CAPÍTULO 1: MENORES Y CONSUMO DE DROGAS

1. Drogas: un problema bio-psico-social

En la actualidad, el consumo de drogas constituye uno de los problemas más preocupantes de los países desarrollados, entre los que se incluye España. En general, toda la sociedad sabe algo acerca de este tema, de hecho, es uno de los debates recurrentes en distintos foros y ambientes varios, existiendo además, excesiva y confusa información en relación a ello. La literatura sobre drogas siempre ha hecho hincapié  en la transversalidad del tema, quedando constatado un consenso general de que nos encontramos a la vez ante un proceso biológico, puesto que produce dependencia, tolerancia y frecuentemente síndrome de abstinencia entre los consumidores habituales, y ante un fenómeno social de tipo histórico, que afecta tanto a individuos concretos como a diversos sectores de la población (Núñez, Soto y Castro, 1998).

En España, a pesar de las múltiples investigaciones empíricas, no existe una teoría sociológica específica sobre el fenómeno pues, mientras algunos autores lo consideran un “síntoma” de otros problemas psicosociales, otros afirman la imposibilidad de explicar conductas que pueden ser transitorias o repetitivas, a la vez que comprendidas como “adaptativas” o “patológicas”.

Es importante, llegado a este punto, describir la prevalencia y tendencias del consumo de drogas según lo que reflejan los estudios epidemiológicos junto con una explicación sociológica de su evolución (Núñez, Soto y Castro, 1998).

La drogadicción se trata de un fenómeno que consiste en la dependencia de sustancias que afectan al sistema nervioso central y a las funciones cerebrales y que trae consigo alteraciones en el comportamiento, la percepción, el juicio y las emociones. Los efectos de cualquier droga pueden ser muy diversos, los cuales dependen del tipo de droga y la cantidad o la frecuencia con la que se consume.

Este tipo de sustancias pueden producir alucinaciones, entorpecer o intensificar los sentidos o incluso provocar sensaciones de euforia o desesperación. Algunas veces pueden llevar a la locura o a la muerte (NIDA, 2010).

En los últimos años, estamos asistiendo a una serie de cambios importantes, lo que se ha denominado como “la evolución del fenómeno de las drogodependencias”. Los estudios e investigaciones que se vienen realizando sobre el tema, reflejan una realidad compleja y cambiante, que exige un esfuerzo de flexibilización y adaptación continua de las técnicas, los programas y los servicios, con el fin de hacerlos acordes con las nuevas necesidades que nos plantea dicho fenómeno (Herreros Yuste, 2000). Este reto generado hacia las redes específicas en drogodependencias, afecta tanto a los aspectos asistenciales como a los programas y actuaciones preventivas y se hace más evidente cuando se trata de abordar la intervención con grupos de población más joven. Los adolescentes, son de alguna manera, el grupo de población que va experimentando con nuevas sustancias y con nuevas formas de uso, introduciendo estos cambios en sus espacios de ocio, de diversión, de relación grupal, fundamentalmente durante las noches prolongadas de los fines de semana (Herreros Yuste, 2000).

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