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REALIDAD SOCIAL, ALIENACIÓN Y PSICOPATOLOGÍAS. EL PAPEL DE LA CONCIENCIA EN LA LOGOTERAPIA
CAPÍTULO III: 1. El Contexto Material Mundial Por:
Dr. Víctor H. Palacio Muñoz 1. El Contexto Material Mundial El sentido del sin sentido del progreso material en el mundo Según diversos autores, el progreso está determinado por: el avance tecnológico, la productividad, el crecimiento económico que satisface las necesidades del crecimiento poblacional, el incremento de calorías por persona al día, la caída en el largo plazo de los precios de los productos agrícolas más importantes, el abatimiento en la desnutrición y el incremento en las productividades agrícola e industrial (Miranda, 1999). Veamos algunos de los items que componen al progreso. Desarrollo Tecnológico: El progreso técnico entre 1820 y 1913 en el país hegemónico en ese periodo, Gran Bretaña, se debió al desarrollo industrial, al avance en los barcos de hierro y acero, al ferrocarril, al correo. Todo esto redundó en un PIB mundial por habitante con una tasa media de crecimiento anual (TMCA) de 1.3% entre 1820 y 1913, en comparación con el 0.07% anual en el periodo 1700-1820 (Maddison, 2002). En el lapso 1913-1950, con el desarrollo de la electricidad, la química, la ciencia, y en donde los Estados Unidos comienzan a ocupar un papel destacado en el mundo, la TMCA del PIB mundial es 1.6% entre 1820 y 1950 y de 3.9% de 1950 a 1998 (Maddison, 2002). Sin embargo, si se observa el tema de la distribución, vemos que además de ser desigual llega a mostrar que pese a los avances científicos y tecnológicos, el crecimiento del PIB per cápita de los últimos 25 años del siglo XX es cercano a la TMCA de fines del siglo XIX y principios del XX. Para ilustrar mejor esto, dividimos la información en 4 ciclos de larga duración: 1870-1913 (expansión económica), 1913-1950 (contracción económica), 1950-1973 (expansión) y 1973-1998 (contracción). Cuadro 1. Crecimiento del PIB por habitante en el mundo y principales regiones: 1870 – 1998
Fuente: Angus Maddison, 2002. Con lo anterior queda demostrado que el desarrollo tecnológico va aparejado al comportamiento cíclico de las economías. Ciertamente, existe un progreso económico; el cual, sin embargo, no se refleja en el ámbito de la distribución del ingreso. Este no reflejo en el ámbito distributivo indica que los creadores deriqueza social, los trabajadores, no han visto cabalmente remunerados usa esfuerzos, lo cual trae consigo el embrión de inconformidades y posibles causas de la pérdida de sentido de las vidas de millones de trabajadores que perciben lo que hacen y también lo que se les deja de pagar. La Productividad: En la productividad se percibe de manera más tajante los esfuerzos realizados por la masa laboral y la no correspondencia de los mismos en términos de distribución del ingreso. En este rubro se analiza tanto la productividad agrícola como la industrial. En el siguiente cuadro podrá observarse que la productividad del trabajo (PIB por hora trabajada) es mayor en los países desarrollados que en los países atrasados, lo que corrobora el papel de dicha productividad en el progreso, pero también los niveles desiguales de la misma que proporcionarán, necesariamente, una distribución también desigual, como señalé atrás. Cuadro 2. Productividad del trabajo (PIB por hora trabajada): 1950-1998
Fuente: Angus Maddison, 2002. Es interesante destacar que la productividad de los países desarrollados tiende al alza significativamente, en tanto que en los países atrasados crece a un ritmo más lento. Es evidente que en este aspecto tiene que ver el desarrollo de las fuerzas productivas, particularmente la tecnología. Distribución: La distribución del ingreso es el dato por excelencia que permite darse cuenta de la desigual distribución de la riqueza en el mundo y de la carencia de sentido de vida en la población. Cuadro 3. Distribución del Ingreso en el Mundo: 2001 (dólares)
