Psicoterapia para Aprender a Vivir

Prof. Dr. Sergio Andrés Pérez Barrero

Profesor Titular. Especialista de 1er y 2do Grado en Psiquiatría.
Presidente de la Sección de Suicidiología de la Sociedad Cubana de Psiquiatría.
Fundador de la Sección de Suicidiología de la Asociación Mundial de Psiquiatría.
Miembro del Grupo de la OMS para la Prevención del Suicidio.
Asesor Temporal de la OPS/OMS para la Prevención del Suicidio en Las Américas.

Consejos II

PARA LA REFLEXIÓN: EL DEDO DE LA AGRESIVIDAD Y EL DEDO DE LA RESPONSABILIDAD

Usted pensará que esto es un barbarismo, pues hasta hoy los dedos de la mano son el pulgar, el índice, el mayor o el del medio, el anular y por último, el meñique. Sin embargo, ¿cuál es el dedo de la agresividad y cuál el de la responsabilidad? Pues el dedo índice y el pulgar, respectivamente.

Cuando se conoce de una infidelidad conyugal por parte de una mujer, el hombre y muchas otras personas, califican de disímiles formas a la infiel y ninguna de ellas afable. Y se dirá que es "mala", "una cualquiera", "una degenerada", "una prostituta", "cornuda", etc. Y el dedo índice campeará por su respeto autoengañando al que lo emplea.

No comparto la infidelidad por parte de ninguno de los dos sexos, pero me gustaría que se utilizara el dedo pulgar al que yo he denominado el dedo de la responsabilidad. ¿Cuál sería el discurso?: "Yo hice cosas que facilitaron que mi pareja buscara en otros lo que yo no le di". "Yo dejé de hacer cosas que debí hacer o hice otras que no debí hacer nunca". "Yo di pie para la décima".

El primer mecanismo, el del índice agresivo y acusador tiene una ventaja y es precisamente esa, descargar nuestra hostilidad hacia afuera, en este caso hacia la pareja. Pero tiene un gran inconveniente y es el no permitir la introspección, el autoanálisis, la reflexión adulta y madura.

El segundo mecanismo, el del dedo pulgar, tiene el inconveniente de que nos culpamos y responsabilizamos, pero la gran ventaja de permitirnos ver en qué fallamos, nuestra participación y responsabilidad en lo ocurrido. Todo este análisis nos ayudará a evitar situaciones similares en el futuro.

El dedo índice es muy fácil de utilizar y se recurre a él con rapidez, porque las culpas "no pueden caer al piso" según se dice y es más fácil echárselas al de enfrente que a nosotros mismos.

Utilizar el dedo pulgar requiere un entrenamiento previo para aprender a controlar su hostilidad, a interpretar la conducta de las personas y la suya propia, a tener reales deseos de crecer como persona, y esto debe hacerse de forma racional pues su exceso puede ser muy doloroso. Al igual que en los tiempos del César, es éste el dedo que nos salva o nos hunde, en dependencia de la sabiduría con que lo utilicemos. Si nunca lo emplea, nadie lo salvará, ni el mismísimo César.

PARA APRENDER DE LOS ANIMALES: EL ZOOLÓGICO DE LA SABIDURÍA

El zoológico de la sabiduría es un recurso psicoterapéutico que he utilizado en mi práctica profesional con muy buena aceptación y resultados empíricos.

Consiste en mostrarle a las personas cómo el hombre, que es un animal racional, puede y debe aprender de los animales. Es proverbial la laboriosidad de las abejas obreras, la vagancia de los zánganos, la lentitud de la tortuga, la memoria de los elefantes, etc. Sin embargo, hay otras conductas en los animales inferiores que bien debieran ser imitadas por los seres humanos y si no, al menos, sacar la enseñanza correspondiente.

Iniciemos el análisis por la yegua y su potrillo. Si usted se ha fijado en una yegua parida y su potrillo cuando van por la carretera, notará como ella va por el estrecho camino, muy pegada a la carretera, sin apenas intervención alguna del jinete. Detrás, delante o al lado, correteando de un lugar para otro, va el potrillo; si se aproxima un vehículo o algún otro peligro, él simplemente se pone detrás de la madre siguiéndole los pasos.

