misma.

Al no poder explicar la economía política la verdadera razón del divorcio  entre capital y trabajo, no podrá tampoco explicar 1a razón histórica de la alienación del trabajo, fenómeno que tiene su raíz en la oposición capital-trabajo (dentro de la sociedad capitalista).

Esto también se refiere a una crítica de las relaciones sociales de producción: estas relaciones se perfilan como un cuadro de contradicciones, patentes en el antagonismo de capital y trabajo, o en su forma más concreta, hombre vs. mercancía; contradicciones que la sociedad capitalista —y con ella la economía política burguesa— sintetiza dialécticamente en ese engendro que Marx llama "el hombre mercancía",  donde uno de  los opuestos reales ha dominado al otro. "A base de la economía política misma y con sus propias palabras, hemos demostrado que el obrero degenera en mercancía..." "El  obrero se convierte en una mercancía tanto más barata cuantas más mercancías crea. A medida que se valoriza el mundo de las cosas, se desvaloriza, en razón directa, el mundo de los hombres. El trabajo no produce solamente mercancías; se produce también sí mismo y produce al obrero como una mercancía y, además, en la misma proporción en que produce mercancías en  general". "Su producto [el del régimen capitalista] es la mercancía consciente de sí misma y dotada de actividad propia… la mercancía-hombre” (Marx, citado por Sánchez Vázquez, 2003). Paradójicamente, al estar el obrero produciendo mercancías, se genera el mismo como mercancía, lo cual posibilita un estado de enajenación y la capaciadad de que el obrero pierda el sentido de para qué produce y, por tanto, para qué está en este mundo que sólo lo priva de ser él mismo.

c) Las determinaciones de la alienación

c.1 Primera determinación: la alienación del producto

La forma primaria de la alienación examinada en los Manuscritos de 1844 es la alienación del producto del trabajo con respecto al productor; esto es, la conversión de ese producto en un alienum, un ente hostil, independiente, autónomo y extraño que se coloca frente al productor como un poder antagónico cuya fuerza crece en razón directamente proporcional al empobrecimiento del productor. Es un proceso de alienación en dos sentidos: por una parte, se trata del dominio del objeto sobre el sujeto, de lo inerte sobre lo vivo; por otra, se trata del dominio de la criatura sobre el creador, del productor. En la base económica de la sociedad capitalista, el producto se llama mercancía, y el productor, obrero asalariado. La mercancía es expresión del capital; el obrero es expresión del trabajo. El obrero produce mercancías: el trabajo produce capital. La relación de dominio en que las mercancías, a su vez, producen al obrero, y el capital al trabajo. Mientras mayor sea el grado de desarrollo de la sociedad capitalista, mayor será el grado de dominio de los productos sobre los productores, hasta el punto de que toda la economía se basará en las necesidades de los productos y no en las necesidades de los productores. Tal es la formulación general de esta primera determinación (Sánchez Vázquez, 2003).

Marx se expresa de la siguiente manera: "...el objeto producido por el trabajo, esto es, su producto, se enfrenta a él como una entidad extraña, como un poder independiente del productor. El producto del trabajo es el trabajo mismo, cosificado y fijo en un objeto: es la objetivacin del trabajo. La realización del trabajo es su objetivación. En el nivel de la economía política, esta realización del trabajo aparece como desrealización del trabajador, la objetivación como pérdida y esclavitud respecto al objeto, la apropiación como alienación,  como expropiación...Hasta tal punto aparece la  apropiación  como alienación que,  mientras más objetos produce el trabajador menos puede poseer y cae más bajo el dominio de su producto, el capital...La expropiación del trabajador en provecho de su producto significa no sólo que su trabajo se convierte en un objeto, en una existencia externa, sino que su trabajo existe fuera de él, independiente de él, extraño a él y se convierte un poder propio y sustantivo frente a él, y la vida que ha infundido al objeto se vuelve contra él, hostil y extraña" (Marx, 1962).

