CAPITULO II: TRATAMIENTO

INTRODUCCIÓN AL TRATAMIENTO DEL “TRASTORNO DE PÁNICO”

Hay que saber que, por suerte, hoy en día el pánico es uno de los problemas psíquicos que presentan un muy buen pronóstico con el tratamiento adecuado.

Un gran número de pacientes tienen óptimas esperanzas de mejorar.

El tratamiento para el ataque de pánico es usualmente una combinación de psicoterapia y fármacos. Sin embargo, cada persona es diferente, y por ende el tratamiento tiende a ser sumamente personalizado.

El tipo de tratamiento que se utiliza depende de los síntomas y de las circunstancias específicas de cada persona.

Los casos menos severos usualmente son tratados adecuadamente sólo con psicoterapia o con psicoeducación (¡lo que no implica necesariamente que si la persona recibe medicamentos es porque tiene un trastorno grave!)

Pero cuando la angustia o la ansiedad interfieren en la capacidad de centrarse en la psicoterapia, es útil considerar el recurso farmacológico.

Actualmente el tratamiento típico se basa en tres pilares:

Psicoeducación

Esto es, explicarle a quien tiene crisis de pánico y (de ser necesario) a su familia, de que se trata el trastorno, de lo frecuente del mismo y de la existencia de un tratamiento específico para su recuperación. Este es el primer paso del proceso de cura y uno de los fines principales de este texto.

Es sumamente útil que las personas sepan que sus síntomas son característicos del trastorno y que no son peligrosos en términos de que los mismos puedan ocasionar la muerte o la locura.

Este concepto es de fundamental importancia, ya que la mayoría de las personas afectadas suelen decir frases como: “creía que me moría”, al describir las sensaciones percibidas durante el ataque de pánico.

Los familiares por otro lado deben saber que el trastorno de pánico es una enfermedad real y no un rasgo de debilidad. Y como tal no se cura con voluntad sino que precisa de un tratamiento específico.

Tratamiento psicoterápico

Su objetivo o meta principal es reducir la ansiedad anticipatoria (el "miedo al miedo") y tratar las conductas fóbico-evitativas, si están presentes.

Las psicoterapias

Se engloban con este nombre a un gran conjunto de medios terapéuticos que tienen como denominador común la relación interpersonal. Están basados en la comunicación entre una persona entrenada para evaluar y generar cambios y una persona que acude a la consulta. Tienen el propósito de mejorar la calidad de vida del consultante a través de un cambio en su conducta, actitudes, pensamientos o afectos.

Este cambio se obtiene por vías distintas al tratamiento biológico (donde se espera que la mejoría ocurra por modificaciones a nivel neuroquímico por medios farmacológicos)

El efecto terapéutico se trata de producir ya sea mediante la modificación de conductas desadaptativas o bien por una reinterpretación de la realidad.

Si bien en todas las psicoterapias los objetivos son coincidentes, hay que saber que existen una multitud de terapias disponibles. Y no todas son igual de efectivas para el trastorno de ansiedad.

Por eso, cuando uno realiza una consulta a un psicoterapeuta es conveniente preguntar por los lineamientos de la terapia que este usa ya que hay que tratar de elegir las que se muestran más efectivas para tratar el trastorno de pánico.

Las terapias disponibles, en un listado parcial, son:

Línea Psicoanalítica

  1. Psicoanálisis
  2. Freudiano
  3. Lacaniano
  4. Kleiniano
  5. Psicología analítica Jungiana
  6. Terapia adleriana

Terapia psicodinámica

  1. Psicología conductista
  2. Terapia del comportamiento
  3. Modificación de conducta
  4. Terapia cognitiva analítica
  5. Terapia cognitiva-conductual
  6. Terapia cognitiva de Aarón Beck
  7. Terapia racional emotiva conductual de Albert Ellis

Línea humanista- experiencial – fenomenológica

  1. Psicología humanista
  2. Terapia Rogeriana centrada en el cliente
  3. Logoterapia de Viktor Frankl
  4. Psicología transpersonal
  5. Terapia gestáltica
  6. Análisis transaccional
  7. Terapia existencial
  8. Psicodrama

Línea Construccionista / Constructivista

  1. Terapia familiar
  2. Terapia sistémica
  3. Psicología de los constructos personales

Terapias de apoyo

También, en ocasiones, bajo este nombre se apela a una gran variedad de técnicas y enfoques teóricos, recurriendo a aspectos parciales de cada una de las anteriores escuelas de pensamiento, en función de las necesidades particulares de cada persona.

Terapia de familia o pareja

Este tipo de tratamiento no es generalmente indicado en el trastorno de angustia, pero pueden resultar de interés que algún familiar directo conozca el trastorno e incluso ofrezca su colaboración para su mejor recuperación.

Esto puede ser especialmente útil en el tratamiento de la agorafobia.

Tratamiento farmacológico

Numerosos estudios han demostrado la utilidad de ciertos medicamentos para el tratamiento de las crisis y el trastorno de pánico.

Los más utilizados son:

  • Benzodiacepinas
  • Moduladores de serotonina, noraderenalina y/o dopamina (moduladores del sistema trimonoaminérgico)

Los objetivos de la farmacoterapia consisten en impedir o disminuir las crisis de pánico, tratar los cuadros asociados (ej. estados depresivos), alcanzar la remisión y facilitar las terapias asociadas.

En mi experiencia la combinación psicofármacos y de una forma especial de psicoterapia (la terapia cognitiva) es de preferencia y debe ofrecerse en la mayoría de los casos, con retiro progresivo de los fármacos una vez que el paciente haya progresado en el control de las crisis a favor de las estrategias de afrontamiento.

A tener en cuenta

Hay factores que pueden ser predictores de pobre respuesta al tratamiento.

Estos son:

  • Tiempo de evolución prolongado hasta la consulta.
  • Mal vínculo paciente-terapeuta.
  • Presencia de otras enfermedades concomitantes (sobre todo, la depresión, obsesividad, fobia social y agorafobia severa)
  • Extrema intensidad de los síntomas.
  • Dificultades en mantener el tratamiento psicofarmacológico o psicoterápico.

De lo anterior, rescatar que conviene no postergar la consulta con el especialista (a mayor tiempo de permanencia de los síntomas, mayor dificultad para tratarlos). Elegir un profesional con el que se sienta a gusto y si se le sugiere, tratar antes otros trastornos que pueda presentar y que dificultan la terapéutica (ej. depresión).

Averigüe también cuánto duraría aproximadamente su tratamiento y vea si está en condiciones anímicas y económicas de cumplirlo hasta el final (esto es sumamente importante para prevenir recidivas).

A TERAPIA COGNITIVA CONDUCTUAL (TCC) DEL “TRASTORNO DE PÁNICO”

En el trastorno de angustia, ya sea para tratar la sintomatología principal u otras condiciones asociadas, en múltiples estudios realizados ha demostrado su utilidad la psicoterapia de tipo cognitivo-conductual. Por ese motivo la veremos con detenimiento a continuación.

La TCC es llamada así porque combina elementos cognitivos (referidos al pensamiento) y conductuales (técnicas como la exposición progresiva a situaciones temidas; entrenamiento de la respiración; técnicas de relajación; etc.)

El programa de tratamiento tiene las siguientes características:

  • Está centrado en el paciente.
  • Es de duración breve (aproximadamente 15 sesiones)
  • Las sesiones son altamente estructuradas (tratan cada una de temas específicos)
  • Se pueden realizar en contextos individuales o grupales.
  • Se continúan con módulos específicos para otros problemas que pueden estar presentes (programas de entrenamiento en asertividad, autoestima, técnicas de reconocimiento corporal, aprendizaje de habilidades sociales, talleres de exposición sistemática, etc.)

Dentro de esta terapia se considera que los síntomas del pánico son el producto de pensamientos distorsionados, así que actúa principalmente identificando y corrigiendo las distorsiones cognitivas, es decir los pensamientos automáticos atemorizantes.

Esto es fundamental en TCC: Los pensamientos (o cogniciones) son la causa de las emociones.

Así, el núcleo duro de la teoría está representado por una sencilla frase atribuida al filósofo estoico Epícteto:

"Las personas no se alteran por los hechos, sino por lo que piensan acerca de los hechos"

Por ejemplo, José decía: - “No me aterra el sonido de la ambulancia que escucho en la noche si no el pensamiento de que algún conocido podría ser trasladado de gravedad en ella”

En base a esta premisa la terapia consiste fundamentalmente en:

  1. Identificar aquellos pensamientos distorsionados que nos hacen sufrir.
  2. Identificar qué es irracional en ellos.
  3. Reemplazar las creencias irracionales por pensamientos racionales.

