El acoso escolar no es broma

El periodo escolar es, o debería ser, una etapa feliz en la vida de todo niño y adolescente; sin embargo, tristemente, en lo últimos años, la violencia en las escuelas ha aumentado a causa del acoso escolar haciendo que esta etapa se convierta en una pesadilla tanto para los alumnos como para sus padres. Hoy en día esta situación ha crecido como plaga atentando contra la vida no solo estudiantil sino física y emocional de quienes padecen de esta situación.

El acoso escolar (bullying) es una acción violenta, prolongada y repetida tanto física (golpes, empujones, patadas, rasguños) y verbal (insultos, apodos, burlas, creación de rumores) como emocional (ignorarlo, humillarlo, intimidarlo) llevada a cabo por un individuo o un grupo determinado contra un estudiante en específico con el propósito de lastimarlo. Ocurre entre los seis y los diecisiete años, siendo de los trece a los quince, es decir, en la secundaria su etapa de mayor incidencia. Por lo general, los varones usan más la fuerza física, a diferencia de las niñas que usan más la violencia emocional aunque también la violencia física está presente. En ocasiones, alguna conducta contra un compañero puede pasar como una broma entre adolescentes, pero, si la víctima no se ríe y por lo general no se les ve juntos en la escuela, se puede considerar como acoso.

Existen tres grupos de personas dentro del acoso escolar: los acosadores, las víctimas y los observadores (llamados también acosadores pasivos). Por lo general, las víctimas presentan alguna característica diferente al resto del grupo, son más débiles que sus agresores, inseguros, poco populares, tienen baja autoestima, vienen de una familia sobre protectora, y escasas habilidades de comunicación y de relación con los compañeros, no son agresivos y no tienen amigos.  Los acosadores tienen mayor  fortaleza física, son impulsivos, con pocas habilidades para resolver conflictos, tienen deseo de ejercer control y dominio, son impositivos, buscan salirse siempre con la suya, no respetan las reglas de convivencia, tienen dificultad para reconocer sus faltas, no sienten empatía, no aceptan contradicciones, son egocéntricos y están acostumbrados a recibir lo que quieren.  Es muy raro que un intimidador actúe solo; por lo general, tiene un grupo que lo apoya. En ocasiones, el acosador deja todo en manos de sus amigos haciéndose pasar por inocente por si se da el caso de que la víctima llegue a acusarlo. Y los observadores son testigos del acoso escolar hacia un compañero, pero no suelen ayudar ni avisar por miedo a volverse las próximas victimas del agresor; son los que se ríen cuando el agresor molesta verbal o físicamente a su compañero.

Desafortunadamente, las víctimas no suelen denunciar a su agresor porque se avergüenzan de no saber defenderse, temen que el acoso aumente, se convencen de que nadie puede ayudarlos, piensan que si no hablan le agradarán a su agresor, se sienten culpables por la situación e incluso llegan a justificar a su agresor.

El acoso escolar puede ocurrir en cualquier lugar de la escuela: en el patio, en el salón de clases, en los baños, en los pasillos,  en los alrededores o en espacios distintos en donde se desarrollan actividades como paseos, competencias deportivas y culturales, etcétera.

Para saber si un niño es víctima de acoso escolar es necesario estar alerta a las siguientes señales: ansiedad, angustia, estrés, temores inexplicables y persistentes, pesadillas recurrentes; si habla o grita dormido, cambios drásticos de conducta, pierde el gusto por las cosas que antes disfrutaba, dolor de cabeza o de estómago, náuseas, pérdida del apetito, gastritis, sentimientos de culpa, baja autoestima, desarrollo de depresiones nerviosas, tendencia a las drogas, irritabilidad,  se niega a ir a la escuela, baja considerablemente de calificaciones. En casos extremos, pude autolesionarse,  tener ideas suicidas y hasta  llegar al suicidio mismo.

En casa se pueden llevar a cabo diferentes acciones para prevenir el acoso escolar, como participar más activamente en las tareas escolares y actividades extraescolares de sus hijos, involucrarlos en actividades donde puedan desarrollar sus habilidades sociales, deportivas, musicales, e indicarle que ante cualquier agresión aunque sea pequeña debe dar aviso a algún profesor y a los padres.

Es muy importante estar alerta en casa ante cualquiera de las situaciones antes mencionadas. Es conveniente mantener la comunicación con los hijos a fin de evitar que se vean involucrados en estos actos y, en caso de que así sea apoyarlos para que puedan disfrutar de su etapa escolar. En caso de que se presente esa situación, es necesario buscar ayuda profesional.

Referencias bibliográficas.

  • Ferro, O. (2012) Bullying: ¿Mito o realidad? México: Trillas.
  • Barri, F. (2013)  Acoso escolar o bullying: guía imprescindible de prevención e intervención México: Alfaomega.
  • Roldán, E. (2013) Acoso escolar, terror en las aulas: cómo abordar el acoso escolar o bullying Colombia: Altaria.
  • Acevedo, J. (2012) ¡Tengo miedo! Bullying en las escuelas. México: Trillas.