El ser humano viene a ser así una materialización, una objetivación de la Idea: pero una objetivación alienada, en el sentido de que se opone a la Idea de la cual se ha desprendido o desgarrado. De esta manera, se concibe al hombre como ontológicamente alienado; él, en cuanto objetivacin de la Idea, se halla separado, alienado de ésta. Las repercusiones de un proceso como el que se describe son significativas, sobre todo si se piensa en la individuación de la persona.

Si la economía política no se fijase tanto en "la riqueza de las naciones" como en la miseria de los productores de esa riqueza, entendería que el secreto de las relaciones de producción hay que buscarlo en la relación inmediata que existe  entre el trabajador y su producto —una relación de alienación— y no en la relación mediata entre la producción y el disfrute de la misma. Pues, como dice Marx, “el trabajo produce maravillas para los ricos, pero produce privaciones y penuria para los trabajadores. Produce palacios, pero aloja a los trabajadores en tugurios. Produce belleza, pero tulle y deforma a los trabajadores. Sustituye el trabajo por máquinas, pero condena a una parte de los trabajadores a entregarse de nuevo a un trabajo propio de bárbaros y convierte en máquinas a la otra parte. Produce  espíritu; pero produce estupidez y cretinismo para los trabajadores” (Marx, 1962). Podría agregarse que de todo lo producido, también se genera pérdida de identidad, despersonalización, carencia de sentido de vida.

c.2 Segunda determinación: la alienación de la actividad productiva

La primera determinación o postura de la  alienación del trabajo reveló un aspecto o "lado" de la misma, resultante de la observación del fenómeno desde el punto de vista de uno de sus componentes: el producto del trabajo. "Pero la alienación no se muestra solamente en el resultado, sino también en el acto de la producción, en el seno de la actividad productiva misma"(Ibid). La alienación del producto consiste en que éste, desde el momento mismo de salir de las manos del productor, es ya algo ajeno y hostil, una mercancía, la alienación de la actividad productiva es la alienación del trabajo mismo, esto es: la pertenencia a otro del trabajo propio, la expropiación que de su trabajo, su actividad productiva, experimenta el obrero. La alienación se manifiesta en que el obrero no trabaja para sí, sino para otro, y en que lo hace constreñido a un salario que no le cubre sino una mínima parte de su esfuerzo: la parte estrictamente necesaria para su subsistencia como fuerza de trabajo. Su trabajo es un alienum, algo que le es ajeno y hostil; incluso su salario es un alienum, en cuanto es manejado por el capitalista para comprar esa peculiar mercancía que es el obrero mismo en el mercado de trabajo, y en cuanto el obrero se halla en absoluta relación de dependencia con respecto al salario, ya que de éste depende su medio de vida, su vida misma. Por todas estas razones, su propio trabajo le es extraño al trabajador, se enfrenta a él como una actividad enemiga —pero ineludible, forzada—. Y si en su evolución el animal ha llegado a ser hombre gracias al trabajo, a la actividad productiva, con la alienación de ésta el hombre involuciona hasta el punto de detestar el trabajo y sentirse bien sólo en su actividad puramente animal: comer, dormir. Tal es la fórmula general de esta segunda determinación (Silva, 1979).

Se trata, explica Marx, de otro modo de ver el mismo proceso, pues "¿Cómo podría el trabajador enfrentarse al producto de su actividad como a un alienum, si no se alienase ya de sí mismo en el acto de la producción? El producto no es, al fin y al cabo, sino un resumen de la actividad, de la producción. Si el producto del trabajo es la enajenación, la producción misma tiene que ser la enajenación activa, la enajenación de la actividad, la actividad de la enajenación. En la alienación del objeto del trabajo no hace sino resumirse la alienación, la enajenación de la actividad del trabajo mismo" (Marx, 1962).

Obsérvese que la alienación se manifiesta en el hecho de que todos los rasgos propios (en sentido económico, no "ontológico") del trabajador se alienan de él, se le separan, pasan a manos de otro o, en ciertos casos, se degradan:
La alienación consiste en que el trabajo le es externo al trabajador: no pertenece a su ser. Por tanto, el trabajador, en su trabajo, no se siente bien, no se afirma ni desarrolla su libre energía físico-espiritual: se siente mal, se niega y arruina su cuerpo y espíritu.