Seguro habrá visto a una gallina con sus pequeños pollitos cuando comienza a llover. Los llama piándoles y protege a todos cubriéndolos con las alas. Y eso lo repetirá en incontables ocasiones hasta que los pollitos han crecido y no le caben debajo de las alas. Y ella, al parecer, se da cuenta del crecimiento y les deja hacer cada vez más sus propias vidas hasta que se hacen gallos y gallinas en el patio donde les ha tocado vivir.

También habrá tenido la oportunidad de observar al palomo y la paloma haciendo el amor, o como popularmente se dice: "un palomo cubriendo a la paloma". O quizás haya visto al gallo corriendo detrás de la gallina y haciéndole la ronda para tener sexo. O habrá visto al perro cómo huele a la perra, le lame, le ladra, le da vueltas antes de tener dicha relación. Y así todos los animales hacen lo mismo antes: cortejan a la hembra, la seducen, la preparan para ese momento de aparearse.

Muchos seres humanos se olvidan del efecto imitativo que su conducta provoca en los hijos y aunque se les dé libertad de acción, es necesario mostrarles por qué camino se debe transitar para evitar peligros. Un comportamiento razonablemente adecuado, no perfeccionista, es una buena guía para la descendencia. Pero también pueden ser imitadas la ingestión excesiva de bebidas alcohólicas y la conducta suicida. Sírvale de modelo a seguir a sus hijos, así como sucede con el potrillo.

Hay madres y padres que quieren mantener a sus hijos, ya adultos, debajo de su regazo. Con ello, además de irrespetarlos, les coarta su libertad, impidiéndoles alcanzar la necesaria validación que les permita el desarrollo personal. Si la gallina se da cuenta que el tiempo pasa y los hijos crecen, ¿por qué muchas personas no? Si la gallina le ofrece a los pollitos en cada momento lo que ellos necesitan, ¿por qué algunas personas no hacen lo mismo con sus hijos?

Por último, ¿cuántas mujeres desearían que sus parejas las cortejaran, las sedujeran, las deslizaran suavemente en el acto sexual y no continuaran haciéndolo de esa manera tan rutinaria, impersonal, monótona? Es seguro que el palomo pudiera enseñarle cómo hacerlo de esa manera añorada.

Sólo les ofrezco tres ejemplos del zoológico de la sabiduría. Puede encontrar muchos más al observar las conductas de los animales y se dará cuenta que de ellos también se pueden aprender cosas que le ayuden a vivir, e imitar las que hagan mejor que usted.

PARA MODIFICAR LOS SIETE RASGOS NEGATIVOS DE LA PERSONALIDAD

Parece que el número siete es un número socorrido. Así se mencionan los siete pecados capitales, las siete maravillas del mundo y en el cine Los siete magníficos y Los siete samurais. Y ahora les propongo analizar los siete rasgos negativos de la personalidad.

Es posible que para usted éstos no sean los rasgos más negativos y está en lo cierto. Pero por algunos había que iniciar y elegí los siguientes: la susceptibilidad, la desconfianza, la impulsividad, el pesimismo, el egocentrismo, la timidez y la duda.

Pasemos a detallar cómo estos rasgos influyen de forma negativa en nuestras vidas.

La susceptibilidad es aquel rasgo del carácter mediante el cual el sujeto se convierte en una esponja para recoger... todo lo malo (real o que él se imagina). El susceptible siempre o casi siempre se siente herido, despreciado, humillado por cuestiones insignificantes, como puede ser no darle los "buenos días" a él en específico; porque, como puede ocurrir, se olvidaron de su cumpleaños; porque, con justeza, le hicieron una llamada de atención; porque el hijo, de tres años de edad, le dijo que no lo quería y que ella o él no era su mamá o el papá, cosa que dicen la mayoría de los niños a esa edad, pero el susceptible lo toma en serio; y así sucesivamente.