Fuente: Banco Mundial, 2003 a. Si la información no es alarmante, no sabría qué nombre ponerle a lo que vive la humanidad. Existen 2.5 mil millones de habitantes, el 40.9% de la población mundial, que “vive” con 1.19 dólares diarios; y 2.6 mil millones de personas que satisfacen sus necesidades con 5.13 dólares diarios, 43.5% de la población mundial. Esto es, la distribución es tan desigual que el 84.4% de la población en el mundo subsiste con menos de 5 dólares diarios. ¿Pensarán estos individuos en los beneficios que el progreso ha tenido? ¿Se cuestionarán acerca del sentido que tienen sus miserables existencias? A las preguntas anteriores podemos responder que tal vez no. Aquí la cuestión radica en tener actitud ante la vida y, posteriormente, sentido sobre ésta. Podríamos suponer que el vivir con 5 dólares diarios enfrenta a la población a un sufrimiento inevitable debido a que no se satisfacen sus necesidades básicas. Entonces, ¿qué hacer? La problemática económica, social y ambiental que vive el mundo es muy compleja. Sin embargo, pueden hacerse algunas conjeturas. Veamos. Esta situación de fragmentación económica y social objetiva trae como consecuencia el aislamiento de los productores, con los consecuentes sentimientos de soledad, de separación de los otros, y las enfermedades psíquicas y espirituales que ello conlleva. Pero no sólo eso, sino que además pone a la gente a competir entre ella para conseguir un puesto de trabajo. Dice Marx, “Cuanto mayor y más desarrollado aparezca el poder social dentro de la relación de la propiedad privada, tanto más egoísta, más asocial, más enajenado de su propia esencia se hace el hombre” (Marx, 1987). Esto tiene que ver con la permanente cosificación de las relaciones sociales y personales, estas relaciones se cubren con máscaras. La cosificación es producto de la fragmentación de la propiedad privada y de la división social del trabajo. En medio de todo esto se encuentra el dinero, lo cual pone trabas para vislumbrar adecuadamente las necesidades sociales, económicas, afectivas y espirituales. Marx plantea con claridad el problema de la cosificación: “...los trabajos privados sólo funcionan como eslabones del trabajo colectivo de la sociedad por medio de las relaciones que el cambio establece entre los productos del trabajo y, a través de ellos, entre los productores. Por eso, ante éstos, las relaciones sociales que se establecen entre sus trabajos privados aparecen... no como relaciones directamente sociales de las personas en sus trabajos, sino como relaciones materiales entre personas y relaciones sociales entre cosas.” (Marx, 1973). Al mismo tiempo, en lugar de que veamos al otro, como podríamos vernos a nosotros mismos, los vemos como extraños, como competidores, bajo la máxima individualista: “Yo por mí y Dios por los otros”. Consecuencia de todo esto es que el hombre naufraga en las aguas de la sociedad sin encontrar tierra firme y sin seguridad ante la vida. Ahora bien, en una sociedad capitalista, al no poseer mercancías, al no tener ni siquiera la capacidad de vender la nuestra que es la fuerza de trabajo, no somos nada, socialmente es como si no existiéramos. La libertad que aparentemente poseemos no nos la da el mercado, ni la posibilidad de relacionarnos con “x” o “y” persona o grupo, nos la da el dinero. Dice Marx: “El poder que cada individuo ejerce sobre la actividad de los otros..., lo posee en cuanto es propietario de valores de cambio, de dinero. Su poder social, así como su nexo con la sociedad, lo lleva consigo en el bolsillo” (Marx, 1980). Empero, el dinero no me autodetermina como persona, sino que puedo autorrealizarme teniendo conciencia, ejerciendo mi libertad con responsabilidad, lo cual conlleva “ver al otro”. Todo lo descrito trae un desquiciamiento moral, inestabilidad emocional, fragilidad y angustia en el ser humano, se da una desintegración de la personalidad. La salida a todo esto está en aceptar que el hombre deviene en hombre solo al vivir en sociedad. En palabras de Marx, el hombre es “Un animal social...que solo puede individualizarse en la sociedad” (Marx, 1980). Así pues, el fin último al que deberíamos aspirar sería, en palabras de Brito: “La dignidad suprema del ser humano, el espíritu, se resiste a ser convertido en un objeto, a ser degradado a un simple medio de producción, una mercancía que enriquece sólo a unos. El valor ético del trabajo obliga a no enriquecerse cuando otros se empobrecen. Esta resistencia colectiva es la contradicción que siempre produce un trabajo sin sentido o un desempleo generalizado...” (Brito, 1998). Ahora bien, ¿qué hacer para lograr un mundo con sentido y personas sin vacíos existenciales?
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