Esto se hace mediante un trabajo de autoanálisis por parte del paciente, que debe ser supervisado por el terapeuta, al menos, en las primeras fases.

¿Qué son los pensamientos distorsionados?

Se estima que son errores en el procesamiento de la Información que nos hacen tener una imagen deformada de las cosas.

Nuestra forma de pensar es el cristal con el que miramos el mundo, nuestro alrededor e inclusive a nosotros mismos. Orienta nuestra forma de vivir y de sentir.

Este ‘cristal’ está hecho de creencias y suposiciones que se van construyendo desde nuestra temprana infancia, guiando la forma de pensar y de conducirnos.

Ahora bien, este cristal, como la lente de un anteojo, puede estar deformado. Si vemos mediante ellos tendremos una imagen distorsionada del mundo. Del mismo modo, hay pensamientos que, como esa lente, nos hace ver los sucesos de modo poco realista.

Esa es la característica principal que tienen los pensamientos distorsionados. Otra es que son semiautomáticos  (se podría decir que se piensan solos, ante determinadas situaciones) La conciencia los acepta sin discusión, como una verdad de hecho.

Muy pocas personas se dan cuenta de que se trata de valoraciones e ideas subjetivas, por suerte, susceptibles de discusión, opinión y revisión.

Como decía, estos pensamientos suelen aparecer en nuestra consciencia y lo hacen en forma de frases breves, telegráficas.

A veces, los pensamientos no se presentan en palabras sino en imágenes o fantasías diurnas.

Veremos algunos ejemplos Como “frases automáticas”:

Juan, cuando está por subir a un ascensor piensa en forma semi-automática: - “¿Y si se queda entre dos pisos y nadie me rescata?”

Como representaciones visuales.

En el modo visual, el pensamiento distorsionado puede estar reflejado en la imagen de un ascensor atascándose  y quedando detenido.

Como novelas, esquemas o guiones.

En las fantasías diurnas, Juan podría imaginar que al ir hacia el ascensor, este queda detenido, quiere llamar, nadie le escucha, las puertas herméticas hacen que le falte el aire, comienza a asfixiarse, etc.

¿De dónde provienen los pensamientos automáticos?

Están apoyados en “esquemas” básicos de pensamientos, que no son otra cosa que formulaciones generales, reglas de vida a partir de las cuales las personas piensan, sienten y actúan.

Estos esquemas reflejan las estructuras cognitivas de organización de la información en la memoria y representan el conjunto de experiencias previas. Actúan como moldes que dirigen la atención, influyen en la interpretación de los acontecimientos y facilitan el recuerdo.

Los esquemas están formados por las creencias nucleares y los supuestos básicos.

Las creencias nucleares se presentan como proposiciones absolutas, duraderas y globales sobre uno mismo. Son el nivel cognitivo más profundo.

Ejemplo: “Soy un idiota”; “no merezco que nadie me quiera”; “soy incapaz de controlarme”; “mi vida es un desastre”

Los supuestos básicos son creencias que suelen expresarse como proposiciones condicionales, normas y actitudes.

Ejemplo: “si no caigo bien a todo el grupo no podré integrarme”; “debo evitar cosas que sean muy complejas”; “es terrible cometer un error”; “si digo que no nadie volverá contar conmigo”

En síntesis, los pensamientos automáticos son los pensamientos concretos que uno tiene ante las situaciones o acontecimientos del entorno. Son el resultado de la interacción entre los supuestos o creencias nucleares, los procesos cognitivos y los elementos situacionales.

El modelo cognitivo del “Trastorno de Pánico”

En base a lo anterior, se puede decir que la persona que sufre de pánico le da a las sensaciones corporales que experimenta una significación especial por la activación del  “esquema cognitivo de significación”.

En general, los pensamientos catastróficos asociados al pánico responden a tres tipos de esquemas automáticos que están en la base:

  • De vulnerabilidad ("Yo soy débil...”)
  • De escalamiento ("Una vez que esto empieza va a peor")
  • De falta de control ("No puedo evitarlo")

La terapia apunta a detectar este esquema atribucional básico que hace que los pensamientos catastróficos (ideas de pérdida de control, infarto, ahogo, volverse loco, etc.) distorsionen el valor de las sensaciones corporales dándoles una significación amenazante.