Debido a este carácter tiene lógicas dificultades en sus relaciones interpersonales, pues no hay manera alguna de quedar bien con él. Un rasgo que lo complementa es la manipulación: casi nunca dice las cosas tal y como ocurren, sino que las "arregla" según su modo susceptible de pensar. Y con frecuencia trata de involucrar a otros en sus problemas en los que, desde luego, él siempre lleva la peor parte, es decir, es la víctima. "Usted me hizo tal cosa", "Usted me ofendió", "Usted me maltrató", "Usted piensa mal de mí", "Yo no le caigo bien", "Usted la tiene cogida conmigo", "No me quieres como antes", "Sí, yo lo hice todo mal pero usted no tenía que llamarme la atención de esa manera". Ésta es una característica muy acentuada en él y es lo que yo denomino "tener la susceptibilidad en la punta de la nariz", pues se hiere mucho por lo que se le dice y no por lo que hizo para merecer que le dijeran tales cosas. Está muy alerta de cómo le dicen las cosas y no de cuál es el contenido de lo que le dicen. Esto obviamente también le ocasiona dificultades.

Hay que saber ser susceptible y una buena forma es siéndolo en relación con uno mismo, no con los demás, lo cual es una manera de defenderse. Es muy útil preguntarse: ¿Por qué me duele lo que me dicen y no lo que hice para que me lo dijeran? Para empezar a cambiar éste pudiera ser un buen recurso.

La desconfianza es otro rasgo que, cuando no está bien proporcionado, se convierte en un martirio para quien lo padece. Se trata de la falta de confianza en sí mismo y en quiénes le rodean. Al faltarle la confianza en los demás, el desconfiado pensará que le tratan con hipocresía, le dicen sólo una parte de las cosas y le ocultan información; piensa, cuando entra en la oficina y los demás se callan, que estaban haciendo algún comentario malintencionado de su persona; considera las palabras amorosas dichas por su pareja un medio para obtener algo, y no porque las siente y porque le quiere, piensa incluso que "algo" está pasando, pues "ella no es tan cariñosa" y debe haber "gato encerrado". No puede tener amigos porque también desconfiará de ellos.

La falta de confianza en sí mismo se observa disfrazada de orgullo y autosuficiencia. Considera merecerlo todo y desprecia lo que no está a la altura de su supuesto valor. La inseguridad propia del desconfiado explica los celos, al pensar que otra persona con sus atributos es capaz de hacer sentir mejor a su pareja que él.

No hay otro remedio para este rasgo que comenzar a confiar. Trate de intentarlo al menos, pero de buena fe, no para decirse usted mismo que hizo lo que le sugirieron y no resultó.

La impulsividad está en las personas que no meditan sus acciones y se dejan arrastrar por el primer impulso; imagínese cuántos inconvenientes puede acarrear este rasgo de la personalidad si no se maneja adecuadamente. El impulsivo se comporta como un toro en el ruedo, que con sólo moverle la capa embiste con una furia propia de lo que es: una bestia. Y por desgracia se encuentran personas con tal comportamiento: acaban, ofenden, agreden, ya sea física o verbalmente, a quienes le rodean, por motivos frente a los que se pudiera haber reaccionado de una forma más civilizada. Él será el erizo dispuesto a pinchar al más mínimo roce, por lo que sus relaciones con los demás se verán afectadas de manera sensible.

Esta persona es un esclavo de sus impulsos, es su caballo, no lo que debiera ser: el jinete de sus emociones. Sería aconsejable para ella hallar el control de sus impulsos por todos los medios, incluyendo los psicofármacos, muchos de los cuales han sido utilizados frecuentemente con magníficos resultados en este sentido.

Busque ayuda en un psiquiatra para aliviar este rasgo y sus consecuencias cuanto antes.

