Temas de Psicología de la Religión

2. Introito

Por: Lic. Juan Manuel Otero Barrigón - Profesor adjunto en la cátedra de "Psicología de la Religión" de la Universidad del Salvador (Buenos Aires, Argentina)

La palabra arte tiene su raíz en un antiguo vocablo de origen pre-helénico, "artao", que podría traducirse como "aquello que debe ser juntado, unido", o bien, "algo que une".

Arte sería, entonces, todo aquello que tiende a unificar, a unir las partes separadas. 

En este sentido se revela su profunda imbricación con el Símbolo, dado que este, en su etimología, también alude, implícitamente, al vincular, al "ligar". Símbolo proviene de symballein: lanzar, arrojar juntos. 

Primitivamente, el símbolo era un objeto partido en dos partes, del cual dos personas conservaban cada cual una mitad. Estas dos partes separadas servían, vueltas a reunir, para reconocer a los portadores de un compromiso o deuda en común. Sym-ballein es, dicho se de paso, lo contrario a diaba-llein, "lo que dispersa y separa", origen etimológico de la palabra diablo.

Pero no solamente arte y símbolo están emparentados, también es necesario añadir un término más. Religión, proveniente de Religare, guarda una profunda consonancia tanto con el arte, como con el símbolo, ya desde su misma procedencia linguística. Religare es volver a unir, volver a encontrar las partes, retornar a la unidad previa originaria. Volver a conectar los mundos. El Macrocosmos con el microcosmos. Lo Exterior con lo interior. El arriba con el abajo. El adentro con el afuera. Lo trascendente con lo inmanente. Lo humano, con lo divino. El cielo, con la tierra. 

Arte, símbolo y religión se nos presentan, de esta forma, profundamente conectados, ya que por medio del discurso simbólico, se tejen las redes constitutivas tanto del universo artístico como del universo religioso. 

Si, al decir de C.G.Jung, los símbolos son catalizadores de la energía psíquica, su comprensión (sin dejar de lado el hecho de que todo símbolo es  la mejor expresión posible de algo en esencia desconocido) es fundamental para explicar tanto los procesos religiosos como todas aquellas actividades culturales, que como el arte, son la eclosión más genuina del espíritu, que pulsa siempre insistente por manifestarse.