De ese modo, un simple dolor en el pecho puede hacer pensar que se está sufriendo de una afección cardíaca grave.

Recordar este aforismo, que es la estructura básica del escalamiento de ansiedad en el trastorno de pánico:

“Dime qué piensas de tus síntomas y te diré cómo te sientes”

El problema, como vemos, no está tanto en lo que se siente (la percepción corporal disparadora), si no en lo que se piensa de lo que se siente.

A continuación veremos cómo los pensamientos catastróficos asociados a algunos síntomas corporales se auto-potencian a sí mismos hasta provocar una crisis de angustia.

Espiral del pánico

Espiral del pánico

De este modo, algún síntoma corporal como un temblor, sudoración, un suspiro intenso da lugar a una interpretación catastrófica.

Esta aumenta el nivel de ansiedad producido por las sensaciones corporales iniciales.

El incremento de ansiedad hace que se presenten nuevos síntomas o que se intensifiquen los existentes.

Estos síntomas “potenciados “vuelven así a ser re-interpretados de modo aún más catastrófico (círculo vicioso).

Como consecuencia va aumentando la intensidad de los síntomas y el grado de creencia en los pensamientos distorsionados (por ejemplo: “me estoy muriendo”) hasta un nivel en que, junto a la hiperventilación que suele acompañar estos estados, se desencadena el ataque de pánico.

Simplificada, la rueda del pánico, como la de un motor que se echa a andar cada vez más rápido, funciona de la siguiente manera:

  1. Percatación del disparador interno
  2. Interpretación catastrófica del síntoma corporal
  3. Incremento del susto y nueva aparición o intensificación de los síntomas
  4. Auto-confirmación de las interpretaciones catastróficas
  5. Nuevo incremento del susto y de los síntomas …

Y así sucesivamente hasta la crisis plena

El tratamiento cognitivo

Los objetivos terapéuticos principales van a tender a:

  1. Mejorar la percepción de los “disparadores”.
  2. Disminuir la activación de las sensaciones corporales.
  3. Modificar la actitud de hipervigilancia corporal.
  4. Identificar y modificar las distorsiones y supuestos amenazantes- catastrofistas

Esto se logra:

1. Poniendo concentración en las sensaciones internas. Por ejemplo, en un disparador como es la respiración. Suele ser útil, para ver surgir los pensamientos asociados, inducir una pequeña hiperventilación mediante respiración rápida y superficial.

Tomar nota mentalmente durante este proceso de los pensamientos distorsionados que van apareciendo. (Ej. “Me estoy asfixiando”)

2.  Disminuyendo la activación corporal con las técnicas de relajación, medidas higiénico/dietéticas y de control respiratorio, entre otras.

3.  Modificando la actitud de hipervigilancia corporal, evitando así la reinterpretación catastrofista de las sensaciones que van apareciendo durante la crisis, mediante la técnica de distracción.

4. Con el Auto-registro de las interpretaciones catastróficas y su posterior refutación (contraprueba racional) se puede llegar a detectar y desactivar de modo duradero la interpretación distorsionada que inicia el trastorno de pánico.

Para eso es útil la Hoja de Registro de Distorsiones (ver apéndice) El punto más importante en todo esto es:

Aprender a modificar los significados catastrofistas que se producen ante la presencia de los estímulos disparadores.

Para eso recordar el A-B-C del pánico:

La “A” se refiere a los estímulos internos y externos disparadores (los activadores)

La “B” denota los pensamientos distorsionados automáticos asociados a los estímulos disparadores (que suelen pasar desapercibidos)

Y la “C” Se refiere a las conductas derivadas de la significación anterior. En general, respuestas afectivas, fisiológicas y conductuales ante esos pensamientos.

La secuencia, desde la activación a la conducta derivada, es la siguiente:

A -------- > B ---------- > C

Tomar nota que las personas suelen ser conscientes de “A” y de “C”, pero no de “B” (salvo que se aprenda a buscar el pensamiento distorsionado asociado)

Ejemplo

  1. Situación: tomando un café con un amigo tengo un temblor leve.
  1. Pensamiento distorsionado: “algo anda mal, puede ser un derrame cerebral”
  1. Conducta, acorde al pensamiento distorsionado: Síntomas de ansiedad  y por lo tanto más temblor, mareo, taquicardia, falta de aire, dolor en el pecho.