El pesimismo es una disposición anímica que lleva a pensar siempre lo peor. El pesimista es aquella persona que se deja dominar por el pesimismo. Imagínese cómo puede ser su mundo si todo lo ve con gafas oscuras; piensa que nada le saldrá bien, que no tiene sentido luchar si no va a obtener éxito, está derrotado antes de iniciar la lucha. Es un perdedor nato. Pierde porque lleva en él la predisposición y la disposición para la derrota y no hace otra cosa que reafirmarla con sus actos.

Al pesimista le ocasiona gran dificultad mantener adecuadas relaciones interpersonales, pues todos tratarán de evitarlo. Su discurso sombrío, sus puntos de vista derrotistas, sus lamentaciones, no son del agrado de los que tienen una manera diferente de comportarse ante la vida, y son la causa de las dificultades referidas. Tiene una imagen negativa de sí mismo y del mundo, al que considera frustrante, competitivo, exigente, agresivo. Su visión de las expectativas futuras es mala y las imagina muy difíciles, con sufrimientos, privaciones, fracasos, etc.

Sería útil para el pesimista tratar de probar que la vida es realmente una "basura" o que él no sirve para nada. La imposibilidad de demostrarlo, quizás pueda enseñarle lo absurdo de sus pensamientos, que le generan el pesimismo y lo refuerzan.

El egocentrismo es otro rasgo que puede dificultar el desarrollo individual. Ego significa yo, y centrismo, el centro. Egocéntrico es la persona que se considera el centro y todo debe girar alrededor de él. El niño pequeño es, por naturaleza, así y es lógico, pues requiere de cuidados constantes para su supervivencia.

Resulta muy difícil establecer relaciones interpersonales armónicas con un egocéntrico, pues se cree lo mejor, lo más importante, sus puntos de vista son los más adecuados, sus necesidades son las principales que hay que satisfacer, todo tiene que ser subordinado a él, tiene que ser "el ombligo del mundo", esto es, de la pareja, de la familia, del grupo de amigos. A él hay que tenerlo en cuenta para todo y rendirle cuenta de todo. Sus dolores son los mayores, sus problemas no tienen comparación, sus sufrimientos no tienen límites. Como se evidencia, la tendencia a la exageración es parte intrínseca del individuo egocentrista.

Pero nadie es el ombligo del mundo y él no debe creerse que lo es. Y si se lo hacen creer es para hacerle el juego y lo tratan como si fuera un anormal o un bebé, quien sí lo necesita. En el adulto estas actitudes son anormales y es conveniente que haga consciente su necesidad de reclamar atención, independientemente de las diversas formas que utilice para ello, como el llanto, el enojo, la simulación de determinados malestares o la exageración de síntomas banales, etc. También tiene que enfrentar, además de lo anterior, que él puede ser el centro para un grupo de personas, pero no para todas, o durante un tiempo, pero no siempre.

La timidez es otro rasgo que trae innumerables dificultades interpersonales a quien lo posee de manera relevante. El tímido padece de ella y eso significa encogimiento, temor para establecer relaciones, para decir lo que piensa, para exponer sus puntos de vista, para defender sus derechos, para competir con otros; también lo tendrá de estar en grupos, sentirá pena por todo, y esas actitudes harán que sea visto como "el raro del grupo" o se le tendrá lástima o compasión por esa forma de ser. Pero la lástima y la compasión no son afectos normales entre los seres humanos. Luchar contra la timidez no es tarea fácil, pero tampoco imposible.

A continuación se ofrecen algunos consejos para ir venciendo este rasgo. • Hable hasta por los codos cuando se encuentre entre los familiares y amigos que le quieran bien y ante los que usted no tenga gran temor de manifestarse. • Hable hasta por los codos ante desconocidos que probablemente no vuelva a ver y cuyas opiniones sobre usted no son determinantes ni influyentes en su vida. • Hable hasta por los codos que es preferible hacer el ridículo algunas veces y no estar haciéndolo durante toda la vida.

La duda es el último rasgo que se analizará. Hay personas con carácter dubitativo y siempre están pensando si lo que hicieron estuvo bien hecho o no, si cerraron la puerta o la dejaron abierta, si dicen sí en determinado asunto o dicen no. Son esas personas que para tomar una decisión, la piensan tanto y hasta en los últimos pormenores que cuando se deciden ya no es el momento de tomarla.

