INTRODUCCIÓN

Por: Fernando Mansilla Izquierdo

El entorno del trabajo y la organización y gestión del trabajo son factores de riesgo psicosocial que si se gestionan de una forma deficiente tendrán, sin duda, consecuencias negativas para la salud de los trabajadores en forma de estrés laboral, burnout o mobbing.

Se ha afirmado que los riesgos psicosociales acaparan más de un tercio de los accidentes y enfermedades relacionados con el trabajo y que un 17% de las bajas laborales están vinculadas a estas patologías. Además se ha señalado que el 30 % de los trabajadores europeos sufre estrés laboral, pero hay que tener en cuenta que con frecuencia, bajo el amplio paraguas del diagnóstico de estrés laboral, no sólo se contempla el estrés laboral, sino también el burnout y el mobbing lo que ha generado cierto grado de confusión. Aún así, los datos europeos constatan que el 9% de los trabajadores han manifestado sentirse afectado de mobbing, un 20% de europeos sufre el síndrome de burnout y un 22% padece algún tipo de estrés laboral, aunque las estadísticas suelen diferir.

Es necesario tomar conciencia de que no se dispone de instrumentos eficaces para la evaluación del estrés laboral, del síndrome de burnout y del mobbing, ya que los cuestionarios de estrés laboral ni los instrumentos para la evaluación del síndrome de burnout ni los inventarios de acoso laboral son determinantes para un diagnóstico objetivo, conviene delimitar su campo de acción y definir y confrontar la situación.
Para la valoración del estrés laboral, hay que identificar tanto los estresores del ambiente físico en el lugar de trabajo como los intraorganizacionales, excluyendo los estresores extraorganizacionales.

Para la valoración del burnout, hay que tener en cuenta el contexto laboral, organizativo e institucional.
Para evaluar el mobbing hay que establecer la diferencia con un conflicto interpersonal en el que pueden darse el mismo tipo de conductas pero que difieren en cómo se producen, la frecuencia y la duración de estas conductas hostiles.

El interés creciente por los riesgos psicosociales ha venido acompañado de un incremento de casos de trastornos de simulación (cualquier persona que tenga una exigencia laboral o un conflicto interpersonal con los compañeros de trabajo puede intentar justificarlo como estrés laboral, burnout o mobbing), lo que ha conllevado la necesidad del estudio y la investigación con el objetivo de confeccionar instrumentos de evaluación con la suficiente validez y fiabilidad, y establecer criterios para que el estrés laboral, el burnout y el mobbing puedan ser incluidos en la Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS, y ser consideradas no como accidentes de trabajo sino enfermedades derivadas del trabajo.

Esto llevaría a sus últimas consecuencias el derecho a la salud laboral de los trabajadores, que emana de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales.