6. Adolescencia y delincuencia juvenil

Cada vez es más extensa la evidencia empírica que señala el incremento tanto en el número de adolescentes que se inician en el consumo de drogas como en el de sujetos que presentan actividades delictivas (Otero, 2004).       

Se han realizado estudios que permiten establecer la relación entre factores contextuales y el desarrollo del comportamiento delictivo. En uno de los estudios se lograron establecer asociaciones significativas entre los factores de riesgo en el nivel comunal (Arraya y Sierra, 2002) y la cantidad de personas encarceladas por comuna de origen. Los indicadores de nivel educacional, tasa de desempleo, prevalencia de consumo de drogas en población pobre, clima familiar, y entorno social de la comuna, se asocian en forma estadísticamente significativa con la población encarcelada.

Es decir, entornos con menor nivel educativo, mayor desempleo, mayor prevalencia de consumo de drogas, peor clima familiar y entorno social desfavorecido  aportan una mayor proporción de personas al sistema penitenciario.

Por otro lado, Cooper (1994) caracteriza la composición de la población penal urbana (general, no solamente juvenil), como procedente en un 86,8% de estratos socioeconómicos bajos.

Además, si tenemos en cuenta la población adolescente, objeto de nuestro trabajo, muchos delincuentes juveniles están expuestos a problemas psicológicos individuales y otros han sido criados en familias problemáticas o disfuncionales. La evaluación psicológica de los menores infractores es una parte esencial del sistema de los tribunales de familia, ya que la idea central del sistema de justicia juvenil es proporcionar la rehabilitación (Osorio, Ortega y Pillon, 2002).

Un delicuente juvenil puede necesitar tratamiento psicológico, asistencia educativa o un tratamiento para un problema de abuso de sustancias. Todos estos servicios de rehabilitación son necesarios para reducir la posibilidad de reincidencia. El proceso de evaluación incluye una revisión de todos los cargos pendientes contra el menor. Así pues, el menor es visto en una entrevista clínica para evaluar su estado psicológico y para identificar cualquier tipo de trastorno psicológico (Osorio, Ortega y Pillon, 2002).

6.1.- Menores infractores que consumen drogas. Conclusiones.

La evidencia empírica muestra que en los últimos años se está produciendo un gran incremento tanto en el número de adolescentes que se inician en el consumo de drogas como en el de sujetos que presentan actividades delictivas. Tanto las agresiones verbales y físicas, los vandalismos o los robos a pequeña escala, junto con el consumo de distintas sustancias, configuran un patrón característico de ciertos adolescentes. Es más, la solidez de los hallazgos empíricos, demuestran una fuerte vinculación entre distintos tipos de consumo y la realización de distintas actividades delictivas. La constatación de un importante solapamiento entre los factores causales de ambas conductas, el hecho de que estos fenómenos sean susceptibles de encuadrarse dentro del amplio marco de las conductas desviadas, han motivado que se fomente la acción preventiva en el binomio droga-delincuencia (Otero López, 2004).

En cuanto al abordaje terapéutico del consumo de drogas en adolescentes infractores, Conace (2007), en sus orientaciones técnicas para el tratamiento del consumo problemático para esta población, desarrolla una propuesta que recoge características particulares del perfil del consumo de drogas en adolescentes infractores de ley, sus complejas  problemáticas biopsicosociales, y la etapa del ciclo vital en la que se encuentre la persona, donde se manifiestan importantes cambios físicos, cognitivos, emocionales, y sociales, los cuales cobran mayor relevancia en el contexto de vulnerabilidad social y conflicto con la justicia.

En conclusión, en el capítulo queda expuesto que la adolescencia es una etapa de la vida crucial, una etapa en el desarrollo vital del ser humano muy importante, ya que  en ella se presentan infinidad de cambios a nivel físico y psicológico. Supone un periodo crítico puesto que existen determinados factores de riesgo y de protección que, durante ésta, pueden ser un obstáculo o un beneficio en el crecimiento personal. La adolescencia, una etapa llena de cambios, puede verse afectada por muchos factores externos, entre ellos, la iniciación en el consumo de drogas. Según estudios epidemiológicos recientes, el consumo de drogas transcurre durante esta franja de edad. Por ello, es importante intervenir en este colectivo, sobre todo en lo que se refiere al consumo de sustancias, haciendo hincapié en los factores de protección de los que disponga el adolescente y minimizar el impacto de los factores de riesgo.

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