El trabajador sólo se siente en sí fuera del trabajo: dentro de éste, se siente fuera de sí. Fuera del trabajo recobra su personalidad; dentro del trabajo, la pierde. Su trabajo no es voluntario: es trabajo forzado.
El trabajo no representa para el ser humano la satisfacción de una necesidad propia: es sólo un medio para satisfacer necesidades extrañas a él; su trabajo no es algo propio suyo, no le pertenece: es propiedad de otro.                  

El trabajador no se pertenece a sí mismo: pertenece a otro; y el hombre-trabajador sólo se siente libre en sus funciones animales: comer, dormir, procrear; en cambio, en sus funciones humanas: trabajar, producir, transformar la naturaleza, se siente como un animal. "Se humaniza lo animal, se animaliza lo humano".

Todos estos antagonismos, estos pasos de lo propio a lo impropio, estas transferencias o alienaciones inherentes al trabajo asalariado, se resumen en la fórmula magistral: la acción como pasión; fórmula que se completa con estas otras, del mismo corte estilístico: "la potencia como impotencia, la procreación como castración, la propia energía físico-espiritual del obrero, su vida personal —¿qué es la vida, sino actividad?—, como una actividad que se vuelve contra él mismo, independiente de él, que no le pertenece. Es la autoalienación, tal como antes se trataba de la alienación de la cosa" (Marx, 1962). El estado de autoalienación saca al hombre sí mismo y lo hace perder su libertad y responsabilidad.

c.3 Tercera determinación: la  alienación del "ser genérico" del hombre

“Tenemos ahora —nos dice Marx— que extraer, de las dos anteriores, una tercera determinación del trabajo alienado”. Esta determinación es la que, feuerbachianamente, llama la "alienación del ser genérico" del hombre, o de su "vida genérica" (Silva, 1979).

Hay que partir de que el hombre es un ser histórico-natural, una sola unidad que puede contemplarse desde dos perspectivas: la perspectiva del hombre como ser natural y la perspectiva del hombre como ser social; o, lo que es lo mismo: el hombre en su relación con la naturaleza y el hombre en su relación con la sociedad. Son aspectos de una totalidad.

El hombre se ha creado a sí mismo históricamente como ser social. Su relación con la naturaleza no pudo convertirse en dominio sobre ésta sino gracias a enfrentarse a ella como sociedad, como trabajo social. Esto puedeexplicarse de la siguiente manera: "así como la sociedad produce ella misma al hombre en cuanto hombre, es producida por él (...). La sociedad es la cabal unidad del hombre con la naturaleza, la verdadera resurrección de la naturaleza, acabado naturalismo del hombre y acabado humanismo de la naturaleza (...). No sólo me es dado como producto social el material de mi actividad —ya que en el pensador actúa incluso el lenguaje— sino que ya mi propia existencia es actividad social; de ahí que lo que yo haga por mí lo hago por mí, para la sociedad y con la conciencia que tengo de ser un ente social. Mi conciencia general no es sino la forma teórica de aquello de que la comunidad real, la esencia social, es la forma viva, mientras que hoy en día la conciencia general es una abstracción de la vida real y, como tal, se enfrenta a ella (...). Hay que evitar, sobre todo, el volver a fijar la "sociedad", como abstracción, frente al individuo. El individuo es el ente social (...). El hombre —por mucho que sea, por tanto, un individuo especial, y siendo precisamente este ser especial lo que hace de él un individuo y una real comunidad individual— es también, en la misma medida, la totalidad. . ." (Marx, 1962).

