CAPÍTULO 3. PROYECTO: "INTERVENCIÓN EN MENORES INFRACTORES CON CONSUMO DE DROGAS EN COMUNIDAD TERAPÉUTICA"

1. Introducción

El proyecto de realizar un programa de intervención con menores con problemas de consumo de sustancias en comunidades terapéuticas, nace con la idea de ofrecer a este colectivo de riesgo, un método para poder superar la adicción que presenta a ciertas sustancias. Sin embargo, el objetivo de este trabajo no es solamente la superación de las adicciones de estos menores, sino que pretende algo más, persigue el desarrollo personal de cada uno de los menores. Verdaderamente, una de las mejores formas para que el menor se rehabilite es en Comunidad Terapéutica. Este entorno ofrece un espacio libre de drogas, en el que se trabaja tanto a nivel individual como grupal, se incide en el valor de la responsabilidad y se adquieren diversidad de habilidades para la vida diaria, así como recursos muy útiles para la deshabituación del consumo de drogas. Además de ser un contexto en el que se trabaja por y para el crecimiento personal.

Como ya se ha visto en capítulos anteriores, hay que tener en cuenta que existe una relación muy estrecha entre ser adolescente y consumir drogas. Este uso de las drogas, se presenta como un fenómeno complejo y de naturaleza multicausal. En un principio cuando se comenzó a estudiar el tema en cuestión, el uso de sustancias se explicaba utilizando variables individuales, se enfocaba el problema desde una perspectiva médica. Los estudios que explicaban esto anterior se centraban en la relación entre la sustancia y la psicodinámica individual. Más tarde se incorporaron variables de tipo social en el origen de la conducta del consumo, entre ellas, el rol de los padres, de los hermanos, de los amigos y de toda una serie de factores que nos permiten hoy en día afirmar que se trata de un fenómeno cargado de fundamentos sociales. Se trata por tanto, del modelo bio-psico-social, el cual postula que el factor biológico, el psicológico (pensamientos, emociones y conducta) y los factores sociales, desempeñan un papel significativo de la actividad humana en el contexto, en este caso, de una adicción (NIDA 2010). Kandel explica todo esto exponiendo que en las primeras etapas, los factores sociales juegan un papel más importante y en las últimas son decisivos los factores individuales y farmacológicos. Existen muchas posibles vías, combinaciones de diferentes variables que pueden conducir al abuso de drogas.

Además, es importante tener en cuenta, que el proyecto va dirigido a un colectivo de adolescentes inmersos en un programa de Comunidad Terapéutica, que llegan a este tipo de entornos por una medida judicial. Por tanto, aparte de ser personas que se hallan inmersas en una adicción a sustancias, llegan a realizar este programa de forma no voluntaria, ya que están remitidos por un juzgado de menores. De este modo, se trataría de un proceso de intervención dentro de un contexto jurídico como dispositivo de control social, disciplinario y judicial del consumo de drogas; de un contexto político en lo que se refiere a la seguridad ciudadana para combatir la delincuencia; y un contexto sociocultural referido a una población específica, ya que se trata de adolescentes con un consumo de drogas problemático y una medida judicial que cumplir. Por todo esto, los objetivos a realizar en este proyecto van orientados a un colectivo que en la actualidad tiene un gran impacto social y que se presenta en riesgo de exclusión. Hablaríamos, pues, de menores infractores que cumplen una medida judicial en Comunidad Terapéutica.

Por otra parte, además de intervenir en el consumo de sustancias de estos menores, se trata de disminuir la conducta agresiva y violenta que presentan éstos. Así pues,  desde el punto de vista de la Psicología Cognitivo-Conductual, se sostiene la idea de que los comportamientos son aprendidos y se repiten por sus consecuencias, por tanto, los comportamientos agresivos y violentos de estos adolescentes infractores, se mantienen ya que tienen unas consecuencias positivas para la persona, bien sean de tipo material (dinero, móviles), de tipo social (halagos por parte del grupo de iguales, status) o de tipo interno (sensación de poder y control). Por todo ello, es importante incidir en la idea de que la forma de comportarse que presenta el menor es aprendida. En este sentido, resultaría de gran importancia en la intervención con el menor, la participación de la familia, ya que, en muchas ocasiones, se establecen dinámicas familiares negativas en las que, tanto en su origen como en su mantenimiento, participan tanto los menores como sus padres. Es importante manejar y cambiar estas conductas inadecuadas que se están retroalimentando mutuamente (López y Molina, 2006).