¿Como evitar suicidio en adolescentes?
Factores protectores del comportamiento suicida
Prof. Dr. Andrés Pérez Barrero
Profesor Titular. Especialista de 1er y 2do Grado en Psiquiatría.
Presidente de la Sección de Suicidiología de la Sociedad
Cubana de Psiquiatría.
Fundador de la Sección de Suicidiología de la Asociación
Mundial de Psiquiatría.
Miembro del Grupo de la OMS para la Prevención del Suicidio.
Asesor Temporal de la OPS/OMS para la Prevención del Suicidio
en Las Américas.
Entre
los factores protectores del suicidio se encuentran los siguientes:
- Poseer habilidades sociales que le permitan integrarse a los grupos
propios de la adolescencia en la escuela y la comunidad de forma positiva
- Poseer
confianza en sí mismo, para lo cual debe ser educado destacando
sus éxitos, sacando experiencias positivas de los fracasos, no
humillarlos ni crearles sentimientos de inseguridad.
- Tener
habilidades para enfrentar situaciones de acuerdo a sus posibilidades,
lo cual les evitará someterse a eventos y contingencias ambientales
en las que probablemente fracasará, reservando las energías
para abordar aquellas empresas en las que salga triunfador.
- Tener
capacidad de autocontrol sobre su propio “des-tino”, como
dijera el poeta chileno Pablo Neruda, cuando expresó: “Tú
eres el resultado de ti mismo”.
- Poseer
y desarrollar una buena adaptabilidad, responsabilidad, persistencia,
perseverancia, razonable calidad de ánimo y de los niveles de
actividad.
- Aprender
a perseverar cuando la ocasión lo requiera y a renunciar cuando
sea necesario.
- Tener
buena autoestima, autoimagen y suficiencia.
- Desarrollar
inteligencia y habilidades para resolver problemas.
- Saber
buscar ayuda en momentos de dificultades, acercándose a la madre,
el padre, los abuelos, otros familiares, un buen amigo, los maestros,
el médico, el sacerdote o el pastor.
- Saber
pedir consejos ante decisiones relevantes y saber elegir la persona
más adecuada para brindarlos.
- Ser
receptivo a las experiencias ajenas y sus soluciones, principalmente
aquellas que han tenido exitoso desenvolvimiento.
- Ser
receptivo ante las nuevas evidencias y conocimientos para incorporarlos
a su repertorio.
- Estar
integrado socialmente y tener criterio de pertenencia.
- Mantener
buenas relaciones interpersonales con compañeros de estudio o
trabajo, amigos, maestros y otras figuras significativas.
- Tener
apoyo de los familiares y sentir que se le ama, se le acepta y apoya.
- Lograr
una auténtica identidad cultural.
- Poseer
habilidades para emplear adecuada y sanamente el tiempo libre.
- Evitar
el consumo de sustancias adictivas (café, alcohol, drogas, tabaco,
fármacos, etc.)
- Aprender
a posponer las gratificaciones inmediatas por aquellas a largo plazo
que arrojen resultados duraderos.
- Desarrollar
una variedad de intereses extrahogareños que le permitan equilibrar
las dificultades en el hogar si las tuviera.
- Saber
expresar a personas confiables aquellos pensamientos dolorosos, desagradables
y muy molestos, incluyendo las ideas suicidas u otras, por muy descabelladas
que pudieran parecer.
A estos factores habría que añadir la capacidad para hacer
utilización de las fuentes que brindan salud mental, como las
consultas de consejería, de psicología o psiquiatría,
las unidades de intervención en crisis, los servicios médicos
de urgencia, los médicos de la familia, agencias de voluntarios
en la prevención del suicidio, etc. Se debe educar a los adolescentes
en el aprovechamiento de la fuentes de salud mental existentes en la
comunidad, cuándo hacer uso de ellas, qué beneficios se
pueden obtener, qué servicios o posibilidades terapéuticas
se les puede brindar y favorecer con ello que se haga un uso racional
de las mismas.
En esta propia vertiente se debe comenzar un sistemático esfuerzo
para educar a los adolescentes en la tolerancia hacia los enfermos mentales
y la aceptación de la enfermedad mental como un tipo de trastorno
similar a otras afecciones crónicas no transmisibles, evitando
la estigmatización y las actitudes de rechazo hacia quienes las
padecen, lo cual incrementará las probabilidades futuras de aceptarlas
en caso de padecerlas y buscar ayuda para recibir tratamiento especializado,
disminuyendo las posibilidades de cometer suicidio si se tiene en consideración
que padecer una enfermedad mental es un factor de riesgo suicida comprobado,
y si no se la trata, peor aún.
Se puede contribuir a modificar las actitudes peyorativas hacia los
enfermos mentales evitando utilizar calificativos tales como “anormales”,
“tarados”, “locos”, y modificando las interpretaciones
del sufrimiento emocional al considerarlo como una “cobardía”,
“una incapacidad”, “una blandenguería”
y otras calificaciones que inhiben las posibilidades de buscar apoyo
en quienes las padezcan.