Reflexionar es bueno y pensar antes de hacer las cosas también lo es, pero no es ni regular disfrazar la duda y la indecisión con ropas de reflexión. Y eso ocurre con quien duda; por su inseguridad tiene que pesar y sopesar hasta el último de los detalles buscando lo que no tiene: seguridad.

Este rasgo es dañino pues se acompaña con frecuencia de rumiación de ideas y el cerebro literalmente no descansa, porque estará pensando en los pro y los contra; por ello, siempre estarán preocupados, tensos; incapaces de bromear, de disfrutar. Y esto a la larga, les llevará al cansancio mental.

Los siguientes consejos les pudieran ser útiles: • Tome las decisiones en conjunto con personas en las que tenga plena confianza. • Recuerde que no se puede tener la seguridad absoluta de acertar en todas las decisiones. • Tomar una decisión inadecuada no es el fin del mundo y no es usted el único que comete errores. • Aprenda a reírse de sus propias dudas y trate de mirarse desde fuera. • Sea tolerante con usted mismo, no sufra del llamado complejo de Dios o de la perfección en todo momento. • Practique ejercicios físicos y técnicas de relajación.

Finalmente, si usted tiene alguno de los siete rasgos muy acentuado, debe darse a la tarea de eliminarlo.

PARA LOGRAR LA QUIETUD ESPIRITUAL O LA TRANQUILIDAD MENTAL

La paz interna cada cual la puede lograr de forma muy diversa según los gustos personales, la cultura, la religiosidad, la personalidad y, muy importante, el medio donde se desenvuelve el sujeto, que puede facilitar o entorpecer la búsqueda y consecución de ese estado.

A continuación le brindaré algunos consejos que pudieran ayudarle a lograr la tranquilidad mental o quietud espiritual.

  1. Para alcanzar la tranquilidad mental deseada hay que tener una actitud positiva hacia la vida, esto es, tratar de ver el lado bueno de las cosas y actuar en consecuencia. Una actitud pesimista, rencorosa, temerosa, rígida, dominante, pasiva, etc., puede impedir llegar a este estado.
  2. La tranquilidad mental, además de un estado que se puede lograr con determinado entrenamiento, es también una filosofía de la vida, practicada desde tiempos inmemoriales. No desear más de lo que se necesita, no aferrarse a cuestiones intrascendentes, hacer una vida sana, tener motivaciones elevadas, hacer el bien siempre, no hacer daño en ningún momento, ser humilde, etc., eran algunas de las características que sugerían los antiguos para lograr dicho estado.
  3. Entrene el cuerpo en la búsqueda de este estado. Para ello lo primero es colocarse en una posición cómoda, que puede ser la de imitar a un cochero o también sentarse en el piso, con la espalda lo más recta posible, preferiblemente bien pegada a la pared, entrelazar las manos y situar las piernas de la forma que le resulte más cómoda. En esta posición, cierre los ojos e imagine algo agradable, como ir por algún lugar cubierto de árboles de abundante follaje, un hermoso césped verde que invita al reposo y en el que sólo se escucha el sonido del viento y el canto de las aves. Una vez lograda cierta tranquilidad en su cuerpo y en su mente al imaginar lo anterior, un elemento muy importante es el control de la respiración: debe concentrarse en ella y realizar inspiraciones profundas por la nariz (tomar el aire) y botarlo por los labios semicerrados. Estos ejercicios de inspiración-espiración debe realizarlos hasta que sienta un leve mareo. Después, trate de mantener una respiración en forma de vaivén, esto es, que su pecho suba y baje lo más lentamente posible.
  4. Lograr la relajación deseada y con ella la tranquilidad mental, no se alcanza en varios días, ni semanas siquiera, así que no se desanime si por usted mismo no lo consigue en los primeros intentos.
  5. Una vez que se haya relajado, concentre su atención en un lugar de su cuerpo, por ejemplo, el dedo grueso del pie izquierdo o el que le resulte más fácil de mantener en su mente y olvídese del resto. Éste, a partir de ese momento, es sólo el dedo grueso de su pie izquierdo.
  6. Al realizar estos ejercicios, si le cuesta trabajo concentrar su atención en la parte señalada, otra posibilidad es mantener en la mente una palabra sin sentido conformada en lo fundamental por la vocal "a" como "akrasna" por ejemplo.
  7. Al finalizar los ejercicios, tome un baño lo más caliente posible, dejando correr el agua suavemente sobre su piel, con preferencia, cara, cuello y espalda. Séquese mediante suaves toques repetitivos y prepárese para realizar actividades sedentarias.

PARA OBTENER UNA MAYOR AUTOCONFIANZA

La autoconfianza podríamos definirla como la confianza en uno mismo, en nuestras reales posibilidades. No todas las personas confían en sí mismas, y en ello puede haber influido un gran número de factores. Sin embargo, nunca es tarde para empezar, por lo que a continuación le ofrecemos una serie de consejos, base de una técnica psicoterapéutica, denominada Terapia Asertiva, que persigue, entre sus principales objetivos, evitar la manipulación que tratan de hacer los demás sobre nosotros y mejorar la visión de uno mismo. Es muy útil en los tímidos, los pasivos, los dependientes, los dubitativos y los que tienen muy en cuenta "el que dirán".

  1. Usted es y debe ser el juez de su conducta. Debe ser el responsable de las consecuencias de sus actos, los cuales no necesitan tener la aprobación de los demás, aunque mientras más personas aprueben su conducta, significa que es socialmente bien vista, pero si esto no fuera así, no se alarme, ello puede ocurrir.
  2. No está obligado a pedir disculpas, ofrecer excusas o dar razones explicativas de sus actos a no ser que ello haya sido conveniado antes con usted. Sólo las dará a las personas que decida y no a otras.
  3. No está obligado a encontrarle soluciones a los problemas de otros. Sólo ocurrirá si desea hacerlo.
  4. Tiene derecho a cambiar de opinión cuantas veces desee, siempre y cuando sea posible. No sienta pena por modificar una decisión previa, pues no está obligado a mantenerla. Nunca le haga caso a los argumentos que esgrimirán quienes tienen interés en que no revoque su decisión.
  5. Tiene derecho a decir "No sé" cuando se le pregunta algo, aunque sepa la respuesta precisa. Es libre de dar esa y otras informaciones a quien elija para ofrecerlas.
  6. Tiene todo el derecho de equivocarse y de hacerse responsable de las consecuencias de dicha equivocación. No sienta culpa por ese error, pues todos los seres humanos los cometemos. Dése a la tarea de aprender de ellos para no repetirlos.
  7. Tiene derecho a opinar diferente a la mayoría de las personas y mantenerla por el tiempo que usted decida hacerlo.
  8. Tiene derecho a tomar una decisión que no sea la mejor a los ojos de los demás, sin afectar otros intereses que no sean los propios.
  9. Tiene derecho a decir "No comprendo" y "No me importa" cuando lo estime prudente.
  10. Tiene derecho a caerle mal a un grupo de personas, regular a otros y bien a los terceros. La proporción entre estos grupos le mostrará el grado de aceptación que usted tiene en ellos, lo cual no tiene importancia alguna.
  11. Tiene derecho a persistir en su decisión, y emplear para ello la técnica del disco rayado, o sea, la repetición exacta de lo que eligió responder: "No sé, no sé, no sé..."; "Porque sí, porque sí, porque sí..."; "No quiero, no quiero, no quiero"...
  12. Tiene el derecho a responder las preguntas que le hacen con otras preguntas, como por ejemplo: "¿Por qué usted me pregunta eso?" "¿Está molesto usted?" "¿Hice algo indebido?".
  13. Tiene derecho a hacer el ridículo. Antes que usted muchos otros lo hicieron. Después de usted lo hará una cantidad similar.
  14. Si ninguno de estos consejos le resulta de utilidad, usted tiene el derecho a no tenerlos en cuenta.