Estos nuevos síntomas “C” pueden ser tomados como otros A (activadores), dando lugar a la espiral del pánico, ya que a su vez se producen más B (pensamientos distorsionados), por ejemplo: “efectivamente es un derrame y voy a tener un desmayo, voy a morir”  y auto convencimiento en la certeza de la idea disfuncional. A su vez estos pensamientos dan lugar a otra “C” (respuesta conductual) con angustia extrema o crisis de pánico.

Este A-B-C sirve, como decía, para aprender a detectar los pensamientos distorsionados (los “B”) y así pasar a la fase de modificación de los mismos.

Recordar que lo central en la Terapia cognitiva  consiste en reemplazar los viejos hábitos distorsionados de pensar por otros, más ajustados a la realidad y a la lógica.

Cabe destacar que este esfuerzo de observación y crítica que la persona hace de sus propios pensamientos distorsionados no debe conducir a un auto adoctrinamiento por medio de frases positivas u optimistas ("Merezco ser feliz", "soy una persona valiosa", etc.).

Es fundamental usar el pensamiento crítico para conseguir el cambio. El cambio cognitivo (en la manera de pensar) solo se da cuando uno encuentra la propia y efectiva refutación racional de los mismos.

El mero reemplazo del pensamiento distorsionado por una muletilla verbal predeterminada como “estoy bien” o “no me va a pasar nada” no hace más que potenciar la sensación de frustración ya que no consigue evitar la aparición de nuevas crisis.

Técnicas conductuales

Como vimos, las técnicas cognitivas tienen como objetivo facilitar la exploración y detección de los pensamientos automáticos.

Una vez que se aprende a detectarlos hay que comprobar su validez mediante el proceso de refutación para que se opere el cambio cognitivo.

El propósito de las técnicas conductuales es complementar esto mediante la confrontación con experiencias reales y directas. También son útiles para comprobar hipótesis o desarrollar nuevas habilidades de afrontamiento.

Los tratamientos de modificación de conducta presuponen que una conducta puede entenderse como una respuesta condicionada a un estímulo y por ende buscan des-condicionar algunas conductas desadaptativas o bien, condicionar respuestas más adecuadas.

Por ejemplo, para el trastorno de angustia, y en especial para las fobias se utilizan técnicas, como:

La desensibilización sistemática, que es un tipo de des-condicionamiento en el que se asocia una situación placentera e incompatible con la angustia, como la relajación, con estímulos o pensamientos ansiogénicos.

Se trabaja con listas de situaciones, de menor a mayor potencial para generar ansiedad.

Luego, se pide que una  exposición progresiva a esas situaciones, mientras se encuentre relajado. De esta forma se contribuye a reducir la ansiedad ante estos estímulos.

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En el Apéndice se adjunta una hoja para hacer el registro de los pensamientos distorsionados y algunas técnicas conductuales que son de ayuda durante las crisis.

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Terapias cognitivas grupales (TCG)

Los tratamientos en grupo tienen básicamente los siguientes objetivos:

  • Explicación de las técnicas cognitivas y conductuales.
  • Revisión o establecimiento de las tareas para la casa.
  • Definir conductas y cogniciones que deben modificarse.
  • Reestructuración cognitiva para eliminar creencias distorsionadas mediante el proceso de identificación y evaluación de las propias cogniciones, reconociendo los efectos perniciosos de las cogniciones desadaptativas y su reemplazo por otras más apropiadas.

A veces los tratamientos en grupo no son bien aceptados de entrada por vergüenza o timidez, temor a la falta de confidencialidad, miedo a ser abrumado por los problemas de otros pacientes, y por sobre todo, porque en momentos de mayor inseguridad personal tendemos a encontrarnos más cómodos y confiados en la relación unipersonal.

Pero es una actividad interesante de contemplar por las siguientes razones: Ofrecen una alternativa económica y de calidad a la terapia individual.

Aportan características específicas que no encontramos en los tratamientos individuales:

  1. Posibilidad de poner en perspectiva los propios problemas.
  2. Recibir y ofrecer apoyo mutuo.
  3. Comprobar otras maneras de afrontar problemas.
  4. Verificar la existencia de mejoras esperanzadoras en otras personas.
  5. Poder explorar en un entorno confiable las formas de relación interpersonal.
  6. Romper la creencia de que “sólo a mí me pasa esto”.

