REALIDAD SOCIAL, ALIENACIÓN Y PSICOPATOLOGÍAS. EL PAPEL DE LA CONCIENCIA EN LA LOGOTERAPIA

CAPÍTULO I: 1.La Importancia de la Ley del Valor-Trabajo

Por: Dr. Víctor H. Palacio Muñoz
Profesor-investigador de la Universidad Autónoma Chapingo, México

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1. La Importancia de la Ley del Valor-Trabajo

La primera cuestión que debe constatarse es el hecho de que la regulación de la economía mercantil o de mercado en la actualidad está dada por la Ley del Valor-Trabajo, en tanto los medios de producción (y el capital como una de sus manifestaciones más importantes) son propiedad de unos pocos, ya que la mayoría de la población asalariada y no asalariada, detentan tan sólo su fuerza de trabajo o la capacidad de venderla.

 Al ser la economía una economía capitalista, su fundamento es la competencia entre capitales y entre capitalistas y trabajadores, lo que se manifiesta en las relaciones estructurales básicas del sistema: tasa de plusvalía, tasa de ganancia y composición orgánica de capital.

Desde el punto de vista de la producción, el progreso capitalista y la división del trabajo explican la esencia de la competitividad, en la medida en que se encuentra incorporado el aspecto tecnológico como esencia de la competitividad, la cual permite reducir el tiempo de trabajo incorporado a los productos y explica la mayor o menor productividad que tienen las empresas. Esta última dependerá de dicho progreso tecnológico, del uso de la fuerza de trabajo y, por tanto, del incremento del ejército de reserva, el cual crece más aprisa con el cambio tecnológico; de la forma en que consumen (productivamente los capitalistas)

El consumo obrero consume mercancías, las cuales, vía el desarrollo tecnológico, cada vez valen menos, lo mismo que la mercancía fuerza de trabajo.

Así, en la época actual quizás de manera más descarnada y descarada, las fases producción-distribución-consumo tienen momentos de realización y funcionalidad en el proceso de reproducción capitalista. En la producción se define y regula la producción de plusvalía, la valorización del capital; en la distribución puede asegurarse no la realización de la ganancia; y en el consumo se presentará el nuevo valor creado que toma la forma de ingresos en la forma de consumo productivo (insumos intermedios) y consumo improductivo (final).


Los elementos anteriores sirven para comprender en sus justos términos la presencia de la mundialización de la ley del valor y, por ende, su manifestación en el marco de la globalización.
Lo central del planteamiento que estamos haciendo es que la mundialización de la economía de mercado o globalización supone la mundialización de las relaciones estructurales básicas del sistema capitalista. O dicho de otra manera, la mundialización del capital significa globalización de la ley del valor.
Cabe señalar que dicha mundialización implica la presencia de países centrales y periféricos, lo cual daría lugar al establecimiento de relaciones de intercambio entre unos y otros, siendo desfavorable para los periféricos. De esta manera, en la economía global se tiene que se produce y genera plusvalía tanto en el centro como en la periferia, la cual es distribuida en forma desigual y, por ende el consumo se da también diferenciado entre capitales y capitalistas del “centro” y de la “periferia”.
Ahora bien, para entender lo que es la mundialización en la actualidad podemos centrarnos en cuatro aspectos a saber:

  • El carácter mundial de la valorización del capital.
  • El carácter mundial de los agentes económicos.
  • El carácter mundial dpe la competitividad y la productividad.
  • El carácter mundial de los mercados (financieros, de mercancías, de fuerza de trabajo y tecnológicos).

Abundemos un poco más en la que a las relaciones “centro- periferia” se refiere.
El núcleo esencial del sistema capitalista, el que explica su funcionamiento y marca sus pautas tendenciales, es el “centro”. Esto posibilita la explicación de la “periferia”, la cual está sometida a los procesos de producción-distribución y consumo del “centro”.

Con la mundialización del sistema, la “periferia” ofrece capital constante y capital variable más barato y, por tanto, excedentes que los países centrales se apropian de diferentes maneras.

El sentido de la globalización productivo está orientado a los países periféricos (y a su población) que pueden insertarse en este proceso de intercambios-explotación porque el resto de la “periferia” se mantiene en los límites del subconsumo y de la pobreza.

Por otra parte, para comprender en sus juntos términos el proceso de globalización productiva es menester referirnos a tres fuerzas productivas: fuerza de trabajo, recursos naturales y tecnología.

Cuando se habla de globalización se hace referencia también a la expansión mundial del trabajo asalariado, no importando si sus ingresos son altos y bajos. Sin embargo ha podido constatarse en el mediano y largo plazo que ha medida que se desarrolla el capitalismo, particularmente la industria, y en la medida en que el sector terciario de la economía se ha vuelto dominante, lo que ha crecido de manera global es el ejército de reserva (desempleados y subempleados) que tanto en los países periféricos como en los centrales crece y se convierte en un ente que tiende a contraer el alza de los salarios.

De otro lado, la presencia de una superpoblación relativa globalizada trae como consecuencia un mayor posicionamiento de las empresas transnacionales que confrontan a los Estados-nación retirando sus capitales e incumpliendo los contratos colectivos de trabajo, situación que lleva a una crisis de legituración de dichos Estados-nación.

Así, la mundialización de la producción, es decir, del capital constante, capital variable y plusvalía no lleva a una mundialización del consumo sino a la perpetuación y acentuamiento de la polarización social.
De esta manera, el capitalismo globalizado se encuentra en un verdadero brete: la presencia de más mercado no soluciona las cosas, tampoco la presencia del Estado con sus políticas de apertura externa y de gestión en la pobreza. Tampoco es posible aprovechar la mano de obra que se encuentra en los mercados laborales del mundo ya que a ella se le oponen las redes y movimientos migratorios internacionales. Además, si se incrementara significativamente el empleo y, por tanto, el capital variable, a nivel mundial, esto iría en contra de la lógica de la competitividad y de la productividad.

En lo relativo a los recursos naturales, se observa una depredación capitalista ilimitada que pone en riesgo el futuro del planeta.

De otro lado, los recursos naturales (tierra, agua, petróleo, minerales, etc.) generan una renta que en términos globales es apropiada por los países centrales en detrimento de los países periféricos. Es más, aquellos, además de quedarse con las rentas que proceden de la naturaleza, no pagan los daños que le causan a la misma.
Ahora bien, con relación a la tecnología se tiene un avance científico-tecnológico, sin parangón en la historia de la humanidad. Sin embargo, el progreso capitalista no puede hacer que se desarrolle el resto de la humanidad ya que la plusvalía arrancada con la introducción de los avances tecnológicos no es distribuida de manera equitativa al conjunto de la población.

Por otra parte, ante una situación de crisis como la que atraviesa el mundo, la tendencia es hacia la disminución del tiempo de trabajo socialmente necesario, bajar el capital variable y, por ende, aumentar la tasa de plusvalía, teniendo como contratendencia la flexibilidad y precariedad laboral.

“La mundialización de la ley del valor, el desarrollo desigual y la crisis económica han regulado objetivamente la internacionalización de las formas en que funciona el capital (capital-mercancía, capital-dinero y capital-productivo) y la combinación de sus dos maneras de participar en la valorización (como capital constante y como capital variable)” (Martínez Peinado, 2001).

En este sentido, la ley del valor-trabajo baña todas y cada una de las relaciones que cotidianamente enfrenta la persona consigo misma, en su familia, en el país y en el mundo.