3. Medidas aplicadas a menores

En España, es la Ley Orgánica 4/1992 Reguladora de la Competencia y el Procedimiento de los Juzgados de Menores la que se encarga de la delincuencia de menores. Puesto que este en caso los imputados son menores de edad penal, las sanciones a las que están expuestos se denominan medidas, en vez de penas, que son propias del derecho penal. Según el artículo 17 LTTM, las medidas aplicables por el Juez pueden ser las siguientes:

  1. Amonestación o internamiento por tiempo de uno a tres fines de semana.
  2. Libertad vigilada.
  3. Acogimiento por otra persona o núcleo familiar.
  4. Privación del derecho a conducir ciclomotores o vehículos a motor.
  5. Prestación de servicios en beneficio de la comunidad.
  6. Tratamiento ambulatorio o ingreso en un centro de carácter terapéutico.
  7. Ingreso en un centro abierto, semiabierto o cerrado.

De los distintos tipos de medidas aplicables al menor, este trabajo de intervención se va a centrar en la medida “f”, es decir, el ingreso en un centro de carácter terapéutico. Teniendo en cuenta que la población objeto de este proyecto son los menores afectados por algún tipo de toxicomanía y que a su vez han infringido la ley de alguna manera, parece que el régimen en Comunidad Terapéutica puede ser el contexto idóneo para intervenir con este colectivo. Para trabajar el consumo de drogas, también existen recursos de medio abierto como el Tratamiento Ambulatorio en Centros de Día. Por otra parte, para trabajar el comportamiento delictivo, España cuenta con centros cerrados de reforma, pero en ellos no se desarrolla un trabajo que esté centrado específicamente en el consumo de drogas y el desarrollo personal, sino en corregir conductas siguiendo un régimen muy disciplinario y estricto. Así pues, la comunidad terapéutica como espacio libre de drogas y contexto en el que se trabaja el desarrollo personal, es el recurso en el que se va a desarrollar el proyecto.

3.1. Comunidad terapéutica (CT).

Las comunidades terapéuticas son ambientes residenciales libres de droga que utilizan un modelo jerárquico con etapas de tratamiento. Dichas etapas, reflejan niveles de responsabilidad social y personal, mediante una gran variedad de procesos grupales, cada persona influye en los demás para ayudarla a aprender y a asimilar las normas y habilidades sociales más eficaces. La CT difiere de otro tipo de  enfoques de tratamiento principalmente en el uso de la comunidad, compuesta por el personal de tratamiento y las personas que se hallan en recuperación, que funcionan ambos como agentes claves del cambio. Los miembros de la CT interactúan de manera estructurada y no estructurada para trabajar las actitudes, percepciones y comportamientos asociados con el uso de drogas. Además de la importancia de la comunidad como el agente primario del cambio, un segundo principio fundamental de la CT es la "auto-ayuda". La auto-ayuda implica que las personas en tratamiento son los principales contribuyentes al proceso de cambio. La "auto-ayuda mutua" significa que las personas también asumen una responsabilidad parcial en la recuperación de sus compañeros, un aspecto importante del propio tratamiento de la persona (Volkow, 2003).

La comunidad terapéutica para el tratamiento de abuso y adicción a las drogas existe desde hace 40 años aproximadamente. Los agentes claves del cambio en el caso de la comunidad son el personal de tratamiento junto con los propios usuarios que están en recuperación. Se trata de un enfoque denominado “la comunidad como método”. La mayoría de las personas que están admitidas en la comunidad terapéutica tienen una historia de funcionamiento social, habilidades sociales y lazos familiares y comunitarios positivos que han sido debilitados por el uso y el abuso de drogas. Por tanto, para ellos, el hecho de recuperarse trae consigo la rehabilitación, es decir, volver a aprender o reestablecer ciertos valores, habilidades y un funcionamiento saludable y también recuperar la salud tanto física como emocional. También en la comunidad existen otros residentes que nunca tuvieron un estilo de vida funcional; en este caso, se trata de personas que son expuestas por primera vez en su vida a un funcionamiento ordenado, de manera que su recuperación llevaría consigo la habilitación, es decir, el aprendizaje por primera vez de habilidades conductuales, de valores y de actitudes para convivir en una sociedad (NIDA, 2010).

En resumen, en la CT reciben tratamiento personas con una variedad de problemas de abuso de drogas. Dentro de este colectivo, existen personas con problemas severos como adicciones a varias drogas (policonsumo), problemas con el sistema judicial, falta de respaldo social positivo, problemas de salud mental (depresión, ansiedad, trastorno de estrés postraumático, trastorno antisocial, trastornos de personalidad), así como menores con un historial de actos delictivos y con problemas de consumo.

Otras características del enfoque terapéutico de la comunidad como método están dirigidos a cambiar los patrones negativos del pensamiento y de conducta a través de la terapia individual y de grupo, las sesiones de grupos con compañeros, el aprendizaje basado en la comunidad, las confrontaciones, los juegos y el desempeño de papeles (role-playing), etc.

Los miembros de la CT sirven como modelos a imitar, puesto que reflejan activamente los valores y enseñanzas de la comunidad. Las actividades que se realizan de forma rutinaria día a día sirven para contrarrestar la vida desordenada de los residentes para que de esta forma se les enseñe a ser responsables, a fijar y lograr metas y a planificarse y organizarse.

 Es importante tener en cuenta que el colectivo de personas que trabajan en la comunidad tiene como objetivo prioritario ayudar a las personas a identificar, expresar y manejar sus sentimientos de manera adecuada y constructiva. Es decir, saber canalizar los propios sentimientos así como saber gestionar las distintas situaciones conflictivas que se pueden presentar a lo largo del día.

En los grupos, reuniones y seminarios de la CT se incorporan los siguientes conceptos:

  • “Vivir decentemente”: aprender ética y responsabilidad personal y social.
  • “Actuar como si”: comportarse como es debido y no como la persona lo había estado haciendo antes de entrar en la comunidad.

El objetivo de este tipo de actividades es que cada persona adquiera un mayor conocimiento de las actitudes y los comportamientos específicos que existen y que a su vez, esta persona sea consciente del impacto que dichas actitudes y dichos comportamientos producen en ella misma y en su ambiente social (Muñoz, 2004).