Este tratamiento es de elección cuando junto al trastorno de pánico hay dificultades en las relaciones interpersonales o cuando hay temores fóbicos al contacto social.

Una característica exclusiva de la TCG es la oportunidad del refuerzo positivo que se da mediante la interacción de compañeros, incrementando la afinidad. El refuerzo es una habilidad muy útil en sociedad y es básico en la interacción en el trabajo, con familiares, amigos, etc.

También es interesante la posibilidad de autoevaluación, por confrontación con el grupo, de los propios pensamientos distorsionados o defensivos.

Los grupos son homogéneos (están compuestos por personas con problemas similares) porque se trata de modificar cogniciones y supuestos similares.

Suelen estar formados por siete a doce personas que se reúnen durante un

periodo de quince sesiones como mínimo. La duración media de cada sesión suele ser de una a dos horas y los encuentros semanales.

Básicamente son grupos de trabajo altamente estructurados que se centran en el cambio cognitivo. No se exponen vivencias personales íntimas (salvo que la persona quiera tratar el tema y siempre que haya consenso grupal)

Grupos cognitivos de mantenimiento

Ofrecen una alternativa a los grupos de autoayuda. Son coordinados por un profesional. El tema dominante surge del grupo y se consensua previamente.

Generalmente tratan sobre problemáticas particulares pero siempre centrados en el perfeccionamiento de las técnicas de identificación de los pensamientos distorsionados, la refutación de los mismos y el cambio cognitivo.

Suelen ser muy útiles para prevenir recaídas y son el complemento ideal de las terapias de grupo.

Grupos de autoayuda.

Son grupos creados e integrados por ex-pacientes, familiares o personas interesadas en informarse sobre el trastorno, sostener lo aprendido, compartir experiencias, ayudarse entre sí a afrontar las crisis, buscar bibliografía sobre el tema, establecer contacto con instituciones destinadas al tratamiento del trastorno, mantenerse actualizados, etc.

Acá no intervienen terapeutas, salvo que sean invitados por miembros del grupo de autoayuda.

Suelen estar coordinados por un líder (es interesante que el liderazgo sea rotativo).

Se realizan en locales que los integrantes eligen para la actividad. También en internet hay organizaciones de autoayuda que publican sus páginas y aceptan integrantes de distintas procedencias.

Los grupos de autoayuda se consideran un muy eficaz complemento a la hora de prevenir las recaídas.

EL TRATAMIENTO FARMACOLÓGICO

Medicamentos

Disponemos de dos tipos principales de medicamentos que ayudan a controlar la aparición de las crisis de angustia, disminuyendo su intensidad, frecuencia o mejorando otros síntomas asociados (ansiedad generalizada, depresión, agorafobia, insomnio, etc.)

Son:

  • Las benzodiacepinas
  • Los agentes que actúan sobre neurotransmisores (especialmente serotonina)

Últimamente ha aparecido una nueva molécula con efectos ansiolíticos y escaso riesgo de dependencia. Se trata de la pregabalina. Su uso en el trastorno de pánico aún está en la fase evaluativa.

Las benzodiacepinas funcionan inmediatamente, pero para algunas personas pueden ser difíciles de retirar finalizado el tratamiento. Tampoco ayudan con la base del problema que es el desbalance de neurotransmisores.

Pero son efectivos desde el comienzo y muy útiles en las primeras fases (sobre todo, durante el tiempo de latencia que tienen los IRSS) o cuando las crisis son tan intensas que interfieren significativamente a la hora de cumplir con las exigencias mínimas de la vida diaria.

Los más utilizados son: clonazepam, lorazepam y alprazolam.

Los reguladores de los neurotransmisores, en especial de la serotonina y/o noradrenalina, (mal llamados antidepresivos ya que en estos casos se utilizan para tratar la ansiedad), son medicamentos que ayudan con el desbalance de neurotransmisores que predisponen a los ataques de pánico.

La serotonina por ejemplo es importante en la regulación de la conducta, humor, ansiedad, sueño, etc. Según algunos estudios, pareciera que este neurotransmisor se produce en menor cantidad en las mujeres. Por esto quizás la mujer está más predispuesta que el varón a los trastornos de ansiedad (en proporción 3:1).

