Temas de Psicología de la Religión

3. Perspectiva imaginal y perspectiva científica

Por: Lic. Juan Manuel Otero Barrigón - Profesor adjunto en la cátedra de "Psicología de la Religión" de la Universidad del Salvador (Buenos Aires, Argentina)

A grandes rasgos, y sin ánimos de incurrir en miradas reduccionistas, podemos discriminar dos grandes enfoques a partir de los cuales se ha hecho psicología de la religión. Los llamaremos perspectiva científica y perspectiva imaginal

La primera nos es más conocida hoy día, debido al auge de las neurociencias, y a raíz del llamativo interés que distintos científicos vienen manifestando sobre el sentimiento y la conducta religiosa desde hace aproximadamente dos o tres décadas. Característico de este enfoque es la experimentación, en ámbitos controlados, en torno a ciertas prácticas y expresiones de la vivencia religiosa, como por ejemplo, la oración y sus vínculos con la salud mental.

Algunos científicos como Andrew Newberg desarrollan teorías respecto al origen del hecho religioso en base a distintos estudios de neuroimagen. Otros, sin llegar tan lejos en sus teorizaciones, se conforman con el hallazgo de evidencia empírica que demuestre, o no, la eficacia de prácticas o actitudes religiosas específicas, sin pronunciarse sobre la cuestión de fondo respecto al surgimiento, en la historia humana, de la idea de Dios o de la religión. 

Por otra parte, la perspectiva imaginal hunde sus raíces en una visión más poética, más lírica del fenómeno religioso y de su importancia para el ser humano. La noción que da origen a esta perspectiva remite al concepto de Mundo Imaginal, que popularizara el filósofo francés Henry Corbin. Este autor acuñó dicho neologismo para conceptualizar la idea de la imaginación creadora. La dimensión imaginal es aquella dimensión que abre al Ser y al conocer a un mundo suprasensible: ni el mundo percibido por los sentidos, ni aquel que es develado por el intelecto. Es un tercer mundo, o más propiamente, un intermundo entre lo sensible y lo inteligible. Este es el plano de lo imaginal. El imaginal es el ámbito que posibilita el pasaje reversible entre lo sensible y lo inteligible, distinguiéndose de lo imaginario, vulgarmente sometido a la fabulación, la irrealidad o incluso al delirio.         

La perspectiva imaginal en psicología de la religión es la propia de aquellos autores para quienes lo religioso como hecho, escapa en su intento de asimiento a los límites de la prueba de laboratorio. Al teórico que se desenvuelve bajo esta perspectiva, no lo conmueven las evidencias que confirman la función psicosociocultural que cumple tal o cual práctica o rito, aunque no las desestima. Podría decirse que, en algunos casos, las asume intuitivamente de antemano. 

Ambas perspectivas de análisis son válidas y sumamente útiles para comprender distintos aspectos de la dimensión religiosa del hombre. Habitualmente, quienes trabajaron bajo el paraguas de una de ellas, tendieron a ignorar los frutos y las producciones de la otra. Sin embargo, y a la luz de los desarrollos recientes en distintos campos del saber, la psicología de la religión necesita de ambos enfoques para ser completa. Esto, independientemente de los sentidos personales que rijan el itinerario y espíritu de cada estudioso en particular.  

Nuestra disciplina requiere cultivar, ante todo, un pensamiento sistémico expresado en el paradigma de la complejidad

Lo complejo nos habla de elementos interrelacionados, permitiéndonos un replanteamiento constante de nuestros conocimientos.

Dicho paradigma nos permite concebir y pensar la diversidad de disciplinas cuyo objeto de estudio es la religión, integrando sus aportes en una mirada o visión polinucleada. De esta manera, campos tan fértiles de estudio como la sociología de la religión, la antropología de la religión, la psicología clínica, la psicología social, la neurobiología, y la fenomenología, por citar sólo a algunas, desarrollan modelos teóricos y vías de aproximación sumamente enriquecedoras para el psicólogo de la religión, las cuales, además, no puede dejar de tenerse en cuenta en el estudio de un fenómeno humano tan complejo y con tanta diversidad de aristas. 

Se trata de desarrollar una mirada integradora, abierta a abordar nuestro objeto de estudio atendiendo a sus múltiples lecturas.

Edgar Morin ya señalaba que el pensamiento complejo es, fundamentalmente, un pensamiento que relaciona. Esto es algo que se opone al aislamiento de los objetos de conocimiento, reestableciéndolos a su contexto, y siempre que resulta posible, reisertándolos en la globalidad a la cual pertenecen. 

Lo contrario supondría caer en un reduccionismo inconducente, obstaculizador de toda verdadera comprensión.

En una época en la cual la ciencia se erige como un saber técnico, reducido y cada vez más especializado, con esfuerzos interdisciplinares que no ayudan verdaderamente a prevenir los excesos de fraccionamiento y fragmentación del conocimiento, el paradigma de la complejidad, tal como señala el epistemólogo Basarab Nicolescu, postula la necesidad de organizar el conocimiento adquirido desde la transdiciplinariedad; situándose esta, a su vez, entre las disciplinas (interdisciplinariedad), a través de las disciplinas (pluridisciplinariedad) y más allá de las disciplinas (transdiciplinariedad), siendo su finalidad la comprensión del objeto de estudio a partir del conocimiento como unidad.

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