El individuo es, en lo concreto, un ser social. Su conciencia es la forma teórica de una comunidad real. Ahora bien: cuando la "sociedad" se presenta como una abstracción separada del individuo y hostil a él (tal como ocurre en la sociedad capitalista), la relación se invierte, y entonces aquello que debería ser la realización social del individuo se convierte en su desrealización; la conciencia social se le enfrenta al individuo, y éste siente su propia conciencia como algo extraño. Su genericidad como hombre se le ha convertido en un alienum. Estas abstractas formulaciones adquieren mayor concreción si relacionamos, como hace el propio Marx, la "alienación del ser genérico" con las otras dos determinaciones antes examinadas. En cuanto a la primera determinación (alienación del producto), "el trabajo alienado, al arrebatarle al hombre el objeto de su producción, le arrebata su vida genérica, su real objetividad como especie, y convierte la superioridad del hombre sobre el animal en una inferioridad, puesto que le arrebata su vida inorgánica, la naturaleza" (Marx, 1962). Un poco antes nos había dicho que el objeto del trabajo era la "objetivación de la vida genérica del hombre". Desde la perspectiva del trabajo, adquiere mayor concreción y referencia empírica la especulación sobre el ser genérico. A pesar de todos los inconvenientes expresivos señalados, vemos que se trata, en realidad,  de una proposición económica.  En  lo que respecta a la segunda determinación (alienación de la actividad productiva), "del mismo modo, al degradar en simple medio la propia actividad, la actividad libre, el trabajo alienado convierte la vida genérica del hombre en simple medio de su existencia física" (Marx, Ibid.). La actividad productiva es vida genérica en cuanto es "vida que crea más vida"; la vida, toda la vida, es actividad, y la vida humana es específicamente actividad productiva, actividad creadora de vida; pero la alienación del trabajo convierte a la actividad productiva en vida que sólo crea vida para el dueño del capital, en tanto crea muerte para el productor: de ahí su desrealización, su desvalorización en cuanto hombre, en cuanto género humano. La alienación del ser genérico del hombre no es otra cosa que la degeneración del   hombre (Silva, 1979).

La alienación del ser genérico del hombre se nos presenta así, en el plano económico, como la alienación del trabajo social, que es precisamente la medida de la alienación de los productos del trabajo, en cuanto son mercancías. Si el valor de las mercancías se midiese por la cantidad de trabajo individualmente necesario para producirlas, entonces no habría una alienación propiamente genérica, sino individual; pero aquel valor se mide por el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir las mercancías. Como veíamos a propósito de la alienación de la actividad productiva, se trata de la alienación de una clase social.

c.4 Cuarta determinación: la alienación del hombre respecto del hombre

"Consecuencia directa", nos dice Marx, de las tres determinaciones anteriores, es la alienación del hombre respecto del hombre. Si el producto del trabajo se aliena o separa del productor, es porque ese producto pertenece a otro; si su actividad productiva misma está alienada, es porque es trabajo para otro; y si el hombre está alienado de su ser genérico, es porque está alienado con respecto a otro hombre. Las tres determinaciones anteriores suponen e implican asi un cuarto punto de vista que los resume. "La alienación del hombre, y en general toda relación del hombre consigo mismo, sólo se realiza y se expresa en su relación con los demás hombres". Ahora bien, es preciso preguntarse, o repreguntarse como hace Marx, desde el plano más elemental y general de la alienación: ¿qué o quién es ese otro a que hace referencia el concepto de alienación? La palabra misma indica que se trata de un proceso en que algo que es de alguien  (producto, actividad productiva)  pasa a ser de otro, de un extraño. 

Ahora bien, tomando como ejemplo típico de alienación el referente al producto del trabajo, Marx se pregunta: "Si el producto del trabajo es algo ajeno a mí y se me enfrenta como un poder extraño, ¿a quién pertenece entonces?" Igual con respecto a la alienación de la actividad: "Si mi propia actividad no me pertenece y me es ajena, forzada, ¿a quién pertenece entonces?"  (Marx, 1962). La respuesta a estas preguntas dará la clave de la cuarta determinación:

1) El otro a quien pertenecen mi producto y mi actividad son los dioses. Tal sería el punto de vista religioso, dice Marx, de los antiguos egipcios, hindúes o mexicanos, quienes ponían sus principales producciones, los templos, "al servicio" de los dioses; y hubiera podido añadir Marx: tal es el punto de vista, más sutil, del cristianismo en su elogio de la pobreza de los humildes, en su canonización de la pobreza. Pero los reales dueños de los templos son los sacerdotes, a quienes no en vano llamaba Marx "los primeros ideólogos"; y la Iglesia cristiana, por su parte, elogia la pobreza y la predica siendo rica ella misma y hasta teniendo un Estado "temporal". Entonces no son los dioses, ni Dios, sino los sacerdotes y la Iglesia los dueños posibles; dueños que, por lo demás, no son sino la expresión más antigua y persistente de la división del trabajo en físico y espiritual. Pero busquemos otro tipo de respuesta;

2) ¿Será la "naturaleza" el verdadero dueño de mi producto y de mi actividad? Marx responde: "¡Imagínese qué contrasentido sería el que, cuanto más vale el hombre dominando la naturaleza por medio de su trabajo y cuanto más superfluos van haciéndose los milagros de los dioses, gracias a los milagros de la industria, el hombre tuviera que renunciar, en gracia a estas potencias, al goce de la producción y al disfrute del producto!" (Marx, 1962).

No son los dioses, ni la naturaleza. La respuesta definitiva de Marx es ésta: ese ser ajeno a quien pertenece el producto y lo disfruta, el dueño del trabajo, el que lo tiene a su servicio, no es otro que el hombre mismo. Por eso había dicho antes que toda alienación es, en su raíz, un fenómeno del hombre respecto del hombre. Pensemos en los dioses: en  la alienación religiosa  se enfrentan  al hombre fuerzas extrañas, pero éstas sólo metafóricamente son "dioses"; realmente, son los   administradores   de los dioses, los  hombres sacerdotales.  Pensemos en la naturaleza: cuando el hombre la trabaja, exterioriza u objetiviza su ser genérico, su ser humano productor; pero éste sólo se aliena cuando otros hombres, en ciertas condiciones históricas  originadas por la división del trabajo y la propiedad privada, "administran" aquel trabajo y se lo apropian, despojando o expropiando al trabajador.
Por eso, la forma más general de expresar la alienación consiste en decir que se trata de la expropiación de un hombre por otro hombre; pero sólo bajo sus formas concretas —incluidas las formas ideológicas— puede analizarse científicamente la alienación. Estas formas concretas son económicas en su raíz. "En tanto el hombre no se reconozca como tal y no haya organizado el mundo humanamente, su comunidad tendrá la forma de alienación: sujeto de esa comunidad, el hombre es un ser alienado de sí mismo. Los hombres son esos seres alienados, no en la abstracción, sino en tanto individuos reales, vivientes, particulares. Tales individuos,  tal comunidad. Decir que el hombre está alienado de sí mismo es decir que la sociedad de ese hombre alienado es la caricatura de su comunidad real, de su verdadera vida genérica; que su actividad se le manifiesta como un tormento, sus propias creaciones como una potencia extraña, su riqueza como pobreza, el lazo profundo que lo une al otro hombre como un lazo artificial y la separación con respecto al otro como su verdadera existencia; que su vida es el sacrificio de su vida;  que la realización de su ser es la pérdida de su vida; que en su producción produce su propia nada; que su poder sobre el objeto es el poder del objeto sobre él; que, en fin, siendo dueño de su producción, aparece como esclavo de su producción". (Marx, 1962).

c.5 Quinta determinación: la alienación ideológica

La alienación ideológica aparece en los Manuscritos bajo tres aspectos:

a) La que se da en el terreno de la Economía Política, entendida como ciencia que, alienada o alejada del espíritu científico, suministra explicaciones ideológicas y  encubridoras de los verdaderos  problemas económicos, entre ellos el de la alienación del trabajo;

b) la alienación religiosa entendida como una inversión  de valores; c) la alienación de las necesidades, consecuencia directa de la alienación productiva, entendida como producción para las necesidades del mercado y no    para las necesidades humanas (Silva, 1979).