Los fármacos reguladores de los neurotransmisores (ISRS, entre otros) no generan dependencia y ayudan no solamente a disminuir la frecuencia e intensidad de los ataques de pánico; también tienen a evitar que aparezcan.

Como decíamos, no actúan de inmediato. Tienen un período de latencia en la que no se nota ningún efecto, hasta que después de un tiempo variable comienza a hacerse sentir la mejoría (habitualmente en dos o tres semanas)

Suelen utilizarse IRSS como fluoxetina, citalopram, sertralina, paroxetina, venlafaxina, entre otros.

Cada uno de ellos, aún cuando el efecto es similar, tiene un perfil distinto y su adecuada elección es fundamental a la hora de iniciar el tratamiento.

Como decía, es frecuente, sobre todo en personas con crisis muy intensas, la administración de benzodiacepinas durante el período de latencia de los reguladores de los neurotransmisores.

Algunas sugerencias a la hora de tomar fármacos

No auto-medicarse

Recordar que los psicofármacos deben utilizarse únicamente bajo prescripción médica. Cuando se los toma por cuenta propia o por consejo de algún amigo suele pasar que la dosis no es la adecuada o los horarios no son los requeridos.

Es frecuente auto-prescribirse una reducción de dosis. Tomar menos que lo indicado hace que aparezcan síntomas de deprivación farmacológica (lo que tiende a confundirse con una reagudización de las crisis) o bien, a no controlar los síntomas de la forma en que se podría con la dosis adecuada.

Tener en cuenta que no hay que suprimir de forma prematura la medicación pensando que no está haciendo efecto. Algunos medicamentos demoran entre 15 y 30 días en comenzar a actuar de la forma esperada.

Hay personas que cuando sienten alivio persistente se ven tentadas a dejar de tomar los medicamentos o a manejar las dosis según su parecer “porque ya se conocen”.

Como vimos, esto hace que el efecto buscado a largo plazo no se logre o aparezcan síntomas de inestabilidad general. Mejor no pretender retirar la medicación por sí mismo, aún cuando se considere que "ya se está mejor".

Recordar: En tratamientos psicofarmacológicos no es conveniente suspender de golpe y por cuenta propia la medicación.

No medicar a otras personas.

Una tendencia habitual es, -si se ha tenido buenos resultados en el control de la angustia- el de indicar a familiares o amigos la medicación que a Ud. le hizo bien. No comparta, no indique sus medicamentos a otras personas. Por un lado hay muchos trastornos que se pueden enmascarar y que son similares a las crisis de pánico. Por otro, cada organismo es específico y antes de medicar se debe realizar una valoración experta.

Alcohol y psicofármacos.

No se aconseja el uso de bebidas alcohólicas si se está tomando medicación ya que pueden interactuar entre sí potenciando o disminuyendo algunos de sus efectos.

Pero, para no sentir exclusión ante situaciones sociales concretas, como fiestas y celebraciones especiales, se pueden tomar bebidas de baja graduación (vino, champaña) para "brindar". Esto, siempre que tenga el visto bueno del médico y recordando que brindar no es tener autorización para beber grandes cantidades, si no permitir actuar "socialmente", evitando la tendencia a sentir que  no se puede participar por “enfermo”.

Por supuesto, cuando junto al el trastorno de pánico hay dependencia al alcohol, no está indicado ningún brindis. Esto se aplica también a las personas que anterior a iniciar el tratamiento utilizaban el alcohol  como remedio casero contra las crisis de angustia.

Psicofármacos y conducción de vehículos o máquinas.

Extremar las precauciones en caso de conducir o manejar máquinas peligrosas. Sus reflejos pueden estar disminuidos sin que Ud. lo note.

Mujeres y psicofármacos.

Las mujeres pueden notar ciertas variaciones perimenstruales en el estado anímico, o la reaparición de síntomas cerca del período. Esto suele ser debido a que los cambios hormonales modifican la acción del fármaco.

Recordar que los medicamentos deben evitarse en lo posible durante el embarazo, sobre todo durante los primeros meses de gestación.

Sólo se indican fármacos durante el embarazo en casos muy especiales en los que los beneficios de tomar la medicación superen a los riesgos.

Por lo tanto, si recién comienza el tratamiento avise a su médico si está embarazada o planea estarlo ya que en ocasiones el tiempo en que debe estar medicada puede llegar al año.

De todos modos, la mayoría de los medicamentos (IRSS o benzodiacepinas) usados para tratar el pánico representan un grupo seguro de fármacos, que pueden ser usados durante la gestación, sin incremento del riesgo de malformaciones por encima de la media de la población general (que es del 1 a 3%)

Durante el transcurso del embarazo algunos estudios muestran que las crisis de ansiedad tienden a mejorar, mientras que por otro lado, pueden empeorar en el post-parto.

Hay que saber, a la hora de sostener o no una medicación, que por un lado la ansiedad prenatal se ha vinculado a mayor posibilidad de padecer también depresión luego del parto. Esto dificulta mucho los cuidados del recién nacido, a la par que hay una notable pérdida en la calidad de vida de la madre, con muy baja capacidad adaptativa.

El trastorno de pánico no tratado impacta sobre la salud de la madre y del bebe por nacer, con implicancias en las diferentes etapas de la vida. Por todo eso no es de descartar el uso de psicofármacos durante el embarazo.

Medicamentos en personas de edad

Con algunos fármacos hay que tener especial cuidado, sobre todo si las personas de edad se levantan por la noche. Podrían tropezar al encontrarse bajo los efectos de la medicación. Con los años disminuye la depuración del medicamento haciendo que en algunas personas todavía persiste cierta somnolencia.

Es recomendable evitar levantarse "de golpe" de la cama. Se recomienda hacerlo lentamente para permitir que el organismo se adapte a los cambios posturales.

“Prospectitis”

La “prospectitis” es un neologismo usado para señalar la afición que tienen algunas personas a leer detenidamente los prospectos que vienen en el envase de los medicamentos.

Esta información es realmente útil para informarse y ayudar en el cumplimiento de la pauta prescrita, así como para prevenir ante posibles efectos secundarios y contrastarlos con la información que pueda dar el médico

Pero, hay que tener muy en cuenta que  esto no se pone ahí para asustar. No es lógico pensar que todos los efectos secundarios reflejados ocurren con frecuencia o a todo el mundo.

Su incidencia (a veces está consignada) es por lo general muy baja y aunque los efectos indeseables puedan sonar de forma terrorífica, la gran mayoría de las veces se tratan de pequeñas molestias al principio del tratamiento, que no entrañan un grave riesgo para la salud y que desaparecen al disminuir o suspender la dosis.

Miguel cuenta: “Me daba muchísimo temor  tomar medicamentos. Tenía la idea de que me iba a quedar dependiente con los psicofármacos  o que iban a producirme consecuencias graves a largo. Solía leer meticulosamente los prospectos pero me asustaba tanto que optaba por no tomar ningún remedio. Buscaba hacer terapias que no apelen a los medicamento. Pero las crisis seguían presentándose y medesanimaronn a continuar.

Al final me planteé sinceramente si convivir con varias crisis de pánico diarias era un panorama mucho más atractivo que evitar  las posibles consecuencias de los remedios. Pensé para mis adentros que si ese era el precio a pagar, ya estaba dispuesto a correr el riesgo.”

Duración del tratamiento farmacológico

Recordar que casi el 70% de las personas, con unos pocos meses de tratamiento, controlan sus síntomas.

Un enfoque preventivo aconseja mantenerlo al menos de 8 a 12 meses, con supervisiones periódicas para evitar recaídas. Pero no hay evidencia sólida de que tratamientos prolongados sean de más utilidad que los que se hacen en menos tiempo. La determinación de la duración del tratamiento depende de cada persona en particular.

Uso concomitante de otros medicamentos

Si se indican, por otros motivos, algún medicamento (incluso si es de venta libre), asegúrese de consultar sobre las posibles interacciones con los que ya está tomando.

En vacaciones

Planear con anticipación los reabastecimientos para evitar quedarse sin existencias.

Llevar indicaciones escritas si se piensa salir del país o pedir un breve resumen de historia clínica para que se pueda asegurar la continuidad del tratamiento en caso de  ser asistido por otro profesional.

En general

A la hora de tomar medicamentos, evitar el auto estigmatización (“si tomo esto es porque soy un enfermo”)

Las personas no suelen pensar eso de sí mismas si se trata de enfermedades físicas, como una infección. Pero sí tienden a hacerlo cuando deben medicarse por problemas psíquicos.